domingo, 5 de febrero de 2023

LUZ Y SAL DE LA TIERRA

 

Reflexión del Evangelio del Domingo 5 de Febrero de 2023. 5º del Tiempo Ordinario.

La fuerza de las imágenes, el influjo del Espíritu

Reza el dicho que «una imagen vale más que mil palabras». Las lecturas que hemos escuchado en este día nos son muy familiares. Dios permita que no ahoguemos el influjo del Espíritu Santo mientras las escuchemos al expresar “ya me lo sé, ya lo había leído”. Hay que dejar que la Palabra siga empapando la tierra (Cf. Is 55,10-11) y descubrir el fruto de su belleza en cada acontecimiento y etapa de nuestra vida.

Y hasta mientras las escuchábamos, como es el caso del evangelio, nos descubrimos visualizando el contenido de la misma de forma imaginativa. Las imágenes de la sal y de la luz vislumbran el horizonte de sentido al que está llamado a ser el ser cristiano, invitación de nuestro hermano y amigo, Jesús de Nazaret, que con la sabiduría proveniente de Dios y del conocimiento de su cultura, de su tierra, atrae al oyente de la Palabra y le hace tomar parte de su Buena Nueva.

Así es que, siguiendo a Jesús, Pablo se hace partícipe en dar testimonio de Dios. Su experiencia compartida desde el «temor y la debilidad» con la que se presentó en la comunidad de Corintos se apoya en «el poder de Dios» guiado por la inspiración del Espíritu. Apostó por este camino y no por una oratoria persuasiva, ni por los conceptos propios de los filósofos de Asia (Cf. 1Cor 2,1-5). Y es que en la sencillez del mensaje radica su grandeza y belleza y en una imagen se esconden mil palabras.

«Ustedes son la sal de la tierra …. ustedes son la luz del mundo»

Escuchar a Jesús y poner en práctica su mensaje sólo es posible si nos dejamos afectar por Él. La comparación que utiliza no posee desperdicio para aquellos que le seguimos. Esta muestra la vocación irradiante del cristiano en el medio del mundo.

De la sal se destaca que por sí sola, aislada, poco puede servir. Su arte radica en disolverse, en llegar a ser nada, para dar el toque al todo. Una aplicación en nuestra vida bien puede ser ilustrada en las tantas veces que salimos de cada uno de nosotros para darle cabida al otro. El Maestro Eckhart, referido a Dios, decía que, en esta salida del yo, en el deshacerse de lo suyo, allí Dios se manifiesta y entra con fuerza en el alma. Y también expresará que entra en nosotros en la medida que le dejamos espacio para que entre, ni más ni menos.

Por otra parte, advierte seriamente Jesús de un peligro: «Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?» Podemos perder la capacidad de dar sabor a este mundo por disímiles razones. Como bautizados estamos llamados a estar alertas y vigilantes para que cuando nos veamos negligentes o perezosos en nuestros quehaceres, responsabilidades, relaciones, etc., volvamos a administrar rectamente nuestros asuntos, como nos sugiere el salmo de este día.

De la luz podríamos decir lo mismo, oculta debajo del celemín, encerrada en sí, nada puede hacer. En medio de las tinieblas el justo brilla como luz, como nos dice el salmo. Y su valor esencial reside en el testimonio de las obras como asevera Jesús: «Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y alaben a nuestro Padre que está en los cielos». Nuestras obras deben mostrar el amor misericordioso de Dios por ti, por nosotros, por todo lo creado.

Elegimos ser sal y luz, como verdadera vocación cristiana, con y por Jesús

En definitiva, las imágenes de la sal y la luz sugieren vida, dinamismos, misión del cristiano. La oferta de la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, es primero, a ser conscientes y asumir dicha realidad en virtud de Cristo. Y segundo, a aprender a contemplar lo bello que existe en este mundo, comenzando por nosotros mismos, pero que no termina en cada uno si no que su plenitud alcanza al otro, a las criaturas y a Dios, en buscar la unión con Él, y se muestra en nuestras obras. Obras que disipen las tinieblas con las que lidiamos en la cotidianidad de la existencia y que den gusto y sentido a la vida en nuestra comunidad eclesial, en nuestra familia, y sociedad. De forma que se lleve a cabo la profecía del profeta

«Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia,

detrás de ti la gloria del Señor» (Is 58,8).

