domingo, 1 de febrero de 2026

BIENAVENTURADOS

 

Reflexión del Evangelio Domingo 1 de Febrero. 4º Del Tiempo Ordinario.

El proyecto del Reino

Seguramente, si hiciéramos una encuesta espontánea entre la gente que nos rodea hallaríamos respuestas diferenciadas. Pero, con bastante seguridad, esas respuestas no serían coincidentes con la oferta de Jesús en el sermón de la montaña: ¿Feliz el pobre? ¿el que llora? ¿el hambriento?

Parece sensato pensar que nadie, en su sano juicio, se apuntaría a un proyecto que transitara por esos caminos. Sin embargo, el Reino de Dios, el ideal de la salvación presentado por Jesús avanza por esa senda. ¿Cómo es posible?

Al ver Jesús el gentío, subió al monte

Si nos fijamos en el texto de las Bienaventuranzas, la palabra del Maestro va precedida por una mirada. La observación de la multitud por parte de Jesús provoca su predicación. Dicho de otra manera, la contemplación de la situación vital de la gente, el paso por la situación concreta de las personas arranca del Nazareno la propuesta de cuál es el camino conducente a la salvación (el Reino de los cielos).

Esa mirada capta bien lo que el corazón humano busca y anhela: la felicidad, pero una felicidad con futuro, con valor para hoy y mañana. No lo olvidemos, el anuncio de la buena noticia nace de la observación de la realidad y quiere iluminar esa realidad. ¡Hemos de ser observadores de la realidad!

En el discurso de Jesús, este va aludiendo a diferentes situaciones existenciales. Unas se padecen. Otras están provocadas por una actitud proactiva. Aunque también es cierto que, en algún caso, se unen los dos caminos: se puede sufrir persecución, pero por luchar por la justicia.

Así es la vida humana: padecemos y actuamos. Seguramente, esto está apuntando a algo digno de consideración: en el camino de la salvación se combina siempre lo que depende de nosotros con lo que precede a cualquier toma de decisión. La salvación no es pura pasividad, sino es gracia que mueve nuestra libertad.

Bienaventurados

Todas esas situaciones descritas por Jesús tienen un rasgo común: son declaradas dichosas. Además, en un marco temporal que oscila entre el presente y el futuro.

La bienaventuranza de la pobreza está en presente, lo mismo que la de la persecución por la justicia. El resto están en futuro. La salvación que predica Jesús es de largo recorrido. No se refiere únicamente al más allá. Se inicia hoy y apunta a la eternidad.

Este horizonte es el tiempo de la salvación, que va al ritmo del Reino que ya ha comenzado con Jesús, pero que ha de llegar a su consumación escatológica. En este marco temporal no cabe el conformismo o la resignación.

Jesús no está consolando a los que aceptan en silencio su mal presente con la promesa de un más allá bendecido y maravilloso. Jesucristo declara que la persona está llamada a vivir la dicha ya, pero, además, a hacerlo con la esperanza de una felicidad total y completa. La propuesta es una propuesta de auténtica bienaventuranza.

¿Cómo se obtiene la felicidad?

La Buena noticia del Reino es dicha y gozo. Está destinada a todos. Pero, sin embargo, no todos la aceptan. De ahí que tenga unos destinarios a los que se dirige en primer lugar. Y es que para lograr alcanzar esta bienaventuranza (presente y futura) es preciso conectar con el Dios que revela Jesucristo.

Y eso implica transitar por una senda singular. Se trata de la senda por la que avanza el propio Maestro de Nazaret: la pobreza en todos los sentidos (incluida la humildad), el hambre de justicia y la lucha por la justicia, la paz, la misericordia, la limpieza de corazón… Quienes no aceptan la propuesta, ya hacen su elección. No es que Dios los rechace, ellos prefieren otros caminos de felicidad en los que no hay futuro.

Decíamos que había una pregunta que atravesaba las lecturas de este domingo: ¿cómo se obtiene la felicidad? La respuesta, según lo comentado, parece coherente: siguiendo a Jesús en su propuesta del Reino de los Cielos. Lo cual significa, entre otras cosas, abrazar la pobreza y la humildad, y así conectar con Dios, para, con su gracia, luchar por la justicia y la paz. Las lecturas de Sofonías y de Pablo ratifican esta respuesta.

Los empobrecidos y pequeños de este mundo

Una última consideración. La respuesta a la pregunta por la felicidad a la luz de la Palabra de este domingo dibuja un itinerario que hemos de reflexionar. El proyecto de las bienaventuranzas traza un movimiento singular: nace de la pobreza y la humildad para convertirse también en una lucha en favor de los empobrecidos y pequeños de este mundo.

Aquí es necesaria una explicación porque la pobreza parece ser una noción ambigua. Por una parte, es causa de bienaventuranza, pero, en otro momento, luchar por la erradicación de la injusticia, causa evidente de pobrezas, también es motivo de dicha.

Cabe pensar que hay algo así como una pobreza buena y una mala.

Desde un ángulo, la pobreza atrae al Dios de la salvación porque no quiere el sufrimiento del hombre. Por eso busca su liberación. Pero, desde otra perspectiva más espiritual, solo quien se sabe pobre tiene necesidad de Dios y puede dejar que entre en su vida.

Dos caras de la pobreza. La pobreza derivada de la injusticia, la que deshumaniza, ha de ser combatida. Los que participan de este espíritu, el de Dios, son bienaventurados (a pesar de las persecuciones). No obstante, la pobreza-humildad es la actitud que casa con la llegada del Dios del Reino. De ahí que esa pobreza también sea motivo de dicha y felicidad.

En cualquier caso, desde una vertiente u otra, la felicidad va por caminos de pobreza.

domingo, 25 de enero de 2026

“VENID EN POS DE MI Y OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES”

Reflexión Evangelio Domingo 25 de Enero de 2026. 3º del Tiempo Ordinario.

"El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande"

La tierra de Galilea en tiempos de Isaías vivió el destierro y la guerra; estaba sumida en tinieblas, bajo la sombra de la opresión, sin alegría y sin esperanza. En esta situación el profeta Isaías proclama el gran cambio: brilla la luz, renace la alegría, llega la liberación. El protagonista no es otro que el Dios de la paz, que interviene de forma eficaz en la historia de su pueblo.

Este acontecimiento salvador es el que evoca Mateo en el evangelio para describir el inicio del ministerio de Jesús. Jesús es la verdadera luz que trae alegría y liberación. Él anuncia el Evangelio, la buena noticia de la presencia y acción de Dios, y lo hace con palabras (enseñando) y con signos (curando).

Esto se realiza en Cafarnaúm, en Galilea que es tierra de paso y mezcla de pueblos, en el margen de la sociedad judía, lejos del centro religioso (Jerusalén).

No es solo un hecho histórico que recordamos, sino memoria del ministerio de Jesús en nuestra vida, en este presente histórico tan diverso de aquel, pero a la vez con tantos parecidos: situaciones de oscuridad, tristeza y desesperanza; vida y necesidad en los márgenes de la sociedad; tierra de mezcla de pueblos, de ideas, de criterios…

Pero, ¿somos capaces de percibir esa luz, esa buena noticia que nos llena de alegría y esperanza? Haremos bien en mirar nuestras vidas y nuestro entorno, en reconocer las situaciones de oscuridad, de tristeza, de ausencia de paz y esperanza. Porque en estas circunstancias, en la vida concreta de cada uno y de su Iglesia, Dios se hace presente: nos enseña y cura, proclama la buena noticia y es luz para el camino. Sí, hoy Dios sigue salvando.

Hoy sigue llamando

Y como entonces, hoy sigue llamando a muchos a colaborar con él. La invitación de Jesús a esos primeros discípulos encierra cierto misterio: «venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Dice el texto que aquellos hermanos pescadores respondieron de forma radical: dejaron todo y lo siguieron. Hoy sabemos que el camino no fue tan sencillo. Ir tras Jesús, seguirle, implica conocerle, escucharle, configurarse con él, tener sus mismos sentimientos, preferir a los mismos que él prefirió, tener la misma relación con el Padre que él tuvo, padecer como él padeció…

Sólo entonces podremos ser pescadores de hombres, evangelizadores que anuncian el Reino de Dios con palabras y con hechos, capaces de portar luz y esperanza, y liberar de todo mal y dolencia en este momento de la historia.

