sábado, 14 de febrero de 2026

“NO HE VENIDO A ABOLIR LA LEY, SINO A DARLE PLENITUD"


Reflexión del Evangelio Domingo 15 de Febrero de 2026. 6º del Tiempo Ordinario.

“Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”

Estas palabras de Jesús debieron sorprender y desconcertar a sus oyentes. Jesús les invitaba a ellos, y nos invita a nosotros, a no entender la religión, o sea, la relación con Dios, de forma legalista, como el cumplimiento de una serie de preceptos y, mucho menos, como un cumplimiento de mínimos.

La religión no es una cuestión de medidas. Es una manera de ser, de vivir, de amar.

Jesús nos invita a ir a lo esencial, a lo que ilumina todo lo demás, a aquello sin lo que lo demás no tiene sentido, o se convierte en esclavitud insoportable y letra que mata. Y lo esencial, como dejó escrito el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium (n. 39) es “responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos”.

En el evangelio encontramos una serie de contraposiciones entre “lo que se dijo a los antiguos”, o sea, lo que dice la ley, y lo que dice Jesús. Este “pero yo os digo”, o sea, “por el contrario yo os digo”, debió resultar escandaloso, porque era una manera de reivindicar una autoridad superior a la de la ley recibida en el Antiguo Testamento.

No es cuestión solo de “no matar”, aunque con esto hayamos cumplido la ley; eso, sin olvidar que hay muchas maneras de matar cumpliendo la ley o, al menos, no quebrantándola, por ejemplo, cuando odio en mi corazón a mi hermano. Es cuestión de dar vida y buscar siempre el bien del prójimo, aunque muchas veces lo que el otro hace no nos gusta.

Se trata de adoptar siempre actitudes positivas e incluso de adelantarse y tomar la iniciativa ante la debilidad e incluso la malicia del prójimo, como queda claro en esta palabra de Jesús: “si cuando vas a presentar tu ofrenda te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, vete primero a reconciliarte con tu hermano”. Aquí no se dice quién tiene la culpa de que tenga algo contra ti. Quizás la culpa es del hermano, porque te tiene manía, o es un exigente, o un maniático, o siempre está pensando mal. Pues bien, aunque la culpa sea del hermano, tú debes buscar la reconciliación, sin esperar que él cambie o te pida primero perdón.

"Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no"

En el evangelio queda claro que Jesús nos invita a tomar la defensa de los débiles. Es el caso del repudio a la mujer o del divorcio. En tiempos de Jesús solo el varón tenía ese derecho; la mujer no tenía ningún derecho. El evangelio nos hace caer en la cuenta de que la mujer es igual al varón, con los mismos derechos y deberes.

Por otra parte, el matrimonio no se reduce a relaciones sexuales, sino a una relación de igualdad en el respeto mutuo, en la ayuda mutua, en la defensa mutua, sobre todo en la defensa del más débil; y en aquella sociedad el débil era la mujer, el niño, el huérfano, la viuda. El divorcio es un atentado contra el amor y, en todo caso, si se hiciera necesaria una separación porque el amor ha muerto, el mismo derecho tienen el varón y la mujer.

Dígase lo mismo a propósito del juramento. En cierto modo también es un atentado contra el amor. Allí donde hay relaciones sanas, donde hay fraternidad, donde hay capacidad de perdón, donde hay confianza mutua no es necesario ningún juramento. El juramento indica desconfianza, miedo a que el otro mienta. La lealtad debe regir las relaciones humanas.

Desgraciadamente, hoy el legalismo sigue presente en muchas partes. Fingir virtud o devoción es una tentación que acecha al hombre religioso. La expresión: “yo no mato, ni robo, ni hago mal a nadie”, demuestra que no se ha entendido el evangelio. Pues no se trata solo de no robar, sino de compartir generosamente.

Dígase lo mismo de la supuesta defensa de la ortodoxia, que hoy tiene muchos adeptos. Una ortodoxia, un conocimiento del catecismo sin misericordia, es una mala ortodoxia. Los piropos a la Virgen sin colmar de bienes a los hambrientos son ofensivos. En suma, lo más perfecto para Jesús no es lo que se atiene a las prescripciones legales, sino lo que renueva la vida, lo que la llena de felicidad, en definitiva, el amor. El amor crea y no destruye, cura y no hiere, comparte y no acapara, comprende y no juzga, perdona y no condena.

domingo, 8 de febrero de 2026

"SOIS SAL Y LUZ PARA EL MUNDO"

Reflexión Evangelio Domingo 8 de Febrero de 2026. 5º del Tiempo Ordinario.

"Esto dice el Señor: Parte tu pan con el hambriento"

La Palabra de Dios es este V Domingo del Tiempo Ordinario nos ofrece un mensaje claro y directo en favor de los más necesitados. Esta clarividencia se muestra con la serenidad que brota de las convicciones más profundas y que la experiencia de la sabiduría judeocristiana logra percibir en la realidad humana y sus circunstancias.

De este modo nos habla el profeta Isaías, cuando nos invita a «partir el pan con el hambriento, a hospedar a los pobres sin techo, a cubrir a quien va desnudo y a no destendernos de los nuestros», porque todo ser humano, independientemente de su condición, forma parte de nosotros, de cada uno. Todo ser humano ‘es de los nuestros’.

Esta visión universal de lo humano nos invita a salir de nuestro confort, de nuestras seguridades. Nos anima, incluso, a vencer nuestra propia egolatría y a romper nuestro propio narcisismo, cuando estamos demasiado concentrados en nosotros mismos y en nuestros propios problemas e intereses. No estamos llamados a vivir aislados; tampoco a buscar protagonismos personales, aquellos que nos lleven a pensar que somos mejores que los demás por el simple hecho de vivir más o menos cómodamente.

"Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo"

San Pablo, en su carta a los Corintios, se presenta débil y temeroso. No demasiado seguro de sí mismo, aunque convencido de lo que anuncia: «a Jesucristo y éste crucificado». El Apóstol adquiere en su vida personal la sabiduría de quién es consciente de que su predicación está en el poder y la fuerza de Dios, más que en sus propios méritos.

Ambos textos, el del profeta y el del Apóstol, nos ayudan a profundizar en el mensaje del evangelista Mateo. Mateo nos invita a ser ‘luz del mundo’ y ‘sal de la tierra’. Dos imágenes bíblicas para expresar cómo la acción de Dios y la respuesta humana son necesarias a la hora de avanzar en una mayor dignidad para todas las personas, especialmente para las más vulnerables y necesitadas. Isaías había constatado con sus propios ojos las carencias materiales de sus contemporáneos y nos hacía una llamada a la solidaridad humana como el mejor recurso para paliar las necesidades de quien las padece. San Pablo, en un proceso de interiorización remarcable, nos hacía la interpelación de no confiar en las propias fuerzas, sino en la dinámica de Dios que tiene la fuerza del Espíritu; una fuerza que actúa en nosotros desde la humildad integradora y no desde el propio protagonismo excluyente.

"Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo"
Esta síntesis espiritual nos ayuda a llevar a cabo en nosotros el mandato evangélico de ‘ser luz’ y de ‘ser sal’; porque, ‘ser luz’ es guiar a otros en la defensa de valores humanos imprescindibles para el desarrollo de los pueblos; es iluminar la inteligencia y la voluntad de las personas para la realización de buenas obras en favor del bien común. Evita la oscuridad estéril, terrible, y su consecuente desconfianza en las posibilidades de lo humano y su sinsentido. ‘Ser sal’ es preservar, proteger y cuidar la bondad de Dios, dando sabor evangélico a la vida para evitar, en la medida de lo posible, todo aquello que la corrompa. Ser sal es ser fermento de los valores del Reino. Evita la descomposición y su consecuente deshumanización.

La luz de los bautizados ha de brillar conforme a las claves que Mateo nos proclama en este Domingo. No es una Palabra vacía de contenido. Tampoco está fuera de la realidad. Su actualidad sigue moviendo la inteligencia y el corazón de muchos, cuando muestran con su compromiso diario ser ‘luz’ y ‘sal’ en este mundo tan necesitado de orientación y consistencia en los valores evangélicos del Reino. Cuando eduquemos, en palabras de María Montessori, para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz.