domingo, 17 de mayo de 2026

“YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS, HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS ”

Reflexión del Evangelio Domingo 17 de Mayo de 2026. Ascensión de Ntro. Señor Jesucristo.


"En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseño desde el comienzo"

Hemos visto, a través de los Evangelios, a Jesús trabajar sin descanso para establecer el Reino de Dios y su justicia, para desvelar el verdadero rostro del Dios del amor.

Lo ha hecho con trazos firmes para hacer caer todos los velos que oscurecían el rostro de su Padre, que le habían convertido en un Dios lejano y rígido al que se llegaba con ritos complicados y escrupulosas y legales observancias.

Pero con firme pulso Jesús ha ido restaurando el verdadero rostro de Dios devorado por el paso del tiempo: “que brille tu rostro y nos salve” (Sl 80,8), para que apareciera ante los hombres con su verdadera imagen de Dios amor.

¿Qué les había enseñado? Pues con firmeza, Jesús, ha hecho caer todos los velos que oscurecían el rostro de Dios Padre, para aparecer con su verdadera fisonomía:

- Un Dios de amor que espera al hombre entre recovecos de la vida y revueltas del camino y sacarlo cuidadosamente de muchos enredos y limpiar sus heridas…, como hizo el samaritano…
- Un Dios libertador que manda tirar la camilla y las muletas, triunfar de la parálisis y de los males para empezar una vida nueva responsable, incluso aunque sea en el día de la ley sábado, como hizo con tantos…
- Un Dios acogedor lleno de amor que no pregunta al Hijo pródigo, sino que se alegra de acoger, perdonar y celebrar fiesta… Y al hijo mayor también…
- Un Dios de misericordia que come con los pecadores y que va directamente al corazón para encontrar allí los sentimientos capaces de renovarnos…
- Un Dios, buen pastor, que busca a la oveja perdida y se alegra de encontrarla
- Un Dios que advierte contra el peligro de juzgar y condenar a los demás…
- Un Dios que llama dichosos, benditos y bienaventurados a los que trabajan para que el sufrimiento y el dolor en la tierra sea menor, que cura enfermos y resucita a los muertos, que busca la paz y el amor…
- Un Dios que se preocupa de los niños y jóvenes, los huérfanos y las viudas...
- Un Dios que no se manifiesta en el poder sino en el misterio de una cruz…
- Un Dios que resucita y se aparece a los suyos para animar su fe, aún cuando duden, y que llama bienaventurados a los que creen sin haber visto…
- Un Dios que quiere ser conocido en el mundo por su mensaje de amor y nos manda ser sus testigos… y promete ¡no dejarnos solos!

"A la vista de ellos, fue elevado al cielo"
La ASCENSIÓN no es el final, es “como un capítulo” más de la vida de Jesús para seguir comprometiéndonos poco a poco. Y son unos ángeles los que se aparecen diciendo "¿qué hacéis mirando al cielo?"

Pero ¿de verdad a nosotros esos ángeles nos dirían hoy "qué hacéis mirando…"? ¿No nos tendrían que decir lo contrario: ¡eh! ¡mirad un poco al cielo!, porque ¿Cómo es hoy nuestra vida? En nuestra vida está Dios… ¿pero cuenta plenamente Dios…? O ¿cuenta lo demás por delante de Dios…?

Los apóstoles habían tenido “el mejor-profesor” que ha habido en el mundo; habían vivido continuamente con él durante sus últimos años, siendo testigos de todos sus signos y milagros, de todas sus lecciones, de toda su manera de vivir, de… Y a pesar de todo, recordemos… nunca comprendían apenas nada, le tenían que preguntar el significado de las parábolas más transparentes, interpretaban de la manera más grosera o interesada las doctrinas más espirituales, intentaban servirse de él…

Recordemos como se escandalizaban cuando les anuncia su pasión… porque Jesús se la había profetizado, les había puesto en guardia y les dijo cómo sería su actitud: todo para que pudiesen encontrar, incluso en su cobardía un motivo para creer en él… pero nada consiguió.

¡Cuántas dificultades encontraron para creer en su resurrección y qué lentos fueron para rendirse ante le evidencia!

Y el pensamiento de la ascensión, desde el primer momento los dejó consternados, de tal manera que sus últimas palabras a Cristo cuando estaba a punto de subir a los cielos fueron: “Señor, ¿es ahora cuando vas a establecer tu reino…?”

