Este sábado a las 5'30 arrancan los actos del 75 Aniversario de la hechura de Ntro. Padre Jesús Nazareno. El Señor será trasladado a la Parroquia para celebrar un quinario durante la semana siguiente.
jueves, 26 de octubre de 2017
lunes, 23 de octubre de 2017
FESTEJANDO EL DÍA DEL DOMUND
El pasado domingo celebramos el Domund en nuestra Parroquia, es importante que todos, y en especial, los más pequeños y los que va a recibir la primera comunión tengan conciencia de este día tan importante para la iglesia misionera.
domingo, 22 de octubre de 2017
LA CUESTIÓN DEL TRIBUTO
Reflexión homilética para el Domingo 22 de Octubre de 2017. 29 del Tiempo Ordinario, A.
“Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios”. Un profeta anónimo presenta ya a Ciro, rey de los
persas, como el ungido del Señor (Is 45,5). Un título que se reservaba
anteriormente al rey de Israel.
Ciro ha sido elegido por Dios
para liberar a Israel y a los otros pueblos oprimidos por los babilonios. Es
verdad que él no conoce a Yahvéh, pero Yahvéh lo conoce a él. Lo conoce, lo
elige y le concede el poder para que lo use con justicia (cf. Is 41,2).
Sin embargo, ninguno de los
grandes y gobernantes de la tierra, puede atribuirse a sí mismo un poder que se
debe solamente a Dios. El poder se deslegitima a sí mismo cuando cae en la
tentación de divinizarse. Con razón el salmo responsorial proclama que “el
Señor es Rey, él gobierna a los pueblos rectamente” (Sal 95,10).
En su primer escrito, Pablo
menciona ya las tres virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Y además
recuerda a los fieles de la ciudad de Tesalónica que también ellos han sido
elegidos por Dios (1Tes 1,1-5), y guiados por la fuerza del Espíritu Santo.
ELOGIO Y PREGUNTA
En lugar de los sacerdotes y los
senadores del pueblo, en el texto que hoy se proclama los protagonistas son los
fariseos. Han buscado la forma para sorprender a Jesús y se dirigen a él con un
elogio y una pregunta (Mt 22,15-21).
“Maestro, sabemos que eres
sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad”. El evangelio de
Juan pone en boca de otro fariseo llamado Nicodemo ese mismo título y ese mismo
elogio (Jn 3,2). Los fariseos reconocen a Jesús como Maestro. Pero no se puede
olvidar que Jesús conoce su “mala voluntad”.
“Dinos qué opinas: Es lícito
pagar impuesto al César o no?” Jesús comprende que con esa pregunta vienen a
“tentarle”. No en vano han llegado acompañados por los partidarios de Herodes.
Si dice que sí, se enfrenta con el pueblo. Si responde que no, se enfrenta con
el imperio.
El escenario se presta a una
cuestión política. En realidad, los discípulos de los fariseos y los
partidarios de Herodes ni esperan ni pueden ofrecer a su pueblo la libertad.
Sólo desean lavar su propia imagen, comprometiendo a Jesús.
LA MONEDA
La respuesta de Jesús se articula
en tres partes: una interpelación, una pregunta y una exhortación:
“Hipócritas, por qué me tentáis?”
No importan tanto las palabras como las actitudes que esconden. Los fariseos
reconocen que Jesús dice la verdad. Pero Jesús conoce que ellos viven en la
mentira.
“¿De quién son esta cara y esta
inscripción?” La ley prohibía llevar imágenes. Pero los que presumen de cumplir
la ley olvidan sus preceptos cuando deciden utilizarla para sus manejos
políticos.
“Dad al César lo que es del César
y a Dios lo que es de Dios”. Ninguna frase evangélica ha sido tan manipulada
como esta. Si la fe no tiene por qué mezclarse en la política, tampoco los políticos
pueden instalarse en el puesto de Dios.
Señor Jesús, reconocemos tu
amor a la verdad. Perdona nuestra hipocresía. Y no permitas que subamos al
poder y a los poderosos al puesto que solo corresponde a Dios. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
sábado, 14 de octubre de 2017
INVITADOS A LA FIESTA
Reflexión homilética para el Domingo 15 de Octubre de 2017. 28 del Tiempo Ordinario, A.
“Aquel día preparará el Señor del
universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares
suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos
generosos” (Is 25,6). En este poema el profeta Isaías ve a Jerusalén como el
santuario al que se dirige la peregrinación de todos los pueblos.
Para todos los que llegan
cansados del camino, hambrientos y exhaustos, Dios tiene preparado un
espléndido banquete. Y no solo eso. El Señor liberará a los pueblos de su
ignorancia y de sus dolores. Es más: los liberará del último mal que es la
muerte. Dios invita a todos al festín de la vida y de la alegría.
A esa promesa, que se hace actual
en la eucaristía, respondemos con el salmo 22: “Tú bondad y tu misericordia me
acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años
sin término”. Como escribía san Pablo a los fieles de Filipos, también nosotros
podemos decir: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp 4,13).
UNA DOBLE INVITACIÓN
La comparación de la era mesiánica
con un banquete, utilizada ya por el poema del profeta Isaías y también por el
evangelio de Mateo (Mt 8,11-12), reaparece en el evangelio que se proclama en
este domingo. Un rey celebra la boda de su hijo y envía mensajeros a dos grupos
de invitados.
“Tengo preparado el banquete, he
matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. El
banquete mesiánico ha sido preparado directamente para los hijos del pueblo de
Israel. Dios les ha mostrado continuamente su predilección. No los llama a
sufrir como esclavos, sino a participar de la alegría de un banquete de bodas.
“La boda está preparada, pero los
convidados no se la merecían. Id a los cruces de los caminos y a todos los que
encontréis, llamadlos a la boda”. El texto indica que los hijos de Israel han
puesto sus excusas para no aceptar la invitación. Y el Rey convida a los de
fuera, es decir a los paganos. El banquete se abre a todos los pueblos.
EL VESTIDO DE BODA
La parábola señala que la sala se
llenó de comensales. Pero el rey repara en uno que no ha llegado con traje de
fiesta. Y lo interpela con seriedad:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí
sin el vestido de boda? Los cristianos venidos del mundo pagano podían sentirse
felices de haber heredado los bienes preparados para Israel. Pero no debían
continuar con los hábitos de su anterior paganismo.
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí
sin el vestido de boda? El Señor nos invita a todos a participar del banquete
de la gracia y de los sacramentos. Pero no debemos vivir esa vida nueva con las
actitudes del hombre viejo.
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí
sin el vestido de boda? Según el papa Francisco, la invitación al banquete es
gratuita, generosa y universal. Solo exige una condición: “vestir el traje de
bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo”.
Padre nuestro, tú sabes que con
frecuencia nos hemos sentido desorientados ante las encrucijadas de este mundo.
Te damos gracias por habernos invitado a la fiesta de tu Hijo. Ayúdanos a
vivirla con responsabilidad y con fidelidad. Por el mismo Jesucristo nuestro
Señor. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
viernes, 13 de octubre de 2017
miércoles, 11 de octubre de 2017
sábado, 7 de octubre de 2017
LA VIÑA Y LOS VIÑADORES
Reflexión homilética para el Domingo 8 de Octubre de 2017. 27 del Tiempo Ordinario, A.
“Voy a cantar en nombre de mi
amigo un canto de amor a su viña” (Is 5,1). Ese poema de Isaías sobre la viña
del amigo ha cautivado muchas veces nuestra fantasía. Hemos imaginado el viñedo
y el cercado, el lagar y la atalaya, desde la que el guarda vigilaba aquella
propiedad en la que el amigo había plantado cepas escogidas.
El dueño esperaba que le diera
las uvas más sabrosas. Pero al tiempo de la vendimia solo encontró agrazones.
Con aquellas uvas agrias nunca podría tener un buen vino. El profeta explica
que la viña representa la casa y el pueblo de Israel. El Señor esperaba
encontrar justicia y sólo encontró maldad.
Ante esa historia de infidelidad,
sólo cabe rezar con el salmo 79: “Señor, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate;
ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste
vigorosa”. Escuchando la exhortación de san Pablo, deseamos tener en cuenta
todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable y laudable: todo lo que es
virtud (Flp 4,6-9).
DECEPCIÓN Y TRAICIÓN
Por tercer domingo consecutivo el
evangelio nos presenta otra parábola que utiliza la imagen de la viña (Mt
21,33-43). También en esta ocasión se dirige a los sumos sacerdotes y a los
ancianos del pueblo. El Maestro comienza evocando literalmente el canto de
Isaías a la viña del amigo. Pero pronto introduce su propia versión.
En el poema de Isaías la
decepción del dueño venía motivada por la frustración de sus esperanzas. Había
preparado su viña, pero no encontró las buenas uvas que esperaba. Israel no
había respondido a la elección de que había sido objeto.
En la parábola que expone Jesús,
ya no es la viña la que produce malos frutos. Es que los labradores encargados
de cuidarla se niegan a entregar los frutos a su amo. Y no solo eso, sino que
injurian y matan a los criados que el dueño de la viña les ha enviado.
Más aún. El dueño envía a su
propio hijo para recabar de los labradores los frutos que le corresponden. Pero
los labradores, sabiendo que es el heredero, lo sacan violentamente de la viña
y lo matan con la intención de hacerse con la propiedad.
EL RELATO Y SU SENTIDO
La lección de esta parábola está
clara. Dios ha enviado profetas a su pueblo, pero han sido maltratados. Ahora
envía a su hijo y también él será condenado a muerte.
“Cuando vuelva el dueño de la viña,
¿qué hará con aquellos labradores?” Esa es la pregunta que Jesús dirige a los
responsables de su pueblo. Con ella les ofrece una buena oportunidad para que
recuerden la historia pasada de su pueblo. Y también para que reflexionen sobre
su propia responsabilidad en el rechazo del Mesías.
“Arrendará la viña a otros
labradores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Esa es la respuesta de
los oyentes. Parece que ellos siguen pensando solamente en el relato sin pensar
en su sentido. No quieren comprender que el Maestro trata de evocar un pasado
que se va a convertir de nuevo en una escandalosa realidad.
Padre nuestro, también a
nosotros has confiado la tarea de cultivar tu viña y entregarte fielmente los
frutos que te corresponden. También nosotros despreciamos a los mensajeros que
nos envías e ignoramos el mensaje y la vida de tu Hijo. Perdona nuestra
infidelidad. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
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