jueves, 8 de septiembre de 2022
domingo, 4 de septiembre de 2022
¡RADICALIDAD DEL REINO!
Evangelio Domingo 4 de Septiembre de 2022. 23º del Tiempo Ordinario.
1. El evangelio de Lucas de hoy está formado por otro de los conjuntos fuertes de su narración del viaje del profeta hacia Jerusalén, como propuesta del verdadero discipulado y el seguimiento de Jesús. No se nos oculta la dificultad que supone centrar todo el significado de lo que se quiere decir y poner de manifiesto en este conjunto de dichos y parábolas. La ruptura con la ideología familiar, que no con los sentimientos y lazos familiares, (cf Lc 18,20), en principio no tiene nada que ver con la parábola del que quiere construir una torre o con la del rey que debe ir a la guerra. Estos textos están aquí reunidos por Lucas, aunque Jesús los pronunciara en ocasiones bien distintas. Por lo mismo, Lucas pretende que una cosa se entienda por la otra. Ha escogido dichos del famoso Evangelio Q (vv. 26-27; en Mt 10,37-38 están más suavizados al cambiar “odiar” por “amar… más que”) sobre el odio familiar y la cruz. Finalmente ha rematado todo con el v. 33 sobre “renunciar a todos los bienes”, que es algo exclusivo de Lucas, aunque redactado con el mismo tenor de los vv. 26-27 (tipo condicional de prótesis: “si alguien viene a mí”… y apódosis: “no puede ser mi discípulo”). Las dos parábolas de los vv. 28-32 ilustran un poco el empeño que hay que poner en estas propuestas radicales. Lucas, pues, ha confeccionado un catecismo del seguimiento y la identidad cristiana en este mundo que no deja lugar a dudas: quiere impresionar y ser claro.
2. Quizás fueran necesarias algunas explicaciones exegéticas para poder medir el alcance de este evangelio de hoy. El hecho de que Mateo haya preferido “amar… más que a mí” (filéô… hyper eme) al término “odiar” (miséô) que tenemos en Lc, denota que ha habido una corrección. La mayoría de autores piensa que el tenor original, más semítico si cabe, propio de los predicadores itinerantes que pusieron muy en práctica la vida de Jesús, se ha mantenido en Lucas (también se usa “odiar” en el Evangelio de Tomas 55 y 101). E incluso la mayoría piensa que Jesús nunca pudo demandar a sus seguidores que odiaran a su padre, a su madre o a sus hermanos. Algunos profetas itinerantes llevaron hasta el extremo la renuncia al estatus familiar y hablaron de odiar, con todo el semitismo que ello comporta. Pero Jesús no pudo pedir “odiar”, cuando había exigido amar incluso a los enemigos (cf Lc 6,27; Mt 5,44). Esto está hoy bastante bien asumido, sin que ello denote “edulcorar” la radicalidad del Reino y del seguimiento de Jesús.
3. Desde luego, ser discípulo de Jesús significa un valor absoluto como alternativa a todo proyecto de este mundo e incluso familiar. Es verdad que la palabra odiar, en este caso al padre, a la madre y a los hermanos, es un semitismo propio de trasfondo arameo de las palabras de Jesús que ponen en evidencia la pobreza de ese vocabulario. Por eso, muchos han traducido el odiar por "preferir". Efectivamente, si alguien quiere ser discípulo de Jesús, pero prefiere las claves familiares, los intereses de familias, la ataduras sociales y culturales de ese mundo, entonces no puede ser un auténtico discípulo de Jesús. Las familias (en sentido general y cultural) trasmiten amor; pero a veces las familias, los clanes, los grupos, trasmiten otros valores muy negativos (incluso odio de unas familias contra otras), que un discípulo de Jesús no puede asumir, ni respetar. Ese es el sentido de saber y poder “llevar su cruz” siguiendo a Jesús. Es una ruptura la que se propone. Por eso, el discípulo, como el hombre que construye una torre, o el rey que debe ir a una guerra, debe clarificarse y evaluar lo que pretende en el compromiso del seguimiento. Jesús propone una nueva forma de vida, de sentimientos, de preferencias, que a veces suenan a escándalo, pero así es el verdadero discípulo de Jesús y la radicalidad absoluta del evangelio. Y no es precisamente odio lo que Jesús pide a los suyos, sino amor, incluso a los enemigos.
4. Lucas ha sacado en conclusión de todo esto lo que afirma en el v. 33: “quien no renuncia (apotássomai: se separa) de todos sus bienes, no puede ser mi discípulo” ¿Por qué? ¿quería enseñar a odiar la riqueza o amar la pobreza? Pues ni una cosa ni la otra. Jamás Lucas pide amar la pobreza en sí. Quiere que todo se ponga en común, como señala en Hch 4,34, para que no haya indigentes entre los cristianos; o sea, la razón de renunciar a los bienes es para que no haya pobres e incluso para que haya justicia en el mundo. Es verdad que no debemos atenuar la fuerza del texto, y la lectura que podemos hacer del evangelio tendrá distintos tonos según el contexto cultural y social donde se viva. Debemos ser conscientes de que la pobreza y la riqueza existen personificadas: hay ricos, pocos; y muchos pobres. Pero hay bienes suficientes en el mundo para que todos tengan lo necesario. El mundo es injusto por causa de los que aman las riquezas y el poder; en muchos casos esos amores los trasmite la familia, el clan, el entorno, los intereses de clase y de grupo. Ese mundo se desmorona ante la radicalidad del Reino y de la vida de Jesús. Buscar la seguridad en los bienes de este mundo es poner el corazón en aquello que nos aleja de Dios (ponerlo en Mammón, el dios del dinero). La renuncia a la familia y a los bienes, tiene su lógica y su espiritualidad profética. Supone, es verdad, un cierto escándalo: el escándalo del reino de Dios.
5. Por tanto, el redactor del evangelio de Lucas, como catequesis en su lectura de la tradición de Jesús a su comunidad cristiana, ha sacado sus consecuencias prácticas: decidirse por Jesús debe ser primordial. Y en momentos determinados de la vida, quizás en situaciones límites o concretas, debemos preferir la radicalidad del evangelio, que es la radicalidad del Reino de Dios (de la voluntad de Dios) a las imposiciones religiosas, sociales y políticas de los “nuestros”. Eso no significa odiarlos, pero no podemos tener problema de conciencia, en nombre del evangelio, de “separarnos” (apotássomai) de su mundo y de sus imposiciones. Eso es lo que debe significar hoy, sin duda, el “odiar”: separarnos de sus criterios, de sus imposiciones injustas y de sus caprichos o de tradiciones ancestrales y sagradas, a veces, que no se pueden mantener si no dignifican o liberan de verdad. Esto, para la actitud de los cristianos en el mundo contra la injusticia, la guerra, el mercantilismo o una globalización inmisericorde, debe ser la verdadera alternativa de identidad. Si no lo hacemos, por no traicionar el entorno de “los nuestros”, habremos perdido nuestra identidad como seguidores de Jesús y de su evangelio.
Fray Miguel de Burgos Núñez
domingo, 28 de agosto de 2022
LA HUMILDAD OFRECE DIGNIDAD A LOS OTROS
Reflexión Evangelio del Domingo 28 de Agosto de 2022. 22º del Tiempo Ordinario.
1. Nos encontramos con dos parábolas del buen comportamiento en la mesa. El texto de Lucas está bien construido. En la primera Jesús se dirige a los comensales a propósito del puesto que deben ocupar cuando son invitados (vv. 7-11) y en la segunda se dirige a quien invita para que haga una buena elección de los invitados (vv.12-14). Claro, que nada es lógico en estas parábolas, porque sucede que cuando somos invitados nos gustaría ser de los principales; y cuando invitamos nos gustaría hacerlo teniendo en cuenta la importancia de los mismos. No es eso lo que se propone en este conjunto, que toma la “mesa” como símbolo casi religioso. Las famosas “comunidades” fariseas (havurah/havurot, de haver, amigo), tenían cuidado de no invitar a nadie que no cumplieran con normas estrechas de comportamiento, de preceptos, de comidas kosher, etc.. No era admitido cualquiera a estas havurot. Por eso tiene mucho sentido las propuestas “alternativas” de Jesús a los suyos. En la mesa se compartía amistad e ideas, y por eso tenía tanta importancia.
