domingo, 26 de julio de 2026

EL REINO DE LOS CIELOS SE PARECE A UN TESORO ESCONDIDO

Reflexión Evangelio Domingo 26 de Julio de 2026. 17º del Tiempo Ordinario.

Jesús, de distintas maneras nos describe la realidad misteriosa del reino de Dios. Lo compara a una siembra, a un poco de levadura, al hallazgo de un tesoro escondido, a un comerciante que encuentra una perla de gran valor… Nunca habla del Reino como un espectáculo admirable, ni como algo ya acabado. Para Jesús el reino representa una realidad dinámica. Se trata de buscar, caminar, trabajar, elegir, decidir, sacrificar algo y comprometerse. Y eso es lo que nos cuesta mucho hacer.

En las parábolas del tesoro y la perla Jesús habla del Reino como un descubrimiento. Da la impresión de que es algo casual. Pero lo importante es que hay que responder a ese descubrimiento con renuncias y desprendimientos, el labrador se ve obligado a “vender todo lo que tiene” para comprar aquel campo. El mercader tiene que “vender todo lo que tiene para conseguir aquella perla.

El hallazgo presupone una búsqueda, un deseo, una pasión. Y pone al hombre ante una elección precisa. En la medida que es importante el hallazgo, así debe ser la opción y elección radical. La importancia del tesoro lleva a una decisión precisa y dolorosa, porque implica sacrificios, desarraigos, renuncias.

"¿Habéis entendido todo esto?"

Al hacer mía estas parábolas, lo primero que me viene a la cabeza es que discípulo de Cristo no es tanto alguien que ha “dejado”, sino alguien que ha encontrado. Dejar es la condición para poseer plenamente las exigencias más profundas del corazón del hombre. Dejar es el primer paso, no el resultado obtenido ni la meta alcanzada. El cristiano no es alguien que se detiene en el sacrificio, es alguien que tiende a la alegría a la plenitud.

Es posible que a nivel intelectual no tengamos problema para entender el sentido de las parábolas, pero tenemos que tomar conciencia de que nuestra vida concreta sea una ilustración convincente del mensaje de las parábolas. El discípulo no puede vivir el cristianismo como una pesada carga de deberes y obligaciones, sino como descubrimiento gozoso, como posibilidad de volverse ligero y libre. De ahora en adelante se puede cambiar toda la vida.

El Reino no es algo añadido a todo lo que ya poseemos y que queremos tener bien asegurado. El Reino es todo, la única cosa necesaria, que nos obliga a dejar todo lo que se ha apegado a nuestro corazón, a abandonar sin lamentaciones todo lo superfluo que nos impide caminar. Es curioso pensar que al Reino se llega más restando que sumando.

Los dos personajes de las parábolas eran tipos muy serios. ¿Somos nosotros así? A veces nos mostramos más calculadores, demasiado prudentes, incapaces de arriesgar nada. A lo mejor nos es fácil hablar y describir el tesoro, pero no nos decidimos a venderlo todo para comprarlo. Y Dios ama a los que se juegan mucho. No a los que sólo se limitan a conocer las reglas del juego.

"... va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo"

El reino de Dios ya está escondido en el gran campo del mundo. Podemos advertir su presencia, pero sin lograr tocarlo nunca. Más que lamentarnos por ello, deberíamos alegrarnos. En el campo de nuestro mundo tan perturbado, es consolador saber que hay un tesoro escondido, un tesoro que nos garantiza que el que lo ha puesto protegerá el campo, nuestro mundo. El Reino está escondido dentro. Ya no es posible separarlos, pero tampoco confundirlos. No es posible tener el tesoro sin tener el campo.

No es posible obtener el Reino, sin comprar el campo. Eso me hace pensar que tengo que aceptar el mundo donde está el tesoro escondido. Tengo que asumirlo como Dios nos lo ha dado. La esperanza escondida dentro me obliga a tomar el recipiente que la contiene. Lo mismo ocurre con el tesoro de la palabra de Dios que está escondida en la Biblia. La palabra de Dios nos obliga a todos a adquirir y aceptar todo el campo.

