sábado, 30 de noviembre de 2024

"ESTAD DESPIERTOS EN TODO TIEMPO"


Reflexión Evangelio Domingo 1 de Diciembre de 2024. 1º de Adviento.

Cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá

Con la Fe y el cumplimiento de las Promesas de Dios a su pueblo, como la Primera Lectura del Profeta Jeremías nos trae, tiene que ver la Primera Venida de Dios, la de la Encarnación del Hijo, la que sucedió en la historia hace dos milenios. Es esta espera la del cuidado de la memoria de lo acontecido. La Navidad como memoria de la venida en la historia del Hijo de Dios, Jesús, el Cristo, encarnado de María la Virgen, para traer la salvación y la plenitud a los hombres. La memoria de su nacimiento y de su vida en su enseñanza y su camino hasta la muerte en Cruz y la Resurrección. La fe necesita de la memoria porque recordar, pasar por el corazón, es lo que la enciende y la mantiene viva y fresca.  El mayor enemigo de la fe no es la increencia, sino la distracción, la superficialidad, el despiste y el descuido. Estar a todo y a nada. El olvido. Por eso la atención y la memoria son imprescindibles para la fe. Prepararse es así ejercitar la memoria con la vuelta constante a la Escritura que la alimenta. Recordar, regresar, releer la Palabra, como camino de preparación, de creencia, de volver a encender nuestra fe.


El Señor les da a conocer su Alianza

La otra venida que esperamos tiene que ver con el Amor, pues esperamos la venida diaria y cotidiana del Espíritu Santo de Dios, el Espíritu de su amor, a nuestra vida. Acogerle con el amor, el cuidado, el afecto, de saber que viene para cada uno de nosotros a traernos vida y vida en plenitud. El Salmo que proclamamos nos recuerda que el Seños nos ha enseñado cómo vivir y vivir en plenitud. La venida diaria a nuestra vida del mensaje del Evangelio nos llama a cambiar nuestro corazón, nuestra mente, nuestra vida, para que el mensaje de Cristo, el mensaje del Amor, se haga realidad con su poder salvador en nuestro día a día. Con su Resurrección, nos dejó el Espíritu como presencia viva, actuante, santificadora en nuestra vida, en la Iglesia, en los sacramentos. Pero que comenzó en esa Navidad de la Encarnación con la que comenzó nuestra historia de salvación. Para acoger esta venida del Amor de Dios en nuestra vida, de su Espíritu, para la espera de la venida y Navidad en esta dimensión de amor y Espíritu, se hace necesario volver al silencio. Vaciar la mente y la vida de todo ruido que estorba y oculta el susurro del Espíritu, limpiar y purificar corazón y espíritu de todo lo que no deja que el amor sea el que mueva nuestra vida. Aquí cobra sentido también ese cierto espíritu penitencial y austero que tiene también el Adviento como tiempo de conversión, de purificación interior para acoger al que vino, y al que viene. Limpiar y silenciar todo lo que no deja que nazca cada día, cada año, cada tiempo, a Dios en nosotros.


…de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos

Y para acoger también al que vendrá. Pablo a los Tesalonicenses nos recuerda también que esperamos una venida más de Cristo. La tercera de las claves de la espera y la venida del Adviento tiene que ver con la Esperanza, porque como dice San Cirilo de Jerusalén (315-386) en una preciosa catequesis que se lee en el Oficio de Lectura de la Liturgia de las Horas del Primer Domingo de Adviento, esperamos también la segunda venida de Dios, la venida definitiva que traerá el Reino Divino definitivo a la creación. Esperamos la plenitud del tiempo, la llegada manifiesta y en gloria de Dios Padre para juzgar la creación y consumarla en sí. La Parusía, la venida futura de Dios, la aparición completa de la gracia de la salvación que abrirá a todo lo creado al Reino y Reinado del buen Padre Dios. Esperamos la llegada que completará lo que existe con su venida en Gloria, renovando, completando, perfeccionando lo que ha sido en el tiempo para sacarlo del tiempo. Esperamos el amanecer sin ocaso donde todo anhelo, todo sueño, todo limpio deseo profundo del hombre se completará en Dios. Esperamos el banquete eterno de la creación donde no habrá dolor, sufrimiento ni enfermedad alguna, donde toda injusticia y sufrimiento serán sanados y limpiados, donde se enjugará toda lágrima. Esperamos esa eternidad de plenitud donde se dará todo, siempre, completamente, a la vez, y sin cansancio, donde resucitarán todos los muertos que en la historia han vivido, y donde la creación entera se culminará. ¿Cómo nos preparamos para eso? La oración es la herramienta. La petición, la adoración, la vigilia consciente de la búsqueda de Dios. Nos preparamos pidiéndole al señor y orándole para que venga, y que venga ya, Ven Señor Jesús, Ven, Maranata. Orar sin desfallecer.


…levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación

Desde esas claves, el Adviento no es un mero tiempo bisagra hasta la Navidad, es una inmensa posibilidad que se nos ofrece el prepararnos para renovar nuestra fe, nuestro amor y nuestra esperanza. Para regresar y reconectar y convertir nuestra mente y nuestro corazón al Dios Trino de la vida. Para preparar nuestro tiempo y todo lo que somos, para el Dios que vino, que viene y que vendrá. Para esperar con auténtica Fe, Amor y Esperanza la liberación que nos llega.

¿Cómo cuido mi memoria de la fe? ¿Acudo a la Palabra con frecuencia? ¿Recuerdo las maravillas que ha hecho Dios en mi vida?

¿Logro identificar lo que en mi vida no deja que venga el amor y el Espíritu de Dios a mi vida? ¿Busco el silencio y vaciarme de mí para dejar que Él guíe mis días? ¿Qué he de cambiar, dejar, apartar de mi vida para ir convirtiéndome?

¿Dónde están mis esperanzas puestas? ¿Cuál es el horizonte último al que guío mi oración? ¿Qué espero de Dios?

Fray Vicente Niño Orti 

Convento Santo Tomás de Aquino 'El Olivar' (Madrid)

domingo, 24 de noviembre de 2024

¡LLENOS DEL ESPÍRITU!

En la tarde de ayer, la Iglesia Parroquial acogió la celebración del Sacramento de la Confirmación de cerca de noventa jóvenes y adultos.

De fondo, presidia la imponente imagen del Señor de la Humildad ataviado con clámide bordada en plata del S.XIX., dado que se celebraba la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. El rojo de la realeza y del sacramento impregno la decoración floral y el conjunto ornamental del altar mayor.

A las siete en punto se realizó la procesión de entrada al altar con ciriales y cruz parroquial. El Señor Vicario, D. David Aguilera Malagón tanto en la homilía, como en la despedida, animó a todos a ser apóstoles, a vivir el mensaje de Cristo y a estar al servicio de nuestra Parroquia, de nuestros amigos y familiares, en definitiva, a hacer verdad el compromiso adquirido.

Destacar el comportamiento de los asistentes, que a pese a abarrotar el templo, fue ejemplar. La Parroquia agradece a todos los catequistas el tiempo dedicado y su servicio, agradece al coro parroquial y a todos los que han hecho posible el acto.

Que el Espíritu Santo nos renueve a todos y a los nuevos confirmados los haga personas comprometidas y fieles al Evangelio.

sábado, 23 de noviembre de 2024

"MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO"

 

Reflexión Evangelio Solemnidad de Cristo Rey del Universo

1. En la primera lectura el profeta Daniel apunta ya el talante o estilo de la realeza que celebramos en Jesucristo, El profeta se refiere primero a cuatro grandes imperios con el símbolo de bestias que siembran esclavitud y muerte. En ese contexto aparece otra figura que viene del cielo como un hijo de hombre. Es la nueva humanidad suscitada por el Espíritu, servidora y solidaria de todos desde el amor. Con su nuevo estilo esa humanidad abre “un imperio eterno”.

Posiblemente el único título que Jesús de Nazaret se dio a sí mismo, fue “Hijo del hombre” que seducido por el amor del “Abba”, tiene que ir a Jerusalén y sufrir la muerte injusta, confiando en que el Padre abandona en la muerte. El Hijo del hombre actúa ejerciendo su poder desde el amor sellado con su muerte. Es el estilo de conducta que propone a sus seguidores.

2. La segunda lectura es de Apocalipsis. Un libro profético para animar a la Iglesia que ha sido echada fue de la sinagoga judía y sufre la persecución en el imperio romano. Propone a los cristianos el camino recorrido por Jesucristo. Testigo fiel, primogénito de los creyentes, se abrió totalmente a la Presencia de amor que es el “Abba”. Príncipe de los reyes de la tierra: con su forma de vivir y morir por amor a los demás manifiesta el camino para todos: el poder solo humaniza como ejercicio del amor que sirve.

“Un reino de sacerdotes”. Jesús no fue sacerdote ofreciendo sacrificios rituales en el templo de Jerusalén, sino curando enfermos, incluyendo a los incluidos y combatiendo los demonios que dividen y tiran a las personas por los suelos, siendo totalmente para los demás. Jesucristo vencedor de la muerte sigue siendo luz y camino para todas las naciones

3. El evangelista San Juan en ese apretado texto que hoy leemos ofrece catequesis muy rica y profunda. Cabe acentuar algunos temas de fondo.

Los discípulos han dejado a Jesús solo ante los poderosos que le van a juzgar y condenar.  El evangelista dice que Pedro “le seguía de lejos”. Actualizar en la propia vida la realeza de Jesús se llama espiritualidad cristiana. Una tarea que es nueva cada día, en lo cotidiano que no se repite. Suponiendo que nos inspire su mística de amor, nos invita a tomar “nuestra cruz”. Dar sentido a escollos y sufrimientos que nos salen al camino. Siempre conscientes de que la cruz y el sufrimiento salvan. Lo que salva de verdad es el amor que dan sentido a la cruz y al sufrimiento.

Lógicamente verdad es lo opuesto a mentira. En su intervención pública como profeta itinerante una y otra vez Jesús denuncia la mentira de religiosos hipócritas que dicen una cosa y hacen; que acusan a Jesús ante el gobernador romano, pero no entran en la sala de juicio para no contaminarse. Y el gobernador romano ve que no hay motivo para condenar a Jesús, pero para crearse problemas acepta también la mentira.

Mi reino no es de este mundo”. Cuidado con la traducción.  Porque el “reino de Dios”, o una sociedad fraterna, ya tiene lugar en este mundo, aunque todavía de modo imperfecto y en espera de una plenitud sin sombras. Ese reino ya está aquí como la levadura en la masa, fermentando a la humanidad para que sea más solidaria. No funciona con la lógica del poder, sino con la lógica de la gratuidad o del amor que sirve sin esperar nada a cambio.

Es un reino que lejos de negar sin más la existencia de las autoridades o poderes necesarios en la organización social, los sana del individualismo y los legitima como mediación del amor. “En Jesucristo”, la Iglesia, todavía en proceso de conversión al Evangelio, es signo visible y creíble de la única vocación para toda la humanidad. Eso significa celebrar la fiesta de Jesucristo rey del universo, cuando ansiamos la justicia y la paz, pero sufrimos la injusticia, las guerras y desgracias que nos dejan sin palabras.


Fr. Jesús Espeja Pardo O.P.

sábado, 16 de noviembre de 2024

"SABED QUE ÉL ESTÁ CERCA"

 

Reflexión Evangelio del Domingo 17 de Noviembre de 2024. 33º del Tiempo Ordinario

Todos los años, al final del año litúrgico, nos encontramos con el discurso escatológico de Jesús, y del cual es necesario reflexionar sobre su sentido, que no es para anunciar una serie de desgracias y situaciones negativas, que sí pueden ocurrir, sino para resaltar que, ocurra sobre lo que ocurra, la victoria de Jesucristo sobre el mal es lo que se nos presenta y anuncia.

Ya los primeros cristianos de Roma, para quien San Marcos había escrito este evangelio, vislumbraban en su horizonte grandes pruebas o momentos que iban a vivir. En primer lugar, el recuerdo de la muerte de Jesús, que supuso un cierto hundimiento de sus esperanzas, aunque se sintiesen fortalecidos con el anuncio de su resurrección. En segundo lugar, tenían una dura prueba en las persecuciones que inició el emperador Nerón (años 64-67) y en las que murieron Pedro y Pablo. Y, en tercer lugar, la destrucción de Jerusalén por los romanos, en el año 70, que hará desaparecer todo vestigio de la relación de encuentro del pueblo judío con Dios, durante muchos siglos.

Estos momentos difíciles que se acercaban ya lo habían sido años atrás como lo recuerda la primera lectura, que amenazaban con borrar todo signo de identidad del pueblo elegido. Y el libro de Daniel quiere hacer frente a esas duras realidades que tenía que vivir el pueblo elegido manteniendo firme su esperanza… Y Jesús se sirve de este estilo apocalíptico para afirmar la esperanza de los elegidos a pesar de las desgracias que realmente suceden.

Jesús, precisamente, anuncia que todas las catástrofes tenían que suceder en el devenir de la historia pero que eran signo de la acción de Dios para salvar a su pueblo… “se levantará Miguel… y salvará a su pueblo”.

Así nos lo anuncia en su evangelio San Marcos, que quiere llegar a todas las gentes como Buena Nueva de salvación para aquellos “que se encuentran en las tinieblas”.

No debemos sacar consecuencias atemorizadoras sobre el fin del mundo, ni pensar en persecuciones a la fe, aunque haya momentos difíciles en algunos lugares… quizás nos sirvan para purificar nuestra fe y tomar precauciones en nuestras comunidades cristianas. Debemos percibir la actitud salvadora y protectora de Jesús que nos acompaña en todo momento, con una llamada a la fidelidad en esas circunstancias en sí complicadas.

No olvidemos que los primeros cristianos también fueron llamados a la fidelidad en tiempos difíciles y que nosotros también estamos llamados a vivir en esa fidelidad. Y la plenitud llegará, pero será cuando el Padre Dios lo quiera.

Y nosotros, pues no debemos aguardar a que ese momento final de la vida llegue para arreglar “nuestras cosas” con Dios, ni hemos de pensar que en un instante vamos a realizar lo que no hemos sido capaces de hacer durante toda la vida. Nuestro último destino dependerá, en gran medida, de cómo hayamos vivido todos y cada uno de los momentos de nuestra existencia.

Al final del relato de la creación, Dios “vio todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gn 1,31). Tal vez lo que tendríamos que hacer, sería dejarnos de especulaciones sobre cómo será el más allá y tomar la responsabilidad que nos toca en la marcha del más acá, porque es aquí donde tenemos que desarrollar nuestra actividad para contribuir a hacer un mundo más bueno y humano, empezando por ser cada uno un poco más humano cada día.

“El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán” nos dice al final el evangelio, porque sólo Dios permanece para siempre y él es el que da sentido a la existencia humana.

Después de leer y orar estas lecturas ¿es Dios el refugio de mi vida en los momentos difíciles, como nos sugiere el salmo responsorial y como lo fue para los primeros cristianos? Con el versículo del aleluya ¿Me siento confiado al revisar mi vida, para presentarme ante Dios?

Fray Carmelo Preciado Medrano O.P.

sábado, 9 de noviembre de 2024

"HA ECHADO TODO LO QUE TENÍA PARA VIVIR"

 

Reflexión del Evangelio Domingo 10 de Noviembre de 2024. 32º del Tiempo Ordinario.

La seducción de las apariencias

El evangelio es de una actualidad sorprendente. En tiempos de Jesús y en los actuales, en el mundo eclesiástico y en el civil, ¡cuántos hay que sólo sirven para figurar, o sea, que no sirven para nada! ¡Cuántos hay que lo único que pueden lucir es la apariencia, la ropa que llevan o el asiento que ocupan! Y, a veces, quienes les vemos, envidiamos este puesto, este ropaje, esta apariencia. ¡Cuanta vaciedad, cuanta inconsistencia!

Sí, el Evangelio de Jesús es siempre actual. El de hoy es una advertencia a todos los que nos dejamos seducir por lo superficial. Y es también una invitación a saber descubrir, detrás de otras apariencias que mundanamente no valoramos, los auténticos valores del Reino de Dios. Una advertencia a todos aquellos que como los letrados están encantados de “pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas o buscan los asientos de honor en las Iglesias y los primeros puestos en los banquetes”. Advertencia, porque todo esto a los ojos de Dios no vale nada. Y una invitación a mirar con otros ojos lo que el mundo no valora, para descubrir en la pobre limosna de la pobre viuda, la abundante riqueza de un corazón amante. Invitación a descubrir dónde están los verdaderos valores, lo fundamental, dónde la auténtica humanidad.

Las cosas que valen no suelen ser las más deslumbrantes. Lo que vale, como la verdad, Dios, el sentido, el amor, a veces se nos aparece humildemente. Porque los grandes valores no quieren violentarnos, se contentan con persuadirnos, haciéndonos el honor de contar con nuestro pensar y amar, con nuestra inteligencia y predilección. En estos grandes valores podemos encontrar a Dios, que oculta su fuerza tras la debilidad. En el indigente, el enfermo o el solitario, Dios suplica humildemente nuestro amor. Seducido por la apariencia, puede el hombre inclinarse por considerar fuerte lo que aparece como fuerte o por despreciar como débil lo que tiene apariencia de debilidad.

Uno de los grandes pecados del ser humano de todos los tiempos ha sido la seducción de las apariencias. Y así corremos el riesgo de perder lo real y de perdernos nosotros. Este peligro ha cobrado nuevas formas en el mundo de hoy: los medios de comunicación tienen una influencia grande, hasta el punto de condicionar la vida de las personas y de las sociedades, orientando nuestro pensar y nuestro obrar. Utilizados sin responsabilidad, pueden estar al servicio de la mentira.

Sin olvidar las dimensiones sociales y políticas de la apariencia, conviene quizás que empecemos por detectar y corregir las dimensiones personales de la misma; nuestras propias caretas, nuestras ganas de aparentar, de parecer lo que no somos. Nuestra envidia, adulación y falta de crítica hacia aquellos que ocupan puestos importantes. Nuestra inatención e incluso nuestro desprecio hacia los pobres, los marginados, lo que no tienen puesto.

¡Atención!, nos dice hoy el Evangelio. Atención a mí, a ti, a todos los que sólo sirven o servimos para figurar, para presidir. A todos estos que, cuando no presiden, no tienen nada que hacer, porque en el fondo lo suyo es pura vaciedad. Y así va todo lo que tocan y así van los que les siguen o se dejan engañar por ellos.

¡Atención!, nos dice el Evangelio. En la postura de la pobre viuda está lo verdaderamente valioso. ¡Abrid los ojos de la fe! Estos ojos permiten ver los auténticos valores del Reino de Dios. Son los ojos del amor, los ojos del que ama.

¿Tras de qué se nos van los ojos? ¿Qué tipo de vida tenemos que llevar para ver lo valioso, lo de dentro de las personas? ¿Por qué nos gustan tanto las apariencias si… las apariencias engañan? ¿Por qué será que Dios resulta tan inaparente, que no se impone, que no nos fuerza, que siempre nos deja libres? ¿Por qué razón canta María que Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes? Es que el Señor, leemos en el libro primero de Samuel (16,7) “no se fija en las apariencias ni en la buena estatura. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón”.

Fray Martín Gelabert Ballester

domingo, 3 de noviembre de 2024

"AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO"

 

Reflexión Evangelio Domingo 3 de Noviembre de 2024. 31º del Tiempo Ordinario.

Necesitamos saber, conocer, para vivir…

El letrado, posiblemente lo tenía claro, en teoría, cumplir los mandamientos. Sí, pero “¿hay algo más?” A este letrado, parece que el hecho de conocer, saber la teoría, no era suficiente. Quizá necesitaba saber también el cómo desarrollar, cómo hacer realidad ese mandamiento. El mandamiento: “… amarás al Señor nuestro Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda tu mente y todas tus fuerzas.” (Dt 6,4-5)

La respuesta a la pregunta del letrado comienza así: “¡Escucha…!” Se nos pide atención, olvídate de los deseos e intereses personales, si quieres enterarte. Escuchar y hacer nuestro el mandamiento de forma que la razón de ponerlo en práctica no sea el hecho de cumplirlo… sino una decisión desde la libertad. No está el valor en el hecho de ser mandado, sino que está en su contenido que nos motive a llevarlo a cabo. Dios no es un tirano, Dios es Padre, no impone, invita, propone. Dios es siempre posibilidad de ir más allá, crecer…  Por tanto, no es el cumplimiento sino la opción libre de hacer realidad en nuestra vida algo que realmente nos llena de sentido. Que nuestra vida sea un desarrollo de relaciones con Dios, con los demás, con nosotros mismos, siempre desde el amor, con amor.

Amar a Dios, amar al prójimo.

La respuesta de Jesús al letrado, añade el amor al prójimo. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18)”

Hagamos memoria, traigamos a nuestro mente y a nuestro corazón lo que Juan dice en su primera carta: “Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; pues si no ama al hermano suyo a quien ve, no puede amar a Dios a quién no ve.”(4,20). 

El planteamiento, por tanto, del evangelio es más amplio, más vital, tener presente a Dios y tener presente al prójimo. Esta presencia es riqueza y gracia cuando se traduce en unas relaciones desde la gratuidad, la gratitud, el servicio y la aceptación, todo esto son signos y manifestaciones de amor.

La respuesta de Jesús al letrado es, por tanto, todo posibilidad, llamados a ir más allá desde nuestra condición humana. La importancia de amar a Dios y amar al prójimo es la misma. Nuestra relación con Dios se resuelve en nuestra relación con los demás, con los que convivimos, con los que buscamos y hacemos la vida.

Volvemos a las palabras de Juan. A Dios no lo vemos y sí vemos a nuestro prójimo, amando a quién vemos y conocemos podemos saber, sentir, afirmar que amamos a Dios.

¿A qué Dios amamos?

Una cuestión importante:  si nos limitamos a decir y pensar que nuestro objetivo, nuestro compromiso, es amar a Dios y nos olvidamos de los demás tenemos que preguntarnos: ¿a qué Dios amamos? A un Dios que me da seguridad, me protege, “me saca las castañas del fuego”, me da la razón,  y/o  cuando las cosas no salen como uno pretende la culpa es de Dios que se ha olvidado de mí.

Podríamos pensar que amar a Dios, olvidándose de los demás, es caer en el error de crearse un dios a nuestra medida, a nuestra conveniencia, un dios a imagen y semejanza de uno mismo. Más todavía, un dios al que le decimos lo que tiene que hacer, a quién ha de premiar y a quién ha de castigar. Este no es el Dios de Jesucristo, no es Dios Padre (Abba) en el que descansaba, confiaba Jesús de Nazaret. No es el Dios que llama a nuestra puerta que ocupa nuestro corazón (otra cosa es que le hagamos caso, que queramos reconocerlo). Más, desde la realidad humana que se hace cada día, que puede crecer…  sabemos y distinguimos lo que es el bien y lo que es el mal. Experimentamos momentos, situaciones, encuentros, que podemos definir como amor.  Y es amor siempre cuando nos interesamos por el bien de lo que amamos, cuando aceptamos a cada cual como es… El amor es contemplación, miremos con limpieza, dejemos lo que “me gustaría” y lo que “debería”, contemplemos y miremos con amor lo que “es”.

Para la reflexión

Partamos de la experiencia. 

Valoremos la satisfacción personal de nuestros actos cuando son respuestas desde la coherencia, la veracidad, la sinceridad… en contraste con lo que hacemos desde la obligación, lo que está mandado, lo que me conviene. 

Valoremos la satisfacción personal cuando somos nosotros los beneficiarios de la atención de los demás. Distinguimos cuando somos atendidos desde el “quedar bien”, el cumplimiento o, por el contrario, cuando somos atendidos, mirados con amor sincero, veraz…

Desde este contraste, conscientes, elijamos cómo amar a Dios y al prójimo.

“Amar al prójimo como a ti mismo”. No está mal… pero si el objetivo es ser bueno para que conmigo sean buenos, es una razón egoísta. Por otra parte, aceptar que no todo lo que para mí es bueno, tiene que ser bueno para los demás. El amor al prójimo precisa de saber guardar una distancia para permitir que el otro sea el mismo.

Desde este contraste, conscientes, revisemos y aprendamos a amar a Dios y al prójimo.

Fr. José Luis Ruiz Aznarez OP