martes, 29 de diciembre de 2015
lunes, 28 de diciembre de 2015
UN BELÉN PARA VISITAR
Imágenes del Belén de la Parroquia. Navidad 2015.
Fotografías de Juan Antonio Muñoz y Francisco Centella.
sábado, 26 de diciembre de 2015
FAMILIA Y MISERICORDIA
Homilía Festividad de la Sagrada Familia. Domingo 27 de Diciembre de 2015. C.
Este año ha estado marcado por la celebración del Sínodo de Obispos sobre la Familia y por el inicio del Año Santo de la Misericordia. Han sido dos grandes eventos en la vida de la Iglesia. Pero no pueden quedar en eso. Seguramente los dos acontecimientos tienen algo que decir a nuestras familias cristianas.
El Sínodo ha analizado la situación de la familia en el mundo de hoy, en el que se entrecruzan tantas ideas diversas sobre el amor y la fidelidad conyugal, sobre el matrimonio y el servicio a la vida. Ha sido una ocasión para preguntarnos cómo vivimos en familia. Y cómo anunciamos los valores de la familia cristiana.
El Año Santo de la Misericordia nos invita a implorar el perdón de Dios y a reconocer las misericordias de que ha inundado nuestra vida. Y nos invita también a impartir generosamente el perdón que recibimos de él y a practicar con asiduidad las obras de misericordia. También en estos dos aspectos, la familia ha de examinar su ser y su misión.
BÚSQUEDA Y ENCUENTRO
Conocemos bien el texto evangélico que se proclama en esta fiesta (Lc 2, 48-52). El episodio del Niño perdido y hallado en el templo no es un relato sobre la travesura de un adolescente. Menos aún es la noticia de un matrimonio que se desentiende de su hijo durante unos días.
Este relato es un anticipo de la pasión y muerte de Jesús, perdido y secuestrado por las autoridades del templo y encontrado al tercer día gracias a la intervención del Padre celestial. Es una meditación en la que sobresalen dos preguntas de Jesús.
“¿Por qué me buscabais? La categoría de la “búsqueda” es muy importante en la Biblia. También a nosotros se nos dirige esa pregunta de Jesús. ¿Sabemos en realidad por qué le buscamos? ¿No estaremos buscándonos a nosotros mismos?
“¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” También esa pregunta nos interpela. ¿Sabemos en realidad dónde tiene que estar Jesús? ¿No lo situamos con frecuencia en el terreno de nuestros propios intereses?
ESPACIO PARA LA MISERICORDIA
La fiesta de la Sagrada Familia puede pasar inadvertida en medio de los festejos de la Navidad. Son muchas las cosas que atraen y ocupan nuestra atención. En este año jubilar de la misericordia, la fiesta de la Sagrada Familia debería tener para nosotros un carácter muy especial.
• La familia es una escuela donde se escucha con atención y se proclama con decisión y alegría la palabra de la misericordia.
• La familia es, además. un santuario donde se invoca en oración ese don y se celebra esa gracia del perdón.
• La familia es, finalmente, un taller en el que se trata de poner en práctica esa tarea y esa responsabilidad de la compasión.
Señor Jesús, tú conoces bien las esperanzas y los fracasos de nuestras familias. En este día te pedimos ardientemente por nuestras familias humanas. Que en ellas todos puedan ir creciendo, como tú, en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
domingo, 20 de diciembre de 2015
EL GRITO DE ISABEL

Homilía para el Domingo 20 de Diciembre de 2015. 4º de Adviento, C.
“Belén de Efrata,
pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel” Así comienza
la primera lectura que se lee en la misa de este cuarto domingo de Adviento (Mi
5,2). Seguramente el profeta Miqueas recuerda la elección de David por parte del
profeta Samuel. En aquella pequeña aldea había ungido a aquel joven como futuro
rey de Israel.
La pequeñez del lugar de origen marcaba un fuerte contraste
con la grandeza del reino que se vislumbraba en el futuro. Así que la
observación de la pequeñez de Belén resonaba en la memoria como una parábola y
una profecía. Evidentemente, Dios tiene su predilección por lo que parece
insignificante a los ojos de los hombres.
También hoy, son los gestos de los más humildes y de los más
pequeños los que nos ayudan a abrir los ojos para descubrir las señales de
Dios. Las palabras de los más pequeños y marginados nos llevan con frecuencia a
descubrir la verdad y la actualidad del Evangelio.
