domingo, 1 de marzo de 2026

"LEVANTAOS , NO TENGÁIS MIEDO"

Reflexión Evangelio Domingo 1 de Marzo de 2026. 2º de Cuaresma.

La fe que se pone en camino.
La primera lectura nos sitúa ante la vocación de Abrahán, el padre de los creyentes. Dios le pide algo radical: “Sal de tu tierra…”. Salir de la tierra significa romper con lo que da seguridad, con lo que define la identidad, con lo que uno controla, con lo que hoy llamamos zona de confort. La fe bíblica no comienza con una idea, sino con un movimiento: ponerse en camino hacia una tierra que Dios mostrará, no hacia una meta conocida.

La promesa que acompaña esta llamada es desbordante: bendición (hasta 5 veces aparece la palabra en dos versículos), fecundidad, un nombre nuevo, una misión universal. Pero Abrahán no recibe garantías previas. La bendición se despliega mientras camina. La Cuaresma nos sitúa en la misma dinámica: Dios nos invita a dejar atrás aquello que nos impide reconocerlo como Señor de nuestras vidas. A veces son apegos, otras miedos, otras heridas que no hemos entregado. La fe es confianza activa: “Partió Abrahán, como le había dicho el Señor”.

En Abrahán descubrimos que la historia de salvación comienza cuando alguien se atreve a creer que Dios puede hacer nuevas todas las cosas. Su salida anticipa todas las “salidas” que Dios pedirá a su pueblo: el Éxodo, el retorno del destierro, el seguimiento de Jesús. Cada creyente está llamado a vivir su propio éxodo interior.

La gracia que sostiene en la prueba.
La segunda lectura nos sitúa en un contexto de dificultad. Pablo anima a Timoteo a no avergonzarse del Evangelio ni del sufrimiento que lleva consigo. La fe no es evasión, sino compromiso. Anunciar a Cristo implica cargar con la fragilidad propia y ajena, sostener la esperanza cuando todo parece oscuro.

El texto subraya algo esencial: la vocación cristiana no nace de nuestras obras, sino de la gracia. Dios nos ha salvado y nos ha llamado desde la eternidad. Esa gracia se ha manifestado plenamente en Cristo, que ha destruido la muerte y ha hecho brillar la vida. La luz de la Transfiguración anticipa esta victoria: la gloria que contemplan los discípulos es la misma que brotará del sepulcro vacío.

Timoteo, como nosotros, experimenta miedo, cansancio, dudas. Pero la gracia no abandona. La Cuaresma es tiempo para reavivar el don recibido, para pedir fortaleza, para perseverar en la fe cuando no vemos resultados. La luz de Cristo no elimina la cruz, pero la llena de sentido.

La luz que transforma.
En este domingo, el Evangelio nos conduce a un monte de luz y de pocas palabras, donde Dios deja entrever la verdad más honda del ser de su Hijo. Jesús sube a un monte alto con Pedro, Santiago y Juan. Allí se revela su identidad: su rostro brilla como el sol, y sus vestidos se vuelven blancos como la luz. Moisés y Elías aparecen conversando con Él, como testigos de que Jesús es el cumplimiento de la Ley y los Profetas. Es un instante de claridad concedido a los discípulos, para que el escándalo de la Cruz que se aproxima no apague del todo su fe, sino que puedan acogerlo, aunque solo sea por un momento, a la luz de la gloria prometida.

La escena está cargada de símbolos: la montaña, la nube luminosa, la voz del Padre. Todo indica que estamos ante una teofanía, una manifestación de Dios. Pero el centro no es el resplandor, sino la palabra: “Este es mi Hijo amado… escuchadlo”. La fe cristiana nace de la escucha. Escuchar a Jesús es dejar que su palabra ilumine nuestras sombras, cuestione nuestras seguridades, transforme nuestros criterios.

Pedro quiere quedarse allí. Es comprensible: todos guardamos momentos de oración, de consuelo, de claridad, en los que sentimos que Dios está cerca. Pero Jesús no permite instalarse en la experiencia. La luz del monte no es para quedarse, sino para bajar y afrontar la realidad. La Transfiguración no evita la cruz; la ilumina desde dentro.

