domingo, 2 de agosto de 2026

¿QUIÉN NOS APARTARÁ DEL AMOR DE CRISTO?

 

Reflexión Evangelio Domingo, 2 de Agosto de 2026. 18º del Tiempo Ordinario.
“Estamos hechos para ser amados y para amar”
La primera lectura de hoy nos ayuda a pensar en un alimento espiritual. El profeta Isaías refiere estás palabras de Dios: “¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprar trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde”. El alimento espiritual no tiene costo, no se puede vender como el alimento material: es un don de Dios, que se comunica en la Iglesia a través de los sacramentos y que alimenta a las almas, dando fuerza, luz y paz interior.

El profeta insiste en la de acoger el don de Dios, que, en el fondo, es uno solo: el amor que viene de Él y que desea transformar nuestra vida. Este amor pasa a través del corazón de Jesús y trata de un alimento maravilloso que nos nutre. Nos recuerda que estamos hechos para ser amados y para amar, en unión con Dios y con Cristo.

La segunda lectura nos recuerda el valor y el poder de este amor. Pablo afirma: “Quién nos apartará del amor de Cristo?”. Y el apóstol enumera una serie de dificultades, pero concluye: “En todas esas circunstancias vecemos de sobre gracias al que nos amó”. Percibimos aquí la fuerza contenida en el amor que nos da Dios por medio del corazón de Cristo. Es una fuerza que supera todos los obstáculos, que nos proporciona la capacidad de transformar en bien todas las situaciones, incluso la más negativas, además, vivir como oportunidad de crecer, madurar en el amor.

“Dadles vosotros de comer”
“Una frase para cada uno de nosotros”
En el evangelio, se nos narra la actitud más profunda del Señor ante sus hermanos los hombres, especialmente los necesitados: “Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos”. La traducción no es totalmente exacta y puede debilitar el sentimiento de Cristo. “Lástima” en español, puede quedarse en algo superficial ante la vista de una situación desagradable de alguien o, incluso, en un sentimiento en cierto modo humillante para el otro y, por eso, decimos: “no necesito tu lástima, sino amor, o justicia”.

Pero el texto original griego es mucho más fuerte, profundo e involucra hasta el fondo a la persona de Jesús. Había que traducirlo como: “se le conmovieron las entrañas”, al igual que una madre encinta siente en sus entrañas a su criatura.

Por eso, los sentimientos de Jesús lo llevan a la acción curativa, a darse cuenta, después, de que la multitud necesita de comer. Y no quiere actuar solo. Desea que sus discípulos sientan lo que él y se comprometan en acciones concretas: “Dadles vosotros de comer”.

“Dadles vosotros de comer”. Es una frase que cada uno de nosotros debe oír como dirigida a él. Si queremos ser cristiano, cuando encontremos a personas que se encuentran en necesidad, debemos preocuparnos de ellas y hacer lo posible para poner remedio a sus necesidades.

A Santo Domingo se le define como un hombre compasivo, que supo responder con creatividad ante las necesidades de los pobres de su tiempo. Sigue siendo modelo permanente para la familia dominicana y para todos los creyentes, saber encarnar el evangelio en el tiempo histórico. Que el ejemplo de Jesús y Santo Domingo nos inspire a ser más compasivos y generosos con los demás, confiando en que Dios puede hacer mucho con poco.

Generosidad: El episodio de la multiplicación de los panes y los peces nos invita a reflexionar sobre nuestra propia generosidad y disposición a compartir lo que tenemos con los demás. Con pocos recursos -cinco panes y dos peces- Jesús alimenta a una gran multitud, demostrando que en sus manos lo poco se convierte en abundancia para todos. La actitud de Jesús es siempre la de dar, y nos dice: “es más feliz el que da, al que recibe”.

Jesús tomará el pan en la Última Cena, lo partirá y, después de haber pronunciado la bendición, lo dará a sus discípulos diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía” (Lc 22, 19). Lo que significa que esta acción de Jesús se debe multiplicar. Y, en efecto, continúa multiplicándose hoy de una manera cada vez más abundante y generosa.

Ese es nuestro reto hoy y que señala muy aguda y profundamente el Papa León XIV en su encíclica “Magnífica humanitas”. Frente a un peligro real de una civilización del descarte de los vulnerables y de una tranquilidad ficticia de los poderosos que utilizan la técnica para despersonalizar a las personas y monopolizar el poder, predica una opción distinta y comprometida en el día a día.

Nos dice el Papa en el número 186 de esa encíclica: “Hoy debemos recuperar con fuerza esta visión: la civilización de amor no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente. Consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia, en dar cuerpo institucional a la fraternidad y en considerar al otro -ya sea persona o pueblo- como un aliado necesario para la construcción del bien común. Como nos ha recordado la encíclica “Fratelli tutti”, sólo este amor social, capaz de convertirse en cultura y norma, puede generar un orden internacional estable, transformando la convivencia de simple coexistencia armada en comunidad de destino”.

Que el ejemplo de Jesús, beata Juana de Asa madre de Santo Domingo de Guamán que hoy la familia dominica conmemora, nos inspire a ser compasivos y generosos con los demás, confiando en que Dios puede hacer mucho con poco.

Nos puede ayudar a seguir la reflexión: ¿Somos movidos por la compasión hacia aquellos que nos rodean? ¿Confiamos en la providencia de Dios para satisfacer las necesidades de todos? ¿Qué ponemos como comunidad para que en nuestro barrio nadie viva indignamente?

Fr. Leoncio Vallejo Benítez O.P.

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