Una fortaleza que parece olvidarse a veces, es que este camino de discípulos y apóstoles no lo realizamos solos. Siempre lo vivimos con otros hermanos, lo recorremos en comunidad.

Vivir la comunión requiere un aprendizaje que realizamos todos los días de nuestra vida. Días en los que tenemos que estar muy atentos a las pequeñas interferencias que se van mezclando en nuestro vivir y creer. En la comunidad de Corinto, nos dice la segunda lectura, había discordias y divisiones. Los protagonismos y los "egos" a veces ocultan al que debería ser el verdadero protagonista de nuestras vidas: Cristo. Él es el que nos ha llamado por nuestro nombre, el que ha tocado nuestras vidas y nos ha hecho renacer en el bautismo, el que nos ha enseñado y curado.

Él nos ha llamado para ser sus discípulos, y así después, poder afrontar la misión de proclamar el evangelio del reino.

Discípulos y testigos de la Palabra de Dios

Que tengamos que dedicar un día extraordinario a la Palabra de Dios parece una broma, pues escucharla, vivirla y transmitirla debería ser la verdadera marca del cristiano, debería ser lo ordinario en nuestra vida creyente. Sin embargo, tal vez debido a la historia eclesial, es la gran desconocida para una gran parte de los bautizados en la fe católica.

Como los primeros discípulos, los actuales también caminamos en pos de Cristo escuchando su Palabra. Es esta Palabra la que nos enseña, nos guía, nos cura… ilumina nuestra vida para configurarla con aquel que es el centro de la vida y la fe: Dios Padre.

Somos los primeros receptores de la Palabra que Dios, testigos de primera mano de la encarnación de esa Palabra en Jesús (algo que celebrábamos hace solo unas semanas). Si afinamos nuestro oído y nuestro corazón para reconocer su Palabra, entonces seremos capaces de acogerla y dejar que habite en nosotros. El discípulo ha de estar habitado por la Palabra y ser dócil a ella, dejándose interpelar y transformar.

Solo entonces, cuando somos buenos discípulos, podremos ser testigos de la Palabra, podremos, como hizo Jesús, proclamar el evangelio del Reino con palabras y hechos.

Miremos nuestra vida como creyentes y preguntémonos qué lugar ocupa la Palabra de Dios en muestras vidas, cómo asumimos el camino de discípulos y testigos.

Que el Señor nos abra el oído y el corazón para escucharle, y transforme nuestras vidas para mostrarle. Os invito a orar con palabras de santo Tomás de Aquino, para que el Señor nos conceda la gracia de escuchar y vivir su Palabra.

Ven, oh Espíritu Santo, dentro de mí, en mi corazón y en mi inteligencia.

Concédeme tu inteligencia, para que pueda conocer al Padre al meditar la palabra del Evangelio.

Concédeme tu amor, para que también hoy, impulsado por tu Palabra, te busque en los hechos y en las personas que encuentro.

Concédeme tu sabiduría, para que sepa cómo vivir y juzgar, a la luz de tu Palabra, aquello que hoy acontece.

Concédeme la perseverancia para penetrar pacientemente el mensaje de Dios en el Evangelio.

Santo Tomás de Aquino

Fr. Óscar Jesús Fernández Navarro O.P.

domingo, 18 de enero de 2026

“TRAS DE MÍ VIENE UNO QUE ESTÁ POR DELANTE DE MÍ"


Reflexión Evangelio 18 de Enero de 2026. 2º del Tiempo Ordinario.

“Preparad los caminos, allanad los senderos”

Para entender este texto se hace imprescindible conocer algo de la figura de Juan Bautista para así poder descubrir la novedad de la buena nueva de Jesús, que al fin y al cabo es lo único que nos debe importar. También, sólo así podremos extraer de este evangelio una reflexión vital y edificante para nuestra vida cristiana.

Conviene no olvidar que Juan Bautista, primo de Jesús, liderará un movimiento profético y penitencial en los primeros tiempos del cristianismo ante la certeza inminente de la llegada del Mesías, realidad largamente esperada por Israel.