Las dos parábolas nos han presentado dos personajes distintos. En la primera se habla de un jornalero que trabaja en un campo que no es suyo, en la segunda de un rico mercader que tiene negocios. Son los sujetos de todos los verbos: encuentran, van, venden, compran. Pero los verdaderos protagonistas son el tesoro y la perla que cautivan a los dos hombres. Que nuestra vida concreta reproduzca la experiencia alegre de haber encontrado el gran tesoro y la perla maravillosa que ha cambiado nuestros esquemas y nuestra existencia.

Reflexiona un momento y responde a estas preguntas: ¿Cuál es el tesoro en donde tienes puesto tu corazón? ¿Qué es lo que has dejado para obtener tu tesoro? ¿El tesoro encontrado ha dinamizado tu vida o la ha acomodado? ¿Qué actitudes has cambiado en tu vivir cotidiano?

Fray Miguel Ángel Vilchez Torés

miércoles, 22 de julio de 2026

domingo, 19 de julio de 2026

“DEJADLOS CRECER JUNTOS HASTA LA SIEGA ”

Reflexión Evangelio Domingo 19 de Julio de 2026. 16º del Tiempo Ordinario.

“Fuera de ti no hay otro Dios”
La primera lectura, tomada del Libro de la Sabiduría, destaca precisamente esta actitud divina. Aunque Dios es todopoderoso, no utiliza su poder para imponer su voluntad ni para castigar a quienes se equivocan. La grandeza de Dios se manifiesta, por el contrario, en la paciencia y la misericordia. Él concede a sus hijos tiempo para arrepentirse, ofrece nuevas oportunidades y, como un buen padre, acompaña pacientemente nuestros procesos de crecimiento. Esta forma de actuar revela que la justicia de Dios siempre va acompañada de amor.

Creo que el Libro de la Sabiduría nos ofrece una bonita enseñanza que siempre conviene recordar. Con frecuencia, las relaciones humanas se ven marcadas por la tendencia a etiquetar o condenar a quienes han cometido errores. Más aún en nuestras sociedades, donde cada vez se fomenta la expulsión de lo distinto —como expresa el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en una de sus obras—, no siempre se favorece virtudes como la comprensión, la compasión o la posibilidad de empezar de nuevo. Frente a esta realidad, el autor del Libro de la Sabiduría nos recuerda e invita a adoptar una mirada capaz de reconocer que toda persona, independientemente de sus errores, pecados o pasado, posee una dignidad que nunca pierde y una posibilidad de conversión que nunca debe ignorarse.

“Dejadlos crecer juntos hasta la siega”
Esta misma enseñanza se encuentra expresada, a su manera, en el Evangelio de Mateo. En él, Jesús nos presenta a Dios como el sembrador que esparce buena semilla en su campo. Sin embargo, Jesús también señala que junto a esta buena semilla crece la cizaña. Esta es una manera de reconocer con realismo la presencia del mal en el mundo. Todos sabemos por experiencia que la historia de la humanidad está marcada por luces y sombras, por avances y contradicciones, por gestos de generosidad y también por actitudes que dañan la convivencia.

Ante esta situación, los criados del dueño del campo proponen algo práctico y de sentido común: arrancar de inmediato la cizaña. Pero la respuesta del dueño es sorprendente: «Dejadlos crecer juntos hasta la siega». ¿Acaso el dueño del campo está ignorando la presencia del mal en su viña? desde luego que no. Él no minimiza la gravedad del mal ni su respuesta es una invitación a la indiferencia. Más bien, transmite la misma idea que ya encontramos en la primera lectura: Dios actúa con paciencia, conoce la profundidad del corazón humano y no deja de ofrecer oportunidades para que el bien crezca y dé fruto.

Con esta respuesta, Jesús nos enseña que la misión principal del discípulo no es dedicar sus energías a arrancar la cizaña ni obsesionarse por señalar el mal del mundo, sino cuidar el crecimiento del trigo y procurar que produzca frutos abundantes, incluso en medio de las dificultades.

