
Reflexión Evangelio 11 de Enero de 2026. Bautismo de Ntro. Señor Jesucristo.
"Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país"
¡Qué contraste entre las lecturas que se nos presentan hoy y nuestra manera de actuar y de pensar! Cuántas veces hacemos uso de una justicia fría que no tiene en cuenta la realidad de los individuos que tiene delante, que hace acepción de personas, que mira principalmente a los que no son del propio grupo, que descarta a los que no siguen las mismas pautas y no defienden los mismos intereses.
Cuántas veces hacemos uso de esa justicia fría que no sabe ponerse en el lugar del otro y que busca la venganza. Si nos fijamos en las noticias, en la gente que hay a nuestro alrededor, incluso, en nosotros mismos, nos veremos juzgando y condenando, contribuyendo así a la confrontación y polarización en la que se ven envueltos nuestra sociedad y nuestro mundo.
En cambio, en la primera lectura del profeta Isaías que hemos escuchado podemos ver cómo el siervo, el elegido del Señor, no viene a traer venganza ni a condenar, sino que nos viene a traer la justicia que salva, que levanta, que dignifica. Esta justicia que consiste en “abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la cárcel y de la prisión a los que habitan en las tinieblas”.
Esto me recuerda a esa máxima que dice “odia el delito y compadécete del delincuente”. Es la misericordia la que traspasa la justicia y la que busca restablecer el bien, invitando a la conversión y al cambio, sanando las heridas que se hayan podido producir entre las personas o entre estas y la creación, construyendo un mundo en el que no haya muros que dividan y separen, que enfrenten y lleven a la enemistad, sino puentes que unan y que lleven al encuentro y a la comunión.
"Dios
no hace acepción de personas"
Y, en esta llamada, como nos dice la segunda lectura del libro de los Hechos, el Señor no hace acepción de personas: “Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”, y podríamos seguir, sea de la raza que sea, tenga el sexo que tenga, pertenezca al partido que pertenezca, etc.
Es una invitación a ver en el otro a un hermano al que hay que cuidar y al que hay que tratar como a uno le gustaría que le tratasen. Lo importante es hacer vida en la propia vida la Buena Noticia de la paz que trajo Jesús y hacer lo que él hizo: pasar haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.
"Este
es mi Hijo amado, en quien me complazco"
Esto nos tiene que llevar a nosotros a aquel de quien el Señor dice “este es mi Hijo amado en quien me complazco”. Al igual que Juan lo reconoce: “soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”, nosotros también estamos llamados a reconocerle y a encontrarnos con él.
Estamos llamados a abrirle las puertas de nuestro corazón y nuestra vida, a dejarnos llenar por él, a configurarnos y conformarnos con él. Esto significa intentar vivir como él vivió, haciendo la voluntad del Padre, en nuestra época y en los lugares en los que nos toque vivir: “Conviene así que cumplamos toda justicia”.
En el día en el que celebramos el bautismo del Señor, hacemos también memoria de nuestro bautismo. Y no podemos dejar de recordar la invitación de Jesús a la conversión y a creer en el evangelio. Que una vida auténtica, vivida en relación con los demás desde la justicia y la misericordia y al cuidado de la creación nos lleva a la fidelidad al Dios de Jesucristo que quiere que todos tengan vida y la tengan en abundancia.
¿No es la voluntad del Padre vivir nuestra vida de creyentes desde la autenticidad, viviendo conforme a nuestra fe, a aquello que creemos, e intentando crecer en el seguimiento de Cristo? No dejemos nunca de confrontar nuestra fe y nuestra vida con la Palabra y de dejarnos acompañar por la comunidad de creyentes.
¿No es voluntad del Padre que vivamos nuestras relaciones con los demás desde la justicia y la misericordia? No podemos olvidar que nuestras relaciones con los otros, deben de tener como base estas dos realidades, la justicia y la misericordia, que no son otra cosa que expresión del amor de Dios hacia nosotros y de nosotros hacia los demás.
¿No es voluntad del Padre que vivamos nuestra relación con todo lo creado desde el cuidado? Cuántas veces hemos malinterpretado las palabras del Génesis, fijándonos sólo en el “sed fecundos y multiplicaos, henchid la tierra y sometedla”, olvidando y separándolo de “para que lo labrase y lo cuidase”. Así hemos tratado la creación como nuestra despensa personal, puesta al servicio de nuestros propios intereses, olvidándonos de que es nuestra casa común y que hemos de vivir en comunión con ella, cuidándola y respetándola como creatura de Dios que es.
¿No es
voluntad del Padre que vivamos nuestra relación con él desde la fidelidad? La
fidelidad nos tiene que llevar a purificar las imágenes de Dios que muchas
veces nos hacemos y con las que nos justificamos, a vivir nuestra vida
teniéndole presente en nuestro día a día y a vivirla conforme a nuestra fe en
Él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario