El jueves día 28 de Mayo la Comunidad Franciscana de Villa del Río celebrará la Procesión de la Divina Pastora y San Francisco de Asís. Será a las 11 de la mañana desde la capilla del Colegio que lleva su nombre.
miércoles, 27 de abril de 2016
sábado, 23 de abril de 2016
TRIBULACIÓN Y AMOR
Homilía Domingo 24 de Abril de 2016. 5º de Pascua. C.
“Hay que pasar por muchas
tribulaciones para entrar en el reino de Dios” (Hech 14, 22). Esa podría ser
una de esas frases que nos envían con frecuencia los amigos. Llegan
superpuestas a una hermosa foto de un lago o de la cumbre nevada de un monte. A
primera vista nos impresionan. Después las olvidamos, atraídos por la belleza
del paisaje.
En la ciudad de Listra, colonia
romana y patria de Timoteo, los apóstoles Pablo y Bernabé habían curado a un
hombre tullido. Al ver el portento, las gentes quisieron adorarlos como a
dioses, Pero ellos pregonaron a gritos que eran hombres y nada más. El texto
nos da cuenta de la persecución que sufrieron en las ciudades de Licaonia.
“Hay que pasar por muchas
tribulaciones para entrar en el reino de Dios”. Esa frase no es un lema
inocente para encabezar la predicación de un retiro espiritual. No es una pura
teoría. Es la conclusión de una experiencia de persecución sufrida por los
apóstoles. Sólo después de haber sufrido, podían animar a los hermanos con esta
exhortación.
LA HORA
El evangelio que se proclama en
este quinto domingo de Pascua (Jn 13,31-35) se sitúa en el escenario de la
última cena de Jesús con sus discípulos. Exactamente, después de que Judas
salió del Cenáculo para internarse en la noche. Para él había llegado la hora
de entregar a su maestro en manos de los sacerdotes del templo de Jerusalén.
“Ahora es glorificado el hijo del
hombre, y Dios es glorificado en él”. Para Jesús, aquella salida del discípulo
traidor marcaba la llegada de su glorificación. Jesús había previsto este
momento. Es más, lo había anunciado a sus seguidores. Pero ellos nunca hubieran
sospechado que la glorificación iba a coincidir con la crucifixión.
“Hijitos, me queda poco de estar
con vosotros”. Nos sorprende la ternura con que Jesús se dirige a sus
discípulos. Solamente en esta ocasión aparece la palabra hijitos en los
evangelios. Nos sorprende también la claridad con la que Jesús ha previsto su
suerte y su muerte. El tiempo de su misión terrestre toca a su fin. Y él lo
sabe.
Y EL MANDATO
“Amarás a tu prójimo como a ti
mismo”. Jesús había recogido la regla de oro de todas las culturas (Mc 12,31),
según el texto que se leía en el libro del Levítico (Lev 19,18). Pero en la
hora de su despedida modificaba sustancialmente aquel precepto:
“Os doy un mandato nuevo: que os
améis unos a otros como yo os he amado”. Lo habitual era que el mismo sujeto se
tomara a sí mismo como la medida del amor. Desde ahora, la medida del amor sólo
puede ser Jesús.
“La señal por la que conocerán
que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”. Los grupos humanos
tratan de distinguirse por sus hábitos o la etiqueta que pegan a sus vestidos.
Los discípulos de Jesús habrán de distinguirse por el amor mutuo.
Señor Jesús, si tú has llamado
hijos a tus discípulos, eso significa que todos son hermanos. Que somos
hermanos. Y que solo el amor puede ser la señal para reconocernos y hacernos
reconocer. Danos tu luz para que comprendamos el signo y el significado de esa
entrega personal. Enséñanos a amar como tú nos has amado. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
sábado, 16 de abril de 2016
EL CORDERO Y LAS OVEJAS
Homilía para el Domingo 17 de Abril de 2016. 4º de Pascua,
C.