En un tiempo marcado por las tensiones, las divisiones, los enfrentamientos y la tendencia a expulsar lo diferente, la Palabra de Dios nos invita a redescubrir el valor de la paciencia, la comprensión y la esperanza. El Señor sigue actuando en la historia y haciendo crecer el trigo en medio de las dificultades.

¿De qué manera la paciencia de Dios me inspira una mirada más esperanzada hacia las personas y las situaciones de la vida cotidiana? ¿Qué actitudes ayudan a favorecer el crecimiento del buen trigo que Dios sigue sembrando en el mundo?

Fr. Jesús Nguema Ndong Bindang O.P.

jueves, 16 de julio de 2026

LA VIRGEN DEL CARMEN RECIBE EL AMOR DE LOS VILLARRENSES

Hace tan solo unos minutos tenía lugar la Santa Misa y Besamanos en honor de Nuestra Madre Bendita del Carmen.

En la Eucaristía, se nos ha invitado a ponerla como intercesora nuestra y de los que ya han partido de este mundo. El párroco ha agradecido a los que han hecho posible el montaje de los cultos. Gracias a las Hermandad de la Magdalena y a la Franciscana Hermandad de la Humildad.

También ha mostrado su agradecimiento a los asistentes, al Coro Parroquial y a Estrella Castro Ferrer, que han intervenido musicalmente. Ha concluido con el rezo de la Salve. Que la “Señora del Sagrario” nos cobije siempre bajo su manto del Carmelo.

domingo, 12 de julio de 2026

"SALIÓ EL SEMBRADOR..."

Reflexión Evangelio Domingo 12 de Julio de 2026. 15º del Tiempo Ordinario.

Jesús recibe a la gente que acude a Él.
Los cuatro relatos del Evangelio constatan una realidad fundamental: la gente busca a Jesús. Hay algo en su persona, en su palabra y en su forma de tratar a las personas que lo distingue de los referentes religiosos de su tiempo, que solamente le recordaban al pueblo su imposibilidad de acceder a Dios, de recibir la gracia del perdón y de esperar confiadamente la salvación. Jesús se distingue de los sacerdotes, de los fariseos y de los escribas porque es capaz de hacerse tiempo para estar con los enfermos, los pobres, los pecadores, y con todos aquellos a quienes el sistema religioso mantenía al margen del corazón de Dios.

Pero no sólo se hace tiempo para estar con ellos, también los acoge cordialmente, les dirige su palabra y se dedica a enseñarles los misterios del Reino, revelándoles un nuevo rostro de Dios y llamándolos a la conversión. Jesús se ha encarnado para entablar un diálogo de amistad con la gente, especialmente la más sencilla, la más vulnerable y la más marginada. Con sus palabras y sus gestos Él les recordó que cada uno de ellos estaba llamado a participar entrar Reino para sentarse a la misma mesa con el Padre. Es decir, le recordó a todos su vocación a la salvación.

Sin embargo, aunque la gente busca a Jesús, las motivaciones para ir a su encuentro, para estar con Él y escucharlo son distintas. Para unos es la posibilidad de «zafar» de las exigencias de la Ley (que Jesús no vino a abolir sino a dar plenitud a través del mandamiento del amor y de la misericordia). Para otros, es la oportunidad de escuchar a un profeta o a un sabio (porque hasta ahora nadie ha hablado con autoridad como Él lo hace). Pero, para algunos, el encuentro con Jesús es un verdadero espacio de gracia, de misericordia y de sanación.

Jesús habla a la gente en parábolas.
En Jesús de Nazaret, Dios ha entablado con la humanidad, especialmente con la humanidad doliente, un diálogo directo, histórico y con un decisivo horizonte salvífico. Toda persona es su interlocutora por el único hecho de ser un ser humano, creado originalmente a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, con una dignidad inalienable.

