sábado, 15 de julio de 2017

EL SEMBRADOR


Reflexión homilética para el domingo 16 de julio de 2017. 15 del Tiempo Ordinario, A.

“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is 55,10-11).

Al principio de este capítulo se invitaba a recibir la palabra de Dios, presentada con las imágenes del trigo, el vino y la leche. Todos los demás alimentos no podían satisfacer al hombre (Is 55,1-2). Ahora la palabra de Dios se presenta con la imagen de la lluvia que fecunda los campos. Así que el alimento y la fecundidad son los grandes dones de Dios.

Como el labrador espera una buena cosecha, “también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo” (Rom 8,23).

LA PARÁBOLA

El evangelio que se proclama en este domingo 15º del tiempo ordinario nos ofrece el conocido mensaje sobre el sembrador y la semilla (Mt 13,1-23). La primera parte se presenta como una parábola que refleja la decisión de Dios. El sembrador sale al campo y arroja la semilla. Dios no es tacaño en la sementera. Esparce su semilla con generosidad.

Las aves del cielo, las piedras y los abrojos representan serios inconvenientes para que la semilla produzca fruto. Estos obstáculos no pueden ser ignorados, pero no constituyen toda la realidad de los campos. Y sobre todo, no pueden frustrar las intenciones del sembrador. Siempre hay una porción de buena tierra que acoge la semilla y la ayuda a germinar.

A pesar de todas las dificultades, el sembrador desea que su palabra produzca un fruto abundante. Nada puede hacer fracasar sus proyectos y esperanzas. El ejemplo de Dios no puede quedar en el olvido. Como él, tambien nosotros “sembremos en los hombres el ejemplo de obras sinceramente buenas”, como dice san Bernardo.

LA ALEGORÍA

La segunda parte del texto evangélico se nos presenta como una alegoría que refleja las actitudes de los hombres que reciben la palabra de Dios.

Algunos escuchan la palabra del reino, pero no la entienden. Viene el maligno y roba lo sembrado en su corazón. Les falta formación.

Otros escuchan la palabra y la acogen con alegría en su corazón. Pero son inconstantes ante la dificultad o la persecución. Les falta perseverancia.

Otros escuchan la palabra pero permiten que la ahoguen los afanes de la vida y la seducción de las riquezas. Les falta austeridad.

Otros escuchan la palabra, la acogen, la meditan, la difunden, dan un testimonio vivo de lo que ha producido en su vida. Solo les falta agradecer a Dios esos mismos dones.

Señor Jesús, tú has proclamado dichosos los ojos de los que te vieron y los oídos de los que te escucharon. Abre tú nuestros sentidos para que seamos conscientes del valor de tu palabra y demos el fruto que el Padre espera de nosotros. Amén.

D. José-Román Flecha Andrés

sábado, 1 de julio de 2017

MISIÓN Y HOSPITALIDAD


Reflexión homilética para el Domingo 2 de Julio de 2017. 13 del Tiempo Ordinario, A.

“Un día pasaba Eliseo por Sunem y una mujer rica lo invitó con insitencia a comer. Y siempre que pasaba por allí iba a comer a su casa” (2Re 4,8). Así comienza la primera lectura que se proclama en este domingo decimotercero del tiempo ordinario. El texto continúa con la referencia a dos datos importantes.

- En primer lugar esta mujer de Sunem sugiere a su marido preparar en la casa una habitación, para que el profeta Eliseo pueda hospedarse allí cuando pase de camino.

- En segundo lugar, Eliseo recompensa aquel gesto de hospitalidad con una solemne promesa: “El año que viene, por estas mismas fechas abrazarás un hijo”.

La mujer practica la hospitalidad con un profeta y él profetiza que el premio será el don de la vida. Con razón podemos “cantar eternamente las misericordias del Señor” (Sal 88).

El cristiano sabe que su fidelidad al Señor no quedará sin recompensa: “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6,8). A la hora del premio, Jesucristo no puede ser menos generoso que el profeta Eliseo

UNA FAMILIA UNIVERSAL

En el evangelio que hoy se proclama continúa el llamado “Discurso del envío” (Mt 10,37-42). Jesús no desprecia la familia humana. Pero, con un lenguaje interpelante establece una jerarquía de valores que incluye la radicalidad de la llamada.

La importancia de los lazos familiares pone de relieve esa mayor generosidad que exige el seguir al Maestro. Sin embargo, Jesús ofrece a sus discípulos la hospitalidad de una nueva familia universal que ni siquiera conocen todavía.

- “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”. He ahí una promesa que abre un espléndido horizonte a quien ofrece hospedaje al misionero, identificado con Jesús y con su Padre celestial.

- “El que recibe a un profeta… tendrá recompensa de profeta, y el que recibe a un justo tendrá recompensa de justo”. Es verdad que el amor auténtico florece en el terreno de la gratuidad. Pero Jesús no olvida pregonar la gratitud que alcanzará la hospitalidad.

LA PÉRDIDA Y EL HALLAZGO

Todo el texto evangélico juega con las paradojas y las contraposiciones. Evocar lo que se deja ayuda a subrayar el valor de lo que se encuentra. Los que tratan de seguir a Jesucristo no pueden olvidar ese contraste, esa trasmutación de los valores que proclaman sus palabras:

- “El que encuentre su vida la perdera”. Hay una avaricia que se manifiesta en abrazar con ansia todo lo que uno ha tratado de conseguir. Todo eso en lo que habitualmente se coloca la comodidad o el prestigio. Pero a fin de cuentas se descubre que ni la codicia genera dignidad, ni la traición al ideal comporta la felicidad.

- “El que pierda su vida por mí, la encontrará”. A veces hay que optar por un bien que no siempre parece razonable al observador. Si esa decisión acucia al investigador o al que entrega su vida por intentar defender a otra persona, mucho más relevante es para quien entrega su vida por Cristo y su mensaje.

Señor Jesús, tú nos llamas a seguirte con generosa radicalidad. Bien sabemos que los bienes que dejamos no dejan de ser bienes. Pero tú nos ayudas a comprender el bien incomparable de vivir tu vida y de entregar la nuestra por ti. Bendito seas, Señor.
 D. José-Román Flecha Andrés

sábado, 24 de junio de 2017

LA VIDA Y SU SENTIDO


Reflexión Homilética para el Domingo 25 de Junio de 2017. 12 del Tiempo Ordinario, A.

“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos” (Jer 20,13). Así termina la primera lectura que se proclama en este domingo duodécimo del tiempo ordinario. Antes hemos oído que Jeremías escuchaba los comentarios amenazadores de sus vecinos. Trataban de delatarlo, de atraparlo y de vengarse de él.

Esa situación no es exclusiva de Jeremías, La experiencia repetía en su pueblo que nadie es profeta en su tierra. También fuera de ella, quien anuncia la verdad y denuncia la mentira será acusado de no respetar el orden establecido. En algunos lugares el mensajero de la justicia es directamente asesinado. En otros, se comienza por declarlo “persona non grata”.

Muy oportunamente, en el salmo responsorial se nos invita a repetir una súplica cargada de confianza: “Que me escuche tu gran bondad, Señor” (Sal 68). Que nos alcance la gracia que Dios nos otorga por Jesuscritso, como nos dice san Pablo (Rom 5,12-15).

EL MIEDO Y LA LIBERTAD

La persecución aparece también en el evangelio que hoy se proclama (Mt 10,26-33). El texto forma parte del llamado “Discurso de envío”. Los discípulos de Jesús han de saber que la misión no va a ser fácil. En las exhortaciones de Jesús hay una advertencia y un aviso

Jesús advierte a sus discípulos que no han de tener miedo a los hombres, porque lo oculto y escondido llegará a saberse un día. Así que han de estar dispuestos a pregonar a la luz del día lo que Jesús les ha ido enseñando en privado.

Jesús avisa a sus discípulos de que no han de temer a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Así que han de saber valorar el tesoro de su libertad. La vida es importante, pero no deben ponerse en el peligro de perder el sentido último de la vida.

Las palabras de Jesús son una invitación a anunciar el mensaje con decisión y libertad. El mensajero podrá perder la vida en la misión, pero nadie puede arrebatarle el gozo de haber sido elegido para llevarla a cabo.

LA CONFIANZA Y LA FIDELIDAD

De todas formas, habrá ocasiones en las que los discípulos de Jesús se preguntarán si merece la pena arriesgar tanto por la misión que les ha sido encomendada. Jesús parece intuir ese titubeo y responde con una parábola y una promesa.

Todos conocen el precio de los gorriones que se venden en la plaza por una moneda insignificante. Pero de todos ellos se cuida el Padre. Con más razón se cuidará de los que han sido elegidos por Jesús. Hasta de sus cabellos lleva cuenta Dios. Así que han de caminar y vivir alimentando la confianza.

A lo largo de la misión, los enviados tendrán ocasiones de dar testimonio de su Maestro y ocasiones para renegar de él. Tendrán que aprender a optar. Y recordar que un día el Señor los reconocerá o los ignorará según su comportamiento. Así que han de caminar y vivir manteniendo la fidelidad a la llamada.

Señor Jesús, te agradecemos que nos hayas elegido para continuar tu misión en la tierra. Nos has recordado la atención que nos presta “nuestro Padre” y nos anuncias el premio que “tu Padre” concederá a nuestra lealtad. Ayúdanos a descubrir el sentido de la vida y a entregarla por ti si es preciso.

D. José-Román Flecha Andrés

miércoles, 21 de junio de 2017

ALTARES QUE DAN ESPLENDOR AL CORPUS




Altar de la Hermandad de la Humildad dedicado este año a la Virgen de Fátima con motivo del Centenario de las Apariciones.







Altar de la Hermandad de la Magdalena en la Casa de las Cadenas.





Altar de la Hermandad de la Soledad en la Calle Blas Infante.




Altar de la Hermandad de Padre Jesús Nazareno dedicado a la Divina Pastora con motivo  de los 100 Años del Colegio que lleva su nombre.


Altar de la Hermandad de la Paz y Esperanza en el Altozano.


Altares particulares en la calle Alta.


Altar de  Cultos de la Hermandad del Corpus.

domingo, 18 de junio de 2017

EL DON DE LA EUCARISTÍA


Reflexión homilética para la Solemnidad del Corpus Christi, A, Domingo 18 de Junio de 2017.

“Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer esos cuarenta años por el desierto… Él te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios” (Dt 8,2-3).

En los discursos del Deuteronomio se invita a Israel a la fidelidad al Dios de la liberación. En este caso se le recuerda el maná que sostuvo su dura peregrinación por el desierto. Aquel alimento había de ser una prueba del amor y de la providencia de Dios hacia su pueblo. Aún así, lo invitaba a reconocer el valor de la palabra de Dios.

Ante la indiferencia de algunos cristianos de Corinto hacia las necesidades de sus hermanos, san Pablo les recuerda que el cuerpo y la sangre de Cristo son fuente y estímulo de unión: “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan” (1Cor 10,17).

ALIMENTO Y CAMBIO

El evangelio que se proclama en esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo recoge una parte del discurso que, después del reparto de los panes y los peces, Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm (Jn 6,51-58). En él sobresalen dos temas importantes.

A la Samaritana, Jesús se revelaba como el que puede dar el agua de la vida. Ahora se revela como el pan vivo que da la vida. Sólo él puede calmar nuestra sed y saciar nuestra hambre. La carne y la sangre del Hijo del Hombre resumen su persona, su vida y su enseñanza. Son verdadera comida y verdadera bebida. Ahí está la verdadera vida y la promesa de la resurrección.

