domingo, 8 de marzo de 2026

"DAME DE BEBER"

Reflexión del Evangelio Domingo 8 de Marzo de 2026. 3º de Cuaresma.

La verdadera libertad no es la ausencia de dificultades
La primera lectura de este tercer domingo de Cuaresma muestra cómo el pueblo se enfrenta a Moisés a consecuencia de la sed que padecen en el desierto. Su reacción revela que prefieren la esclavitud con el estómago lleno antes que la libertad envuelta en incertidumbre. Esta manera de reaccionar no deja de ser un reflejo del miedo que siempre trae consigo cualquier cambio: ese vértigo que nos hace añorar seguridades que nos encadenan cuando el horizonte se muestra árido. Sin embargo, desde ese abismo de ansiedad, frustración y absoluta desconfianza es desde donde van a experimentar que Dios no mira desde la distancia, sino que «camina con ellos» y que la precariedad que padecen es pasajera.
Que el agua -ese elemento imprescindible para poder sobrevivir- salga de una roca, no deja de ser una imagen que sacude nuestra lógica. Dios se manifiesta precisamente en lo que nos parece estéril, difícil o inaccesible. Ahora bien, no es un mago que elimina el obstáculo, sino una fuente que surge desde dentro mismo de la situación. Porque Dios no se manifiesta como un esclavo de nuestros caprichos ni responde a la magia de un bastón. Él es la fuente de agua viva que, como promete a la samaritana del Evangelio de hoy, brota desde nuestra dureza y nos impulsa a abrazar el futuro con una esperanza activa.
Justificados por puro amor
Pablo, en la segunda lectura de este domingo, quiere trasmitir qué efecto produce en el ser humano el amor de Dios. Y para llevar a cabo su propósito, recurre a lo que Dios mismo ha realizado a través de Jesucristo. El Apóstol hace ver que toda la iniciativa parte de Él; es decir, está en las manos de Dios. Y aunque a priori cueste un poco entenderlo desde nuestros cálculos mentales, la muerte de Jesús en la cruz es la máxima expresión visible de ese amor que Dios siente -sin hacer excepción alguna- por toda la humanidad. Por ello, lo ocurrido en la cruz se convierte en la acción indiscutible de nuestra paz con Él.
Ser justificados es, por tanto, vivir de la gracia. Es ser amados por Dios de tal manera que se nos permite algo que sería absolutamente inimaginable si la iniciativa no partiera de Él. Porque la gracia tiene la enorme capacidad de sanar, limpiar, recomponer y restaurar a quien se siente roto y deshecho. Es una inyección de amor capaz de llenar de encanto a la persona. Pero no estamos ante una cuestión de encanto físico, sino de belleza espiritual, de verdadera profundidad y madurez en la fe. Así pues, que Dios nos ame sin condición alguna, es decir, sin pedirnos nada a cambio no es sinónimo de que cualquier comportamiento sea válido, sino que es el motor que nos impulsa a vivir de una manera distinta, precisamente porque ya hemos sido justificados por su amor.
Ser capaces de dejar el cántaro
Si algo deja claro el pasaje del evangelio de este domingo, es que Jesús rompe el muro de los prejuicios. Sabemos perfectamente que los judíos y los samaritanos eran dos pueblos que se evitaban por sistema.
Sin embargo, la ruptura de lo políticamente correcto que muestra Jesús en el texto de hoy nos ha de hacer caer en la cuenta, una vez más, que él estaba por encima de escrúpulos nacionalistas, religiosos o de género; por encima de cualquier barrera ideológica. Y es que el diálogo que Jesús mantiene con la samaritana es toda una llamada de atención para que dejemos a un lado los estigmas con los que solemos marcar a todos aquellos, que no piensan ni actúan como a nosotros nos gustaría.
Que la escena ocurra junto a un pozo no es ninguna casualidad; y se trata, nada más y nada menos, que del pozo de Jacob: todo un símbolo de la tradición y de la Ley.
Además, el hecho de que la conversación gire en torno al agua nos pone sobre la pista de que nos encontramos ante un texto -y no hay que olvidar que estamos en el Evangelio de Juan- que busca transmitirnos un mensaje de nuevo nacimiento, es decir, un nuevo comienzo por medio del Espíritu.
Pues bien, el Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma nos indica que este comenzar de nuevo se hace realidad en la samaritana: esa mujer cuya vida estuvo marcada por incesantes búsquedas frustradas y naufragios afectivos, y que acabó viciando su relación con Dios como inevitable resultado de tantos desencantos. Su existencia y su vivencia de lo religioso estaban inmersas en un pozo de aguas muertas, o dicho de otra manera, en un caudal estancado que ya no servía siquiera para refrescar en el bochorno más pesado.
Sin embargo, precisamente desde esa sequedad y estancamiento es desde donde Jesús va a tomar la iniciativa. Su ofrecimiento de una nueva búsqueda para descubrir un agua distinta no solo sorprende y descoloca a la samaritana, sino que poco a poco le va haciendo salir de su superficialidad y le hace sentir sed de profundidad espiritual; la sed de una nueva manera de entender lo religioso, que ya no dependerá de lugares físicos ni geográficos, sino del torrente de «agua viva» que es Él mismo y que desemboca en lo más íntimo de su ser.
Por ello, ya no necesitará el cántaro. Porque una vez que ha comprendido que todo lo que llevaba buscando durante tanto tiempo se encuentra en su interior, ese cántaro se ha convertido en un peso y un estorbo que es preciso dejar atrás. Fray Luis de Granada, en uno de sus sermones de Cuaresma, nos dice que el hecho de dejar el cántaro supone «la valentía de salir corriendo a predicar la gloria de Cristo el Señor». Y es que el cántaro simboliza todo aquello que nos ata a una religiosidad vacía e idólatra, que nos aleja del Dios vivo que es capaz de transformarlo todo.
Que durante este tiempo de Cuaresma seamos mendicantes de esa «agua viva» que nos propone Jesús en el Evangelio de hoy. Que tengamos el coraje de dejar nuestros cántaros a un lado -con todo su peso de rutinas sin sentido y cargas innecesarias- y nos dejemos embriagar con la frescura de este mensaje, que nos invita a amar y ser amados con una mirada libre de prejuicios. Así, el día de Pascua podremos proclamar, como la samaritana del evangelio de Juan, la esencia de nuestra fe: nada de lo humano puede ser indiferente al anuncio del Evangelio. Porque su mensaje de felicidad y salvación alcanza a cualquier persona, sin que importen sus circunstancias vitales.