¡Que hagamos nuestro aquel canto que expresa inspirado en el evangelio!

«Que sea mi vida sal

Que sea mi vida la luz

Sal que sala, luz que brilla

Sal y fuego es Jesús».

Fr. Raisel Matanzas Pomares

Convento de San Juan de Letrán (La Habana - Cuba)

domingo, 29 de enero de 2023

DICHOSOS...

 

Reflexión del Evangelio del Domingo 29 de Enero de 2023. 4º del Tiempo Ordinario.

Buscadores del verdadero Dios

Según la Biblia, uno de los pecados más abominables es el de la idolatría junto con el de tomar el nombre de Dios en vano. Tienen en común estos pecados el negar la trascendencia y libertad de Dios. Si la persona está en busca de Dios, Dios también está en la búsqueda de aquellos que sean de su agrado. Aunque justos y pecadores, esclavos y libres, súbditos y señores, explotadores y explotados se dirijan al mismo Dios con ruegos, súplicas y oraciones, Dios no otorga el mismo favor a unos que a otros.

Dios no solo está en búsqueda de individuos, también busca un pueblo que ponga su entera confianza en Él. En el Antiguo Testamento se hace referencia a esta búsqueda por parte de Dios de un pueblo que le sea fiel, que respete sus preceptos, que lo celebre y le ofrezca culto de acuerdo con la justicia y que su nombre sea glorificado por la boca de aquellos que le buscan con corazón sincero, aunque solo sean unos pocos, un resto.

En el Evangelio de San Juan, centrándonos en el Nuevo Testamento, y en los demás Evangelios, Jesús, el Hijo de Dios, es rechazado y despreciado como el Mesías, como aquel que viene a traernos la libertad verdadera de parte de Dios. Jesús vino a los suyos, al pueblo judío, pero ‘los suyos’ lo rechazaron mayoritariamente. Solo un pequeño resto, un grupito de seguidores, son los que darán inicio al Nuevo Pueblo de Dios, a la comunidad de la Nueva Alianza, son los cristianos, es la Iglesia. Ellos son los buscadores del Dios verdadero. 

Aquellos que Dios prefiere

De entre todos, Dios prefiere a aquellos que están dispuestos y disponibles para recibir y vivir la Palabra de Dios. Hombres y mujeres sencillos y descomplicados que tratan de vivir su fe religiosa de forma simple y devota. De la lectura de los Evangelios, de los Hechos de los Apóstoles y de las diversas cartas que forman parte del Nuevo Testamento, se desprende una particular preferencia de parte de Dios por los pobres, los humildes y sencillos, por todos aquellos que ponen la confianza de sus vidas en la Providencia de Dios.

Los pobres, los humildes y los sencillos son preferidos por Dios no a causa de su precariedad económica, o por su escasa formación intelectual, o por su falta de coraje emprendedor, nada tiene que ver con eso, sino por estar en mejor disposición y capacidad para recibir y vivir, con gozo y alegría, la fuerza y el vigor que la Palabra de Dios desprende. Poner la confianza en Dios antes que en la riqueza, la inteligencia humana, el éxito social o el prestigio personal, es estar abierto a la experiencia divina y al encuentro solidario con los demás.

Según un antiguo documento conocido como ‘La Carta a Diogneto’, los cristianos en el mundo no se caracterizaban porque llevaran una vida aparentemente diferente al resto de las demás personas, lo que les hacía diferentes a los ojos de los demás era la honestidad de sus vidas, el modo recto de llevar sus negocios y el modo fraterno y desprendido como vivían entre ellos. A los paganos les impresionaba la vida y el comportamiento moral de los cristianos, su piedad religiosa y la sincera coherencia de vida con la fe que profesaban.

El cielo como horizonte, el lugar de nuestro destino: el Paraíso

¿De dónde sacan su fuerza, su compromiso y su convicción los cristianos? Tanto los cristianos de entonces, como los de ahora, sin duda, bebemos de diferentes fuentes, pero de un mismo manantial: del Espíritu de Cristo. Las palabras y gestos de Jesús son para los cristianos de todos los tiempos la hoja de ruta. Formando parte de este camino, Las Bienaventuranzas constituyen la Carta Magna para los seguidores de Jesús de todos los tiempos y que, además, han de saber interpretar y vivir en las muy diferentes culturas y situaciones donde los cristianos viven y expresan su fe.

Uno de los filósofos más influyentes de nuestro tiempo, ya muerto hace tiempo, llamado Federico Nietzsche decía que los cristianos son culpables y enemigos de la humanidad por haber hecho de los pobres, los cojos, los ciegos, los resignados, los sufridos, etc. el ideal del hombre bueno a quien Dios aprecia, es decir, por haber idealizado como modelos de imitación a los despreciados, a los deficientes, a los miserables, a los fracasados, a los resignados… porque ellos heredarán la gloria de Dios y vivirán en el cielo. Este filósofo reaccionó furiosamente contras las Bienaventuranzas.

En muchas partes del mundo, en apariencia por motivos distintos y diversos, los cristianos son martirizados, marginados y despreciados por otros grupos religiosos, por declarados ateos y por los que dicen llevar la bandera secularización declarándose indiferentes religiosos. Habría que viajar hasta los siglos tercero y cuarto para encontrar en la historia una persecución a los cristianos de forma parecida. Sin embargo, la fe cristiana está edificada sobre la firmeza y el convencimiento que Dios, el Dios de las promesas, el Dios de Jesús, ha compartido nuestra humanidad, se ha hecho uno de nosotros, y que además se ha puesto de parte de los pobres, marginados, los despreciados y humillados de este mundo, optando por ellos. Hace pocos días hemos celebrado la Navidad, el misterio radical de la Encarnación del Hijo de Dios, y de Dios mismo, Las Bienaventuranzas expresan la apuesta decidida de Dios por esta humanidad en busca de sentido y realización.

Reciban todos mis cordiales saludos. Dios les bendiga y la Virgen Madre les proteja.

Fray Manuel Jesús Romero Blanco O.P.

domingo, 22 de enero de 2023

PALABRAS Y OBRAS

 

Reflexión del Evangelio del Domingo 22 de Enero del Tiempo Ordinario.

Hoy empezamos a escuchar la narración continua de la vida pública de Jesús según el evangelio de san Mateo. Nos presenta una síntesis que incluye los elementos que definen el programa básico de la misión de Jesús: Predica y confirma su enseñanza con obras. «Comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Convertirse es cambiar la orientación de la propia vida, cambiar de criterios y de corazón, para adecuarlos al plan de Dios y experimentar que Dios reina en nuestras vidas, que nos ama, que está cerca de nosotros. Esto es lo esencial de la predicación de Jesús.

San Mateo añade que, para confirmarla: «Recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo». Su misión, pues, incluía predicación y acciones concretas de ayuda a la gente necesitada. Teoría y práctica, mensaje y acción. La palabra solo es creíble cuando la acompañan las obras.

Dice san Mateo, además, que así se cumplía la profecía de Isaías: «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierras y sombras de muerte, una luz les brilló». No es de importancia menor que la predicación de Jesús empezara en Galilea, «dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún». La que llamaban “Galilea de los gentiles (de los paganos)” era la región de Palestina que estaba más alejada de la práctica religiosa de Israel. Eran tierras de sombras en las que una luz brilló.

El anuncio de la Palabra de Dios que hoy haga la Iglesia también tiene que dirigirlo a los más alejados, los sobrantes, los descartados, los que viven sumergidos en la oscuridad, en el dolor, en la opresión, en la injusticia. Son hoy las tierras de sombras en las que brille la luz y la práctica de la misericordia.

La llamada de Jesús: Pescadores de hombres

Enmarcada entre sus palabras y sus obras, al comienzo de su vida pública, Jesús hace también la llamada a sus primeros discípulos. Desde el mismo momento en que empieza a anunciar la buena noticia de Dios busca colaboradores: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron».

