martes, 30 de diciembre de 2025
domingo, 28 de diciembre de 2025
"HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE"
Reflexión Evangelio Domingo 28 de Diciembre de 2025. Solemnidad de la Sagrada Familia.
"José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche,
se fue a Egipto"
La familia conformada por Jesús, María y José se nos presenta como modelo de familia cristiana, pero no podemos obviar que era una familia judía, como muchas otras en su tiempo. Una familia de la cual poco sabemos salvo las pinceladas que recogen los textos bíblicos. José desaparece de la escena muy pronto, se menciona en algunos pasajes revelando se talante y actitud. De María, conocemos un poco más por el evangelista Lucas y, por lógica, de Jesús sabemos vastísimamente.
A partir de cómo se presenta estas figuras por separado, podríamos inferir cómo habrá sido la vida de aquella familia judía que con alta probabilidad participaba de la estructura y dinámica relacional de toda familia judía: familias extensas en convivencia con otros parientes y viviendo, como no puede ser de otro modo, dentro del contexto religioso y cultural del momento.
Hoy podemos asomarnos a la personalidad de José quien se presenta como hombre justo, diligente—toma al niño y a su madre y huye a Egipto—, y, sobre todo, en sintonía interior con el querer de Dios revelado en sueños. Es un hombre que va transformado la mirada para ir más allá de lo aparente e ir profundizando en la realidad del plan de Dios hasta comprometerse con él. María, con su fíat, dispone su ser mujer, en diálogo transparente y confiado, al Dios que la habita, actualizando su hágase en medio de los avatares de su vida pobre, campesina y periférica. Y en Jesús, el profeta de Nazaret, descubrimos la plenitud de lo humano a través de un talante vital que desborda cercanía, compasión y misericordia.
"Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la
tierra de Israel"
No cabe duda que dicho talante se ha nutrido del espacio familiar: allí ha podido Jesús entrenar la mirada y vislumbrar, quizás, una manera distinta de situarse delante de Dios hasta sentirlo como Abba suyo y de todos; su manera de acercarse especialmente a la mujer, al sufriente, al pecador público pudo haberlo bebido de su educación en el hogar de Nazaret—tal como ocurre con todos nosotros, pues la familia de origen va anclada, por así decirlo, a nuestro corazón y no podemos desembarazarnos de lo recibido con facilidad—.
Quizás, una toma de consciencia importante para vivir esta fiesta con respeto y profundidad es acercarnos a la familia de Nazaret en su contexto y en sus claves particulares para, desde ahí, dejarnos interpelar por su riqueza atemporal. En este sentido, lo que podemos aprender de la Sagrada Familia para las familias de hoy es acoger lo recibido y transformarlo, tal como hizo Jesús: acogió lo recibido y lo transformó de cara a su misión. Lo que ha podido beber en el seno familiar le ayudó a transmitir la Buena Noticia, ha configurado su carácter y su manera de situarse en el mundo y en aquella sociedad judía del siglo I.
Hoy, aunque parezca baladí, es un ejercicio necesario que deben saber llevar a cabo los miembros de la familia en tanto sistema que se nutre y desarrolla dentro de distintos ambientes, tanto el que le es próximo, al interno de la vida familiar, como el externo que se configura de la comunidad, la sociedad y sus instituciones.
"Avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció
en una ciudad llamada Nazaret"
De igual modo, la liturgia de la palabra, especialmente el evangelio, nos recuerda la importancia en la familia de hoy de recuperar las estructuras o de mantenerlas y de ir quizás un poco a la contra de esta sociedad líquida comunicando solidez en el ámbito familiar. Y no es que la estructura de por sí lo haga, pero es lo que posibilita vínculos significativos y un espacio de crecimiento personal.
Algo particularmente hermoso de la familia conformada por Jesús, José y María es que vivían a partir de algo más grande que les trascendía: a José en sueños se le revela la voluntad de Dios para con su familia y María que también se dispone a algo más grande—ser la Madre de Dios— llevará a cabo el plan de Dios dentro de su familia. Jesús es el Mesías esperado y, sin embargo, el evangelio dice que vivió sometido a sus padres mientras crecía en gracia y sabiduría.
En cualquier caso, es una familia abierta a algo más grande. Dios convoca a la familia para que viva desde ella su plan de salvación. Y eso es una paradoja hermosa porque dentro de ella y más allá de ella es donde la familia ha de realizar su misión para que trascienda el evangelio como lo hizo Jesús de Nazaret, quien luego termina diciendo: mi madre y mis hermanos y mi padre son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Sin duda alguna habrá visto aquel escuchar la palabra y vivirla en José y María de Nazaret.
sábado, 27 de diciembre de 2025
FESTIVIDAD DE SAN JUAN EVANGELISTA
jueves, 25 de diciembre de 2025
¡Y DIOS SE HIZO NIÑO!
