sábado, 20 de octubre de 2018

SERVICIO Y MISIÓN


Reflexión Homilética para el Domingo 21 de Octubre de 2018. 29º del Tiempo Ordinario, B.
(DOMUND: Domingo Mundial de las Misiones)

“El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento…Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos”. Esa era la misión del Siervo del Señor, que recuerda la primera lectura de la misa de hoy (Is 53,10-11). Ese misterioso personaje no aparece revestido de poder. Al contrario, precisamente por sus sufrimientos se convierte en salvador de muchos.


Con el salmo responsorial, confesamos hoy que nuestra redencion no es fruto de nuestro poder, sino de la bondad compasiva de Dios: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti” (Sal 32,22).

Tambien la carta a los Hebreos nos recuerda que “no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades” (Heb 4,14-15).

En este domingo de la propagacion de la fe es bueno tratar de adquirir conciencia de que no es nuestro poder el que contribuye a la misión redentora confiada a la Iglesia.

LA TENTACIÓN DEL PODER

Tras evocar en los domingos anteriores la enseñanza de Jesús sobre el placer y el tener, el evangelio que hoy se proclama nos revela que la apetencia humana del poder ha de ser entendida, a la luz de la fe, como la disponibilidad para servir a los demás (Mc 10,35-45).

Santiago y Juan, hijos de Zebedeo se dirigen a Jesús con una frase que contradice el ejemplo y la enseñanza que van recibiendo de él: “Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”. Ese Maestro es el que nos enseña a orar diciendo al Padre: “Hágase tu voluntad”. No podemos convertir a Dios en un ídolo dispuesto a satisfacer nuestro egoismo.

Santiago y Juan piden puestos de honor en la gloria del Mesías. Pero Jesús les anuncia que le espera un horizonte de pasión y de muerte. Y ese es el camino que aguarda a los discípulos que lo reconocen como su Maestro. También ellos compartirán el cáliz de amargura que él ha de beber y el baño de dolor y de sangre con que él será bautizado.

Sería una hipocresia indignarse contra Santiago y Juan. Todos tenemos esa tentación del poder que afecta a los jefes que tiranizan a los pueblos y a los poderosos que oprimen a los débiles. Pero entre los discipulos de Jesús quien quiera ser el primero ha de aprender a ser el servidor de todos. Esa es la leccion que nos ha enseñado el Maestro.

ALTANERÍA Y SERVICIO

Es grande quien sirve a los demás. Nunca ha sido fácil aprender esa lección. Ahora mismo el papa Francisco nos llama la atención contra las tentaciones de la mundanidad y del clericalismo. Pero el servicio no es una simple estrategia misional para ir consiguiendo nuevos adeptos para la Iglesia. El servicio es el único modo de parecernos al Maestro.

“El hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan”. En Jesús vemos la realización de aquel Siervo del Señor del que se habla en el libro de Isaías. En el contexto de la última cena él lavó los pies a sus discípulos y los exhortó a realizar ese gesto de humilde servicio a sus hermanos. Esa es la traducción del mandato del amor.

“El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos”. Al igual que el Siervo del Señor, anunciado por el profeta, también Jesús justifica y rescata a muchos. Como dice el papa Francisco, “quienes se dejan salvar por él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento” (EG 1).

Señor, Jesús, tú conoces bien nuestra aspiracion a sobresalir por encima de los demás. Nuestro orgullo es un dramático obstáculo para la misión. No pueden creer en la grandeza del que se hizo Siervo los que ven a sus discípulos con ansias de poder. Perdona nuestra altanería. Y enséñanos a servir a nuestros hermanos con nuestra entrega diaria. Amén.
 D. José Román Flecha-Andrés

viernes, 19 de octubre de 2018

EL CARMEN VISITARÁ EL CEMENTERIO


Traslado y Santo Rosario con la Imagen 
de la Virgen del Carmen y Santa Misa 
en memoria de los Fieles Difuntos organizado 
por la Agrupación de Hermandades y Cofradías

sábado, 13 de octubre de 2018

RIQUEZA Y LIBERTAD


Reflexión Homilética para el Domingo 14 de Octubre de 2018. 28º del Tiempo Ordinario, B.

