sábado, 14 de febrero de 2015

LA LIMPIEZA


Reflexión Homilética para el Domingo 15 de Febrero de 2015. 6º Tiempo Ordinario, B.

“El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: ¡Impuro, impuro!” (Lev 13,45). Las severas normas del libro del Levítico tratan de evitar el contagio con los leprosos. Estos han de vivir aislados y vestir de forma que puedan ser distinguidos desde lejos. Su eventual acogida en la comunidad es lenta y cautelosa.

Mientras dure la lepra han de ser considerados como impuros. No están limpios. La soledad que se les impone no es un castigo sino una forma de prevención, muy dramática por cierto. La limpieza es entendida a la vez en sentido higiénico y en sentido ritual, De hecho, la lepra requiere un rito de purificación y de limpieza (Lev 14,2).

Estas observaciones nos llevan a pensar en otras formas de impureza. En el mundo actual, la limpieza de las personas y de los lugares ha llegado a identificar el grado de cultura y de desarrollo de las personas y de los pueblos. Pero se echa de menos una limpieza integral, de las personas y de las estructuras sociales.

TRES MOMENTOS

También en el evangelio que hoy se proclama aparece un leproso (Mc 1,40-45). Se acerca a Jesús y postrándose de rodillas, le suplica diciendo: “Si quieres, puedes limpiarme”.

El evangelio anota cuidadosamente los pasos que se siguen en la escena. En un primer momento, Jesús siente compasión por el enfermo que le suplica, extiende su mano y toca al leproso, como contraviniendo todas las normas vigentes en su ambiente. Para asombro de todos, el enfermo queda limpio al instante.

En un segundo momento, Jesús impone al leproso un silencio y una declaración. El silencio responde a la decisión de Jesús de pasar inadvertido por el momento. Y es también una justificación del rechazo que encuentra a su paso. Y la declaración a los sacerdotes no es sólo una obediencia a la Ley sino la única posibilidad de circular con libertad.

En un tercer momento, el leproso, ya curado de su enfermedad, no cumple el mandato de guardar silencio, sino que se convierte en pregonero de su propia curación. Esta publicidad hace que Jesús ya no pueda entrar abiertamente en los poblados. El Maestro trata de ser discreto, pero su fama se difunde por toda la región.

DOS FRASES

De todas formas, el evangelio nos invita a reflexionar sobre las dos frases que resumen el diálogo entre el enfermo y Jesús.

“Si quieres, puedes limpiarme”. En el Antiguo Testamento, el pecador pedía a Dios la limpieza del corazón: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme” (Sal 51,12). Nosotros, como el leproso hemos de dirigir esa súplica confiada a Jesús.

“Quiero, queda limpio”. Jesús sabe que no basta limpiar los vasos por fuera (Mt 23,25). Hay que limpiar el corazón, del que nacen los males que contaminan al hombre (Mt 15, 18-20). Pero la gracia y la fuerza que vienen de Jesús pueden limpiarnos del pecado.

Señor Jesús, tú te compadeces de nuestra lepra y de nuestros harapos. Recuérdanos tú la bienaventuranza de los limpios de corazón para que podamos “anunciar” la verdad y la rectitud de la conciencia en un mundo que al bien llama mal y al mal le llama bien, como ya lamentaba Isaías (Is 5,20). Amén.


D. José-Román Flecha Andrés

sábado, 7 de febrero de 2015

JESÚS Y LOS ENFERMOS


Homilía para el Domingo 8 de Febrero de 2015. 5º Tiempo Ordinario, B.

“Mis días corren más que la lanzadera y se consumen sin esperanza. Recuerdo que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la dicha” (Job, 1, 6-7). Con estas lamentaciones de Job se cierra la primera lectura de este domingo. Seguramente muchos enfermos y ancianos se identificarán con ellas.

Lo más sorprendente es que, inmediatamente antes, Job había dicho que la noche se le hacía larga y que se hartaba de dar vueltas hasta el alba. Dicen que una ancianita solía repetir: “Qué corta es la vida y qué largas se hacen algunas tardes”. Aunque el tiempo total de nuestra existencia se nos haga corto, hay situaciones que parecen frenar el reloj.

Y una de esas situaciones es precisamente la enfermedad. Los días que se transcurren en un hospital parecen ser mucho más largos que los días de nuestras vacaciones. Quien se cree dueño de su propia vida se dará muchas veces por vencido ante la experiencia de la enfermedad. El misterio del dolor pone en entredicho todas nuestras seguridades.

LIBERTAD Y SERVICIO

El evangelio de Marcos comienza evocando las actividades que han de llenar el tiempo de Jesús durante su vida pública (Mc 1, 29-39). Hay tres actividades que anuncian toda su misión profética: la predicación por las aldeas de Galilea, la oración silenciosa antes del amanecer y la curación de los enfermos.

La predicación en la sinagoga lo revela como un maestro que habla con autoridad. La oración lo lleva también a la sinagoga en el día del sábado, y lo encamina después a lugares descampados y desiertos. Su compasión con los enfermos se manifiesta de nuevo en la sinagoga, pero también en las casas y en los caminos

El relato de la curación de la suegra de Pedro nos sitúa en un día de sábado. La mujer no ha podido acudir a la sinagoga, pero el Maestro viene a su casa. Este es uno de esos momentos que marcan el paso de la Antigua a la Nueva Alianza. Jesús no teme ignorar algunas normas que repiten los maestros de la Ley. Se acerca, toma de la mano a la enferma y la levanta.

Ese gesto es determinante. A la mujer se le pasa la fiebre y se levanta para servir a Jesús y a los discípulos que han comenzado a seguirle. La que era esclava del mal ha sido liberada por Jesús. Pero su libertad se convierte en decisión y en acto de servicio. La suegra de Pedro y su curación se presentan, pues, como una especie de parábola en acción.

LA EVANGELIZACIÓN

Al anochecer termina el descanso del sábado. Las gentes traen los enfermos hasta Jesús precisamente al anochcer, cuando se pone el sol. Y Jesús los cura ante la admiración general. Pero después de orar durante la última parte de la noche, Jesús invita a sus discípulos diciendo: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido”.

Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas”. Jesús no se deja atrapar por las exigencias inmediatas de las gentes, que buscan en él una solución a sus problemas. La Iglesia no es una organización asistencial, como dice el Papa Francisco.

“Vámonos para predicar”. Jesús será recordado como un Maestro y un predicador itinerante. El evangelio dice que anuncia el Reino de Dios y exhorta a la fe y a la conversión. Por eso Pablo puede exclamar: “Ay de mí si no anuncio el Evangelio”.

“Para eso he venido”. Jesús reconoce que su misión es anunciar la buena noticia de Dios. La Iglesia ha ejercicio siempre en el mundo una impagable labor de asistencia a los pobres y a los enfermos. Pero es bien consciente de que ha de ser fiel, sobre todo, a su misión de evangelizar.

Señor Jesús, te reconocemos como el Maestro y el testigo de la misericordia de Dios. Tus gestos son una enseñanza para toda la Iglesia y para todos los que pretendemos seguirte por el camino. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.


D. José-Román Flecha Andrés

martes, 3 de febrero de 2015

sábado, 31 de enero de 2015

PROFETA Y MAESTRO


Homilía para el Domingo 1 de Febrero de 2015. 4º del Tiempo Ordinario. B.

“Suscitaré un profeta de entre tus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca y él les dirá lo que yo le mande” (Dt 18,18). Según el libro del Deuteronomio, con esas palabras anuncia Dios el envío de un profeta semejante a Moisés. Como se ve, será un profeta tomado de entre sus hermanos, es decir partícipe de la suerte de su pueblo y comprometido con él.

Además, habrá de transmitir las palabras del Señor para ser escuchado como su mensajero. Esa elección por parte de Dios exige una fidelidad exquisita por parte del elegido. El mismo texto añade que el profeta no deberá caer en la arrogancia de proclamar en nombre de Dios aquello que Dios no le haya mandado.

Pero la fidelidad es don y tarea. Un don de Dios en beneficio del pueblo. Y una tarea que atañe también a los que escuchan o han de escuchar el mensaje del profeta enviado por Dios. Así lo manifiesta el mismo oráculo del Señor que se recoge en el texto. “A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas”.
  
LA AUTORIDAD

El evangelio de Marcos que hoy se proclama (Mc 1, 21-28) nos presenta a Jesús en Cafarnaún, la ciudad costera del lago de Galilea que él habría de convertir en la base de su misión. Es un sábado y Jesus acude a la sinagoga. Cuando toma la palabra los asistentes quedan admirados, porque enseña con autoridad.

La autoridad no puede confundirse con el poder. El poder es transitorio, mientras que la autoridad permanece. El poder viene determinado por un golpe de fuerza o por la veleidad de los que eligen al gobernante. Pero la autoridad proviene del valor del mensaje y de la coherencia del mensajero. El poder aplasta a las gentes, la autoridad las ayuda a crecer .

La autoridad de Jesús se vincula a su forma de enseñar y a su forma de actuar. Sus palabras son corroboradas por sus acciones. En este caso, por la curación de un enfermo. En tiempos en que la enfermedad se atribuye a un mal espíritu, Jesús demuestra su autoridad liberando de él a este pobre paciente. La autoridad de Jesús se identifica con la compasión.