“Teníamos que anunciaros primero
a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis
dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha
mandado el Señor”. (Hech 13, 46). Son impresionantes esas palabras de Pablo y
Bernabé, al constatar el rechazo de sus oyentes a la palabra que predican.
El discurso de Pablo a los judíos
en Antioquía de Pisidía es paralelo al que dirigirá a los griegos en Atenas.
Son dos formas de anunciar el mensaje de Jesucristo a las dos culturas
antagónicas del momento. El Apóstol es un hombre bicultural y las conoce bien.
Sabe y proclama que el evangelio de Jesús es salvación para unos y para otros.
Pero su experiencia es dura. Los
judíos esperan un mesías poderoso. Los gentiles del mundo helénico solo buscan
una nueva sabiduría. Así que ambos rechazan a Cristo. Como dirá Pablo a los
Corintios, el Cristo crucificado es escándalo para los judíos y necedad para
los gentiles. Mas para los llamados es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1
Cor, 1-23-24).
EL CORDERO
El Apocalipsis ha sido escrito en
una hora de persecución a los que que han aceptado a Cristo como su Señor. Por
eso resultan molestos a los poderes del imperio. Ante los ojos del autor de
este libro pasa la muchedumbre inmensa de los que “vienen de la gran tribulación
y han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero” (Ap 7,14).
Por tres veces se menciona al
Cordero en la segunda lectura de este domingo. Aunque suene a paradoja, la
Sangre del Cordero ha blanqueado los mantos de los mártires. Es más, el Cordero
les libra del hambre y de la sed, del sol y del bochorno, como anunciaba el
libro de Isaías a los que retornaban del destierro (Is 49,10). Además, el
Cordero será su pastor y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
La imagen del Pastor es la señal
característica de este domingo 4º de Pascua. Todos los años proclamamos en este
día el capítulo 10 del evangelio de Juan. Cada año nos sorprende un detalle que
ya creíamos aprendido y asimilado. Este año vemos que Jesús se identifica con
el Pastor generoso que guía y protege a las ovejas recibidas del Padre celeste
(Jn 10,27-30).
Y EL PASTOR
El breve texto del evangelio de
hoy se articula en tres contraposiciones que hablan de la misericordia del
Pastor y de sus dones, pero también de la suerte de las ovejas:
- “Mis ovejas escuchan mi voz y
yo las conozco”. El primer don es la escucha. Escuchar la voz del Señor en
medio de la algarabía de este mundo es signo de fidelidad.
- “Mis ovejas me siguen y yo les
doy la vida eterna”. El segundo don es el seguimiento del Señor. Seguirle exige
renunciar a nuestro capricho y aceptar su plan.
- “Mis ovejas no perecerán para
siempre y nadie las arrebatará de mi mano” El tercer don es la pertenencia. Ser
de Cristo da a los creyentes una seguridad que nadie puede imaginar.
Señor Jesús, Tú eres el Cordero
que se entrega por nosotros y el Pastor sabio y generoso que nos guía y nos
defiende. Queremos permancer a la escucha fiel de tu palabra. Bien sabemos que
en ella radica nuestra paz y nuestra confianza. Danos tu luz y tu fuerza para
anunciar esta gracia que nos concedes y esta responsabilidad que nos pides cada
día. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
jueves, 14 de abril de 2016
X TANTOS
CAMPAÑA DE
LA RENTA 2015
Ha comenzado el plazo
voluntario de presentación de las declaraciones de la renta 2015 y un año más
nos unimos al Programa para el Sostenimiento Económico de la Iglesia.
“Detrás de cada X hay
una historia. Personas que se entregan por los demás; aquellos que están
necesitados de tantas cosas, de consuelo y esperanza. Por todos ellos, marca la
X de la Iglesia en tu Declaración de la Renta. Por tantos que necesitan tanto.”
Toda la información
al respecto en: http://www.portantos.es
sábado, 9 de abril de 2016
VOLVIENDO AL PRINCIPIO

Homilía Domingo 10 de Abril de 2016. 3º de Pascua. C.
La primera lectura que se
proclama en este domingo tercero de Pascua (Hech 5, 27-41) resume en muy pocas
frases algunas convicciones que mueven a los evangelizadores que anuncian el
mensaje de Jesús en todo tiempo y lugar.
- “Hay que obedecer a Dios antes
que a los hombres”. Muy poco significan las prohibiciones humanas cuando se
está dispuesto a dar la vida por el mensaje de Cristo.
- “El Dios de nuestros padres
resucitó a Jesús”. La fe en la resurreccion de Cristo es la fuente de la que
brota el coraje para anunciar el evangelio.
- “Testigos de esto somos
nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen” El testimonio
comunitario de los creyentes es animado por la fuerza del Espíritu.
- “Los apóstoles
salieron…contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús”. La
alegría y la fuerza de los mártires será siempre un desafío.
Contra toda apariencia y contra
toda persecución, los testigos de Cristo podrán cantar con el salmo: “Te
ensalzaré, Señor, porque me has librado” (Sal 29).
LOS MISMOS GESTOS
El evangelio que hoy se proclama
nos invita a recuperar el ideal primero. De hecho, nos lleva a las orillas del
lago de Galilea. Allí había encontrado Jesús a sus discípulos primeros. Y allí
vuelve el Resucitado para reunir a los dispersos y desalentados.
- De nuevo los discípulos pasan
por la experiencia de una noche de pesca infructuosa. Y por la gozosa
experiencia de una amanecida en la que la obediencia al Señor llena sus redes
con una enorme cantidad de peces.
- De nuevo, el Señor toma el pan
y el pescado y se lo da. De nuevo se repiten los gestos venerables que
significan y hacen visible su misericordia. Y, sobre todo, su entrega personal
a sus discípulos.
- De nuevo Jesús, se dirige a
Simón con una palabra ya sabida: “Sígueme”. Se repite la misma invitacion de
aquella vez, cuando lo encontró realizando sus tareas de pescador en aquella
ribera.
Y EL MISMO ENCARGO
Pedro había prometido fidelidad a
Jesús, una inquebrantable fidelidad y lo había negado tres veces. El Resucitado
no reprende su traición. Viene a confiarle una misión.
- Simón, hijo de Juan, ¿me
amas?”. En la triple pregunta de Jesús hay una cierta gradación. Es como si el
Maestro fuera bajando el tono para ajustar sus deseos a las posibilidades y la
fragilidad de su apóstol.
“Sí, Señor, tú sabes que te
quiero”. Y así es. Jesús conoce los sentimientos de Simón. Conoce sus ímpetus y
sus caídas. Pero sabe que sólo amamos a aquellos de los que todavía esperamos
algo. Y él espera al menos ese afecto de su discípulo.
- “Apacienta mis corderos y mis
ovejas”. En otro tiempo le aseguró una tarea de pescador de hombres. Ahora le
confía una responsabilidad de pastor de su propio rebaño. Ese rebaño por el que
el Pastor bueno ha entregado la vida. Tal es su confianza.
Señor Jesús, Tú sabes que
también nosotros te queremos. Perdona nuestras traiciones y ayúdanos a seguirte
con fidelidad y a ser testigos de tu misericordia Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
sábado, 2 de abril de 2016
MISERICORDIA DIVINA
Homilía para el Domingo 3 de Abril de 2016. 2º de Pascua.
“Los apóstoles hacían muchos
signos y prodigios en medio del pueblo”. Así comienza la primera lectura de
este domingo segundo de Pascua (Hech 5,12). Ha comenzado el tiempo de la
Iglesia. Los discípulos del Señor hacen ahora visible su misericordia.
En realidad, la compasión de Dios
se hace visible en la curación de los enfermos. Es interesante observar que la
gente que se acercaba a los apóstoles deseaba que al menos la sombra de Pedro
cayera sobre los pacientes que les acercaban.