Las tres grandes apetencias del ser humano son el tener, el poder y el placer. Las tres parecen darse cita en el capítulo 10 del evangelio de Lucas. El domingo pasado el placer podía adivinarse tras la pregunta sobre el matrimonio y el divorcio. Hoy la pregunta del rico nos recuerda el ansia de tener que nos agobia.

En la misa de hoy, la primera lectura afirma que el tesoro más importante es la sabiduría. El texto la compara con tres deseos que a todos interesan (Sap 7,7-11).

El primer deseo nos presenta los cetros, los tronos y las riquezas. Son muchos los que aspiran a un “minuto de gloria”. Lo que les importa es “ser” importantes y brillar en la sociedad. Pero ese rebrillo es bastante engañoso ante el esplendor de la verdadera sabiduría.

El segundo deseo se centra en el oro, la plata y las piedras preciosas. Ya no se trata del ser del hombre sino del “tener”. Esos aparentes tesoros quedan fuera de él. No pertenecen a su vida. Frente a la sabiduría, su valor es tan solo como el del barro y la arena.

El tercer deseo se refiere a otros bienes mas importantes, como la salud y la belleza. De ellos depende el “ser-así” de la persona. O, tal vez, el “estar” bien. Pero también estos son bienes perecederos, mientras que la sabiduría es duradera.

TRES FRACASOS

El texto del evangelio nos presenta a un personaje anónimo que se acerca a Jesús con el deseo de heredar la vida eterna (Mc 10,17-30). Es como la parábola de tres fracasos que marcan su existencia: el de la riqueza, el de la bondad y el del amor.

Se dice que este personaje “era muy rico”. Pero Jesús trata de ayudarle a entender que no es tan rico como parece. “Una cosa te falta”. Tiene todo, pero le falta el verdadero tesoro, que solo puede ser alcanzado desprendiéndose de todo.

El personaje busca la bondad. En realidad, durante toda su vida ha tratado de cumplir los mandamientos. Es cierto que desea practicar la bondad, pero no se decide a seguir al que es Bueno y es el modelo definitivo de la bondad.

Jesús se le quedó mirando con cariño, pero él no lo percibió. No estaba dispuesto a hacerse eco del amor que reflejaba aquella mirada del Maestro. En esta ocasión, el amor de Jesús no encontró eco en el que pretendía asegurarse la vida eterna.

En este contexto, Jesús aprovecha la ocasión para afirmar que los que ponen su confianza en las riquezas tendrán una gran dificultad para admitir a Dios como su rey. Sus discípulos tendrán que oír una y otra vez que “no se puede servir a Dios y al dinero”.

LIBERTAD Y SEGUIMIENTO

Con todo, Simón Pedro se atreve a afirmar que los discípulos han hecho ya la opción de seguir a Jesús. Su afirmación da lugar a una profecía de su Maestro:

“Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Es verdad, pero Pedro renegará un día de su Maestro. Muchos seguidores de Jesús lo han dejado todo a lo largo de los siglos. Pero la decisión inicial, por generosa que sea, ha de ser renovada cada día.

“Quien deje ‘todo’ por mí, recibirá en este tiempo cien veces más, con persecuciones”. Los bienes más importantes no son los tesoros materiales, sino el amor al bien y a la verdad. Quien sigue al Señor ha de aprender el valor del desprendimiento. Y ha de recordar que, junto a los bienes prometidos por el Señor, entra también la persecución.

“Y recibirá en la edad futura vida eterna”. El relato evangélico termina como empezó. La vida definitiva que buscaba aquel personaje rico no queda asegurada por las riquezas. Y tampoco por el cumplimiento fiel de los mandamientos. Solo puede llegar a esa vida sin ocaso quien sigue de corazón al que es el Viviente y es la Vida.

Señor Jesús, tú conoces bien nuestra buena voluntad y nuestro deseo de alcanzar la vida eterna. Pero conoces también que nuestro corazón aspira todavía a los bienes, honores y tesoros de este mundo. Queremos ser libres para seguirte fielmente por el camino. Líbranos de toda codicia. Que nada nos aparte de ti. Amén.

D. José-Román Flecha Andrés

sábado, 6 de octubre de 2018

MANTENER LA ALIANZA


Reflexión homilética para el Domingo 7 de Octubre de 2018. 27 del Tiempo Ordinario, B.

