lunes, 23 de febrero de 2026

PRESENTADOS LOS CARTELES DE SEMANA SANTA 2026

Con un teatro lleno hasta la bandera, hace tan solo unas horas, ha tenido lugar la Presentación del Cartel de Semana Santa de nuestra localidad y el tradicional Concierto de Marchas Procesionales que abre el portón de la Cuaresma.
D. Francisco de Asís Sendra Montes, Vicepresidente de la Agrupación de HHCC, nos ha exhortado con las palabras del Papa León a potenciar la escucha y el diálogo con los demás.
Un bello repertorio y una magnífica ejecución de la AMC Puente Romano, ha creado el ambiente oportuno para descubrir el Cartel 2026 de D. Leandro Lara Quero que representa la Imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno en la Plaza de la Constitución. Dedicando este su premio a D. Francisco Tabares, gran organizador de la Exaltación a la Saeta y a nuestro Párroco Emérito, D. Manuel Tirado.
El cartel de la Semana Santa Chiquita 2026, corresponde al primer premio del concurso de dibujo de la Semana Santa del niño David Bermúdez Delgado, del Colegio "Divina Pastora", con la imagen del Stmo. Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo.
El acto ha estado presidido por D. Jesús Morales Molina, alcalde de Villa del Río, junto a ediles y miembros de la Corporación Municipal, D. Víctor J. Morón, Párroco de Villa del Río, D. Manuel Tirado, las Madres Religiosas de la Divina Pastora, así como los Hermanos Mayores de las diferentes Hermandades y Cofradías.


domingo, 22 de febrero de 2026

“NO TENTARÁS AL SEÑOR, TU DIOS”

Reflexión Evangelio Domingo 22 de Febrero de 2026. 1ºde Cuaresma.

“Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos”
El relato del pecado original, como todo relato mítico, recoge una profunda verdad: que la tentación es siempre un engaño. Nos promete plenitud, felicidad, sentido, verdad… y es una inmensa mentira.

Si caemos en ella, descubrimos que ese engaño nos lleva a todo lo contrario: al sufrimiento, el miedo, a perdernos a nosotros mismos. A perder no sólo la paz, sino todo lo que nos une a los demás y a nosotros mismos. A perder nuestra identidad. A perder a Dios.

Y toda tentación, todo pecado, viene de la misma clave: del engaño de que sin Dios seríamos más plenos. De no fiarnos de Él, de dudar de que sus planes para nuestra vida son los que realmente nos harían plenos, felices, llenos de vida. Por no fiarnos de Dios, por dudar de sus mandatos, lo perdemos todo. En pos de una quimera, caemos en el engaño. Perdiendo a Dios, perdemos lo que somos, para no ganar nada…

“…por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos”
Pero Dios no abandona al ser humano a merced de ese pecado. Toda la historia de la Salvación es un acercarse constante de Dios al ser humano para devolverle su identidad perdida. Para recordarle cómo vivir en plenitud desde la justicia y el amor, desde el perdón y la entrega.

Una historia de salvación la historia de la humanidad, que culmina en la encarnación del Hijo de Dios en Cristo, y de su entrega por amor hasta la muerte por el género humano, para acabar con esa huella de mal y de pecado del corazón del hombre, para reconciliarlo cada vez que sucumbe al engaño.

Eso dice Pablo en este pasaje de Romanos. Como por Adán entró el pecado –en el relato mítico escuchado en Génesis- por Jesús y su entrega de amor, llegó el perdón. La desobediencia de Adán y la obediencia de Cristo, la desconfianza del primer hombre, y la entrega absoluta y confiada de Jesús de Nazaret, verdadero Dios, pero también verdadero hombre.

“Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado”
La central declaración de nuestra fe es ésa: la condición de verdadero Dios y verdadero Hombre, en todo menos en el pecado, de Jesús de Nazaret.

Eso quiere decir que como verdadero hombre, aunque Él no cayó en la tentación, sí que fue tentado con las mismas tentaciones que cualquier hombre.

Este pasaje de Mateo nos habla de tres tentaciones, que recogen casi todas las tentaciones que el ser humano puede vivir. Son como las tres claves que subyacen a cualquier pecado humano: tener, parecer y poder.

