Reflexión Evangelio Domingo 28 de Diciembre de 2025. Solemnidad de la Sagrada Familia.
"José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche,
se fue a Egipto"
La familia conformada por Jesús, María y José se nos presenta como modelo de familia cristiana, pero no podemos obviar que era una familia judía, como muchas otras en su tiempo. Una familia de la cual poco sabemos salvo las pinceladas que recogen los textos bíblicos. José desaparece de la escena muy pronto, se menciona en algunos pasajes revelando se talante y actitud. De María, conocemos un poco más por el evangelista Lucas y, por lógica, de Jesús sabemos vastísimamente.
A partir de cómo se presenta estas figuras por separado, podríamos inferir cómo habrá sido la vida de aquella familia judía que con alta probabilidad participaba de la estructura y dinámica relacional de toda familia judía: familias extensas en convivencia con otros parientes y viviendo, como no puede ser de otro modo, dentro del contexto religioso y cultural del momento.
Hoy podemos asomarnos a la personalidad de José quien se presenta como hombre justo, diligente—toma al niño y a su madre y huye a Egipto—, y, sobre todo, en sintonía interior con el querer de Dios revelado en sueños. Es un hombre que va transformado la mirada para ir más allá de lo aparente e ir profundizando en la realidad del plan de Dios hasta comprometerse con él. María, con su fíat, dispone su ser mujer, en diálogo transparente y confiado, al Dios que la habita, actualizando su hágase en medio de los avatares de su vida pobre, campesina y periférica. Y en Jesús, el profeta de Nazaret, descubrimos la plenitud de lo humano a través de un talante vital que desborda cercanía, compasión y misericordia.
"Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la
tierra de Israel"
No cabe duda que dicho talante se ha nutrido del espacio familiar: allí ha podido Jesús entrenar la mirada y vislumbrar, quizás, una manera distinta de situarse delante de Dios hasta sentirlo como Abba suyo y de todos; su manera de acercarse especialmente a la mujer, al sufriente, al pecador público pudo haberlo bebido de su educación en el hogar de Nazaret—tal como ocurre con todos nosotros, pues la familia de origen va anclada, por así decirlo, a nuestro corazón y no podemos desembarazarnos de lo recibido con facilidad—.
Quizás, una toma de consciencia importante para vivir esta fiesta con respeto y profundidad es acercarnos a la familia de Nazaret en su contexto y en sus claves particulares para, desde ahí, dejarnos interpelar por su riqueza atemporal. En este sentido, lo que podemos aprender de la Sagrada Familia para las familias de hoy es acoger lo recibido y transformarlo, tal como hizo Jesús: acogió lo recibido y lo transformó de cara a su misión. Lo que ha podido beber en el seno familiar le ayudó a transmitir la Buena Noticia, ha configurado su carácter y su manera de situarse en el mundo y en aquella sociedad judía del siglo I.
Hoy, aunque parezca baladí, es un ejercicio necesario que deben saber llevar a cabo los miembros de la familia en tanto sistema que se nutre y desarrolla dentro de distintos ambientes, tanto el que le es próximo, al interno de la vida familiar, como el externo que se configura de la comunidad, la sociedad y sus instituciones.
"Avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció
en una ciudad llamada Nazaret"
De igual modo, la liturgia de la palabra, especialmente el evangelio, nos recuerda la importancia en la familia de hoy de recuperar las estructuras o de mantenerlas y de ir quizás un poco a la contra de esta sociedad líquida comunicando solidez en el ámbito familiar. Y no es que la estructura de por sí lo haga, pero es lo que posibilita vínculos significativos y un espacio de crecimiento personal.
Algo particularmente hermoso de la familia conformada por Jesús, José y María es que vivían a partir de algo más grande que les trascendía: a José en sueños se le revela la voluntad de Dios para con su familia y María que también se dispone a algo más grande—ser la Madre de Dios— llevará a cabo el plan de Dios dentro de su familia. Jesús es el Mesías esperado y, sin embargo, el evangelio dice que vivió sometido a sus padres mientras crecía en gracia y sabiduría.
En cualquier caso, es una familia abierta a algo más grande. Dios convoca a la familia para que viva desde ella su plan de salvación. Y eso es una paradoja hermosa porque dentro de ella y más allá de ella es donde la familia ha de realizar su misión para que trascienda el evangelio como lo hizo Jesús de Nazaret, quien luego termina diciendo: mi madre y mis hermanos y mi padre son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Sin duda alguna habrá visto aquel escuchar la palabra y vivirla en José y María de Nazaret.

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