“Serán los dos una sola carne”. Nos son bien conocidas esas palabras que reflejan el proyecto de Dios sobre el matrimonio, tal como se lee en la primera lectura de este domingo (Gén 2,18-24). En esas palabras se nos ofrecen al menos tres notas sobre la la intimidad sexual como lenguaje del amor conyugal:

- La sexualidad humana ha sido querida por Dios como signo y medio de la mutua donación de los esposos (Gén 2,21). Se nos dice que la mujer es creada durante un sueño, que se comprende con frecuencia como el espacio de las revelaciones divinas. Así que el “tú” representado por la persona del otro sexo refleja el Tú misterioso de Dios.

- La sexualidad humana señala la diferencia entre los seres humanos y los demás vivientes. Solo ante la mujer, puede Adán salir de su soledad y encontrar una ayuda adecuada que no le pueden proporcionar los demás seres de la creación (Gén 2,18.22).

- La sexualidad humana significa y realiza la igualdad entre las personas. Igualdad que se expresa por el mismo origen material, a partir de la carne viviente; por la semejanza del nombre de la mujer con el nombre del varón; y por la identidad de su destino y de su misión: “serán una sola carne”, es decir una unidad de proyectos y de vida (Gén 2,23-24).

UN CAMINO COMPARTIDO

Según el evangelio de este domingo, los fariseos preguntan a Jesús si es lícito a un hombre divorciarse de su mujer (Mt 10,2-16). En el relato podemos observar tres datos:

- En primer lugar, los fariseos parecen interesados solo por el aspecto legal. Lo que importa es estar bien con la ley. Reducen la relación entre los esposos a un asunto de licitud. Pero Jesús se coloca en el terreno de la verdadera relación con Dios y con la otra persona.

- Los fariseos no tienen en cuenta la situación en que queda la mujer. Consideran el “acta de repudio” como un derecho del varón, cuando era un deber para que la mujer pudiera volver a contraer matrimonio, sin quedar reducida a la marginalidad y a la pobreza.

- Los fariseos se colocan en el punto de vista del esposo. Jesús les invita a redescubrir el proyecto original de Dios. El amor no es solo un enamoramiento: es un camino compartido. Un camino de gozos y esperanzas, de proyectos y de pruebas, de fidelidad y de perdón.

LA GRACIA DE LA FIDELIDAD

“Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Estamos habituados a repetir esta frase. Si nos detenemos a meditarla, veremos que está llena de sabiduría y de gracia. Con esta frase, Jesús parece recoger un proverbio sobre la seriedad de las alianzas humanas. Y nos ofrece un lema de vida, un motivo para la gratitud y una llamada al compromiso.

- “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. A veces se ve el matrimonio tan solo como un contrato. Los que siguen a Jesús están llamados a descubrir el proyecto de Dios. Saben que Dios es amor. Y Dios es fiel. De Dios viene todo amor que aspire a durar en el tiempo y a mantener la entrega total de los esposos.

- “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Dios es el sujeto último de la unión. Los cristianos han de preguntarse siempre, con sinceridad, si su matrimonio ha sido realmente unido por Dios. Cuando es así, verán también la mano de Dios en la continuidad de su amor. Y darán gracias todos los días por el don de la fidelidad conyugal.

- “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. En su primera encíclica “Dios es amor”, Benedicto XVI escribió que el amor incluye el sentimiento, pero no es sólo un sentimiento. El amor es, sobre todo, un compromiso de vida. Así lo recuerda también el papa Francisco en su exhortación “La alegría del amor”.

Señor Jesús, tú conocías las opiniones de tu pueblo sobre la realidad del matrimonio. Pero nos ayudaste a verlo con los ojos de Dios. Hoy los esposos cristianos necesitan como nunca ver en el amor de Dios la luz y la fuerza para mantener su alianza. Ayúdalos a descubrir, en tiempos de paz y en tiempos de crisis, la gracia y la tarea de la fidelidad Amén.
D. José-Román Flecha Andrés

miércoles, 3 de octubre de 2018

FELICIDADES SAN FRANCISCO

 Nuestra Parroquia se une en la Festividad de San Francisco a la celebración de la Comunidad de Hermanas Franciscanas de la Divina Pastora de Villa del Río para hacer más grande si cabe, el Carisma del Santo de Asís; su mensaje de humildad y respeto a la naturaleza.