Hay valores, cualidades… que la sociedad que nos está tocando vivir está olvidando… y nos olvidamos de Dios con mucha frecuencia y cuenta nuestra comodidad y bienestar, y así nos dejamos llevar por… ¡tantas cosas y situaciones…!

Y sí, hoy Dios nos pide mirar un poco al cielo, es el camino de Jesús, pero quizás con los pies en la tierra, en ésta que nos toca vivir, porque es ahí donde tenemos que realizar el plan de Jesús, si es que somos como "Teófilo", amigos de Dios ¿lo queremos ser? ¡por eso estamos aquí, así que adelante… qué no nos deja solos… nos enviará su Espíritu! Y PENTECOSTÉS está ya ahí… y nos pide comprometernos un poco más en la vida de cada día… para hacer discípulos de un Maestro que vivió todo cuanto dijo.

Y para que podamos cumplirlo, el propio Evangelio recoge hoy una promesa de Cristo: “Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Fray Carmelo Preciado Medrano O.P.

domingo, 10 de mayo de 2026

“NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS, VOLVERÉ A VOSOTROS"

Reflexión del Evangelio Domingo 10 de Mayo de 2026. 6º de Pascua.

La presencia de Dios
No somos abandonados, “No os voy a dejar desamparados” (Jn 14,18). Más la realidad de Dios en nuestra vida depende de cada uno.

No podemos ser sustituidos, nadie hará por nosotros lo que nosotros tenemos que hacer.

No pretendamos ocupar el puesto de Dios. Erigirse en salvador del mundo, de los demás, es negar al mismo Dios, es ignorar la originalidad de cada hijo de Dios, de su dignidad… Anular el valor de la presencia de los otros, su competencia, es mirar sin ver, porque falta la confianza, el amor; es negar la realidad divina en cada ser humano.

Jesús miraba a sus contemporáneos con los ojos de Dios, con amor. Fue enviado por el Padre para darnos a conocer nuestra realidad; invita y propone a ser lo que somos: humanos en un proceso, camino, para crecer y alcanzar la unidad, todo somos llamados al Padre Dios. Como ya hemos dicho, no somos abandonados y se confía en nosotros, se nos mira con amor, nuestra presencia es importante. Así mismo, tener presente a Dios hace nueva nuestra manera de estar, de hacer, de ser, de mirar, de convivir.

La confianza y la presencia del Señor en nuestra vida nos hace capaces, conscientes, de reconocer la libertad y, por tanto, comprometidos, responsables y buscadores con esperanza, como comunidad, familia de Dios, estamos llamados a seguir progresando, creciendo, purificando, estar más cerca del Creador y hacer realidad la invitación del Señor: AMAR

Cumplir mis mandamientos.
"Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos"(Jn14,15). Mandamientos que Jesús enseñó y “un doctor de la ley le preguntó maliciosamente: -Maestro, ¿Cuál es el precepto más importante de la ley? Le respondió: - Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente… el segundo es equivalente: -Amarás al prójimo como a ti mismo. (Mt 22,35-39).

“Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; pues si no ama al hermano suyo a quien ve, no puede amar a Diosa quien no ve.” (1Jn 4,20) Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios.

Desde el Amor, con amor es posible entender lo que estamos celebrando: La Pascua, la resurrección de Jesucristo. Sale a la luz lo que había caído en la oscuridad.

Jesús fue consecuente con lo que pensaba, sentía, vivía, con respecto al Padre y a nosotros. Abandono del propio ego por amor. El amor le plantea el porqué de la vida, el amor no es una exigencia, es la toma de una decisión en la que los demás no pueden ser ignorados y, la entrega es una puerta abierta a oportunidades, posibilidades, maneras de responder, de hacer, que no limitan, ni estrechan, todo lo contrario, son caminos de esperanza nuevos, horizonte que invita, que pareciendo entrar en la oscuridad (cuando el miedo o el temor se apodera de nosotros), se da el encuentro con la luz. Las exigencias internas del amor son sabiduría.

Cumplir los mandamientos, no es obrar lo que está mandado, sino obrar porque entiendo, pienso, comprendo, concluyo y opto por lo más coherente, veraz, que se vive, se siente, como una exigencia que acepto, la hago mía y busca el bien para todos. Las cosas de Dios se entienden mejor desde y en la realidad de la comunidad.