Seguir a Jesús no es copiar materialmente su vida. Significa salir del mundo que nos rodea para entrar en el espacio que rodea a Dios. Hacerlo requiere conversión. Desde nuestro bautismo entramos en ese espacio e iniciamos una conversión continua que nos acerque progresivamente a Él. San Mateo ve en Pedro y Andrés, Santiago y Juan, la representación de los discípulos de todos los tiempos en su acercamiento a Dios. Su narración presenta rasgos y detalles altamente significativos:

No son ellos los que se constituyen a sí mismos discípulos, sino Jesús quien les llama. No para asimilar una doctrina, ni siquiera para vivir un proyecto de vida, sino para solidarizarse con una persona (“seguidme”).

El atractivo de la llamada de Jesús es tan fuerte que les lleva a un profundo desprendimiento. Rompen lazos sociales, dejan su oficio y medios económicos (redes y barca), y familia (padre) para irse tras él.

El seguimiento es un camino. ‘Dejar’ y ‘seguir’ son verbos que indican un desplazamiento de nuestro centro vital. Seguir no es instalarse en un estado ni es simple imitación. Se trata de ir tras las huellas de Jesús y proseguir su causa.

Las coordenadas del discípulo son dos: comunión con el Maestro (“Venid en pos de mí”) e ir hacia el mundo (“os haré pescadores de hombres”). El seguimiento no nos coloca en un espacio separado y sectario; el mundo es el lugar donde ser discípulos y testigos de la buena noticia.

La llamada puede surgir en cualquier lugar. Ningún escenario sagrado, simplemente el paisaje del lago y el fondo de las duras tareas cotidianas. Dios nos llama a seguirle en nuestro entorno ordinario, en el puesto de trabajo, en medio de las tareas diarias…

Algunas consecuencias

Evangelizar es el núcleo de la misión de la Iglesia y una parte ineludible de nuestro seguimiento de Jesús. Ningún cristiano debería rehuir el anhelo evangelizador y misionero. La calidad de nuestro cristianismo se puede medir por su interés evangelizador.

La fe cristiana no se limita a adhesión doctrinal, es también conducta y vida marcada por nuestra vinculación a Jesús. Cuidémonos mucho de la tentación de querer ser cristianos sin seguir a Jesús, reduciendo nuestra fe a unas verdades o a un culto.

En el Domingo de la Palabra de Dios y en el marco de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, renovemos nuestra conversión, impliquémonos en la tarea de llevar la alegría y el consuelo del Evangelio a todos, trabajemos por la unidad de quienes creemos en Cristo y pongamos el Evangelio en el centro de nuestras vidas y de nuestras comunidades.

Fray José Antonio Fernández de Quevedo

domingo, 15 de enero de 2023

ÉSTE ES EL CORDERO DE DIOS

 

Reflexión del Evangelio del 15 de Enero de 2023. 2º del Tiempo Ordinario.

El testimonio del Bautista sobre Jesús

Juan Bautista, precursor en el Adviento del que iba a venir, nos deja ahora su testimonio personal sobre el que ya ha llegado en el misterio de la Navidad. De él son estas impactantes palabras sobre Jesús: como lo he visto, doy testimonio de que él es el Hijo de Dios. Resuena en ellas el eco de lo escuchado el domingo pasado en el bautismo de Jesús, si bien en este caso no es la voz celeste del Padre la que testimonia sobre su Hijo predilecto sino el propio Bautista que ha visto al Espíritu descender y posarse sobre él. Su sorprendente testimonio se suma, pues, a la voz divina para confirmar, mediante el reconocimiento explícito de su confesión de fe, el testimonio del mismo Dios. De este modo, el acuerdo de ambos mensajes evidencia y asegura su veracidad y  fiabilidad.

Para admiración de todos, el Bautista acaba de reconocer en toda su hondura y profundidad la filiación divina de aquel a quien había anunciado y bautizado. Ha testimoniado de forma fehaciente y pública la dignidad suprema que encumbra a quien sólo visibilizamos en la humildad de la carne. Ha contemplado su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14). Con esta presentación de Jesús, antes de iniciar su ministerio público, el Bautista manifiesta y enfatiza ante el pueblo galileo la incomparable grandeza, la alta consideración y relevancia que se merece y le corresponde a Jesús como Hijo de Dios.

