miércoles, 12 de octubre de 2016

FESTIVIDAD DEL PILAR


Virgen Santa del Pilar
Aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, oh María a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Así sea.

San Juan Pablo II

domingo, 9 de octubre de 2016

LA LEPRA Y LA FE

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Homilía para el Domingo 9 de Octubre de 2016. 28 del Tiempo Ordinario, C.

“En adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor”. Con esa solemne promesa se cierra el texto de la primera lectura que se lee en la celebración de la Eucaristía de este domingo (2 Re 5, 14-17). Naamán, un militar sirio, llegó hasta Samaría y allá fue curado de su lepra por el profeta Eliseo.

En las aguas del Jordán dejó su lepra y su orgullo. Insistía en agradecer al profeta el don de su curación, pero Eliseó se negó a recibir cualquier regalo. Naamán pensaba que cada tierra tenía su Dios y cada Dios tenía su tierra, así que decidió llevar hasta Damasco una carga de tierra de Israel, para que Dios lo reconociera desde lo alto. La curación le trajo la fe.

Con razón el salmo 97 nos invita a recordar y confesar que “el Señor revela a las naciones su salvación”. Lo hizo con un pagano extranjero, como Naamán, y puede hacerlo con todos nosotros.

LA LEY Y LA PALABRA
También el evangelio nos habla de leprosos (Lc 17, 11-19). Bien sabemos que, según la Ley, habían de vivir apartados de las gentes. Sin embargo, diez de ellos vinieron al encuentro de Jesús, se pararon a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”.

    Nos llama la atención que Jesús los enviara a los sacerdotes, según prescribía la Ley. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Se nos dice que la Ley de Moisés puede solamente certificar la enfermedad y alejar a los enfermos, pero no puede curarlos. Solo la palabra de Jesús puede limpiarnos.

    Además se indica que quedaron limpios mientras iban de camino. Con ello se sugiere la confianza que les lleva a obedecer el mandato del que reconocen como Maestro. La curación acontece mientras van “de camino”. Los seguidores del Señor tendremos que prestar atencion a ese dato, que refleja la vida cristiana.

FE Y GRATITUD

Pero el relato nos ofrece aún otra sorpresa. Uno de los leprosos curados se volvió para dar gracias a Jesús. Sorprendentemente, era un samaritano. Pertenecía al grupo más despreciado por los judios. Ese retorno motiva tres palabras de Jesús:

    “¿No han quedado limpios los diez?. Los otros nueve ¿donde están?” Una pregunta que Intepela a lo largo de los siglos a todos los que hemos sido liberados del pecado, del miedo y del sinsentido.

    “¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Una constatación que nos revela que tambien “los de fuera”, como Naamán, pueden reconocer el poder de Dios y su misericordia. Eso es lo que da gloria a Dios.

    “Levántate y vete: tu fe te ha salvado”. Una exhortación que nos lleva a descubrir el valor de la fe, a agradecerla con sinceridad y a confesarla con valentía una y otra vez mientras vamos haciendo camino.

Señor Jesús, perdona nuestra arrogancia y nuestro olvido. Queremos recordar el don de la salvación. Te damos las gracias de todo corazón. ¡Bendito seas!. Amén.

D. José-Román Flecha Andrés

sábado, 1 de octubre de 2016

EL FRUTO DE LA FE

 

Homilía para el Domingo 2 de Octubre de 2016. 27 del Tiempo Ordinario, C.

“El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por la fe”. Así concluye el texto del profeta Habacuc que se lee en la celebración de la Eucaristía de este domingo (Hab 2,4). Como sabemos, el texto original venía a decir que el final del malvado es la muerte. Pero el justo alcanzará la vida por su “fidelidad”.

Para el profeta, la fe se entiende como la espera atenta del que confía en las promesas de Dios y no se desalienta ante su aparente silencio. No basta con creer que hay un solo Dios. En la carta de Santiago se nos dice que “también los demonios lo creen y tiemblan” (Sant 2,19). La fe ha de traducirse en la fidelidad diaria a la voluntad y al ritmo de Dios.

Se repite con frecuencia una célebre frase de la santa Madre Teresa de Calcuta: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. Así es y así lo anunciamos.

LA ORACIÓN Y LA FE

También en el evangelio que hoy se proclama reaparece el tema de la fe. Ahora son los apóstoles los que se dirigen al Señor para suplicarle: “Auméntanos la fe” (Lc 17, 5). La fe no se pesa ni se mide. No es una realidad cuantitativa, sino cualitativa. Esta petición incluye algunas sugerencias que no deberíamos olvidar

Con esta súplica, los apóstoles dan a entender que ya han comprendido que la fe es un don. Es un agua viva que mana de la fuente misma de Dios. Es un don que no se puede imponer, pero tampoco se debe impedir. Hay que suplicarlo con una oración persistente y confiada y hay que procurar mantenerlo con una dedicación agradecida y activa.

Por otra parte, la petición de los apóstoles nos dice que en el camino de los seguidores del Señor, la fe es siempre poca. Jesús ha llamado a veces a sus discípulos “hombres de poca fe”. Por mucha responsabilidad que tengan los llamados, siempre habrán de reconocer que su fe es débil y manifiestamente mejorable.

EL SEÑOR Y LOS SIERVOS

Hay otra sugerencia en este evangelio. Jesús dice que basta un granito de fe para trasladar una montaña. ¿Es una exageración? No, es una imagen. Trasladar la montaña es dejar nuestro orgullo y convertirnos en siervos de los demás. Con la humildad de los que dicen: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,10).

“Somos unos pobres siervos”. Así pues, la fe no se manifiesta en nuestras proclamaciones ni en el ministerio que se nos ha confiado.. Ni siquiera en la exactitud con que practicamos los ritos sagrados o en la belleza de nuestras ceremonias. La fe se hace realidad en el constante servicio a los hermanos.

“Hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Ahora bien, tampoco el servicio puede convetirse en otro motivo para reclamar la gratitud y el reconocimiento social. Dios nos ha amado gratuitamente. Si nuestro servicio al prójimo es interesado ¿quién se va a creer que nuestra fe puede mover las montañas?

Señor Jesús, también nosotros te pedimos como los apóstoles de la hora primera: “Auméntanos la fe”. Danos fuerza para llevarla a las tareas de cada día. Y danos también la alegría para dar testimonio de ese don. Tú nos lo has concedido para hacernos fieles y felices. Y para que tratemos de mejorar este mundo nuestro. ¡Bendito seas!

D. José-Román Flecha Andrés

sábado, 24 de septiembre de 2016

EL RICO Y EL POBRE

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Homilía para el Domingo 25 de Septiembre de 2016. 26 del Tiempo Ordinario, C.

“Os acostáis en lechos de marfil…, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo…, bebéis vinos generosos… y no os doléis de los desastres de José” He ahí un resumen de las invectivas de Amós contra los ricos egoístas de Samaría. Su tranquilidad no los librará de tener que salir muy pronto hacia el destierro (Am 6, 4-7).

El profeta-pastor se escandaliza no sólo por la comodidad de los ricos de Samaría, sino, sobre todo, por la indiferencia con la que tratan de ignorar las desgracias padecidas por las gentes de las tierras de Efraím y Manasés. Pagarán su insensibilidad con la deportación.

En ese contexto, es muy significativa la exhortación da san Pablo a Timoteo: “Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza” (1 Tim 6, 11). No podemos olvidar el salmo que hoy cantamos: “El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos”(Sal 145, 7).

EL MÁS ACÁ Y EL MÁS ALLÁ

El evangelio de Lucas nos presenta hoy la parábola del rico y el pobre (Lc 16, 19-31). Solo un manuscrito le adscribe al rico el nombre de Neves, que algunas tradiciones entienden como despectivo. El pobre se llama Lázaro, que significa “Dios ha ayudado”. Además de esta diferencia, la parábola contrapone dos escenarios y tres tiempos.

El primer cuadro refleja la vida de cada día. Vemos que el rico se viste de púrpura y de lino y goza de espléndidos banquetes. El vestido y la comida revelan la riqueza de que goza. Por el contrario, el pobre yace a su puerta, cubierto de llagas, que lamen los perros, y con ganas de saciarse de las migajas que caen de la mesa del rico.

El segundo cuadro se abre al más allá de la muerte. El rico está en los infiernos. Reconoce al padre Abrahán. Y le ruega que envíe a Lázaro para que le refresque la lengua. Abraham lo reconoce como hijo, pero le explica el cambio de la suerte: él, que tuvo bienes en vida, ahora padece mientras que Lázaro, que solo tuvo males, ahora encuentra consuelo.

LA ESCUCHA Y LA SEÑAL

En la parábola hay todavía un tercer tiempo, en el que el rico intercede por sus hermanos. Si Abrahán les envía a Lázaro como mensajero, tal vez recapaciten y puedan evitar caer en el mismo lugar de tormento. Y aquí se mencionan otras dos respuestas de Abrahán:

“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. En la Biblia tiene una gran importancia la “escucha” de la palabra de Dios. En escuchar y cumplir esa palabra está la salvación. Por eso es preciso preguntarse qué es lo que nos impide escucharla.

“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. El pecado y la tibieza nos impulsan a vivir a la espera de una señal “especial” de Dios para decidirnos a cambiar de vida. Pero la señal ya se nos ha ofrecido.

Señor Jesús, bien sabemos que la señal divina es la presencia humana del pobre. Así lo indicaban la Ley y los profetas. Y así nos lo has enseñado tú con tu ejemplo y tu palabra. No permitas que caigamos en el doble pecado de la satisfacción y la indiferencia. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.


D. José-Román Flecha Andrés

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¡FELICIDADES Mª ANGUSTIAS!


Ayer tarde, el Grupo de Catequistas de nuestra Parroquia sorprendió a su coordinadora Mª Angustias Canales con la celebración de una pequeña merienda con motivo de su jubilación como maestra en el Colegio Poeta Molleja.


Mª Angustias es una mujer de Parroquia, una "todo terreno" que lleva coordinando muchos años la catequesis de Primera Comunión.


Vital, sencilla, trabajadora y siempre atenta a las necesidades de todos.


Gracias por tu labor, por tantos años enseñando a las personas del futuro.
Ahora toca seguir trabajando por formar a los más pequeños en la fe.

¡MIL GRACIAS Y ENHORABUENA!

¿QUIÉN NOS APARTARÁ DEL AMOR DE CRISTO?

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