Él es consciente que ante la magnitud de tal acontecimiento sólo queda una salida: “preparad los caminos, allanad los senderos” y hacer penitencia para que las faltas e infidelidades se borren, porque Dios va a intervenir definitivamente en la historia.

Por eso se retirará al desierto para preparar ese momento, bautizando a penitentes en torno al río Jordán, en un bautismo de conversión y purificación. Su estilo de vida austero y su Dios de la justicia, el cual separará lo bueno de lo malo, y su Dios de la ira inminente ante el pecado e infidelidad de Israel, seducirá a muchos, pues su discurso estaba ligado al Dios del Antiguo Testamento muy enraizado en la mentalidad del pueblo de Israel.

“Detrás de mí viene a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias”

Como suele pasar a lo largo de la historia con otros líderes espirituales, serán más bien sus seguidores quiénes los pondrán en lugares que no les corresponden, y en este caso serán ellos quienes verán en Juan Bautista al mesías esperado.

Tal vez, algo así habrán pensado sus seguidores: este hombre justo, bueno y austero que habla del Dios de la justicia, tiene que ser el salvador. Ante tal confusión no es de extrañar que los cuatro evangelios, con matices, pero señalando lo mismo, se esfuercen en mostrar a Juan como simplemente el precursor, el último de los profetas, el nexo entre lo antiguo y lo nuevo, pero no el mesías; siempre poniendo en boca de Juan el intento de clarificar los roles: “detrás de mí viene a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias”. Y este texto deja claro quién es quién; mostrando la identidad de uno y de otro.

"Juan dio testimonio"

El mensaje y estilo de Jesús estarán en las antípodas del de Juan, frente al estilo penitencial del bautista y sus seguidores, simbolizado en el desierto, su soledad y su ascetismo, Jesús se acercará a la gente en el corazón de sus vidas; participará en comidas, banquetes; irá a bodas, estará en las plazas públicas.

El Reino de Dios anunciado por Jesús llegará al centro del mundo, no alejado de él, sanando, acogiendo y curando las heridas de los hombres y mujeres de su tiempo. Frente al Dios de buenos y malos, propio del judaísmo vetero testamentario, reflejado en el discurso de Juan, Jesús irá por la oveja perdida, porque todos son hijos de Dios.

Se juntará con los pecadores, con hombres y mujeres de mala fama, afirmando que no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores, que son los que tienen necesidad de “médico”. Y podríamos seguir.

En definitiva, frente al Dios de los buenos y malos de Juan, emerge de la mano de Jesús el Dios del amor y de la misericordia que ofrece a todos siempre otra posibilidad de vida. El Dios de Jesús es el Padre de la parábola del Hijo Pródigo, que hace fiesta por el hijo que vuelve a casa, perdonándole su pecado.

"Este es el Hijo de Dios"

En el texto que comentamos hay dos frases que vienen a cerrar lo anterior, marcando la diferencia radical entre Juan y Jesús.

Juan dirá que Jesús es “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y que ha visto que el Espíritu Santo se posaba sobre él”.

Hacer penitencia, arrepentirse, se puede y debe, y es muy noble y necesario, pero erradicar, “quitar”, el pecado como ruptura radical de la amistad del ser humano con Dios, eso sólo lo puede hacer Dios mismo, sólo Jesús como Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo.

Juan bautizaba con agua, todo un símbolo de regeneración y de pureza ritual, pero la distancia entre el ser humano y Dios seguían siendo infinitas. Jesús bautizará en el Espíritu Santo, haciéndonos participar de la misma vida de Dios, convirtiéndonos en verdaderos hijos e hijas en Él.

Hoy el evangelio nos invita a mirar de frente a Jesús con los ojos de Juan Bautista, sin vacilaciones, con coraje y a escucharlo con un corazón sincero y bien dispuesto. Que cada uno de nosotros pueda decir, como Juan: “He visto al Señor obrando en mi vida, y quiero anunciarlo.”

Pidamos al Espíritu Santo  que nos convierta en testigos humildes, valientes y fieles, que sepamos señalar a Cristo en un mundo que necesita encontrarse con Él. Que como Juan tengamos el coraje de seguir anunciando con palabras y con nuestras vidas que Jesús es Dios y es la palabra de amor del Padre para el mundo.

BIENAVENTURADOS

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