Desde las alturas de la contemplación

El evangelista San Juan (representado por la tradición cristiana en el águila que sobrevuela las alturas) encabeza la primera de sus cartas con esta solemne declaración: lo que existía desde el principio, lo que hemos visto y oído, lo que hemos contemplado y palpado con nuestras manos: la vida eterna que estaba con el Padre, es lo que os anunciamos y testimoniamos (1 Jn 1,1-3). Esa es la mirada desde la que nos presenta también ahora a Jesús, expresión de una profunda comprensión e interiorización de su persona. En su pronunciamiento, está compartiendo con los lectores la alta cristología que confesaban los primeros cristianos.

¿Quién es Jesús? ¿En qué se substancia su misteriosa personalidad? Nos lo van desgranando y revelando los títulos cristológicos que le acompañan, esas formulaciones cargadas de densidad teológica enraizadas en la multisecular tradición religiosa del pueblo de Dios. Él era antes que yo, comienza confesando el Bautista: ya pre-existía desde el origen de los siglos; es el Eterno: el que fue, es y será siempre más allá del tiempo y del espacio. Sin embargo, a pesar de su condición divina, no desdeñará ofrecerse como el Cordero de Dios, lleno de misericordia, que se solidariza con los pecadores; él es el Siervo doliente y fiel (1ª lectura) que asumirá sobre sus espaldas la dura carga del terrible poder inherente al pecado para desactivarlo y congregar a su pueblo mediante la gracia y el perdón. Finalmente, como lo habían predicho los profetas, Jesús es el que bautizando en agua sino en el Espíritu Santo: purifica las conciencias y renueva desde dentro el corazón del hombre, para proclamar bienaventurados a los limpios de corazón.

El humilde marco de nuestra condición humana

La figura de Jesús ha quedado impresa en múltiples imágenes y representaciones simbólicas de la tradición bíblica. Las que configuran el icono de Jesús que nos ha dejado el testimonio del Bautista (el Pre-existente, el Cordero de Dios, el portador del Espíritu) vienen a ser como esas pequeñas teselas de diversas formas y colores que componen cualquier mosaico: todas ellas importantes, pero ninguna exclusiva ni decisiva al margen de las demás. Los mortales, desde el diminuto y recortado marco de nuestra experiencia personal, apenas si logramos asomarnos al trascendente misterio del Dios hecho hombre.  Hemos de contentarnos con pálidos reflejos, como los destellos de la estrella de Belén, si queremos orientarnos y movernos en medio de la oscuridad de la noche. 

De ahí que el evangelista San Juan pretenda introducirnos en el exigente dinamismo de una fe que afronte de cara la eterna, la radical pregunta de Jesús a sus discípulos: Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo? Si olvidamos el penetrante icono teológico que nos ha regalado el testimonio del Bautista, malamente podremos comprender y seguir de cerca el calado del sentido religioso que entrañan los diferentes relatos evangélicos.

Y es que Jesús, en su cercanía, trasciende cuanto podamos pensar y decir de él. Por eso mismo se nos hace tan familiar la suplicante exhortación de Pablo: “que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que viváis arraigados y fundamentados en el amor. Así podréis comprender, junto con todos los creyentes, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo; un amor que supera todo conocimiento y que os llena de la plenitud misma de Dios”. Súplica que sintoniza con la dócil actitud reverencial bellamente expresada en el villancico navideño: venid fieles todos, postrémonos humildes, delante del Dios-hombre, venid y adoremos al Rey y Señor.

Fray Juan Huarte Osácar

domingo, 8 de enero de 2023

JESÚS SE SIENTE AMADO PARA ACTUAR

 

Reflexión del Evangelio del Domingo 8 de Enero de 2023. Bautismo del Señor.

Jesús va al encuentro de una realidad limitada, va donde estaban los hombres, que esperaban convertirse y ser mejores con el bautismo de Juan. Busca a los hombres perdidos, se solidariza con aquellos que se sentían pecadores y se pone a su lado. Su vocación es servir a lo humano, lo débil. Y es ahí y con ellos, donde se rompe el cielo, se junta lo divino y lo humano y se posa sobre él el Espíritu de Dios oyéndose la voz, que le declara Hijo (que lleva a las personas a la plenitud), Amado (que es entrega máxima de amor), Predilecto, (preferido por su vida de servicio). Es el momento en el que la realidad de Dios se instala dentro de la historia humana, haciendo de la entrega de Jesús lo único que hace fecunda la vida.

Todos los dioses necesitan distancia, estar bien arriba y bien lejos para ser más dioses, el Dios de Jesús es pura cercanía. Hay un acceso directo con el cielo roto que nos pone en contacto con sus bendiciones. Esta es la religiosidad del Dios hecho niño (encarnado), que sigue apostando por el hombre.

Es el cumplimiento de la misión del Elegido del profeta Isaías: viene a traer el derecho a los hombres, siendo alianza y luz para ellos y devolviendo la justicia, el orden perturbado que ha robado la dignidad a muchos hombres o que otras veces, el mismo hombre ha despreciado. Este Elegido, Amado del Padre quiere una comunidad feliz, donde reine la justicia y la fraternidad. Va a realizar su misión de una manera muy peculiar con un método y forma no vistos: sin gritar, sin vocear; sin romper la caña vacilante, sin apagar el pábilo ya casi sin luz. Se trata de un método de sencillez, sin violencia, sin pisotear, ayudando en las crisis y avivando la esperanza donde está ya casi perdida.

Nosotros también hemos sido bautizados, habilitados

El bautismo en la iglesia comenzó siendo la culminación de un proceso de conversión, en el que se llegaba a tomar la decisión de abrazar la fe cristiana, de estar abierto al Espíritu de Dios, participando de la comunidad cristiana. Hoy una gran mayoría hemos sido bautizados sin ninguna decisión por nuestra parte, quizás con las prisas de participar de la comunidad y para resaltar el don de Dios. De aquí el problema de no estar tan seguros de que hayamos hecho nuestra ratificación y tengamos conciencia viva de lo que significa nuestro bautismo, aunque no es suficiente legalizar nuestro bautismo como punto de partida, sino con sus consecuencias.

El bautismo de Jesús nos ayuda a conmemorar nuestro bautismo, a revitalizarle, sobrepasando el rito con una vida humana, entregada y de servicio, porque rompiéndose el cielo se ha desvelado él y nos ha revelado a nosotros que somos hijos amados y predilectos de Dios; también hemos sido ungidos, señalados por Dios, habilitados por las bendiciones de cielo roto, aunque algunos que se dicen cristianos lo sienten como una carga de leyes impuestas que les ha complicado la vida y no lo ven como un don para amar y servir a los demás; otros hacen más hincapié en ser buenos que en hacer el bien, dedicándose a la dimensión personal del bautismo, rebajando de la dimensión social.

Se nos ha dado la capacidad de ser hijos de Dios para poder amar, querer, sentir, ser justos, porque somos hijos del Padre. Esta habilitación siendo para siempre desde nuestro bautismo, se va desarrollando y actualizando en cada momento en las realidades concretas con que nos encontramos. Y se nos encarga la misma misión de Jesús, con sus mismos métodos: hacer justicia y que brillen los derechos creacionales en todo viviente, respetando, valorando, porque cuando cacareamos los éxitos, nos sentimos fuertes, dominadores y superiores, no somos misioneros como Jesús.

Pero hemos sido bautizados en el Espíritu de Dios, y tantas veces rebautizados en las aguas de nuestro mundo: increencia, superficialidad, estética, eficacia, consumo, egoísmo, competencia, … Es hora de hacer realidad la expresión de Juan: “Yo soy el que necesita que me bautices, ¿y tú vienes a mi?” Necesitamos el encuentro constante y permanente con Jesús, que nos ayude a optar por la interioridad, para descubrir lo que nos habita y nos compone; que os ayude a confesar que hemos sido bautizados en Cristo, nuestro único Salvador y a pesar de las dificultades culturales y sociales porque la satisfacción, el éxito, el tener, el bienestar han desplazado la salvación de Cristo para otro mundo. No podemos rebajarla ni reducirla, puesto que hay muchas cosas que son más importantes que aquellas que vemos y se nos meten por los ojos como salvadoras, sin serlo. Por eso no podemos silenciar nuestra vida, pues ser hijos de Dios nos da alas para vivir, sentir y pensar con otro sentido y otra fuerza que hemos recibido del cielo roto, porque Dios nos ama, se ha metido en nuestra historia, ni podemos dejarnos llevar por el sentido alimentado por nuestros gustos e inspiraciones a ras de tierra.

Nuestra tarea es pasar del bautismo como rito al bautismo de la vida: ya no hay barreras entre lo divino y lo humano, por tanto la vida y la misión cristianas son las de Jesús, también nosotros con su Espíritu alentándonos.

Fr. Pedro Juan Alonso O.P.

viernes, 6 de enero de 2023

¡LA GLORÍA DEL SEÑOR AMANECE SOBRE TÍ!

Reflexión del Evangelio del 6 de Enero de 2023. Epifanía de Ntro. Señor Jesucristo.

Mateo comienza y termina su evangelio calificando a Jesús de “rey de los judíos”. Se trata de un rey que nace y muere rompiendo todos los esquemas de las realezas mundanas: nace en un pesebre y muere en una cruz. En el momento de nacer Jesús, unos magos van en busca del “rey de los judíos”. Y en el momento de morir, Pilato ordena poner sobre la cruz un cartel con esa inscripción: “este es el rey de los judíos”. Si estamos hablando de un rey, se comprende que los magos le buscaran en la ciudad de los grandes palacios, o sea en Jerusalén. Se equivocaron de camino y de lugar, porque el rey que había nacido era tan extraño y tan nuevo que sólo podía nacer entre los pobres. Tan extraño y tan nuevo que muere como un malhechor, solidarizándose así con todos los despreciados y marginados de este mundo. En el texto del evangelio de hoy, el evangelista no se refiere a ninguna realeza que no sea la de Jesús. Son las tradiciones populares que han venido después, poniendo mucha imaginación al asunto, las que hablan de reyes. El evangelista sólo conoce a un rey, que es Jesús. Por eso los magos se postran ante él y le adoran.

La fiesta de la Epifanía es un símbolo de la universalidad del Evangelio. Epifanía quiere decir manifestación. Si el Señor no se manifestase, su Encarnación no habría llegado a los hombres. Hasta tal punto está relacionada la Encarnación con la Epifanía o manifestación, que durante tres siglos la Iglesia estuvo celebrando en la noche del cinco al seis de enero el Nacimiento en Belén y la manifestación a los magos. A partir del siglo IV se desdoblaron las fiestas y la primera se trasladó al 25 de diciembre. Pues bien, la manifestación de Dios en Jesús tiene un alcance universal, está destinada a todos los seres humanos. En este sentido resulta interesante que la tradición haya interpretado que estos magos (probablemente unos astrónomos) procedían de los tres continentes entonces conocidos: África, Asía y Europa. El mago negro aparece siempre. En el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o por el origen, no hay diferencias nacionales, ni sociales, ni raciales. Todos somos hijos del mismo Padre. Jesucristo une a todos los pueblos y a todas las personas, sin perder la riqueza de su variedad.

 

Los Magos son una retroproyección de algo que sólo ocurrirá después de la resurrección de Cristo, a saber, que el evangelio será acogido por los no judíos, en línea con la última recomendación de Jesús a sus discípulos: “id al mundo entero, anunciad el evangelio a todas las gentes, no sólo en Jerusalén, sino también hasta los confines de la tierra”. Los Magos son aquellos que vienen de los confines de la tierra a adorar al niño, los magos son los extraños al pueblo judío, los que no son de la raza del niño, los alejados. También para ellos ha nacido el hijo de María. Y también a ellos debe llegar la buena noticia del Evangelio.

El Evangelio es para todos los seres humanos, tiene un alcance universal, porque Cristo es lo que, sin saberlo, todos buscamos, ya que él “es principio y modelo de esa humanidad renovada a la que todos aspiran, llena de amor fraterno, de sinceridad y de paz” (Vaticano II). Desde esta perspectiva, los magos que buscan a Cristo representan a la humanidad en búsqueda de paz, verdad y justicia. Representan el anhelo profundo del espíritu humano, la marcha de las religiones, de la ciencia y de la razón humana al encuentro de Cristo.

El evangelista termina su relato notando que, una vez que los magos se han encontrado con Cristo, “regresaron a su país por otro camino”. Lectura espiritual: si tú te has encontrado con Cristo, volverás a tu casa, a tu trabajo, a tus ocupaciones, pero ya no será lo mismo. Volverás de otra manera, por otro camino, con un corazón y un espíritu nuevo.

Fray Martín Gelabert Ballester