Pero no somos perfectos y, por tanto, no siempre el resultado será lo que pensábamos o buscábamos… ¿Qué hacer? Aprender y dar gracias: Gracias, Señor, por las oportunidades para aprender, conocer, rectificar y mostrar el amor: ya sea con el perdón, ya sea con la gratitud. Ambos son regalos del amor.

Jesús vino a enseñar, proponer, no vino a imponer.

El Espíritu de la verdad.
El mismo Jesús, enseñaba, acompañaba, escuchaba y defendía. Su mensaje está inspirado en el amor a la humanidad y en el amor y confianza en Dios Padre. No con simple sometimiento, sino con una decisión responsable, una salida de sí mismo para hacer un camino (la vida) invitado por la realidad divina que es presencia de amor, presencia del mismo Dios que llamaremos Espíritu.

Durante el tiempo de Semana Santa hemos recordado y meditado sobre la reacción de los seguidores del Hijo de Dios a raíz de su muerte en la cruz: abandonan al Maestro… Más la memoria de la comunidad, que los reúne, hace presente al Señor y alcanzan la comprensión de lo vivido con Él. El Espíritu se ha hecho presente. El Espíritu que es la verdad.

La enseñanza, a nosotros, del Espíritu es la de Jesús mismo. Si seguimos viviendo en la tiniebla-muerte en vez de en la luz-vida, eso no es del Espíritu, eso no es la voluntad de Dios, ese no fue el testimonio de Jesús.

Siendo prácticos: la guerra es muerte, tinieblas, negación, deshumanización -sin dudar, es el infierno-; la mentira es oscuridad; el egoísmo es ignorar, negar a los demás… y todo mal nos vuelve ciegos. Todo esto impide y niega la presencia de Dios en nuestra vida. No dejamos que habite en nosotros el Espíritu de la verdad que nos capacita para experimentar la libertad interior, estar abiertos a recibir, acoger, el Espíritu de Dios, así como a sus criaturas. La realidad de Dios en nuestra vida no anula la individualidad de cada uno que está llamado: respeto a la identidad de cada cual que es invitado a permanecer en Dios. Jesús dijo “Yo y el Padre somos uno” esta es la meta a la que estamos llamados. La unidad del AMOR.

¿Qué es lo que Dios me pide? ¿Qué puedo aportar y hacer por los demás? Vivir es convivir, si lo cambiamos solo por competir ¿A dónde vamos?

Fr. José Luis Ruiz Aznárez O.P.

domingo, 3 de mayo de 2026

"YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA"

Reflexión del Evangelio Domingo 3 de Mayo de 2026. 5º de Pascua.

"No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí"
Jesús busca afianzar nuestra fe. Turbados interiormente por una lista interminable de acontecimientos que nos aquejan a nivel personal, familiar, eclesial, social y, como no, mundial, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Qué será de nuestra vida y el futuro de la humanidad? Jesús nos responde: “No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí”.

Como cristianos, la resurrección de Jesús nos hace mirar la realidad que nos envuelve con ojos de esperanza. Jesucristo es el “Primogénito entre los muertos, para que sea él el primero en todo” (Col 1,18). Ni el sufrimiento ni la muerte de la que nadie podemos escapar -parafraseando a san Pablo- nos podrán separar del amor de Dios manifestado en la resurrección de Jesucristo, rescatándonos también a nosotros del yugo aterrador de un final sin resurrección (cf. Rm 8,11).

El fin último de la existencia humana se encuentra en Dios. En la comunión íntima con Dios Trinidad. La resurrección de Jesús nos abre el camino a nuestra casa definitiva, donde todos tenemos un lugar junto a Dios. Un lugar donde hay sitio para todos. En el que participaremos de la vida nueva, como don del resucitado, donde no habrá más lágrimas, ni dolor, ni muerte (cf. Ap 21,1-4). La fe en nuestra propia resurrección nos abre un horizonte de sentido en medio de las vicisitudes presentes.

"Nadie va al Padre sino por mí”
Jesús es quien nos revela el rostro auténtico de Dios: “Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Cree en Dios no lo podemos separar de creer en Jesús. La unión de Jesús y el Padre es plena y total. Ver a Jesús es ver al Padre. Esta identificación profunda del Hijo y el Padre “purifica” las posibles representaciones de Dios que los seres humanos nos hayamos podido crear, distorsionadas por los miedos o condicionadas por la tradición cultural. Jesús es el “Camino” para llegar a Dios, quien nos coloca delante de la auténtica “Verdad”, el único que puede dar “Vida”. Nadie va al Padre sino por él. Como cristianos al proclamar nuestra fe en Jesús resucitado, mostramos el rostro del Padre a la humanidad. La fe se hace universal, buena noticia para todos. En quien todo ser humano, independientemente de su religión, cultura o raza, se encuentra con un Dios que reúne las cualidades del Abba, del “Padre” de Jesús. En cuyas manos podemos poner nuestra vida, con la seguridad de que no quedaremos defraudados.