EL SALUDO Y LA ALEGRÍA
En el evangelio de Lucas que se proclama en este cuarto
domingo de Adviento (Lc 1, 39-45) aparecen dos mujeres. Las dos están esperando
un hijo, cuyo nacimiento parecía totalmente imposible. Dios nos sorprende al
elegir la pequeñez de Belén. Pero más nos sorprende por el modo como viene el
Mesías a nuestro mundo.
En el relato se repiten por tres veces las palabras que se
refieren al saludo entre María e Isabel. El saludo es siempre signo de un
encuentro humano. Es una señal de cortesía. Pero es también manifestación de la
buena voluntad. Implica la mutua acogida. Y el intercambio de buenos deseos. De
una buena noticia.
Por otra parte, el saludo de María a Isabel suscita la
alegría del niño, que salta de gozo en el vientre de su pariente Isabel. María
es modelo de evangelización. Lleva consigo una buena noticia. En realidad su
sola presencia es ya portadora de un buen mensaje. Y de un buen Mensajero.
BENDICIÓN Y DICHA
Isabel acoge y saluda a María con un grito de alegría. Y le
dirige dos palabras típicas de la fe que ha heredado de su pueblo y que se está
convirtiendo en vida en su propia vida.
“¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu
vientre!” María y su hijo son depositarios de las bendiciones del Altísimo.
Pero esa bendición no es un privilegio para ser guardado con celo. Tanto el
Hijo como la Madre habrán de ser fuente de bendición para generaciones enteras
de creyentes.
“Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el
Señor se cumplirá”. A María se dirige la primera bienaventuranza del Evangelio.
Efectivamente, ella es feliz no sólo por su maternidad, sino por su fe. Como
dice san Agustín, “la Palabra de Dios se hizo vida en su vientre porque antes
se había hecho verdad en su mente”.
Padre celestial, en el encuentro de María e Isabel se hace
visible tu misericordia compasiva y tu encuentro con nuestra humanidad. Que
nuestra fe acoja tu presencia en este mundo y nos dé fuerza para reconocerla y
anunciarla con alegría. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
jueves, 17 de diciembre de 2015
DÍA DE LA ESPERANZA
FESTIVIDAD
DE NTRA. MADRE Y SRA. DE LA PAZ Y ESPERANZA
Solemne Eucaristía y Devoto Besamanos
Domingo 20 de Diciembre de 2015. 7'30 de la tarde. Iglesia de la Inmaculada Concepción
Intervendrá: Coro Paz y Esperanza de Villa del Río.
lunes, 7 de diciembre de 2015
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

8 de Diciembre de 2015. Inmaculada Concepción de Santa
María Virgen.
DONDE LA GRACIA ESTÁ
“Reina y Madre, Virgen pura, que
sol y cielo pisáis, a vos sola no alcanzó la triste herencia de Adán. ¿Cómo en
vos, Reina de todos, si llena de gracia estáis, pudo caber igual parte de la
culpa original? De toda mancha estáis libre: ¿y quién pudo imaginar que vino a
faltar la gracia en donde la gracia está?” Es hermoso este romance de Francisco
de Borja (1577-1658) que recitamos en la fiesta de la Inmaculada Concepción de
Santa María Virgen.
En el tiempo del Adviento, la
fiesta de la Concepción Inmaculada de María nos alienta en el camino de la
esperanza. Somos conscientes de nuestros errores y pecados. A pesar de ellos,
Dios ha querido ofrecer a la humanidad un horizonte de perdón y de
misericordia, de gracia y de belleza.
Esta fiesta de María nos lleva a
celebrar esta nueva creación. Nuestra oración de hoy brota de una íntima
alegría. La de saber que lo que perdió EVA, “la madre de todos los que viven”,
ha sido felizmente recuperado gracias al AVE que el ángel Gabriel dirige a
María, Madre de todos los redimidos.
LLENA DE GRACIA
Hoy se nos repite el relato
evangélico de la Anunciación a María. En él escuchamos las palabras que le
dirige el ángel del Señor: “María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de
Dios”. Ese saludo convierte a María en imagen de todo el género humano. Con él
se inicia el gran Adviento de la historia humana. Con él renace la esperanza.