Tambien hoy la humanidad sufre en
su cuerpo y en su espíritu y busca por todas partes un alivio a sus ansias y
dolores. Podemos preguntarnos si también el paso de los cristianos de hoy
aporta una respuesta a las expectativas de la humanidad.
Con el salmo responsorial
agradecemos haber sido aliviados de nuestros males: “Dad gracias al Señor,
porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 117)”.
LOS CONTRASTES Y LA MISERICORDIA
El evangelio nos recuerda dos
momentos de la revelación del Resucitado a sus discípulos (Jn 20, 19-31). El
texto parece jugar con diversas contraposiciones. Es como si intentara
ofrecernos una pintura que se configura con un fuerte claroscuro
En primer lugar se contraponen
el miedo y la alegría. Tras la muerte de Jesús, los discípulos están todavía
atemorizados. Pero el descubrir a Jesús presente en medio de ellos, los llena
de alegría.
En segundo lugar observamos que
el miedo los mantiene paralizados y con las puertas cerradas. Pero el aliento
de Jesús los exhorta a salir a la calle. Los encerrados, se convierten ahora en
los enviados.
En tercer lugar, intuimos que
los discípulos no han superado el sentido de culpa por haber abandonado a
Jesús. Pero el resucitado no vienen a reprenderles su falta. Al contrario, los
convierte en ministros del perdón y de la misericordia.
LA PROTESTA Y LA FE
Con frecuencia oímos calificar a
Tomás como “el incrédulo”. Pero olvidamos que fue precisamente él quien había
desafiado a los otros discípulos a seguir al Maestro: “Vayamos también nosotros
a morir con él” (Jn 11,16). Tomás tenía fe para aceptar la muerte. ¿Es que
ahora no tiene fe para aceptar la vida? Habrá que repensar sus palabras y las
del Señor.
“Si no veo la señal de los
clavos…, no creo”. Esas palabras no delatan la incredulidad de Tomás. Son una
protesta personal contra los que aplauden la luz sin haber aceptado la cruz.
“Trae tu dedo… No seas
incrédulo, sino creyente”. Las palabras de Jesús se dirigen a Tomás y a todos
nosotros. Ni incrédulos, ni crédulos. Se nos pide la seriedad de los creyentes.
“Señor mío y Dios mío”. Tan
sólo la declaración de Pedro puede compararse a esta confesión de fe que el
Resucitado suscita en quien estaba dispuesto a seguirlo hasta la cruz.
“Dichosos los que crean sin
haber visto”. Sólo en eso podemos superar la valentía y la coherencia de Tomás.
Él creyó por las llagas. Nosotros nos apoyamos en la fe del que creyó.
Señor Jesús, como nos ha dicho
el Papa Francisco, tus llagas son un signo permanente del amor misericordioso
de Dios. Que ellas nos ayuden a descubrir, celebrar y confesar su misericordia.
Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
viernes, 1 de abril de 2016
PASCUA

Un gloria a Dios
inmenso el sepulcro ha reventado.
Jesús Nuestro Señor
ha resucitado.
Cristo vencedor, a
todas las armas ha derrotado.
Un gloria a Dios
luminoso hace de la noche un bello día.
Cristo triunfante, en
los campos de concentración,
ha encendido el ánimo
de vivir a pesar de las torturas,
de las condiciones
infrahumanas y de la humillación.
Un gloria a Dios
eterno penetra en el corazón de unos cuantos jóvenes.
Cristo como buen
pastor recoge a sus ovejas.
Ha resucitado el
amor.
Ha resucitado la paz.
Ha resucitado la
esperanza.
Los árboles silban de
gozo y todas la olas del mar,
se levantan por
encima las montañas.
Millones de hombres
camino de Emmaús,
esperan inútilmente
que alguien los convierta con palabras sabias.
Algunos hombres, los
más sencillos, cantan poco a poco un
grito de luz con el
Mesias.
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