La resurrección del Jesús autentifica la imagen de Dios que nos había transmitido estando en este mundo. El Dios en quien creemos y confiamos lo podemos invocar como “Padre nuestro”, cuyo amor y misericordia alcanzan tanto al hijo menor que vuelve a casa después de malgastar la herencia en una vida libertina, como al hijo mayor cuyo rigorismo moral le impide reconocerlo como hermano. De gran bondad, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Que es Providente con todos, incluso cuida las aves del cielo y los lirios del campo, para que nos entreguemos con confianza al Reino y su justica. Que no niega el Espíritu Santo a todo aquel que le pide ayuda en su necesidad, busca en él luz y consuelo, le llama en su dolor y angustia.

Un Dios a quien Jesús conoce íntimamente y alaba: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito” (Lc 10,21). A quien suplica el perdón de quienes lo están crucificando: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). En cuyas manos pone su vida: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc 23,46).

"Quien me ha visto a mí ha visto al Padre"
De hecho, quien ha visto a Jesús ha visto al Padre. Y si conociéramos a Jesús conoceríamos también al Padre. Para profundizar en la comunión íntima con Dios, el camino es el recorrido en esta vida por Jesús. Este es el desafío que tenemos como cristianos. Vivir una fe impregnada del conocimiento profundo de la vida y praxis de Jesús que nos motive, oriente y se convierta en cada uno de nosotros en entrega a los demás.

Como nos muestra la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, frente a las tensiones internas que por diversas razones en toda comunidad cristiana o en nuestras familias pueden existir, la alternativa no es profundizar la división y discriminar al que es distinto o piensa de manera diferente.

La elección de los “siete diáconos” institucionaliza en cierta manera el gesto de Jesús en la última cena, que se puso a lavar los pies de sus discípulos. “Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,15). Toda parroquia o familia está llamada a ser esta diaconía de servicio. El servicio es la manifestación de que nos amamos los unos a otros. Estar pendientes del otro, de sus necesidades, ayudarnos y aceptarnos en nuestras diferencias, es la forma de hacer presente al Señor resucitado en medio nuestro.

Es la manera como nos integramos en la construcción del nuevo templo del Espíritu, en el que Cristo resucitado es “la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios”, tal como nos invita la segunda lectura, de la carta de san Pedro. Un pueblo nuevo, adquirido por la muerte y resurrección de Jesús, al que nos integramos por el bautismo y del que todos podemos formar parte, compartiendo los dones del resucitado. Un pueblo nuevo para ser germen de un mundo nuevo en medio de las tensiones que vivimos. En el que podamos construir la fraternidad universal a la que estamos llamados como hijos e hijas de un mismo Padre.

Preguntémonos: ¿Qué aporta a mi vida creer en la propia resurrección? ¿Qué imágenes de Dios alimentan mi fe? ¿Están en consonancia con la imagen del Padre que nos revela Jesús?

Fr. Rafael Colomé Angelats O.P.

domingo, 26 de abril de 2026

“EL QUE ENTRA POR LA PUERTA ES PASTOR DE LAS OVEJAS"

Reflexión Evangelio Domingo 26 de Abril de 2026. 4º de Pascua. Buen Pastor.

El guía de nuestras vidas.
En nuestros días encontramos en Internet tutoriales para casi todas las acciones de la vida; muchos son muy útiles para resolver problemas concretos. Pero, ¿Quién nos podrá enseñar a vivir de tal manera que alcancemos una vida plena? Jesús se presenta en el Evangelio de hoy como el Buen Pastor, como verdadero guía que nos descubre los secretos de la vida. Él no es el único que se presenta como guía. Por eso, nos da criterios seguros para distinguir al verdadero de los falsos guías. Utiliza varias imágenes para que su enseñanza sea más fácil de asimilar. Nos habla de un aprisco, de su puerta, del portero, de ovejas y de pastores.