“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”
Aquí nos habla de la tentación de tener en todo su más amplio espectro. La tentación de creer que las cosas saciarán nuestra hambre profunda de vida y de sentido, que consumiendo, cubriendo nuestras apetencias materiales, ya estaría la vida llena…

Olvidarnos de que el hombre vive de más cosas que sólo de tener, alejarnos de Dios tal cual nos hizo, con ese deseo profundo de Él y de amor, para pensar que las cosas materiales llenarán nuestra vida.

Renunciar a Dios como fuente de plenitud, para caer en la tentación de que lo que realmente nos haría felices no es Dios, sino tener, acumular, la comodidad, el placer… como este nuestro mundo constantemente nos dice.

“Si eres Hijo de Dios, tírate abajo y te sostendrán en sus manos sus ángeles”.
La tentación del parecer, del ser reconocido, del ser importante, de que nos quieran y nos valoren, de ponernos a nosotros mismos en el centro. El diablo le sube al alero del templo a Jesús para que todos puedan verlo y se asombren y lo adoren…

Y nos habla también de nuestros propios pecados. De hacer lo que sea para parecer importante, para que nos adulen, para que nos valoren, seamos considerados, seamos importantes…

Y olvidarnos de la humildad, de que lo pequeño es lo que llena el corazón del ser humano. Que no es en nosotros mismos donde hay que poner el foco, que cuanto más nos olvidemos de nosotros y más vivamos en don, en amor y en entrega, más realmente seremos quienes estamos llamados a ser. Olvidar la paradoja central del evangelio, que muriendo a nosotros mismos, es cuando más vivos estaremos. Quitar a Dios del centro para ponernos a nosotros…

“Todo esto te daré, si te postras y me adoras”
La tentación del poder, del dominio, de ejercer control para que el mundo, la vida, las cosas marchen y funcionen y se organicen como uno cree.

La tentación del tener razón siempre y que los demás nos hagan caso en todo. La tentación de ser dioses que ordenen la existencia según nuestros propios criterios.

La tentación de no aceptar que con otros, con sus propias ideas y criterios, se vive mejor. No aceptar ni la pluralidad, ni que hay una realidad creada por Dios de la mejor manera posible. Del individualismo salvaje de ser uno mismo lo más importante que existe y quien realmente sabe cómo todo iría mejor…

Olvidarnos que Dios es la realidad que mejor nos enseña cómo vivir en este mundo, para vivir según nuestros antojos

“He aquí que se acercaron los ángeles y lo servían”
Igual a todos los hombres fue Jesús en todo, menos en el pecado. No sucumbe al engaño, a la tentación, no olvida a Dios, y nos recuerda a quienes hoy escuchamos sus respuestas a cada tentación -No solo de pan vive el hombre; No tentarás al Señor, tu Dios; Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto- que la verdad frente al engaño y la mentira de la tentación, es que solo Dios puede dar la plenitud al ser humano.

Sólo la realidad de acoger y abrirnos a cómo nos ha hecho Dios, a cómo está hecho el mundo, solo aceptar eso, sólo buscar a Dios y su mensaje de cómo vivir desde el amor, es lo que puede llenar el corazón del hombre.

sábado, 14 de febrero de 2026

“NO HE VENIDO A ABOLIR LA LEY, SINO A DARLE PLENITUD"


Reflexión del Evangelio Domingo 15 de Febrero de 2026. 6º del Tiempo Ordinario.

“Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”

Estas palabras de Jesús debieron sorprender y desconcertar a sus oyentes. Jesús les invitaba a ellos, y nos invita a nosotros, a no entender la religión, o sea, la relación con Dios, de forma legalista, como el cumplimiento de una serie de preceptos y, mucho menos, como un cumplimiento de mínimos.

La religión no es una cuestión de medidas. Es una manera de ser, de vivir, de amar.

Jesús nos invita a ir a lo esencial, a lo que ilumina todo lo demás, a aquello sin lo que lo demás no tiene sentido, o se convierte en esclavitud insoportable y letra que mata. Y lo esencial, como dejó escrito el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium (n. 39) es “responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos”.

En el evangelio encontramos una serie de contraposiciones entre “lo que se dijo a los antiguos”, o sea, lo que dice la ley, y lo que dice Jesús. Este “pero yo os digo”, o sea, “por el contrario yo os digo”, debió resultar escandaloso, porque era una manera de reivindicar una autoridad superior a la de la ley recibida en el Antiguo Testamento.

