sábado, 27 de enero de 2018

EL PROFETA ANUNCIADO


Reflexión Homilética para el Domingo 28 de Enero de 2018. 4º del Tiempo Ordinario.

“Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas”.  Este texto del Deuteronomio, que se proclama en este domingo del tiempo ordinario (Dt 18,15-20), recoge una promesa que Moisés dice haber recibido del mismo Dios.

El pueblo de Israel ha de saber que le será enviado un profeta semejante a Moisés. Él transmitirá las palabras de Dios. Gozará de la autoridad que el Señor le concede. Y el pueblo será responsable de escuchar su mensaje.

En consonancia con esa promesa, el salmo responsorial nos lanza una advertencia siempre necesaria: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón”.

En la segunda lectura, evocamos de nuevo las observaciones que san Pablo envía a los Corintios con relación al matrimonio (1Cor 7,32-35).

LA CONFESIÓN

El evangelio sitúa a Jesús y a sus discípulos en la ciudad de Cafarnaúm (Mc 1,21-28). Es un día de sábado. Y Jesús es invitado a enseñar en la sinagoga. Los asistentes “se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad”.

Pero hay un gesto que acompaña a las palabras. En la sinagoga hay un hombre enfermo. En aquel tiempo se pensaba que tenía un espíritu malo. De alguna forma era un marginado en la sociedad.  De pronto se dirigió a Jesús gritando:

- «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Una vez mas una confesión de fe se pone en boca de la persona más inesperada. En un hombre que se supone dominado por un mal espíritu.

- «Cállate y sal de él». Esta es la tajante respuesta de Jesús. Como se puede observar, aquel que es la palabra viviente de Dios es capaz de imponer el silencio a los espíritus del mal, que se manifiestan precisamente en un lugar santo y en un tiempo sagrado.

LA ATENCIÓN

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió de aquel hombre. El hecho era sorprendente. Así que todos los asistentes hicieron algunos comentarios que revelaban su admiración:

- “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo”. La admiración es el principio de la sabiduría y de la fe. Reconocer la novedad del Evangelio es un buen punto de partida para aceptar la fe y para tratar de comunicarla. Jesús es el profeta anunciado por Dios a Moisés.

- “Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”. El Señor es más fuerte que el mal. Los espíritus inmundos no pueden hacer daño a quien se confía con fe y con esperanza al amor de Dios que se ha manifestado en Jesucristo.                                                                                                          
Señor Jesús, también ante nuestros ojos se manifiesta cada día la belleza de tu palabra y la misericordia de tus actuaciones. No queremos vivir en la indiferencia. Queremos prestar atención a tus gestos y tus palabras. Amén.

                                                       D. José-Román Flecha Andrés

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