Cuando el otro es importante, entrar en diálogo es un camino esencial para llegar a su corazón. Y Jesús ha elegido una forma de dialogar totalmente cercana, asumiendo nuestras propias categorías e imágenes. Por eso, las parábolas se inscriben dentro de esta pedagogía dialogal que Él mismo ha elegido para hablar de tú a tú con el hombre, ya que para llegar al corazón del otro hace falta transitar los caminos que el mismo corazón e inteligencia tienen para conocer la realidad, para entablar vínculos con las personas y para acercarse al misterio. Sólo alguien verdaderamente sabio es capaz de ponerse al nivel de su interlocutor para que éste pueda aprender, comprender y sorprenderse. Con lo cual, el verdadero sabio no necesita apelar a la elocuencia de las palabras, ni recurrir a la retórica o a una técnica oratoria para demostrar su sabiduría. La humildad y el respeto por el prójimo en su situación vital, moral y espiritual son los signos más radicales de una persona verdaderamente sabia.

Mucha de la gente que busca a Jesús y lo rodea es gente sencilla que, en su mayoría, no sabrían leer ni escribir: campesinos, artesanos, amas de casa…; gente, en algunos casos, con una vida moral compleja; en otros, con una religiosidad y una piedad de corte formal. Algunos con una imagen de Dios muy severa y más cercana a un juez o a un verdugo que a un Padre rico en paciencia y misericordia. Pero ¿por qué les habla en parábolas? Seguramente porque confía en la capacidad de acogida, apropiación y fructificación de la Palabra que tiene todo hombre y toda mujer de buena voluntad.

Jesús explica la parábola a sus discípulos.
Es importante señalar que, para Jesús, apelar a las parábolas no es un recurso pedagógico que tiene como objetivo captar la atención de sus interlocutores. Hay una intención más profunda que se relaciona con la revelación de los misterios del Reino. Jesús apuesta por el proceso interior que cada persona puede hacer si deja crecer la Palabra en su corazón; proceso que, cuando llega a su madurez, lleva a forjar una convicción vital capaz sostener una espiritualidad, una religiosidad y una moral en una vida cotidiana. Y para ello parte de una realidad fundamental: el hombre es «tierra buena» por esencia. Todo lo que siembra en su corazón siempre produce fruto.

En la parábola del sembrador, Jesús presenta cuatro espacios significativos de siembra en los cuales cae la semilla de la Palabra de Dios: el borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos y la tierra buena. Independientemente de estos espacios significativos, hay una realidad que no se puede obviar: la semilla de la Palabra siempre cae en el corazón. De ahí que la aceptación, la apropiación y la fructificación de la Palabra no es algo improvisado. El Sembrador siempre tiene una esperanza en la siembra, ya que confía en el potencial de vida que tiene la tierra. Pero si la tierra no está suficientemente cuidada o abonada, la semilla no puede hacer un milagro. Sólo cuando se toma en serio la vida, se toman los recaudos necesarios para cuidar el espacio donde ella pueda germinar y dar fruto pleno y abundante.

Cuando Jesús explica la parábola a sus discípulos en privado, lo que hace es ayudarlos a tomar conciencia de su camino de fe y el de la gente, porque para poder anunciar el Reino, antes tienen que dejar que la Palabra tenga raíces sólidas en el corazón. Con lo cual, tendrán que aprender a respetar el tiempo en el cual la semilla de la Palabra absorba el potencial de vida que tiene la tierra buena, que es cada uno de ellos. Un cristianismo de convicción es el signo de credibilidad de acogida, apropiación y fructificación de la Palabra de Dios en el corazón humano.

Para la meditación y la oración.
El borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos y la tierra buena son espacios del corazón donde puede caer la Palabra de Dios. ¿Cuál es el espacio que más me representa hoy? Recordando que Dios nos ha creado como «tierra buena»: ¿Cuáles son los signos del cuidado de Dios en mi vida?

Fr. Rubén Omar Lucero Bidondo O.P.

EL REINO DE LOS CIELOS SE PARECE A UN TESORO ESCONDIDO

Reflexión Evangelio Domingo 26 de Julio de 2026. 17º del Tiempo Ordinario. Jesús, de distintas maneras nos describe la realidad misteriosa...