No es cuestión solo de “no matar”, aunque con esto hayamos cumplido la ley; eso, sin olvidar que hay muchas maneras de matar cumpliendo la ley o, al menos, no quebrantándola, por ejemplo, cuando odio en mi corazón a mi hermano. Es cuestión de dar vida y buscar siempre el bien del prójimo, aunque muchas veces lo que el otro hace no nos gusta.

Se trata de adoptar siempre actitudes positivas e incluso de adelantarse y tomar la iniciativa ante la debilidad e incluso la malicia del prójimo, como queda claro en esta palabra de Jesús: “si cuando vas a presentar tu ofrenda te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, vete primero a reconciliarte con tu hermano”. Aquí no se dice quién tiene la culpa de que tenga algo contra ti. Quizás la culpa es del hermano, porque te tiene manía, o es un exigente, o un maniático, o siempre está pensando mal. Pues bien, aunque la culpa sea del hermano, tú debes buscar la reconciliación, sin esperar que él cambie o te pida primero perdón.

"Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no"

En el evangelio queda claro que Jesús nos invita a tomar la defensa de los débiles. Es el caso del repudio a la mujer o del divorcio. En tiempos de Jesús solo el varón tenía ese derecho; la mujer no tenía ningún derecho. El evangelio nos hace caer en la cuenta de que la mujer es igual al varón, con los mismos derechos y deberes.

Por otra parte, el matrimonio no se reduce a relaciones sexuales, sino a una relación de igualdad en el respeto mutuo, en la ayuda mutua, en la defensa mutua, sobre todo en la defensa del más débil; y en aquella sociedad el débil era la mujer, el niño, el huérfano, la viuda. El divorcio es un atentado contra el amor y, en todo caso, si se hiciera necesaria una separación porque el amor ha muerto, el mismo derecho tienen el varón y la mujer.

Dígase lo mismo a propósito del juramento. En cierto modo también es un atentado contra el amor. Allí donde hay relaciones sanas, donde hay fraternidad, donde hay capacidad de perdón, donde hay confianza mutua no es necesario ningún juramento. El juramento indica desconfianza, miedo a que el otro mienta. La lealtad debe regir las relaciones humanas.

Desgraciadamente, hoy el legalismo sigue presente en muchas partes. Fingir virtud o devoción es una tentación que acecha al hombre religioso. La expresión: “yo no mato, ni robo, ni hago mal a nadie”, demuestra que no se ha entendido el evangelio. Pues no se trata solo de no robar, sino de compartir generosamente.

Dígase lo mismo de la supuesta defensa de la ortodoxia, que hoy tiene muchos adeptos. Una ortodoxia, un conocimiento del catecismo sin misericordia, es una mala ortodoxia. Los piropos a la Virgen sin colmar de bienes a los hambrientos son ofensivos. En suma, lo más perfecto para Jesús no es lo que se atiene a las prescripciones legales, sino lo que renueva la vida, lo que la llena de felicidad, en definitiva, el amor. El amor crea y no destruye, cura y no hiere, comparte y no acapara, comprende y no juzga, perdona y no condena.

domingo, 8 de febrero de 2026

"SOIS SAL Y LUZ PARA EL MUNDO"

Reflexión Evangelio Domingo 8 de Febrero de 2026. 5º del Tiempo Ordinario.

"Esto dice el Señor: Parte tu pan con el hambriento"

La Palabra de Dios es este V Domingo del Tiempo Ordinario nos ofrece un mensaje claro y directo en favor de los más necesitados. Esta clarividencia se muestra con la serenidad que brota de las convicciones más profundas y que la experiencia de la sabiduría judeocristiana logra percibir en la realidad humana y sus circunstancias.

De este modo nos habla el profeta Isaías, cuando nos invita a «partir el pan con el hambriento, a hospedar a los pobres sin techo, a cubrir a quien va desnudo y a no destendernos de los nuestros», porque todo ser humano, independientemente de su condición, forma parte de nosotros, de cada uno. Todo ser humano ‘es de los nuestros’.

Esta visión universal de lo humano nos invita a salir de nuestro confort, de nuestras seguridades. Nos anima, incluso, a vencer nuestra propia egolatría y a romper nuestro propio narcisismo, cuando estamos demasiado concentrados en nosotros mismos y en nuestros propios problemas e intereses. No estamos llamados a vivir aislados; tampoco a buscar protagonismos personales, aquellos que nos lleven a pensar que somos mejores que los demás por el simple hecho de vivir más o menos cómodamente.

"Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo"

San Pablo, en su carta a los Corintios, se presenta débil y temeroso. No demasiado seguro de sí mismo, aunque convencido de lo que anuncia: «a Jesucristo y éste crucificado». El Apóstol adquiere en su vida personal la sabiduría de quién es consciente de que su predicación está en el poder y la fuerza de Dios, más que en sus propios méritos.

Ambos textos, el del profeta y el del Apóstol, nos ayudan a profundizar en el mensaje del evangelista Mateo. Mateo nos invita a ser ‘luz del mundo’ y ‘sal de la tierra’. Dos imágenes bíblicas para expresar cómo la acción de Dios y la respuesta humana son necesarias a la hora de avanzar en una mayor dignidad para todas las personas, especialmente para las más vulnerables y necesitadas. Isaías había constatado con sus propios ojos las carencias materiales de sus contemporáneos y nos hacía una llamada a la solidaridad humana como el mejor recurso para paliar las necesidades de quien las padece. San Pablo, en un proceso de interiorización remarcable, nos hacía la interpelación de no confiar en las propias fuerzas, sino en la dinámica de Dios que tiene la fuerza del Espíritu; una fuerza que actúa en nosotros desde la humildad integradora y no desde el propio protagonismo excluyente.

"Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo"
Esta síntesis espiritual nos ayuda a llevar a cabo en nosotros el mandato evangélico de ‘ser luz’ y de ‘ser sal’; porque, ‘ser luz’ es guiar a otros en la defensa de valores humanos imprescindibles para el desarrollo de los pueblos; es iluminar la inteligencia y la voluntad de las personas para la realización de buenas obras en favor del bien común. Evita la oscuridad estéril, terrible, y su consecuente desconfianza en las posibilidades de lo humano y su sinsentido. ‘Ser sal’ es preservar, proteger y cuidar la bondad de Dios, dando sabor evangélico a la vida para evitar, en la medida de lo posible, todo aquello que la corrompa. Ser sal es ser fermento de los valores del Reino. Evita la descomposición y su consecuente deshumanización.

La luz de los bautizados ha de brillar conforme a las claves que Mateo nos proclama en este Domingo. No es una Palabra vacía de contenido. Tampoco está fuera de la realidad. Su actualidad sigue moviendo la inteligencia y el corazón de muchos, cuando muestran con su compromiso diario ser ‘luz’ y ‘sal’ en este mundo tan necesitado de orientación y consistencia en los valores evangélicos del Reino. Cuando eduquemos, en palabras de María Montessori, para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz.

domingo, 1 de febrero de 2026

BIENAVENTURADOS

 

Reflexión del Evangelio Domingo 1 de Febrero. 4º Del Tiempo Ordinario.

El proyecto del Reino

Seguramente, si hiciéramos una encuesta espontánea entre la gente que nos rodea hallaríamos respuestas diferenciadas. Pero, con bastante seguridad, esas respuestas no serían coincidentes con la oferta de Jesús en el sermón de la montaña: ¿Feliz el pobre? ¿el que llora? ¿el hambriento?

Parece sensato pensar que nadie, en su sano juicio, se apuntaría a un proyecto que transitara por esos caminos. Sin embargo, el Reino de Dios, el ideal de la salvación presentado por Jesús avanza por esa senda. ¿Cómo es posible?

Al ver Jesús el gentío, subió al monte

Si nos fijamos en el texto de las Bienaventuranzas, la palabra del Maestro va precedida por una mirada. La observación de la multitud por parte de Jesús provoca su predicación. Dicho de otra manera, la contemplación de la situación vital de la gente, el paso por la situación concreta de las personas arranca del Nazareno la propuesta de cuál es el camino conducente a la salvación (el Reino de los cielos).

Esa mirada capta bien lo que el corazón humano busca y anhela: la felicidad, pero una felicidad con futuro, con valor para hoy y mañana. No lo olvidemos, el anuncio de la buena noticia nace de la observación de la realidad y quiere iluminar esa realidad. ¡Hemos de ser observadores de la realidad!

En el discurso de Jesús, este va aludiendo a diferentes situaciones existenciales. Unas se padecen. Otras están provocadas por una actitud proactiva. Aunque también es cierto que, en algún caso, se unen los dos caminos: se puede sufrir persecución, pero por luchar por la justicia.

Así es la vida humana: padecemos y actuamos. Seguramente, esto está apuntando a algo digno de consideración: en el camino de la salvación se combina siempre lo que depende de nosotros con lo que precede a cualquier toma de decisión. La salvación no es pura pasividad, sino es gracia que mueve nuestra libertad.

Bienaventurados

Todas esas situaciones descritas por Jesús tienen un rasgo común: son declaradas dichosas. Además, en un marco temporal que oscila entre el presente y el futuro.

La bienaventuranza de la pobreza está en presente, lo mismo que la de la persecución por la justicia. El resto están en futuro. La salvación que predica Jesús es de largo recorrido. No se refiere únicamente al más allá. Se inicia hoy y apunta a la eternidad.

Este horizonte es el tiempo de la salvación, que va al ritmo del Reino que ya ha comenzado con Jesús, pero que ha de llegar a su consumación escatológica. En este marco temporal no cabe el conformismo o la resignación.

Jesús no está consolando a los que aceptan en silencio su mal presente con la promesa de un más allá bendecido y maravilloso. Jesucristo declara que la persona está llamada a vivir la dicha ya, pero, además, a hacerlo con la esperanza de una felicidad total y completa. La propuesta es una propuesta de auténtica bienaventuranza.

¿Cómo se obtiene la felicidad?

La Buena noticia del Reino es dicha y gozo. Está destinada a todos. Pero, sin embargo, no todos la aceptan. De ahí que tenga unos destinarios a los que se dirige en primer lugar. Y es que para lograr alcanzar esta bienaventuranza (presente y futura) es preciso conectar con el Dios que revela Jesucristo.

Y eso implica transitar por una senda singular. Se trata de la senda por la que avanza el propio Maestro de Nazaret: la pobreza en todos los sentidos (incluida la humildad), el hambre de justicia y la lucha por la justicia, la paz, la misericordia, la limpieza de corazón… Quienes no aceptan la propuesta, ya hacen su elección. No es que Dios los rechace, ellos prefieren otros caminos de felicidad en los que no hay futuro.

Decíamos que había una pregunta que atravesaba las lecturas de este domingo: ¿cómo se obtiene la felicidad? La respuesta, según lo comentado, parece coherente: siguiendo a Jesús en su propuesta del Reino de los Cielos. Lo cual significa, entre otras cosas, abrazar la pobreza y la humildad, y así conectar con Dios, para, con su gracia, luchar por la justicia y la paz. Las lecturas de Sofonías y de Pablo ratifican esta respuesta.

Los empobrecidos y pequeños de este mundo

Una última consideración. La respuesta a la pregunta por la felicidad a la luz de la Palabra de este domingo dibuja un itinerario que hemos de reflexionar. El proyecto de las bienaventuranzas traza un movimiento singular: nace de la pobreza y la humildad para convertirse también en una lucha en favor de los empobrecidos y pequeños de este mundo.

Aquí es necesaria una explicación porque la pobreza parece ser una noción ambigua. Por una parte, es causa de bienaventuranza, pero, en otro momento, luchar por la erradicación de la injusticia, causa evidente de pobrezas, también es motivo de dicha.

Cabe pensar que hay algo así como una pobreza buena y una mala.

Desde un ángulo, la pobreza atrae al Dios de la salvación porque no quiere el sufrimiento del hombre. Por eso busca su liberación. Pero, desde otra perspectiva más espiritual, solo quien se sabe pobre tiene necesidad de Dios y puede dejar que entre en su vida.

Dos caras de la pobreza. La pobreza derivada de la injusticia, la que deshumaniza, ha de ser combatida. Los que participan de este espíritu, el de Dios, son bienaventurados (a pesar de las persecuciones). No obstante, la pobreza-humildad es la actitud que casa con la llegada del Dios del Reino. De ahí que esa pobreza también sea motivo de dicha y felicidad.

En cualquier caso, desde una vertiente u otra, la felicidad va por caminos de pobreza.