El gesto final de Jesús es profundamente humano: se acerca, toca a los discípulos y les dice: “Levantaos, no tengáis miedo”. La Cuaresma es ese tiempo en el que Dios nos toca para levantarnos de nuestras postraciones: miedos, culpas, cansancios, heridas. La luz de Cristo no humilla, sino que sana; no deslumbra, sino que revela; no aplasta, sino que levanta.

Una llamada para hoy.
La Transfiguración nos invita a revisar qué impide que la luz de Dios brille en nuestra vida. ¿Qué sombras necesitan ser entregadas? ¿Qué apegos nos impiden caminar? ¿Qué miedos nos paralizan? La oración es ese encuentro de transparencia donde Dios nos mira con amor y nos ayuda a vernos con sus ojos.

Como los discípulos, estamos llamados a atesorar los momentos de intimidad con Jesús, pero también a descubrirlo en lo cotidiano: en el camino, en las conversaciones, en las comidas, en la Cruz. La fe madura cuando aprendemos a discernir su presencia en todo.

La Cuaresma es subida al monte y bajada a la vida. Es contemplación y misión. Es luz que transforma y envío que compromete. Dios nos dice hoy, como a Jesús: “Tú eres mi hijo amado”. Desde esa certeza sigamos caminando hacia la Pascua.

lunes, 23 de febrero de 2026

PRESENTADOS LOS CARTELES DE SEMANA SANTA 2026

Con un teatro lleno hasta la bandera, hace tan solo unas horas, ha tenido lugar la Presentación del Cartel de Semana Santa de nuestra localidad y el tradicional Concierto de Marchas Procesionales que abre el portón de la Cuaresma.
D. Francisco de Asís Sendra Montes, Vicepresidente de la Agrupación de HHCC, nos ha exhortado con las palabras del Papa León a potenciar la escucha y el diálogo con los demás.
Un bello repertorio y una magnífica ejecución de la AMC Puente Romano, ha creado el ambiente oportuno para descubrir el Cartel 2026 de D. Leandro Lara Quero que representa la Imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno en la Plaza de la Constitución. Dedicando este su premio a D. Francisco Tabares, gran organizador de la Exaltación a la Saeta y a nuestro Párroco Emérito, D. Manuel Tirado.
El cartel de la Semana Santa Chiquita 2026, corresponde al primer premio del concurso de dibujo de la Semana Santa del niño David Bermúdez Delgado, del Colegio "Divina Pastora", con la imagen del Stmo. Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo.
El acto ha estado presidido por D. Jesús Morales Molina, alcalde de Villa del Río, junto a ediles y miembros de la Corporación Municipal, D. Víctor J. Morón, Párroco de Villa del Río, D. Manuel Tirado, las Madres Religiosas de la Divina Pastora, así como los Hermanos Mayores de las diferentes Hermandades y Cofradías.


domingo, 22 de febrero de 2026

“NO TENTARÁS AL SEÑOR, TU DIOS”

Reflexión Evangelio Domingo 22 de Febrero de 2026. 1ºde Cuaresma.

“Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos”
El relato del pecado original, como todo relato mítico, recoge una profunda verdad: que la tentación es siempre un engaño. Nos promete plenitud, felicidad, sentido, verdad… y es una inmensa mentira.

Si caemos en ella, descubrimos que ese engaño nos lleva a todo lo contrario: al sufrimiento, el miedo, a perdernos a nosotros mismos. A perder no sólo la paz, sino todo lo que nos une a los demás y a nosotros mismos. A perder nuestra identidad. A perder a Dios.

Y toda tentación, todo pecado, viene de la misma clave: del engaño de que sin Dios seríamos más plenos. De no fiarnos de Él, de dudar de que sus planes para nuestra vida son los que realmente nos harían plenos, felices, llenos de vida. Por no fiarnos de Dios, por dudar de sus mandatos, lo perdemos todo. En pos de una quimera, caemos en el engaño. Perdiendo a Dios, perdemos lo que somos, para no ganar nada…

“…por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos”
Pero Dios no abandona al ser humano a merced de ese pecado. Toda la historia de la Salvación es un acercarse constante de Dios al ser humano para devolverle su identidad perdida. Para recordarle cómo vivir en plenitud desde la justicia y el amor, desde el perdón y la entrega.

Una historia de salvación la historia de la humanidad, que culmina en la encarnación del Hijo de Dios en Cristo, y de su entrega por amor hasta la muerte por el género humano, para acabar con esa huella de mal y de pecado del corazón del hombre, para reconciliarlo cada vez que sucumbe al engaño.

Eso dice Pablo en este pasaje de Romanos. Como por Adán entró el pecado –en el relato mítico escuchado en Génesis- por Jesús y su entrega de amor, llegó el perdón. La desobediencia de Adán y la obediencia de Cristo, la desconfianza del primer hombre, y la entrega absoluta y confiada de Jesús de Nazaret, verdadero Dios, pero también verdadero hombre.

“Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado”
La central declaración de nuestra fe es ésa: la condición de verdadero Dios y verdadero Hombre, en todo menos en el pecado, de Jesús de Nazaret.

Eso quiere decir que como verdadero hombre, aunque Él no cayó en la tentación, sí que fue tentado con las mismas tentaciones que cualquier hombre.

Este pasaje de Mateo nos habla de tres tentaciones, que recogen casi todas las tentaciones que el ser humano puede vivir. Son como las tres claves que subyacen a cualquier pecado humano: tener, parecer y poder.

“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”
Aquí nos habla de la tentación de tener en todo su más amplio espectro. La tentación de creer que las cosas saciarán nuestra hambre profunda de vida y de sentido, que consumiendo, cubriendo nuestras apetencias materiales, ya estaría la vida llena…

Olvidarnos de que el hombre vive de más cosas que sólo de tener, alejarnos de Dios tal cual nos hizo, con ese deseo profundo de Él y de amor, para pensar que las cosas materiales llenarán nuestra vida.

Renunciar a Dios como fuente de plenitud, para caer en la tentación de que lo que realmente nos haría felices no es Dios, sino tener, acumular, la comodidad, el placer… como este nuestro mundo constantemente nos dice.

“Si eres Hijo de Dios, tírate abajo y te sostendrán en sus manos sus ángeles”.
La tentación del parecer, del ser reconocido, del ser importante, de que nos quieran y nos valoren, de ponernos a nosotros mismos en el centro. El diablo le sube al alero del templo a Jesús para que todos puedan verlo y se asombren y lo adoren…

Y nos habla también de nuestros propios pecados. De hacer lo que sea para parecer importante, para que nos adulen, para que nos valoren, seamos considerados, seamos importantes…

Y olvidarnos de la humildad, de que lo pequeño es lo que llena el corazón del ser humano. Que no es en nosotros mismos donde hay que poner el foco, que cuanto más nos olvidemos de nosotros y más vivamos en don, en amor y en entrega, más realmente seremos quienes estamos llamados a ser. Olvidar la paradoja central del evangelio, que muriendo a nosotros mismos, es cuando más vivos estaremos. Quitar a Dios del centro para ponernos a nosotros…

“Todo esto te daré, si te postras y me adoras”
La tentación del poder, del dominio, de ejercer control para que el mundo, la vida, las cosas marchen y funcionen y se organicen como uno cree.

La tentación del tener razón siempre y que los demás nos hagan caso en todo. La tentación de ser dioses que ordenen la existencia según nuestros propios criterios.

La tentación de no aceptar que con otros, con sus propias ideas y criterios, se vive mejor. No aceptar ni la pluralidad, ni que hay una realidad creada por Dios de la mejor manera posible. Del individualismo salvaje de ser uno mismo lo más importante que existe y quien realmente sabe cómo todo iría mejor…

Olvidarnos que Dios es la realidad que mejor nos enseña cómo vivir en este mundo, para vivir según nuestros antojos

“He aquí que se acercaron los ángeles y lo servían”
Igual a todos los hombres fue Jesús en todo, menos en el pecado. No sucumbe al engaño, a la tentación, no olvida a Dios, y nos recuerda a quienes hoy escuchamos sus respuestas a cada tentación -No solo de pan vive el hombre; No tentarás al Señor, tu Dios; Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto- que la verdad frente al engaño y la mentira de la tentación, es que solo Dios puede dar la plenitud al ser humano.

Sólo la realidad de acoger y abrirnos a cómo nos ha hecho Dios, a cómo está hecho el mundo, solo aceptar eso, sólo buscar a Dios y su mensaje de cómo vivir desde el amor, es lo que puede llenar el corazón del hombre.

"LEVANTAOS , NO TENGÁIS MIEDO"

Reflexión Evangelio Domingo 1 de Marzo de 2026. 2º de Cuaresma. La fe que se pone en camino. La primera lectura nos sitúa ante la vocación d...