lunes, 2 de marzo de 2026

CULTOS CUARESMALES DE LA FRANCISCANA HERMANDAD DE LA HUMILDAD

 

SOLEMNES CULTOS CUARESMALES EN HONOR DEL STMO. CRISTO DE LA HUMILDAD EN SU PRESENTACIÓN AL PUEBLO Y SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL

6,7 y 8 de Marzo. 7´30 de la tarde.

Iglesia Parroquial de la Inmaculada.

Predicarán:
Viernes, día 6: Rvdo. D. Jeremías Abumwami.
Sábado, día 7: Rvdo. D. Juan Luís Selma Folch.
Domingo, día 8: D. Víctor J. Morón Illanes. Párroco y Consiliario de la Hermandad.


Fiesta de Regla:

Domingo, 8 de Marzo. 7'30 de la tarde.
Solemne Veneración, Besamanos, Jura e imposición de medallas a los nuevos hermanos.

domingo, 1 de marzo de 2026

"LEVANTAOS , NO TENGÁIS MIEDO"

Reflexión Evangelio Domingo 1 de Marzo de 2026. 2º de Cuaresma.

La fe que se pone en camino.
La primera lectura nos sitúa ante la vocación de Abrahán, el padre de los creyentes. Dios le pide algo radical: “Sal de tu tierra…”. Salir de la tierra significa romper con lo que da seguridad, con lo que define la identidad, con lo que uno controla, con lo que hoy llamamos zona de confort. La fe bíblica no comienza con una idea, sino con un movimiento: ponerse en camino hacia una tierra que Dios mostrará, no hacia una meta conocida.