Ayer noche, celebramos con alegría la tradicional Misa del Gallo. La Parroquia estuvo prácticamente repleta de fieles que disfrutaron de los cantos del Coro Paz y Esperanza y de una bonita homilía de D. Víctor; que nos animó a acoger a Jesús en nuestro corazón como “el Niño de Belén” nos acoge con los brazos abiertos. Nos alentó a buscar esa luz de Cristo en los momentos difíciles aunque no comprendamos el porqué de las cosas de la vida.
lunes, 22 de diciembre de 2025
NUEVO PÁRROCO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
sábado, 20 de diciembre de 2025
LA MISERICORDIA DE DIOS TOCA LA TIERRA
Reflexión Evangelio Domingo 21 de Diciembre de 2021. 4ºde Adviento.
“El Señor,
por su cuenta, os dará un signo”
Vamos observando en el texto como se va escribiendo el Proyecto de la Salvación de Dios en la historia humana. Desde la realidad, Dios propone al ser humano una confianza en que las profecías del esperado Mesías se cumplen, y que en la tribulación estamos sostenidos por la compasión de Dios. Todo el proceso de la fe tiene que hacerse recio, maduro, para vivir íntimamente centrado en el Señor.
En la figura del rey Acaz se nos muestra precisamente la lucha interna del ser humano sobre todas aquellas realidades que sobrepasan los límites de nuestras propias fuerzas. En torno al año 734 el rey Acaz gobierna Judá, que está enfrentada a otras potencias como Siria y Samaria. Ante esta situación de la invasión se abre todo el abanico de interrogantes que nos vienen a la cabeza en los momentos de oscuridad ¿Qué pasará?
Por ello, Acaz, pide ayuda a otra potencia: Asiria. De este modo, la fragilidad de la fe hace poner el punto de mira en las propias fuerzas humanas. Queremos tenerlo todo bajo control, dominar la situación, confiamos en nosotros mismos y dejamos de lado muchas veces a Dios.
El profeta Isaías se acerca al rey Acaz para que recapacite sobre su fe, sobre la suerte del pueblo de Israel y del Templo de Jerusalén desde Dios. ¿Por qué no pides una señal?
Pedir la señal, exige la confianza plena y total en el Señor. En ese momento de intemperie, de duda, requiere que desnudes tu corazón y sepas esperar en Dios. De este modo, sale a relucir el nombre del niño, que es la señal que por su cuenta da Dios a Acaz.
En la noche oscura de la fe se está poniendo en juego la pregunta: ¿Está Dios con nosotros o no está? La respuesta aunque parezca frágil en un niño lo deja palpable: Dios-con-Nosotros. Es un juego teológico todo el proceso por el que pasa el rey Acaz hasta que experimenta en su propia persona esta realidad: en la batalla Dios está conmigo.
“Entre ellos
os encontráis también vosotros, llamados por Jesucristo”
Pablo en su carta a los romanos deja claro el cometido que tiene de ser apóstol, que va a anunciar, predicar, el fundamento de la fe a esta comunidad.
Pablo expone la centralidad de la fe desde el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo. Por así decirlo, es el paso que permite a Dios tomar la realidad humana mediante la encarnación, hacerse presente en la historia de la salvación desde el linaje del rey David.
Toma la casa de David, su genealogía, para venir a la tierra, para seguir con el proceso de salvación hacia el género humano. Entrega total de la vida, muerte en la cruz y resurrección. Vencedor de la muerte y del pecado. Toda esta catequesis que da Pablo nos lleva a reflexionar sobre la gracia de la Encarnación.
Al abrirnos en la fe en Jesucristo nos vamos a convertir también nosotros en esos “apóstoles” que deben predicar el Misterio de la Salvación a la humanidad doliente desde la clave de la Encarnación. Como un tesoro, una gracia, que viene de parte de Dios, de su fidelidad para con el ser humano que continuamente le ofrece el camino de salvación, una nueva oportunidad.
Es el Enmanuel que acompaña la realidad humana desde lo cotidiano, desde nuestra propia realidad para descubrir el amor infinito con el que nos sostiene. De este modo, la participación en este regalo que recibimos tiene que ser proclamado y gritado a los cuatro vientos.
