jueves, 12 de marzo de 2020
miércoles, 11 de marzo de 2020
sábado, 7 de marzo de 2020
DESLUMBRADOS POR LA LUZ DE DIOS
Reflexión Homilética para el Domingo 8 de Marzo de 2020. 2º de Cuaresma.
Para los que entienden la Cuaresma como
un tiempo centrado sólo en la penitencia, la conversión o en meditar cómo nos
va a castigar Dios por nuestras malas acciones, es muy conveniente reflexionar
cuidadosamente sobre las lecturas de este domingo.
Ninguna de las tres lecturas tiene una
palabra negativa. Todas nos hablan en positivo. La primera es la bendición de
Dios sobre Abraham. Ciertamente, Dios pone a prueba la fe de Abraham. Le invita
a salir de su tierra, a dejarlo todo. En ese viaje hacia lo desconocido no
cuenta más que con la promesa de Dios. Y, lo que es mejor, con su bendición.
Tres veces sale en esa lectura el verbo “bendecir”. Es una bendición que recae
sobre Abraham, su familia y sus descendientes. Parece que el encuentro con Dios
le dio a Abraham un nuevo norte, un nuevo sentido para su vida. Dios le invita
a salir de su tierra pero no para ir a sufrir sino para llegar a una tierra
donde recibirá la bendición del Señor.
La segunda lectura nos abre más la
perspectiva. La salvación de Dios no es sólo para Abraham sino para todos.
Desde antes de la creación, nos dice san Pablo, Dios dispuso darnos su gracia,
nos salvó. La salvación no depende de nuestros esfuerzos ni méritos sino de la
pura gracia de Dios que nos la ofrece gratuitamente. En este tiempo estamos:
tiempo de gracia, de salvación, de presencia entre nosotros del amor gratuito
de Dios.
El Evangelio nos ofrece el relato de la
Transfiguración. Es un relato sorprendente. Parece que en un momento dado los
apóstoles quedaron deslumbrados con la personalidad de Jesús. Vieron claramente
cómo se manifestaba en él la gracia, el poder, el amor y la salvación de Dios.
Se sintieron confirmados en su fe. Se dieron cuenta de que, a pesar de que en
algún momento les podía resultar más o menos difícil seguir a Jesús, lo que
iban a encontrar si le seguían hasta el final, era la luz, la salvación, la
gracia. El mensaje del Padre nos invita precisamente a seguir a Jesús: “Este es
mi Hijo, escuchadle.”
Tres lecturas, pues, que nos invitan a
tomar el camino adecuado, a salir de nuestra tierra, de la vida a que nos hemos
acostumbrado para ir a la tierra donde encontraremos la bendición de Dios (1ª
lectura). Para descubrir que la salvación de Dios nos ha sido ofrecida desde siempre
(2ª lectura). Para dejarnos deslumbrar por la luz de Dios (Evangelio). No es,
por tanto, Cuaresma un tiempo de oscuridad. En la oscuridad vivíamos antes de
la Cuaresma. Ahora se nos invita a abrir los ojos a la luz. Lo que pasa es que,
a veces, la luz, cuando es mucha, deslumbra y nos hace falta algo de tiempo
para acostumbrarnos. Para eso es la Cuaresma, para acostumbrarnos a la luz.
Fernando Torres cmf
viernes, 6 de marzo de 2020
martes, 3 de marzo de 2020
lunes, 2 de marzo de 2020
domingo, 1 de marzo de 2020
A VUELTAS CON LAS TENTACIONES
Reflexión Homilética para el Domingo 1 de Marzo de 2020. 1º del Tiempo Ordinario.
Al comienzo de la Cuaresma la Iglesia
siempre nos propone la misma lectura del Evangelio: el relato de las
tentaciones de Jesús. Nos podría dar pie para hablar de las tentaciones y de
ahí pasaríamos a hablar del pecado. Pero lo cierto es que ese evangelio se
orienta hacia otro punto: las tentaciones fueron para Jesús la oportunidad para
descubrir o reafirmar su propia identidad. ¿Cuál era su relación con Dios, a
quien llamaba Padre-Abbá? ¿Cómo debía realizar su misión de anunciar el Reino?
¿Se debería servir del poder y de la fuerza para arrastrar a las masas a creer
en él y en el Reino que anunciaba? Todas estas cuestiones son las que están en
juego en el relato de las tentaciones. Todas esas cuestiones fueron cruciales
para Jesús. Fue un momento clave en su vida. Comprendió que su futuro no era
ser “carpintero” en Nazaret. Se dio cuenta de que su vocación era hacer
presente en el mundo, en su mundo, el amor de Dios, de ese Dios que era para él
Padre de Amor y Misericordia. Pero, ¿cómo? Sin duda que Jesús reflexionó muy
seriamente sobre este punto. Era el sentido de su vida, su mismo futuro, lo que
estaba en juego.
Esa reflexión, que sin duda no tuvo lugar
en una noche, nos la han relatado los evangelistas en un estilo novelado,
hablando de las tentaciones que sufrió Jesús. Sin duda que Jesús se planteó
esas cuestiones al inicio de su vida pública. O al final de aquellos treinta
años de vida escondida en Nazaret. Para él la conclusión fue clara: no se
trataba de usar el poder que Dios le había conferido ni de abusar de su nombre.
Aquel a quien Jesús conocía como Padre reconoce y respeta la libertad humana.
El Dios de Jesús no manipula las conciencias de nadie. Quiere ser aceptado
libremente como Dios y Padre de todos. A partir de ese momento la misión de
Jesús estuvo caracterizada por la sencillez del anuncio, por la cercanía con
todos, por el encuentro humano, lleno de misericordia y compasión, con todos
los hombres y mujeres, especialmente con los que sufrían. Por eso, Jesús
terminó revelando a Dios más por su estilo de vida, por su forma de comportarse
que por sus discursos. Estos, los discursos, no son más que un reflejo de su
vida, de su experiencia de Dios.
También nosotros podemos ver las
tentaciones que padecemos desde esa perspectiva. Son la oportunidad para
clarificarnos sobre quiénes somos, sobre el sentido de nuestra vida, sobre lo
que queremos ser. Son momentos clave en los que nos encontramos en un cruce de
caminos. Tenemos que tomar una decisión que marcará nuestras vidas, nuestro
futuro, nuestra forma de ser. Al ser tentados nos damos cuenta de que somos
libres, de que hay otras posibilidades por las que podemos optar. Es un momento
en el que nos hacemos libres y dueños de nuestra vida. En nuestras manos está
la decisión. Y de ella somos responsables.
Fernando Torres cmf
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