sábado, 7 de marzo de 2020

DESLUMBRADOS POR LA LUZ DE DIOS


Reflexión Homilética para el Domingo 8 de Marzo de 2020. 2º de Cuaresma.

      Para los que entienden la Cuaresma como un tiempo centrado sólo en la penitencia, la conversión o en meditar cómo nos va a castigar Dios por nuestras malas acciones, es muy conveniente reflexionar cuidadosamente sobre las lecturas de este domingo.

      Ninguna de las tres lecturas tiene una palabra negativa. Todas nos hablan en positivo. La primera es la bendición de Dios sobre Abraham. Ciertamente, Dios pone a prueba la fe de Abraham. Le invita a salir de su tierra, a dejarlo todo. En ese viaje hacia lo desconocido no cuenta más que con la promesa de Dios. Y, lo que es mejor, con su bendición. Tres veces sale en esa lectura el verbo “bendecir”. Es una bendición que recae sobre Abraham, su familia y sus descendientes. Parece que el encuentro con Dios le dio a Abraham un nuevo norte, un nuevo sentido para su vida. Dios le invita a salir de su tierra pero no para ir a sufrir sino para llegar a una tierra donde recibirá la bendición del Señor.

      La segunda lectura nos abre más la perspectiva. La salvación de Dios no es sólo para Abraham sino para todos. Desde antes de la creación, nos dice san Pablo, Dios dispuso darnos su gracia, nos salvó. La salvación no depende de nuestros esfuerzos ni méritos sino de la pura gracia de Dios que nos la ofrece gratuitamente. En este tiempo estamos: tiempo de gracia, de salvación, de presencia entre nosotros del amor gratuito de Dios.

      El Evangelio nos ofrece el relato de la Transfiguración. Es un relato sorprendente. Parece que en un momento dado los apóstoles quedaron deslumbrados con la personalidad de Jesús. Vieron claramente cómo se manifestaba en él la gracia, el poder, el amor y la salvación de Dios. Se sintieron confirmados en su fe. Se dieron cuenta de que, a pesar de que en algún momento les podía resultar más o menos difícil seguir a Jesús, lo que iban a encontrar si le seguían hasta el final, era la luz, la salvación, la gracia. El mensaje del Padre nos invita precisamente a seguir a Jesús: “Este es mi Hijo, escuchadle.”

      Tres lecturas, pues, que nos invitan a tomar el camino adecuado, a salir de nuestra tierra, de la vida a que nos hemos acostumbrado para ir a la tierra donde encontraremos la bendición de Dios (1ª lectura). Para descubrir que la salvación de Dios nos ha sido ofrecida desde siempre (2ª lectura). Para dejarnos deslumbrar por la luz de Dios (Evangelio). No es, por tanto, Cuaresma un tiempo de oscuridad. En la oscuridad vivíamos antes de la Cuaresma. Ahora se nos invita a abrir los ojos a la luz. Lo que pasa es que, a veces, la luz, cuando es mucha, deslumbra y nos hace falta algo de tiempo para acostumbrarnos. Para eso es la Cuaresma, para acostumbrarnos a la luz.

Fernando Torres cmf

domingo, 1 de marzo de 2020

A VUELTAS CON LAS TENTACIONES


Reflexión Homilética para el Domingo 1 de Marzo de 2020. 1º del Tiempo Ordinario.

      Al comienzo de la Cuaresma la Iglesia siempre nos propone la misma lectura del Evangelio: el relato de las tentaciones de Jesús. Nos podría dar pie para hablar de las tentaciones y de ahí pasaríamos a hablar del pecado. Pero lo cierto es que ese evangelio se orienta hacia otro punto: las tentaciones fueron para Jesús la oportunidad para descubrir o reafirmar su propia identidad. ¿Cuál era su relación con Dios, a quien llamaba Padre-Abbá? ¿Cómo debía realizar su misión de anunciar el Reino? ¿Se debería servir del poder y de la fuerza para arrastrar a las masas a creer en él y en el Reino que anunciaba? Todas estas cuestiones son las que están en juego en el relato de las tentaciones. Todas esas cuestiones fueron cruciales para Jesús. Fue un momento clave en su vida. Comprendió que su futuro no era ser “carpintero” en Nazaret. Se dio cuenta de que su vocación era hacer presente en el mundo, en su mundo, el amor de Dios, de ese Dios que era para él Padre de Amor y Misericordia. Pero, ¿cómo? Sin duda que Jesús reflexionó muy seriamente sobre este punto. Era el sentido de su vida, su mismo futuro, lo que estaba en juego.

      Esa reflexión, que sin duda no tuvo lugar en una noche, nos la han relatado los evangelistas en un estilo novelado, hablando de las tentaciones que sufrió Jesús. Sin duda que Jesús se planteó esas cuestiones al inicio de su vida pública. O al final de aquellos treinta años de vida escondida en Nazaret. Para él la conclusión fue clara: no se trataba de usar el poder que Dios le había conferido ni de abusar de su nombre. Aquel a quien Jesús conocía como Padre reconoce y respeta la libertad humana. El Dios de Jesús no manipula las conciencias de nadie. Quiere ser aceptado libremente como Dios y Padre de todos. A partir de ese momento la misión de Jesús estuvo caracterizada por la sencillez del anuncio, por la cercanía con todos, por el encuentro humano, lleno de misericordia y compasión, con todos los hombres y mujeres, especialmente con los que sufrían. Por eso, Jesús terminó revelando a Dios más por su estilo de vida, por su forma de comportarse que por sus discursos. Estos, los discursos, no son más que un reflejo de su vida, de su experiencia de Dios.

      También nosotros podemos ver las tentaciones que padecemos desde esa perspectiva. Son la oportunidad para clarificarnos sobre quiénes somos, sobre el sentido de nuestra vida, sobre lo que queremos ser. Son momentos clave en los que nos encontramos en un cruce de caminos. Tenemos que tomar una decisión que marcará nuestras vidas, nuestro futuro, nuestra forma de ser. Al ser tentados nos damos cuenta de que somos libres, de que hay otras posibilidades por las que podemos optar. Es un momento en el que nos hacemos libres y dueños de nuestra vida. En nuestras manos está la decisión. Y de ella somos responsables.

Fernando Torres cmf

¡SIEMPRE AGRADECIDOS!

La comunidad parroquial de Villa del Río, despidió ayer al Sacerdote D. Douglas González que nos ha acompañado este mes de Julio. Hay person...