2. El evangelio, como ya se ha puesto de manifiesto, se nos propone la humildad. ¿Por qué, para ser un buen seguidor de Jesús es necesario ser el último, el servidor de todos? ¿No es una falsedad aparentar lo que no se es? Aquí no cabe otra explicación que el mismo misterio de la condescendencia divina, que siendo poderoso, se ha hecho como uno de nosotros. La parábola de los primeros y los últimos puestos en un banquete le sirve a Jesús para poner de manifiesto la humildad. El marco de esta parábola es la de un sábado en que Jesús es invitado a casa de un fariseo. Los fariseos, sus escribas, no gozan de buen nombre en el evangelio (Lc 20,46-47). ¿No es bueno aspirar a ser el primero, el mejor, el más perfecto? Si lo miramos desde la perspectiva de los deportistas en las Olimpiadas parecería que no es muy acertada la proposición de Jesús, aunque hoy sabemos que solamente gana uno; y muchos deportistas nos dan la lección de que es tan importante participar como ganar.
3. De alguna forma este ejemplo lo podíamos aplicar a la vida cristiana: todos valen en una comunidad, todos tienen algo positivo, todos tienen algo bueno. No importa ser los primeros si ser el primero nos lleva a ser arrogantes e inmisericordes. Por eso la segunda parábola de la lectura de hoy pide que no invitemos o compartamos nuestra amistad con los que nos van a pagar, sino con aquellos que no pueden responder a nuestra generosidad. Y es que el tema de la humildad, cristianamente hablado, se resuelve en la generosidad. El que es humilde es generoso, misericordioso con los otros. Esa es la razón por la que la humildad cristiana es actitud sabia y principio de amor.
Fray Miguel de Burgos Núñez
domingo, 21 de agosto de 2022
DIOS NOS ESPERA PARA SALVARNOS
Reflexión del Evangelio del Domingo 21 de Agosto de 2022. 21º del Tiempo Ordinario.
1. El evangelio puede sonar un
poco desconcertante, dependiendo en gran parte del dicho aislado “esforzaros de
entrar por la puerta estrecha”. El pasaje se sitúa en el camino que Jesús
emprende hacia Jerusalén y el seguimiento que ello implica, es una catequesis
lucana del verdadero discipulado. Pero ¿para qué es necesario ser discípulo de
Jesús? ¿para salvarse, para salvarnos? ¿Esa era la mentalidad del tiempo de
Jesús heredada en ciertos círculos cristianos rigoristas? ¿Son pocos los que se
salvan? Conociendo el mensaje de Jesús y su confianza en Dios, tendríamos que
afirmar que Jesús no respondía a preguntas que se resolvieran desde el punto de
vista legal.
2. En realidad, la lectura a
fondo de este evangelio plantea cuestiones muy importantes desde el punto de
vista de la actitud cristiana. Jesús no responde directamente a la pregunta del
número, porque no es eso algo que pueda responderse. Lo de la puerta estrecha
es un símil popular y no debe producir escándalo, porque los caminos de Dios no
son lo mismo que los caminos de los hombres: esto es evidente. Esta es una
llamada a la “radicalidad” en todo caso, que pudiéramos transcribir así: quien
quiera salvarse debe vivir según la voluntad de Dios. Eso lo dice todo, aunque
para algunos no resuelve la cuestión. Por ello deberíamos decir que esa
preocupación numérica fue más de los discípulos que trasmitieron estas palabras
de Jesús (el Evangelio Q para algunos especialistas), que estaban más o menos
obsesionados con un cierto legalismo apocalíptico y no bebían los vientos del
talante profético de Jesús.
3. Siempre se ha dicho que Jesús
lo que busca son los corazones y las actitudes de los que le siguen. Les pone
una parábola de contraste, la del dueño de la casa que cierra la puerta. La
mentalidad legalista es la de esforzarse por entrar por la puerta estrecha. En
la parábola se adivina un mundo nuevo, un patrón, Dios en definitiva, que no
entiende las cosas como nosotros, por números, por sacrificios, por esfuerzos
personales de lo que se ha llamado “do ut des” (te doy para que me des). Muchos
pensarán que han sido cristianos de toda la vida, que han cumplido los
mandamientos de Dios y de la Iglesia de toda la vida (si es que eso se puede
decir), que han sido muy clericales… pero el “dueño” no los conoce. ¿No es
desesperante la conclusión? El contraste es que podemos estar convencidos que
estamos con Dios, con Jesús, con el evangelio, con la Iglesia, pero en realidad
no hemos estado más que interesados en nosotros mismos y en nuestra salvación.
