sábado, 2 de julio de 2016

ELECCIÓN Y MISIÓN



Homilia para el Domingo 3 de julio de 2016, 14 Tiempo Ordinario, C.

“Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría los que por ella llevasteis luto…” Con esta exultante invitación a la alegría se abre el texto, tomado del libro de Isaías, que hoy se proclama en la primera lectura (Is 66,10).

Ha pasado el exilio del pueblo hebreo en Babilonia. Hay que olvidar el pasado y soñar en el futuro. Hay que soñarlo con esperanza, diseñarlo con alegría y construirlo con paciencia. La alegría es como el eslabón que une a la esperanza y a su hermana la paciencia. O tal vez es el fruto de la colaboración entre ambas hermanas.

Claro que no podemos pensar que todo ese proceso se debe a nuestras propias fuerzas. En el final de la carta a los Gálatas, san Pablo nos recuerda que es preciso cultivar una cuarta virtud: la humildad: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gál 5,14).

COMUNIÓN Y FRATERNIDAD

Pues bien, ese abanico de actitudes se refleja también, y con creces, en el evangelio que hoy se proclama (Lc 10,1-12.17-20). En él se nos recuerda que, además de contar con sus apóstoles más cercanos, Jesús eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares, adonde pensaba ir él.

A propósito de este texto evangélico, el Papa Francisco ha anotado que Jesús no es un misionero aislado. No quiere realizar a solas su misión. Decide contar con la colaboración de sus discípulos para anunciar el Reino de Dios. El gesto es muy significativo. Jesús quiere difundir el amor de Dios ya con el mismo estilo de la comunión y la fraternidad.

El relato subraya las cualidades que se requieren del discípulo. Ligereza para anunciar la llegada del Reino de Dios. Pobreza para no confiar tan solo en sus instrumentos, sino sobre todo en el mismo mensaje que anuncia. Generosidad para llevar la palabra y los gestos de la paz a todas partes. Sencillez para aceptar la hospitalidad. Y libertad para dejar los lugares en los que no se acoja su palabra.

SALIDA EN HUMILDAD

Finalmente, el texto deja constancia de la alegría con la que los discípulos volvieron dando cuenta de sus éxitos al Maestro que los había enviado. Jesús se congratula con ellos y les asegura el poder que les ha confiado. Pero eleva sus miradas hacia otros horizontes:

“No estéis alegres porque se os someten los espíritus”. Es cierto que el anuncio del Evangelio produce frutos asombrosos, aun en una sociedad laical. Con demasiada frecuencia, medimos nuestros esfuerzos con los criterios habituales en nuestro ambiente. Nos tienta la mundanidad. O el ansia de protagonismo.

“Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”. La alegría distingue a los creyentes y a los que anuncian el evangelio. Pero la alegría no se identifica con las satisfacciones inmediatas. San Pablo recuerda la presencia de la cruz. Y Jesús nos invita a mirar al cielo. Es decir, a reflexionar sobre el proyecto de Dios y la meta a la que tendemos.

Señor Jesús, te agradecemos que hayas querido contar con nosotros para anunciar el mensaje del Reino de Dios. Ayúdanos a salir sin demora, sin ascos y sin miedos, con esperanza y alegría, con generosidad y humildad, para que tú seas conocido y acogido en todo el mundo. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés

domingo, 26 de junio de 2016

LLAMADA Y SEGUIMIENTO


Homilía para el Domingo 26 de junio de 2016, 13 Tiempo Ordinario, C.

“Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.” Con esas palabras responde Eliseo a la llamada que le dirige el profeta Elías. Efectivamente, Elías le concede ese permiso, Eliseo ofrece un convite a su gente y vuelve para seguir al maestro que lo ha llamado. Así se nos cuenta en el texto que se lee en la primera lectura de este domingo (1 Re 19,16b.19-21).

El profeta Elías había sido llamado por Dios para defender la fe de su pueblo. Una fe que se veía amenazada por el culto a Baal, que había introducido la reina Jezabel. Después de un tiempo pasado en el silencio, a orillas del torrente, aquel profeta, tan austero como celoso, había cumplido con fidelidad la misión que le había sido encomendada.

Pero ahora llegaba la hora de su partida. Y el Señor que lo había llamado, le ordenaba que ungiera a Eliseo como profeta y sucesor suyo. El mensaje había de sobrevivir al mensajero. Si Elías había defendido la majestad de Dios, Eliseo había de manifestar su misericordia. Ambos profetas obedecían al impulso del Espíritu de Dios.

ACOGIDA Y SEGUIMIENTO

Al Espíritu se refiere también san Pablo cuando exhorta a los Gálatas a no dejarse guiar por los deseos y los instintos inmediatos: “Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne… Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley” (Gál 5,13-18).

El instinto de la ira domina aún en Santiago y Juan. Desearían castigar a las gentes de aquel poblado de Samaría que se negó a acoger a Jesús y a sus discípulos cuando se dirigían a Jerusalén. Las diferencias culturales y religiosas, los recelos y los prejuicios no permitían a los unos la hospitalidad mientras que sugerían a los otros el desquite (Lc 9,51-62).

Pero el evangelio de hoy no se refiere solamente a estos dos discípulos que todavía no han asimilado el espíritu de su Maestro. El texto presenta a otros tres que podrían haber seguido el camino del discipulado. Al primero, Jesús le revela su propia pobreza. No tiene donde reclinar la cabeza. Al segundo le recuerda la primacía del anuncio del reino de Dios.

SEGUIMIENTO Y GENEROSIDAD

El relato evangélico que hoy se proclama trata de presentar algunas formas de vocación que debieron de repetirse una y otra vez en las primitivas comunidades cristianas. De hecho, se concluye con el diálogo entre un tercer candidato y el mismo Jesús:

• “Te seguiré Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia”. Con esta frase el texto evangélico nos recuerda el gesto filial de Eliseo. En la comunidad de Israel era muy importante el respeto a los padres y la vinculación con la familia de origen. Este candidato quiere seguir a Jesús, pero no quiere ignorar a su gente.

• “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. La respuesta de Jesús se diferencia de la respuesta del profeta Elías. Jesús no condena las atenciones de una persona a su familia. Pero ayuda al candidato a comprender la radicalidad de la vocación al seguimiento del Mesías.

Señor Jesús, te damos gracias por habernos llamado a seguirte en la misión que te ha sido confiada. Tus gestos y tus palabras llenan nuestro corazón y nos seducen. Ayúdanos a comprender que el seguimiento exige una disponibilidad generosa.
D. José-Román Flecha Andrés

¡SIEMPRE AGRADECIDOS!

La comunidad parroquial de Villa del Río, despidió ayer al Sacerdote D. Douglas González que nos ha acompañado este mes de Julio. Hay person...