Jesús revela que su Padre vive y él vive por el Padre. Del mismo modo, quien se alimenta de Cristo, vive de Cristo, por él y en él. Como escribió Benedicto XVI, “no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; nos atrae hacia sí” (Sacramentum caritatis, 70).

RECUERDO Y ESPERANZA

En el discurso de Jesús hay una evocación del maná que alimentó a los hebreos. Y hay una promesa sobre la vida que comporta el alimento que Cristo es para el creyente.

“Este es el pan que ha bajado del cielo”. Los creyentes en Jesucristo no despreciamos el pan que nos viene de la tierra y del trabajo humano. Pero recibimos y agradecemos como un don impensable el Pan que nos ha venido del cielo, es decir de la bondad divina.

“No como el de vuestros padres que lo comieron y murieron”. Los seguidores de Jesús valoramos el camino de nuestros hermanos hebreos hacia la libertad. Pero sabemos y creemos que Cristo es el nuevo maná que alimenta nuestro camino de liberación.

“El que come este pan vivirá para siempre”. Los cristianos estimamos los deseos de vida y de progreso integral de todos nuestros hermanos. Pero creemos que el cuerpo y la sangre de Cristo son semilla de una vida que no tiene fecha de caducidad.

Señor Jesús, agradecemos y veneramos el don de tu Cuerpo y de tu Sangre. En ellos recordamos tu entrega, aprendemos a entregarnos por los demás y a vivir esperando tu manifestación gloriosa.

D. José-Román Flecha Andrés

domingo, 11 de junio de 2017

LOS DONES DE DIOS


Reflexión homilética Solemnidad de la Santísima Trinidad,  Domingo 11 de Junio de 2017. A.

“El Señor, el Señor: un Dios clemente y misericordioso, paciente, lleno de amor y fiel” (Ex 34,7). Así se presenta y se califica el mismo Dios en un momento especialmente dramático.

Adorando a un becerro de oro, el pueblo de Israel había quebrantado la alianza que Dios le había dispensado. Al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, Moisés lanzó contra las rocas las dos tablas de piedra en que estaban escritos los mandamientos.

Ahora Moisés vuelve a subir al monte Sinaí con las nuevas tablas de piedra, que sustituyen a las antiguas. El Señor se muestra benigno, compasivo y dispuesto a renovar la alianza. A Moisés solo le queda pedir al Señor que acompañe a su pueblo, aunque sea un pueblo obcecado.

Al final de la primera carta a los Corintios, san Pablo desea que el Dios Trinidad derrame sobre los fieles tres dones sagrados: la gracia de Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo (1Cor 13,11-13).

LA CONDENA

El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Santísima Trinidad recoge una parte de los comentarios que el evangelista añade a las palabras que Jesús dirige a Nicodemo (Jn 3,16-18). En este breve texto llaman la atención las alusiones a la condenación.

“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo”. Es bueno comenzar con esa afirmación. La misión de Jesús no tiene por objeto la condenación de este mundo. Bastaría saber que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien.

“El que cree en él no será condenado”. La fe en Jesucristo no se reduce a la afirmación de algunas verdades abstractas. Tampoco se limita a regular algunos ritos o ceremonias. Creer en Jesús es aceptarlo como Salvador. ¿Cómo va a ser condenado quien se identifica con él?

“El que no cree en él ya está condenado”. Nadie será condenado por no haber creído en Jesucristo. El mismo rechazo del Salvador ya es en sí mismo una lamentable condenación. Lo penoso de rechazar su Luz es haber elegido vivir en la tiniebla.

Y LA SALVACIÓN

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). La primera parte del texto evangélico de hoy es un maravilloso ventanal que nos abre al horizonte de los grandes dones de Dios:

El amor de Dios al mundo.” ¿Es que Dios puede dejar de amar al mundo que ha creado para derramar sobre él su bondad? El amor de Dios sostiene el mundo material y, más aún, el mundo social en el que nos insertamos.

La entrega de Jesús y la fe. Si el amor de Dios se muestra en la creación y en la providencia, se revela sobre todo en el envío de su Hijo. Creer es aceptarlo como Señor y Salvador de nuestra existencia.

La vida eterna. La vida es el primero de los dones de Dios. La vida humana ha de ser acogida con gratitud y responsabilidad. Pero saber que nuestra vida puede ser eterna en Dios es el mayor premio a esa fe, que también nos ha sido dada.

“Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.
D. José-Román Flecha Andrés

sábado, 3 de junio de 2017

EL DON DEL ESPÍRITU


Reflexión homilética para la Festividad de Pentecostés. Domingo 4 de Junio de 2017.

“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu los movía a expresarse”. Ese parece ser el primer efecto de la efusión del Espíritu sobre los discípulos del Señor en el día de Pentecostés (Hech 2,4).

El orgullo de querer ser como dioses había llevado a los hombres a la confusión de las lenguas. La humildad de los que han pasado por la prueba de ver morir a su Maestro y por el trance del miedo les lleva a unirse ahora en la misión de anunciar el mensaje del Señor.

El Espíritu se presenta con las imágenes del viento y del fuego. Arrastra las semillas y calienta los corazones. La efusión del Espíritu indica el ideal de la humanidad. Y representa también la plenitud de la Ley.

El Espíritu es el motor y garante de la unidad, el maestro de la oración, el impulsor de la misión. Nos llena de alegría leer que, según el apóstol Pablo, todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo a fin de formar un solo cuerpo (1Cor 12,13).

LA PAZ

El texto evangélico que se proclama en esta solemnidad de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos recuerda la primera manifestación del Resucitado a sus discípulos, reunidos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. La visita de Jesús les trajo la paz, los llenó de alegría y los preparó para el envío.

La paz no era tan solo la tranquilidad en el orden como decían los filósofos, los políticos y los estrategas. La paz que anunciaba el Cristo era la certeza de que se cumplían las antiguas promesas. Era la plenitud de los dones de Dios.

La alegría no era una simple superación de la angustia y del temor que había dispersado en huida a sus discípulos al ver a su Maestro apresado por la guardia de los sumos sacerdotes. La alegría era el fruto de la presencia del Señor resucitado.

Y el envío no era sólo la huida para poder liberarse de la persecución a la que serían sometidos muy pronto. Era la participación en la misión de su Señor. Era la ocasión para ser testigos de la vida y del amor hasta los últimos confines de la tierra.

EL PERDÓN

Jesús se presenta de pronto ante sus discípulos, atemorizados y sorprendidos, y alienta sobre ellos. Pero el gesto es acompañado por unas palabras inolvidables:

“Recibid el Espíritu Santo”. El soplo de Dios que se cernía sobre las aguas en el alba del mundo es ahora el soplo del Resucitado que crea una nueva tierra y una nueva historia.

“A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará”. Jesús no había venido a condenar, sino a salvar. En la nueva comunidad se hace presente el amor perdonador de Dios.

“A quienes retengáis los pecados, Dios se los retendrá”. Ante la continua tentación de justificarnos a nosotros mismos, todos necesitamos aceptar un juicio más imparcial.

Señor Jesús, sabemos que has entregado a tu Iglesia el don del Espíritu de la paz y del amor, de la gracia y del perdón. Te damos gracias. Y te pedimos que nos prepares para aceptar con diligencia el envío y la misión que tú nos confías. Amén. Aleluya.

                                                                                                                  D. José-Román Flecha Andrés

¡SIEMPRE AGRADECIDOS!

La comunidad parroquial de Villa del Río, despidió ayer al Sacerdote D. Douglas González que nos ha acompañado este mes de Julio. Hay person...