La promesa que acompaña esta llamada es desbordante: bendición (hasta 5 veces aparece la palabra en dos versículos), fecundidad, un nombre nuevo, una misión universal. Pero Abrahán no recibe garantías previas. La bendición se despliega mientras camina. La Cuaresma nos sitúa en la misma dinámica: Dios nos invita a dejar atrás aquello que nos impide reconocerlo como Señor de nuestras vidas. A veces son apegos, otras miedos, otras heridas que no hemos entregado. La fe es confianza activa: “Partió Abrahán, como le había dicho el Señor”.

En Abrahán descubrimos que la historia de salvación comienza cuando alguien se atreve a creer que Dios puede hacer nuevas todas las cosas. Su salida anticipa todas las “salidas” que Dios pedirá a su pueblo: el Éxodo, el retorno del destierro, el seguimiento de Jesús. Cada creyente está llamado a vivir su propio éxodo interior.

La gracia que sostiene en la prueba.
La segunda lectura nos sitúa en un contexto de dificultad. Pablo anima a Timoteo a no avergonzarse del Evangelio ni del sufrimiento que lleva consigo. La fe no es evasión, sino compromiso. Anunciar a Cristo implica cargar con la fragilidad propia y ajena, sostener la esperanza cuando todo parece oscuro.

El texto subraya algo esencial: la vocación cristiana no nace de nuestras obras, sino de la gracia. Dios nos ha salvado y nos ha llamado desde la eternidad. Esa gracia se ha manifestado plenamente en Cristo, que ha destruido la muerte y ha hecho brillar la vida. La luz de la Transfiguración anticipa esta victoria: la gloria que contemplan los discípulos es la misma que brotará del sepulcro vacío.

Timoteo, como nosotros, experimenta miedo, cansancio, dudas. Pero la gracia no abandona. La Cuaresma es tiempo para reavivar el don recibido, para pedir fortaleza, para perseverar en la fe cuando no vemos resultados. La luz de Cristo no elimina la cruz, pero la llena de sentido.

La luz que transforma.
En este domingo, el Evangelio nos conduce a un monte de luz y de pocas palabras, donde Dios deja entrever la verdad más honda del ser de su Hijo. Jesús sube a un monte alto con Pedro, Santiago y Juan. Allí se revela su identidad: su rostro brilla como el sol, y sus vestidos se vuelven blancos como la luz. Moisés y Elías aparecen conversando con Él, como testigos de que Jesús es el cumplimiento de la Ley y los Profetas. Es un instante de claridad concedido a los discípulos, para que el escándalo de la Cruz que se aproxima no apague del todo su fe, sino que puedan acogerlo, aunque solo sea por un momento, a la luz de la gloria prometida.

La escena está cargada de símbolos: la montaña, la nube luminosa, la voz del Padre. Todo indica que estamos ante una teofanía, una manifestación de Dios. Pero el centro no es el resplandor, sino la palabra: “Este es mi Hijo amado… escuchadlo”. La fe cristiana nace de la escucha. Escuchar a Jesús es dejar que su palabra ilumine nuestras sombras, cuestione nuestras seguridades, transforme nuestros criterios.

Pedro quiere quedarse allí. Es comprensible: todos guardamos momentos de oración, de consuelo, de claridad, en los que sentimos que Dios está cerca. Pero Jesús no permite instalarse en la experiencia. La luz del monte no es para quedarse, sino para bajar y afrontar la realidad. La Transfiguración no evita la cruz; la ilumina desde dentro.

El gesto final de Jesús es profundamente humano: se acerca, toca a los discípulos y les dice: “Levantaos, no tengáis miedo”. La Cuaresma es ese tiempo en el que Dios nos toca para levantarnos de nuestras postraciones: miedos, culpas, cansancios, heridas. La luz de Cristo no humilla, sino que sana; no deslumbra, sino que revela; no aplasta, sino que levanta.

Una llamada para hoy.
La Transfiguración nos invita a revisar qué impide que la luz de Dios brille en nuestra vida. ¿Qué sombras necesitan ser entregadas? ¿Qué apegos nos impiden caminar? ¿Qué miedos nos paralizan? La oración es ese encuentro de transparencia donde Dios nos mira con amor y nos ayuda a vernos con sus ojos.

Como los discípulos, estamos llamados a atesorar los momentos de intimidad con Jesús, pero también a descubrirlo en lo cotidiano: en el camino, en las conversaciones, en las comidas, en la Cruz. La fe madura cuando aprendemos a discernir su presencia en todo.

La Cuaresma es subida al monte y bajada a la vida. Es contemplación y misión. Es luz que transforma y envío que compromete. Dios nos dice hoy, como a Jesús: “Tú eres mi hijo amado”. Desde esa certeza sigamos caminando hacia la Pascua.

lunes, 23 de febrero de 2026

PRESENTADOS LOS CARTELES DE SEMANA SANTA 2026

Con un teatro lleno hasta la bandera, hace tan solo unas horas, ha tenido lugar la Presentación del Cartel de Semana Santa de nuestra localidad y el tradicional Concierto de Marchas Procesionales que abre el portón de la Cuaresma.
D. Francisco de Asís Sendra Montes, Vicepresidente de la Agrupación de HHCC, nos ha exhortado con las palabras del Papa León a potenciar la escucha y el diálogo con los demás.
Un bello repertorio y una magnífica ejecución de la AMC Puente Romano, ha creado el ambiente oportuno para descubrir el Cartel 2026 de D. Leandro Lara Quero que representa la Imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno en la Plaza de la Constitución. Dedicando este su premio a D. Francisco Tabares, gran organizador de la Exaltación a la Saeta y a nuestro Párroco Emérito, D. Manuel Tirado.
El cartel de la Semana Santa Chiquita 2026, corresponde al primer premio del concurso de dibujo de la Semana Santa del niño David Bermúdez Delgado, del Colegio "Divina Pastora", con la imagen del Stmo. Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo.
El acto ha estado presidido por D. Jesús Morales Molina, alcalde de Villa del Río, junto a ediles y miembros de la Corporación Municipal, D. Víctor J. Morón, Párroco de Villa del Río, D. Manuel Tirado, las Madres Religiosas de la Divina Pastora, así como los Hermanos Mayores de las diferentes Hermandades y Cofradías.


domingo, 22 de febrero de 2026

“NO TENTARÁS AL SEÑOR, TU DIOS”

Reflexión Evangelio Domingo 22 de Febrero de 2026. 1ºde Cuaresma.

“Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos”
El relato del pecado original, como todo relato mítico, recoge una profunda verdad: que la tentación es siempre un engaño. Nos promete plenitud, felicidad, sentido, verdad… y es una inmensa mentira.

Si caemos en ella, descubrimos que ese engaño nos lleva a todo lo contrario: al sufrimiento, el miedo, a perdernos a nosotros mismos. A perder no sólo la paz, sino todo lo que nos une a los demás y a nosotros mismos. A perder nuestra identidad. A perder a Dios.

Y toda tentación, todo pecado, viene de la misma clave: del engaño de que sin Dios seríamos más plenos. De no fiarnos de Él, de dudar de que sus planes para nuestra vida son los que realmente nos harían plenos, felices, llenos de vida. Por no fiarnos de Dios, por dudar de sus mandatos, lo perdemos todo. En pos de una quimera, caemos en el engaño. Perdiendo a Dios, perdemos lo que somos, para no ganar nada…

“…por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos”
Pero Dios no abandona al ser humano a merced de ese pecado. Toda la historia de la Salvación es un acercarse constante de Dios al ser humano para devolverle su identidad perdida. Para recordarle cómo vivir en plenitud desde la justicia y el amor, desde el perdón y la entrega.

Una historia de salvación la historia de la humanidad, que culmina en la encarnación del Hijo de Dios en Cristo, y de su entrega por amor hasta la muerte por el género humano, para acabar con esa huella de mal y de pecado del corazón del hombre, para reconciliarlo cada vez que sucumbe al engaño.