Eso es lo que la parábola de contraste pone de manifiesto.
4. ¿Las cosas deberían ser de
otra manera? ¡Sin duda! Debemos aprender a recibir la salvación como una gracia
de Dios, como un regalo, y a estar dispuestos a compartir este don con todos
los hombres de cualquier clase y religión. Eso es lo que aparece al final de
esta respuesta de Jesús. Los que quieren “asegurarse” previamente la salvación
mediante unas reglas fijas de comportamiento no han entendido nada de la forma
en la que Dios actúa. Por eso no reconoce a los que se presentan con señas de
identidad legalistas, que ocultan un cierto egoísmo. No es una cuestión de
número, sino de generosidad. En la mentalidad legalista y estrecha del
judaísmo, que también ha heredado en muchos aspectos el cristianismo, la
salvación se quiere garantizar previamente como se tratara de un salvoconducto
inmutable e intransferible. No se trata de desprestigiar una moral, una
conducta o una institución, como si el evangelio convocara a la amoralidad y el
desenfreno para poder salvarse. Esta conclusión de moralismo barato (la “gracia
barata” le llamaba Bonhoeffer) no es lo que piden las palabras de Jesús. Pero
sí debemos afirmar rotundamente: si la salvación no sabemos recibirla como una
“gracia”, como un don, no entenderemos nada del evangelio.
Fray Miguel de Burgos
Núñez
domingo, 14 de agosto de 2022
EL FUEGO DEL AMOR QUE TRANSFORMA EL MUNDO
Reflexión Evangelio Domingo 14 de Agosto de 2022. 20º del Tiempo Ordinario.
1. Y en este ámbito de
radicalidades que las lecturas de este domingo ponen de manifiesto, aparece el
texto del evangelio de Lucas (12,49-53) con todas sus contradicciones
semíticas, con su lenguaje de símbolos, de contrastes orientales: paz-guerra,
amor-odio. Jesús profetiza prendiendo fuego al mundo; trayendo una guerra, un
combate, mejor, al que invita a participar. Estas palabras de Jesús nos hablan
de la radicalidad de su mensaje evangélico. Este es radical porque busca la
raíz de las cosas. En todo caso no debemos evitar la pregunta en lo que
respecta al qué hacer para llevar a la práctica el seguimiento de Jesús y, en
consecuencia, la radicalidad por la que hay que optar. Sabemos que estas
palabras se trasmiten en el ámbito de un grupo apocalíptico, radicales
itinerantes cristianos de primera hora, al menos en una primera fase, que
muestra lo en serio que se tomaron el evangelio de Jesús.
2. Consideramos que el espíritu
de la radicalidad de estas palabras de Jesús permanece y debe mantener su vigor
en medio del realismo que sin duda nos apremia. La radicalidad obedece a una
mentalidad, a unas circunstancias, que no pueden ser las mismas para el s. XXI.
Jesús era un hombre de su tiempo que usaba también el lenguaje de su tiempo. Él
hablaba sirviéndose de metáforas, imágenes y comparaciones entendidas en
aquella época. Porque ¿a dónde nos llevaría una interpretación literal del
evangelio de hoy, o un dicho como "si alguno viene a mi y no odia a su
padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, no puede ser discípulo mío"
(Lc 14,26), cuando él mandó amar a todos, incluso a los enemigos? No se puede
pedir amar a los enemigos y “odiar” a los padres o hermanos, ¡sería absurdo!
Pero el espíritu de lo que Jesús quería expresar permanece: frente a este
mundo, el evangelio es un signo de contradicción. Hay que amar, no odiar; pero
el amor, frente a este mundo injusto y de desamor, es una guerra. Lo será
siempre. En realidad, es una guerra en la que no caben medias distintas y en la
que los lazos familiares pueden saltar por los aires.
3. No es posible olvidar que estamos hablando desde la analogía, del contraste y el simbolismo. Los profetas itinerantes, casi como unos filósofos cínicos para algunos, se expresaban así: ¿los míos o Jesús? ¿yo o el evangelio? Son palabras proféticas que siempre mantendrán su vigencia, sin que las rebajemos a lo inútil. Algunos han hablado del “terrorismo” o el “fundamentalismo” de la ética cristiana. Es posible que los conceptos de actualidad puedan resultar explicativos… pero no es ni terrorismo ni fundamentalismo, sino que cuando el evangelio se vive con radicalidad nuestra vida no puede ser como siempre, como se ha aprendido de los “nuestros”, porque los “nuestros” pueden estar lejos del proyecto profético de Jesús. Lo que se ha mamado en nuestro ámbito no siempre es lo mejor. Los “nuestros” son más nuestros cuando vivimos la radicalidad del amor y eso trae fuego a la tierra. A los nuestros los amamos, pero sin renunciar a lo que Dios desea. Eso lo vivió Jesús como experiencia liberadora que quiso trasmitir a los suyos, para cambiar una religión “nuestra” que no tenía vida. Y si “los nuestros” no nos aceptan en esta guerra de amor, desde el evangelio y con el evangelio, seguirán siendo los nuestros, pero no haremos lo que ellos quieren. Los nuestros, a veces, piden odio o venganza: ahí está la guerra, el fuego del evangelio. Esa fue la experiencia del profeta de Galilea.
Fray Miguel de Burgos Núñez
viernes, 12 de agosto de 2022
domingo, 7 de agosto de 2022
LA SABIDURÍA DE LA VIGILANCIA
Reflexión del Evangelio del Domingo 7 de Agosto de 2022. 19º del Tiempo Ordinario.
1. El evangelio de Lucas nos
ofrece aquí una serie de elementos que están en el Sermón de la Montaña, en
Mateo, y un conjunto de parábolas (los criados que esperan a que su amo vuelva
de unas bodas, el amo que vigila su casa por si llega un ladrón, y el
administrador fiel al que se le ha confiado repartir el trigo) sobre la
vigilancia y la fidelidad al Señor. La exhortación primera, que concluye con el
dicho “donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón”, es toda una
llamada a la comunidad sobre el comportamiento en este mundo con respecto a las
riquezas. Lucas es un evangelista que cuida, más que ningún otro, este aspecto
tan determinante de la vida social y económica, porque escribía en una ciudad
(Éfeso o Corinto) donde los cristianos debían tomar postura frente a la
injusticia y la división de clases.
2. El dicho del tesoro y el
corazón es un dicho popular que encierra mucha sabiduría de siglos. Pero es
propio de estos dichos (el llamado “Evangelio Q” como algunos lo llaman
actualmente) poner de manifiesto la radicalidad sapiencial y escatológica que
se vivió en aquellos momentos. Si bien es verdad que el rigor apocalíptico ya
no es determinante, sí lo es el sentido que mantienen estas palabras. Vigilar,
ahora, ya no es estar preocupados por el fin del mundo, sino estar preocupados
por no poner nuestro corazón en los poderes y las riquezas. Son dichos para
comprometerse en nuestro mundo, aunque sin perder la perspectiva del mundo
futuro.
3. Lucas sitúa esto en el
programa de buscar el Reino de Dios, pidiendo y exigiendo al cristiano no
desear las mismas cosas que desean y tienen los poderosos de este mundo. El
Reino exige otros comportamientos. Así, pues, las parábolas sobre la vigilancia
y la fidelidad vienen a ser como el comentario a esa actitud. Es una llamada a
la responsabilidad en todos los órdenes, pero especialmente la responsabilidad
de saberse en la línea de que la vida tiene una dimensión espiritual,
trascendente, sabiendo que hay que ponerse en las manos de Dios. Eso no es una
huida de lo que hay que hacer en este mundo; pero, por otra parte, tampoco
ignorando que nos espera Alguien que un día se ceñirá para servirnos si le
hemos sido fieles. Ése de quien habla Jesús en la parábola, es Dios. Nosotros,
mientras, administramos, trabajamos, ayudamos a los más pobres y necesitados,
como una responsabilidad muy importante que se nos ha otorgado.
Fray Miguel de Burgos
Núñez
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Reflexión Evangelio del Domingo 13 de Septiembre de 2026. 24º del Tiempo Ordinario. El perdón nace de la memoria. El Sirácida no empieza dic...
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