"La
criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo"
Desde la genealogía de Jesús se nos van a dar una serie de pistas que nos van a ayudar a profundizar en el Misterio de Dios. El sueño de José o “anunciación de José” viene a poner de relieve la figura del patriarca en la historia de la salvación. Para el evangelista Mateo, José, es el encargado de dar nombre al Hijo de Dios, Jesús: “Dios salva”.
Muestra una realidad concreta humana, en la que José, tiene que ponerse a batallar con su fe para poder comprender el Misterio de la salvación. El proyecto que el Señor tiene para la humanidad y que cuenta libremente con José y María. Desde esta línea se nos hace a nosotros más cercano saber conjugar la fe y la propia realidad que estemos viviendo en cada momento, sobre todo, los momentos de oscuridad.
José está en la fase inicial del desposorio con María. En esta fase aún no viven juntos y resulta que María está en cinta. Todo este episodio nos muestra el estado de angustia en el que se ve sumido José. Las preguntan continuamente lo atormentan, no es posible que haya sucedido esto. María es una joven intachable, cumplidora de la ley, alegre, sencilla, sin mancha. ¿Cómo es posible que me suceda a mí tal cosa? ¿Cómo es posible que la ilusión se haya vuelto gris? ¿Qué sentido tiene ahora la vida, luchar, seguir? Todos esos interrogantes son espinas que van a desangrar su corazón, como lo son los interrogantes con los que nos enfrentamos en nuestra vida de fe. Tratar de resolver el enigma ante el Misterio de Dios.
Por ello, se
presenta en la figura de José y a las puertas de la celebración del Misterio de
la Navidad todo el proceso de crecimiento y de maduración en la fe. Descubrir
la naturaleza divina del niño, la criatura viene del Espíritu Santo, va a hacer
que José se plantee y entienda el papel que le corresponde dentro del proyecto
de la salvación: la paternidad como el cuidado del Mesías, que está en el seno
de María, virgen. Ser el que custodie, proteja y guarde la integridad del hogar
de Nazaret. Ahora, José entiende que este Hijo viene de parte de Dios para que
se cumplan los oráculos y el Pueblo de Israel alcance la salvación. Ese pueblo
que vive con la esperanza de que algún día alcanzara la plenitud de la vida en
el Dios que salva.
jueves, 18 de diciembre de 2025
FESTIVIDAD DE LA ESPERANZA
lunes, 15 de diciembre de 2025
sábado, 13 de diciembre de 2025
“ ID A ANUNCIAR A JUAN LO QUE ESTÁIS VIENDO Y OYENDO"
Reflexión del Evangelio Domingo 14 de Diciembre de 2025. 3º de Adviento.
"El
desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá"
¿Quién de nosotros, al contemplar el mundo de hoy, cuando vemos el telediario o leemos las noticias (que siempre suelen ser malas) no tiene a veces la sensación de que el futuro es oscuro, de que todo se va al garete, de que esta sociedad nuestra, plagada de guerras, materialismo e injusticas está perdida?
O, en la propia existencia, las experiencias que nos toca vivir en ciertas ocasiones, ¿no nos han hecho sentir que todos los esfuerzos y trabajos de cada día son estériles, no dan fruto… que la vida es una estepa desértica en la que solo cabe esperar más pérdida y dolor?
Son vivencias muy humanas, muy reales que puede parecer que imposibilitan cualquier forma de alegría, pero es precisamente en esa constatación de que somos una humanidad frágil y lastimada donde únicamente tiene sentido la esperanza del adviento que nos anuncia Isaías.
Una esperanza que es fundamental para todo ser humano, imprescindible para la vida pues es el cimiento que nos sostiene ante el sinsentido o el sufrimiento.
"Sed
fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de
Dios. Viene en persona y os salvará"
Pero no nos sirve cualquier esperanza, el profeta nos anima a fortalecernos en una esperanza verdadera, que no puede ser ingenua, egoísta ni pasajera; ni el simple optimismo de quien cree inocentemente que todo va a salir bien; o una expectativa pasiva del que se sienta a aguardar que algo suceda.
Una que esté puesta solo en el Dios que no nos abandona nunca, que viene a colmar los anhelos más profundos de la humanidad: la muerte de la muerte, el fin de toda lágrima, el triunfo del amor para siempre.
El adviento, en su doble dimensión, nos ilumina notablemente, pues nos preparamos para celebrar una encarnación que ya es un hecho y, por tanto, podemos conocer y reconocer los signos del reino a nuestro alrededor, las señales del cumplimiento de las promesas que hemos recibido. El saber descubrirlas hoy nos restablece en la espera de la plenitud de ese cumplimiento, de la venida final del Señor.
"Ven,
Señor, a salvarnos"
Por eso seguimos esperando, por esa razón continuamos transitando el adviento, un camino que solo se puede recorrer si de verdad somos conscientes de las carencias y dolores del ser humano; si nos duele en carne propia cada gota de sangre que se derrama en la tierra, cada soledad, cada carencia… si realmente sentimos con urgencia que necesitamos como individuos, como iglesia, como humanidad, todos uno, de la Buena Noticia.
Porque sentimos una necesidad íntima que sólo colma el encuentro que experimentamos con Jesucristo, el encuentro con el niño que nace… la plenitud del encuentro definitivo con Cristo en su Gloria… eso es lo que nos lleva a esperar, con alegría profunda, aún más de Él.
"Hermanos,
no os quejéis los unos de los otros"
Y es así, junto al rostro sufriente de la realidad, desde el compromiso con los descartados de nuestra sociedad, cuando la esperanza nos muestra cómo afrontar lo que la vida nos depare, a superar los obstáculos y dificultades, a “ser” en plenitud.
Lo que esperamos deja de ser un ideal lejano para convertirse en una fuerza activa, concreta, un don recibido de lo Alto y de nuestros mayores, que reside en lo más profundo de nuestras heridas y lo transforma todo: el modo de vivir, la forma en que nos relacionamos, convierte en peregrinaje lo que podía ser una vida errática y sin rumbo.
"Id a
anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo"
Por todo ello, el texto de san Mateo nos invita a detectar las señales del Reino, de la acción de Dios en nuestra cotidianidad; a valorarlos, disfrutarlos y agradecerlos.
Que con ellos y junto a Jesús aprendamos a ver todo el amor y la bondad que nos rodea; a caminar y crecer rompiendo con las perezas, los egoísmos y temores; a dejarnos liberar de todo lo que nos somete y nos resta libertad o dignidad; a escuchar y comprender la Palabra y los signos de los tiempos; a convertirnos también, cada uno de nosotros y todos juntos en comunidad, en un signo de esperanza, en un anuncio, una predicación viva del Evangelio.
"¡Y
bienaventurado el que no se escandalice de mí!"
Es preciso aprender a hacerlo, comprender que Él siempre está más allá de nuestras expectativas, de lo que creemos bueno o malo, de la forma en que nos gustaría que respondiese y se resolviesen las cosas.
Es el momento de robustecer y depurar nuestra esperanza para que únicamente resida en Jesucristo, de despojarnos de cuanto nos condiciona con la confianza en que su amor no defrauda, con el deseo de hacer su voluntad y no la nuestra.
No estamos
solos ni desahuciados, el Señor acompaña nuestra historia y viene, siempre
viene, aunque en ocasiones no sea como imaginábamos… ya está aquí porque
también tiene sed de nosotros.
martes, 9 de diciembre de 2025
lunes, 8 de diciembre de 2025
"ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA"
Reflexión del Evangelio Solemnidad de la Inmaculada Concepción
Frente al
jardín del Edén….la casa de Nazaret.
Conocemos bien el relato: Adán y Evan viviendo en la dicha inocente del Edén, desnudos en el paraíso sin vergüenza o problema alguno. Ciertamente podría haber sido el final feliz del relato, sí; pero no reflejaría la realidad de nuestro mundo. El paraíso reclama realismo por medio de una serpiente que habla, en concreto, que engaña y arruina la dicha en la que vive la pareja.
La astucia de la serpiente se manifiesta en el uso y dominio que tiene de la mentira y la media verdad, las cuales sirven para minar la confianza de Adán y Eva en la palabra dada por Dios bueno y creador. La serpiente contrarresta la palabra de Dios iniciando la senda del engaño: “De ninguna manera moriréis (si comeís del arbol). Es que Dios sabe muy bien que el día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal” Esto que dice la serpiente es verdad en dos aspectos: por un lado, el conocimiento moral no causa la muerte por sí mismo y, por otro, quien alcanza este conocimiento se hace semejante a Dios. Pero lo que el relato deja claro es que una libertad movida por la desconfianza en la palabra de Dios resulta incompatible con la vida (Gn 2,16-17).
Y sabemos bien cuál es la consecuencia inmediata de esta libertad desconfiada: la vergüenza, es decir, se dieron cuenta de que estaban desnudos y sintieron vergüenza el uno del otro ciñéndose con hojas de una higuera. La vergüenza surge de repente ante la mirada del otro; hasta ese momento, la mirada del otro era sin vergüenza.
A continuación, en medio de esta atmosfera vergonzosa, aparece Dios por el jardín a la hora de la brisa. Adán y Eva se esconden entre los árboles. Dios los busca incesantemente al no encontrarlos: ¿dónde estáis? Adán responde que al oírlo por el jardín, tuvo miedo y se escondió. Ahora, la culpa aparece en nuestro relato: Adán, Eva, la serpiente… Todos escapar de la responsabilidad, todos sienten no sólo vergüenza, sino ahora culpa. Adán y Eva se sienten juzgados por la mirada de Dios sobre sus acciones. Dios aparece como portador de los valores que Adán y Evan han transgredido: la obediencia y la fidelidad de unos a otros.
Adán y Eva tienen una existencia eterna, sin fin, movida por la desconfianza en la palabra de Dios. Esto es, por definición, el infierno. Y Dios no va a permitir un infierno eterno para Adán y Eva. Aparece así la muerte como límite para el débil albedrío de Adán y Eva.
La casa de
Nazaret
La Anunciación es la gran tabla mariana pintada por Lucas. Todo es narrado bajo la atmosfera de la cotidianeidad de Nazaret que viene rota por el acontecer de Dios por medio de su ángel Gabriel. No es una serpiente la que habla, sino el enviado de Dios.
El ángel saluda a María como “llena de gracia”. Son quizás estas palabras del saludo en las que la Iglesia comenzó a ver la Inmaculada Concepción de María, es decir, ella ya estaba llena de gracia antes de que el ángel llegara. El ángel no le dice “recibirás la gracia”, sino "llena de gracia” porque Dios la había preparado desde su concepción.
El acontecer de Dios en Nazaret viene envuelto con una primera palabra clave: no tengas miedo. El ángel quiere abrir la senda de la confianza en la que se revela la verdad. El miedo provoca la desconfianza. El ángel no lleva al engaño como la serpiente ni a medias verdades.
María escucha el mensaje del ángel: “Concebirás y darás a luz a un hijo, al que pondrás por nombre Jesús… (Lc 1,31)” María será la madre del Hijo del Altísimo. El ángel ofrece a María el regalo de acoger en su seno la divinidad; Eva es incitada por la serpiente a robarla del árbol, es decir, a tomarla, a apropiarse de la divinidad porque Dios se la está ocultando, según la serpiente.
María recibe como don la divinidad; no se apropia, sino que recibe y acoge. Toda nuestra miseria viene de querer tomar lo que Dios quiere ofrecernos. Queremos ser felices, pero a nuestra manera. Queremos amor, pero sin entrega. Queremos vida, pero sin cruz.
Dos mujeres.
Dos jardines. Dos conversaciones. Dos respuestas. Es esta solemnidad de la
Inmaculada Concepción se nos invita a contemplar el misterio de que el
acontecer de Dios se acoge no sólo tal y como viene, sino sobre todo como don.
domingo, 7 de diciembre de 2025
sábado, 6 de diciembre de 2025
"ESTÁ CERCA EL REINO DE LOS CIELOS"
Reflexión Evangelio Domingo 7 de Diciembre de 2025. 2º de Adviento.
Las lecturas de este domingo son una invitación a soñar un tiempo mejor. No es “ciencia ficción” o un triste optimismo que empieza y acaba en nosotros mismos. Es el tiempo de Dios que somos invitados a acoger como un compromiso y una opción de vida. No queremos que estas semanas pasen de manera rutinaria, sino asumirlas como oportunidad para cambiar nuestro día a día. Es el tiempo de Dios, es nuestro propio tiempo…
Es tiempo de
acoger la promesa de un futuro mejor
Isaías nos evoca a todos los que sueñan con un futuro mejor, nos llama a unirnos a la causa de la esperanza. El profeta tiene en su mente un tronco que fue llamado a ser fecundo y que ahora está talado, quemado y sin futuro. Fue la promesa que Dios hizo a David, el hijo de Jesé de Belén. Aquel gran rey trajo a Israel paz y prosperidad y la mantuvo su hijo Salomón. El árbol que crecía con fuerza con el tiempo fue destrozado. Cuando se escribe este texto, Israel vive sus momentos más bajos: no queda nada de su esplendoroso pasado. Nada. Pero el profeta ve más allá, intuye que queda la raíz, esa que nadie puede destrozar. Anuncia vida y savia nueva, que pueden brotar desde lo escondido. Y es Dios quien tiene capacidad para hacerlo, un Dios que trabaja en lo oculto y profundo de la tierra, donde las personas no vemos…
El Adviento nos empuja a cambiar la mirada y reconocer, más allá de las ruinas y el caos tan evidentes en el mundo y en nuestros espacios más cercanos, el trabajo que Dios está haciendo en lo oculto de la realidad. Los pequeños brotes nunca se imponen ni son evidentes a simple vista. Percibirlos y apostar por ellos es confiar en las promesas de Dios, tener la certeza de que este mundo sigue en sus manos, que Él lo cuida, nos cuida, que no estamos desamparados, que aún nos espera un futuro mejor. No es tiempo para pesimistas sino para gente de mirada y corazón atentos.
Es tiempo de
creer y apostar por la paz y la justicia
El profeta nos habla de un personaje desconocido, “el brote del tronco de Jesé”. Sabemos ahora que se refiere a Jesús en quien culmina la fecundidad de la Historia humana. ¿Qué trae a este mundo? Lo que más necesitamos: la concordia, representada con imágenes increíbles de la naturaleza. Una visión realista consideraría imposible lo que Isaías describe, esa paz elevada a las cotas más altas. ¿Cómo alcanzarla? Quien lo haga tendrá sobre sí la plenitud del Espíritu: la inteligencia de Salomón, la fortaleza de David, la piedad de los patriarcas… “Somos enanos a hombros de gigantes”: la causa de la no violencia, la paz y la justicia nos empuja, ante todo, a creer y apostar, a hacer camino con otros. No podemos conformarnos con la realidad que vivimos desde el argumento de que el cambio es imposible. Militar en las obras de la paz y la justicia es una llamada de Dios que atraviesa toda la Escritura. El tronco de Jesé, que es ahora esta Iglesia frágil, tiene fuerza para alzar su voz y aunar esfuerzos para construir un mundo mejor.
Es tiempo de
fortalecer la esperanza, apoyada en la paciencia y el consuelo
Pablo escribe a los cristianos de Roma, una comunidad dividida: los “débiles” permanecen aferrados a las tradiciones y cumplimientos del judaísmo, aún no han dado el paso de confiar en el “Dios que todo lo hace nuevo”; los “cristianos fuertes” han asumido el mensaje de novedad que ha traído Jesús, su manera diferente de entender el vínculo con Dios y los hermanos, manifestado en su vida y en su Pascua. Hay tensiones entre ambas formas de acoger el compromiso cristiano, los “modernos” y los “nostálgicos”. Pero una comunidad no crece cuando se centra en las diferencias, sino al caminar juntos en la misma dirección. ¡Qué actual nos resulta esto! ¿Qué propone el Apóstol? Volver a Cristo, el único que nos une, manteniendo sus mismos sentimientos; acogernos mutuamente como hermanos; fortalecer la paciencia de caminar unidos, que nunca debe despreciarse o darse por sabida; apoyarnos en el consuelo que viene de la Palabra de Dios. Han pasado bastantes siglos, pero en este Adviento sigue siendo urgente el compromiso (tan propio del Papa León) de apostar por la unidad que debe caracterizar a los creyentes. ¡Este es un gran signo de esperanza!
Es el tiempo
de escuchar a los profetas: conversión y bautismo
Juan Bautista debió ser muy original. Mateo lo representa con los atributos externos propios de los profetas. Él va a ser, para el evangelista, el mismo Elías que la tradición judía esperaba al final de los tiempos para traer al Mesías. Juan es duro, especialmente con los más hipócritas. No ofrece nada (al contrario de lo que hará Jesús), solo pide confesión de los pecados, conversión y bautismo. Dicho con otras palabras: coherencia de vida, autenticidad, sencillez y mirada a Dios. Su objetivo es preparar al pueblo para que la llegada del Mesías sea como la semilla que cae en buena tierra. Siguen siendo hoy muchos los profetas, también originales, que gritan por un mundo mejor, que quieren llamar a nuestras conciencias dormidas para invitarnos a construir una vida más plena. Adviento es buen momento para escuchar, sin juicios, su música y reconocer en ella el lenguaje de Dios.
Es tiempo de
desear la salvación que trae Jesús
El Bautista
presenta al Mesías como un labrador. A Jesús le gustaba también el campo para
hablar de su misión. El hacha sirve para podar sarmientos y ramas de modo que
la planta se haga fuerte. El bieldo (la horca con la que se levantan las
espigas en la era para que el viento separe el grano de la paja) sirve para
sacar una buena cosecha. La salvación que ofrece Jesús se sigue eligiendo. Él
quiere enriquecernos personalmente. Nuestra fe no es una mera distracción o
cumplimiento, sino un compromiso de vida que nos lleva a dar lo mejor de
nosotros mismos. Volver a Jesús es apostar por dejarnos salvar por Él, en todo
lo que nuestra existencia necesita aún de salvación. En este Adviento conviene
que nos preguntemos si realmente necesitamos a Cristo para que nuestra vida
adquiera más plenitud, para que hagamos de este mundo el Reino que Dios quiere.
martes, 2 de diciembre de 2025
lunes, 1 de diciembre de 2025
domingo, 30 de noviembre de 2025
TIEMPO DE VIVIR CON EL CORAZÓN DESPIERTO

Reflexión Evangelio Domingo 30 de Noviembre de 2025. 1º de Adviento.
Comenzamos un nuevo año litúrgico
La Iglesia, con sabia pedagogía, nos invita a abrir el
corazón al Adviento, ese tiempo breve pero intenso que nos prepara a celebrar
el misterio de la Encarnación. No se trata simplemente de “esperar la Navidad”,
como quien cuenta los días hasta una fiesta familiar. Adviento es tiempo de
despertar, de volver a poner la mirada en el horizonte de nuestra esperanza: el
Señor que vino, que viene y que vendrá.
El evangelio de este domingo nos sitúa ante la palabra clave
de este tiempo: “velad”. Jesús la repite con insistencia. Velar no es vivir
asustados, ni en una tensión nerviosa; es vivir despiertos, atentos a la
presencia de Dios en nuestra historia. En un mundo que nos adormece con el
ruido, la prisa y el consumo, el Adviento nos sacude y nos recuerda que hay
algo más profundo que las luces de las calles o las compras de temporada: el
Señor está viniendo a nosotros.
El texto de Mateo nos habla de los días de Noé. “Comían,
bebían, se casaban… hasta que llegó el diluvio”. Jesús no critica esas
actividades; son cosas normales de la vida. Lo que reprocha es la indiferencia,
ese vivir como si Dios no existiera, como si la historia no tuviera meta ni
sentido. También hoy podemos caer en ese sueño: cumplir con nuestras rutinas,
hacer planes, trabajar, divertirnos… y sin embargo, dejar que el corazón se
apague. El Adviento es un llamado a salir de la indiferencia y volver a centrar
nuestra vida en lo esencial.
"La noche está avanzada, el día se acerca"
San Pablo, en la segunda lectura nos lo dice con palabras que
resuenan con fuerza: “Ya es hora de despertaros del sueño… La noche está
avanzada, el día se acerca”. El “día” del que habla Pablo no es una metáfora
poética, sino el día del Señor, el momento definitivo en que Cristo se
manifestará en plenitud. Pero ese día comienza ya aquí, cada vez que acogemos
su presencia en el corazón, en la Eucaristía, en los pobres, en la Palabra que
nos transforma. Por eso el Adviento no mira sólo hacia el futuro, sino también
al presente: Cristo viene ahora, en medio de la historia, en lo pequeño y
cotidiano.
"Venid, subamos al monte del Señor"
La primera lectura, del profeta Isaías, nos ofrece la imagen
de los pueblos que suben al monte del Señor. Es una visión de esperanza: las
armas se convierten en arados, los corazones se abren a la paz. En un tiempo en
que tantas guerras ensombrecen la tierra, esta palabra profética suena como una
llamada a ser constructores de esperanza y reconciliación. El Adviento nos
invita a caminar hacia ese monte, a dejarnos enseñar por el Señor sus caminos,
a trabajar por un mundo más justo y fraterno.
Velar, entonces, no es sólo rezar o esperar en silencio. Es
vivir con el corazón encendido, con la fe despierta y las manos activas. Es
tener la lámpara preparada, como las vírgenes prudentes de la parábola,
sabiendo que el Esposo puede llegar en cualquier momento. Velar es cuidar la
oración, pero también cuidar los gestos de amor, la atención al hermano, la
fidelidad en lo pequeño.
Quizás este Adviento podríamos hacernos una pregunta sencilla
pero exigente: ¿En qué me he dormido?
Tal vez en la rutina de la fe, en la falta de tiempo para
Dios, en el descuido de la familia, en la indiferencia ante los que sufren.
Despertar no siempre es cómodo, pero es el comienzo de una vida nueva.
El Adviento nos ofrece cuatro semanas para reorientar el
corazón. Cada vela que encendamos en la corona será un recordatorio de la luz
que Cristo quiere encender en nosotros. Cada lectura, cada canto, cada oración,
será una invitación a dejar que su venida nos renueve por dentro.
No sabemos el día ni la hora -dice el Señor-, pero sí sabemos
quién viene: Aquel que nos ama, que se hace niño, que comparte nuestra carne y
nuestras lágrimas. Por eso, la vigilancia cristiana no es miedo, sino alegría
confiada. Quien espera al Señor con fe no teme el futuro, porque sabe que el
final de la historia será un abrazo.
Que este Adviento nos encuentre despiertos, atentos y
agradecidos. Que sepamos descubrir la presencia de Cristo que viene a
visitarnos cada día en los rostros de quienes nos rodean. Y que, cuando llegue
la Navidad, no sólo tengamos listas las luces y los regalos, sino sobre todo el
corazón abierto al Emmanuel, el Dios-con-nosotros.
viernes, 28 de noviembre de 2025
UN JUBILEO QUE TERMINA Y UNA ESPERANZA QUE ES INFINITA
No queríamos cerrar el Jubileo'25 que han celebrado las Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Villa del Río sin agradecer y hacer una breve reflexión de lo vivido antes de iniciar este tiempo de Adviento.
Desde el 24 de Mayo hasta el 23 de Noviembre se han sucedido diez salidas que han llevado la Eucaristía a lugares antes nunca visitados. Quién no lo ha entendido o valorado, habla de procesiones, incluso de manera despectiva, y no se trataba de ello. Han sido traslados organizados para celebrar la Santa Misa en cada uno de los barrios de nuestra localidad. Y es que, esa era la Santa Misión; la de llevar la Esperanza en Cristo a los corazones de los villarrenses.
Con tan sólo que una persona mayor haya salido en su silla de ruedas a ver pasar al Señor o la Virgen, con que una sola persona los haya visto llegar desde su balcón, con que alguien haya vuelto a recibir a Cristo en la comunión, con que los abuelos de la residencia hayan disfrutado del Señor en su casa, con que a alguien le hayan calado las palabras de las homilías, solamente porque alguien se haya santiguado de nuevo o traído a su mente a aquellos que se fueron y haya rezado por ellos, haya ayudado a los que se encuentran solos, o simplemente haya mejorado un poquito su vida... por todo ello, valió la pena esta Santa Misión histórica de las Hermandades.
Quedarán recuerdos imborrables de la Santa Misa del Resucitado en la preciosa plaza de la Cruz de los Mocitos adornada con mantones de colores, la Plaza de España rebosante para recibir a Santa Mª Magdalena, las véngalas y la estampa de Jesús Nazareno bajo el inmenso árbol en la Eucaristía, a los Dolores y los Estudiantes en los jardines de la casa de Pedro Bueno o por la barriada Oleum, la elegancia del abrazo de San Juan y la Virgen del Amor caminando por las calles, la Oración en el Huerto por la barriada de Cabrera con balcones decorados con sábanas blancas y ramos de olivo, la multitud que celebró la Santa Misa y acompañó al Santo Entierro al Cementerio, la estampa de la Soledad en las puertas del Colegio Poeta Molleja o bajando por la engalanada calle Estrella, la Hermandad de la Paz y Esperanza recorriendo las conocidas "casas chicas" y los bloques Mopu y la Franciscana Hermandad de la Humildad en la residencia de ancianos, transitando las calles con alfombras de serrín de colores o la Misa Góspel.
La Agrupación quiere agradecer a todas y cada una de las Hermandades el esfuerzo humano y económico realizado. En un año han sufragado dos salidas con el acompañamiento musical que cada una de ellas ha estimado conveniente. Gracias por su saber hacer y seriedad. Gracias a los miembros de las Juntas de Gobierno y cofrades que han colaborado aun cuando no les correspondía su salida en el montaje y desmontaje de los enseres y mobiliario necesario para la Eucaristía. Gracias a los capataces, a las cuadrillas de portadores y costaleros; especialmente a Conchi Polo y Sacramento Tello.
Gracias a nuestro Administrador Parroquial, Rvdo. Jeremías Abumwami y a D. Manuel Tirado, nuestro Párroco, por su cercanía y por su implicación en esta Santa Misión.
GRACIAS A TODO EL PUEBLO DE VILLA DEL RÍO, vecinos y personas que han demostrado su cariño a través de la decoración, la participación y la entrega en unos días históricos y espirituales para nuestras hermandades.
La Agrupación de HH.CC. quiere manifestar su más sincero agradecimiento a las bandas y agrupaciones que han participado, a Protección Civil, a la Policía Local y al Ilmo. Ayuntamiento de Villa del Río.
Que sigamos siendo "Peregrinos de Esperanza" en este tiempo de Adviento que comienza y que sean muchos los frutos de estas Misiones realizadas con el mayor cariño del mundo por nuestras Cofradías.
martes, 25 de noviembre de 2025
domingo, 23 de noviembre de 2025
LA HUMILDAD DE DIOS EN LAS CALLES
Hoy, Solemnidad de Cristo Rey del Universo, el Señor del Miércoles Santo en Santa Misión ha brillado como ascua entre su pueblo.
“VENID EN POS DE MI Y OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES”
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