Eso dice Pablo en este pasaje de Romanos. Como por Adán entró el pecado –en el relato mítico escuchado en Génesis- por Jesús y su entrega de amor, llegó el perdón. La desobediencia de Adán y la obediencia de Cristo, la desconfianza del primer hombre, y la entrega absoluta y confiada de Jesús de Nazaret, verdadero Dios, pero también verdadero hombre.

“Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado”
La central declaración de nuestra fe es ésa: la condición de verdadero Dios y verdadero Hombre, en todo menos en el pecado, de Jesús de Nazaret.

Eso quiere decir que como verdadero hombre, aunque Él no cayó en la tentación, sí que fue tentado con las mismas tentaciones que cualquier hombre.

Este pasaje de Mateo nos habla de tres tentaciones, que recogen casi todas las tentaciones que el ser humano puede vivir. Son como las tres claves que subyacen a cualquier pecado humano: tener, parecer y poder.

“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”
Aquí nos habla de la tentación de tener en todo su más amplio espectro. La tentación de creer que las cosas saciarán nuestra hambre profunda de vida y de sentido, que consumiendo, cubriendo nuestras apetencias materiales, ya estaría la vida llena…

Olvidarnos de que el hombre vive de más cosas que sólo de tener, alejarnos de Dios tal cual nos hizo, con ese deseo profundo de Él y de amor, para pensar que las cosas materiales llenarán nuestra vida.

Renunciar a Dios como fuente de plenitud, para caer en la tentación de que lo que realmente nos haría felices no es Dios, sino tener, acumular, la comodidad, el placer… como este nuestro mundo constantemente nos dice.

“Si eres Hijo de Dios, tírate abajo y te sostendrán en sus manos sus ángeles”.
La tentación del parecer, del ser reconocido, del ser importante, de que nos quieran y nos valoren, de ponernos a nosotros mismos en el centro. El diablo le sube al alero del templo a Jesús para que todos puedan verlo y se asombren y lo adoren…

Y nos habla también de nuestros propios pecados. De hacer lo que sea para parecer importante, para que nos adulen, para que nos valoren, seamos considerados, seamos importantes…

Y olvidarnos de la humildad, de que lo pequeño es lo que llena el corazón del ser humano. Que no es en nosotros mismos donde hay que poner el foco, que cuanto más nos olvidemos de nosotros y más vivamos en don, en amor y en entrega, más realmente seremos quienes estamos llamados a ser. Olvidar la paradoja central del evangelio, que muriendo a nosotros mismos, es cuando más vivos estaremos. Quitar a Dios del centro para ponernos a nosotros…

“Todo esto te daré, si te postras y me adoras”
La tentación del poder, del dominio, de ejercer control para que el mundo, la vida, las cosas marchen y funcionen y se organicen como uno cree.

La tentación del tener razón siempre y que los demás nos hagan caso en todo. La tentación de ser dioses que ordenen la existencia según nuestros propios criterios.

La tentación de no aceptar que con otros, con sus propias ideas y criterios, se vive mejor. No aceptar ni la pluralidad, ni que hay una realidad creada por Dios de la mejor manera posible. Del individualismo salvaje de ser uno mismo lo más importante que existe y quien realmente sabe cómo todo iría mejor…

Olvidarnos que Dios es la realidad que mejor nos enseña cómo vivir en este mundo, para vivir según nuestros antojos

“He aquí que se acercaron los ángeles y lo servían”
Igual a todos los hombres fue Jesús en todo, menos en el pecado. No sucumbe al engaño, a la tentación, no olvida a Dios, y nos recuerda a quienes hoy escuchamos sus respuestas a cada tentación -No solo de pan vive el hombre; No tentarás al Señor, tu Dios; Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto- que la verdad frente al engaño y la mentira de la tentación, es que solo Dios puede dar la plenitud al ser humano.

Sólo la realidad de acoger y abrirnos a cómo nos ha hecho Dios, a cómo está hecho el mundo, solo aceptar eso, sólo buscar a Dios y su mensaje de cómo vivir desde el amor, es lo que puede llenar el corazón del hombre.

"DAME DE BEBER"

Reflexión del Evangelio Domingo 8 de Marzo de 2026. 3º de Cuaresma. La verdadera libertad no es la ausencia de dificultades La primera lectu...