LA CONFESIÓN

El evangelio de Marcos recoge los gritos que dirige a Jesús el enfermo. Aquel marginado descubre en Jesús al verdadero profeta que había sido prometido por Dios.

“Sé quien eres: el Santo de Dios”. Cuando Pedro lo reconozca como el Mesías de Dios, Jesús lo proclamará dichoso, porque esa revelación sólo puede venirle de Dios. Ahora Jesús se limita a imponer silencio al enfermo. El Maestro no quiere ser identificado con un curandero.

“Sé quien eres: el Santo de Dios”. Cuando la Iglesia y cada uno de sus miembros se pregunten por lo más importante en la evangelización, deberán recordar esta primera confesión de fe que brota de las periferias existenciales del mundo, como dice el Papa Francisco.

“Sé quien eres: el Santo de Dios”. Cuando la humanidad descubra que la felicidad no se encuentra en la ostentación del poder, sino en la escucha del mensaje profético que le propone Jesucristo, habrá de prepararse a repetir este grito de la fe.

Señor Jesús, te reconocemos como el Santo de Dios, como el Maestro que habla con autoridad y como el testigo de la compasión de Dios. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.


D. José-Román Flecha Andrés

LA ESTRELLA ESPERA A SUS HIJOS MÁS PEQUEÑOS


La Virgen de la Estrella ya está a pie de altar par recibir bajo su manto a los villarrenses nacidos en este año. Un acto emotivo y sublime que ha calado desde su primera celebración hace ocho años.

domingo, 25 de enero de 2015

LA LLAMADA Y LA MISIÓN


Homilía para el Domingo 25 de Enero de 2015. 3º Tiempo Ordinario, B.

“Levántate y vete a Nínive, la gran capital, y pregona allí el pregón que te diré” (Jon 3,1). Esa es la orden que el Señor dirige a Jonás. No era un encargo fácil. Nínive era una potencia despiadada, que sometía a esclavitud a todos los pueblos que iba conquistando. Exhortar a Ninive a convertirse, de parte de un Dios al que despreciaba, parecía una tarea imposible.

No es extraño que Jonás trate de ignorar la llamada de Dios y de huir lejos, exactamente en la dirección contraria de la ciudad a la que Dios le envía. Jonas nos parece un profeta desobediente, pero otros podrían calificarlo como un hombre realista y prudente. Nadie puede ser obligado a meterse en la boca del lobo.

Sin embargo, contra todo pronóstico, los ninivitas escuchan un mensaje en el que no cree el mensajero. Y ante el arrepentimiento de Nínive, Dios se arrepiente del castigo que pensaba enviar a la ciudad. Evidentemente, la misericordia de Dios es mayor que la incredulidad humana.

LA LLAMADA

El evangelio que hoy se proclama recuerda también una llamada. La escena nos sitúa en las orillas del lago de Galilea. Jesús es todavía un desconocido en la región. Al pasar, encuentra a Simón y a su hermano Andrés enfrascados en su tarea habitual. Son pescadores y están echando el copo en el lago.

“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres” (Mc 1,17). Hemos escuchado muchas veces estas palabras. Hoy nos resultan familiares, pero tuvieron que suscitar algunas preguntas en aquel momento. ¿Quién era aquel personaje que invitaba a unos desconocidos a seguirle? ¿Qué podía significar ser pescadores de hombres?

La escena puede explicarse por el evangelio de Juan. Andrés era discípulo de Juan Bautista, había tenido ya un encuentro con Jesús y lo había comentado con su hermano Simón. Y tal vez con Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, que eran sus compañeros en las tareas de la pesca. También a ellos dirige Jesús su llamada.

 EL SEGUIMIENTO

Pero la escena que se desarrolla junto al lago de Galilea es como una parábola en acción. Nos indica que la llamada obedece a la iniciativa de Jesús. Y nos recuerda la respuesta de los que han sido llamados por él:

Los cuatro pescadores dejaron sus aperos de pesca y a sus familiares y compañeros. Abraham salió de su tierra y dejó atrás a su parentela. Moisés dejó la tierra en la que había nacido y la alta posición que ocupaba. También Jonás dejó su tierra y su comodidad. La llamada de Dios relativiza nuestra instalación y posesiones y hasta nuestras relaciones personales.

Los cuatro pescadores del lago decidieron seguir a Jesús y se marcharon con él. Abraham, Moisés y Jonás, siguieron la indicación del Dios que los enviaba a un futuro difícil y arriesgado. La llamada de Dios exige de nosotros una generosa disponibilidad para seguir los pasos de Jesús, acompañarlo por el camino y ser testigos de su vida y su mensaje.

- Señor Jesús, queremos reconocer tu paso junto a nosotros. Agradecemos tu llamada y nos disponemos a seguirte con fidelidad en la misión. Amén.

D. José-Román Flecha Andrés