El pastor no cuida una sola oveja, sino muchas. Eso nos indica que el camino hacia la vida plena no lo alcanzamos solos, sino con otros. Separase de los otros es separase también del Pastor y quedarse a la intemperie, a merced de todos los peligros; es extraviar el camino, privarse de la meta que en lo más hondo de nuestro ser estamos llamados a alcanzar.

Diferencia entre el Buen Pastor y los ladrones y bandidos.
Jesús establece un fuerte contraste entre el Buen Pastor y los ladrones y bandidos, identificados con los falsos o malos pastores. Siguiendo la interpretación que hace santo Tomás de Aquino de este pasaje, estos últimos no entran en el aprisco por la puerta, que es también Cristo, sino por la ambición, el poder del mundo y la simonía; son ladrones y bandidos porque roban, matan y pierden a las ovejas. La puerta del aprisco es pequeña por la humildad, y solo pueden entrar por ella quienes imitan la humildad de Cristo. Quienes no entran por esta puerta son orgullosos, no imitan al que, siendo Dios, se hizo hombre; y no reconocen su humildad.

Los malos pastores son también los que han venido antes de Cristo. No se refiere con esto a los patriarcas ni a los profetas, sino a quienes no han sido enviados por Dios, a los que han venido por su cuenta, y no tienen que ver ni con la inspiración ni con la autoridad divinas, ni tienen la intención de buscar la gloria de Dios, sino su propia gloria; son ladrones porque se atribuyen lo que no les pertenece, es decir, la autoridad para enseñar; son bandidos porque matan difundiendo una doctrina perversa o costumbres depravadas; vienen para perder a las ovejas; se matan a sí mismos y a los demás.

Los signos del verdadero pastor.
Cristo muestra los signos por los que podemos reconocer al verdadero pastor. En primer lugar, el Buen Pastor entra por la puerta, y el portero le abre. Cristo es, al mismo tiempo, el Pastor, la puerta y el portero. La puerta tiene, entre otras funciones, la de proteger el aprisco. Cristo es una puerta infranqueable para los enemigos de sus ovejas. Pero no es una puerta cerrada para los suyos; no es una puerta que limita la libertad o que impide las entradas y salidas. El Buen Pastor respeta la libertad de los suyos, incluso la afianza o la refuerza.

En segundo lugar, las ovejas, es decir, los creyentes o los justos escuchan su voz. Escuchar significa aquí también obedecer. El tercer signo son las acciones del pastor: desde toda la eternidad conoce a cada una de sus ovejas por su nombre; esto es una muestra de la familiaridad e intimidad que mantiene con ellas; las conduce afuera y las conduce hacia los pastos abundantes; les da el verdadero alimento, o mejor, se entrega a sí mismo como alimento; también las saca del aprisco para que ellas mismas procuren la salvación de los que están fuera; a diferencia de los pastores de ovejas, que habitualmente caminan detrás del rebaño, Cristo camina delante para dar ejemplo, convirtiéndose en modelo del rebaño; va abriendo camino, enfrentando y derrotando los peligros aun a precio de su propia vida.

Jesús definió de distintas formas su misión. Dice, por ejemplo: «Para esto nací y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37); «No he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo» (Jn 12,47); «Yo soy la luz; he venido al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas» (Jn 12,46). En nuestro pasaje afirma: «yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante». Esta vida abundante es la vida de la justicia que recibimos al entrar en la Iglesia por la fe.

En el libro del profeta Habacuc se dice que el alma del incrédulo no es recta, mientras que «el justo vivirá por su fe», palabras retomadas por la carta a los Romanos. La prueba de que poseemos esta vida, o –como dice san Juan en su primera carta– de que hemos pasado de la muerte a la vida es que amamos a nuestros hermanos. Esta vida abundante se manifiesta en el amor fraterno. La vida que Jesús ha venido a traernos es también la vida eterna, que consiste en conocer al Dios verdadero y a su enviado, Jesucristo.

Cristo es el único Pastor bueno y seguro que nos puede alcanzar la vida plena que tanto anhelamos porque él es la Vida. Solo hace falta que depositemos en él nuestra confianza para que la vida en abundancia que nos promete nos inunde completamente.

Fray Manuel Ángel Martínez Juan O.P.

“YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS, HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS ”

Reflexión del Evangelio Domingo 17 de Mayo de 2026. Ascensión de Ntro. Señor Jesucristo. "En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo ...