Dios te salve, Reina
y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti
llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en
este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros
esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre
Virgen María!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
“¿NO DEBÍAS TÚ TAMBIÉN TENER COMPASIÓN? ”
Reflexión Evangelio del Domingo 13 de Septiembre de 2026. 24º del Tiempo Ordinario. El perdón nace de la memoria. El Sirácida no empieza dic...
-
De camino, Mª Ana, como tú, Con el alma y la vida a flor de piel, paso a paso tras las huellas de Jesús para amar, servir y hacer...
No hay comentarios:
Publicar un comentario