Desde lo más hondo de su
existencia, María refleja fielmente la misericordia de Dios y sabe traducirla
en fidelidad. Dios nos crea y nos sostiene. María gozó durante toda su vida de
la plenitud de la gracia y de la salvación. Fue una persona fiel en todo al
proyecto de Dios. También a nosotros, Dios se nos da gratis, pero espera
nuestra respuesta.
La sintonía de María con la
salvación ofrecida por Dios a la humanidad es un don gratuito, pero encontró en
ella una respuesta libre y generosa. Muy pobre es nuestra fe si superar el
temor y no nos ayuda a aceptar el don de la gracia que Dios nos ofrece cada
día.
La humanidad no tiene nada que
temer de la divinidad. Dios no es un enemigo de la causa y de la libertad
humana. Dios nos ofrece su amable cercanía. Como dijo Benedicto XVI, “el hombre
que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque
gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser
verdaderamente él mismo”.
ABOGADA DE GRACIA
Hoy nuestro corazón se esponja en
la contemplación de la decisión de Dios de ofrecer a la humanidad un rayo de
esperanza. Con el prefacio de la misa de esta solemnidad nos gozamos en la
limpieza de María:
• “Purísima había de ser, Señor,
la Virgen que nos diera el Cordero inocente”. Esta mirada al pasado de nuestra
historia nos invita a dar gracias por el don de la salvación. A la vista del
mal y de la corrupción de este mundo, con frecuencia nos dejamos vencer por el
pesimismo.
• “Purísima la que, entre todos
los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad”. Y esta mirada a
nuestro presente nos lleva a recobrar la esperanza. Tratemos de descubrir los
signos de esperanza que se encuentran en nosotros mismos, en los demás y en
toda la sociedad.
“Oh Dios, por la concepción
inmaculada de la Virgen María preparaste a tu hijo una digna morada. En
previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado. A nosotros
concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Amén”.
D. José-Román Flecha Andrés
sábado, 5 de diciembre de 2015
MONTES Y VALLES
“En el desierto preparadle un
camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los
valles se levanten, que montes y colinas se abajen”.
Esas imágenes pueden encontrarse
ya en la segunda parte del libro de Isaías (40, 3-4). Una voz invita a abrir en
el desierto una calzada para el Señor. Se anuncian las maravillas de un nuevo
éxodo. Dios ha de conducir a su pueblo de la esclavitud a la libertad.
En este segundo domingo de
adviento, se proclama un texto del profeta Baruc en el que se encuentran las
mismas imágenes (Bar 5, 1-9). Ya no se trata de una exhortación. Es la noticia
de la iniciativa de Dios. Él manda abajarse a los monte y rellenar los barrancos.
Él ordena a los árboles que ofrezcan sombra a su pueblo mientras camina por el
desierto.
La promesa de Dios alegra los
corazones de sus hijos. Y estos gozan anticipando la liberación que Dios
promete. El gozo de la esperanza se desborda sobre la creación entera.
CONVERSIÓN Y PERDÓN
Los antiguos poemas de los
profetas reaparecen siglos más tarde en la boca de Juan, hijo de Zacarías. El
evangelio de Lucas pone buen cuidado en anotar los datos precisos para situar
en la historia el eco de una nueva profecía (Lc 3, 1-6). Las palabras son
idénticas, pero el sentido es diferente.
Tanto el profeta que sigue a
Isaías como Baruc evocaban una voz que en el desierto invitaba a las gentes a
la alegría y al consuelo. Juan es la voz que resuena en el desierto, exhortando
a las gentes a la conversión para obtener el perdón de sus pecados.
En otro tiempo se anunciaba que
Dios mandaba allanar los caminos para que su pueblo pudiera caminar hacia la
libertad. Ahora se pide a las personas que cambien su conducta y allanen los
caminos para que todos puedan ver la salvación de Dios.
Los antiguos profetas ofrecían un
consuelo al pueblo de Dios, sometido a esclavitud en Babilonia. El nuevo
profeta exhorta a la conversión a sus oyentes para que se conviertan en el
nuevo pueblo de Dios y se vean libres de la esclavitud de su egoísmo.
LO TORCIDO Y LO ESCABROSO
“Que lo torcido se enderece y lo
escabroso se iguale”. Al leer aquellos versos (Is 40,5), los hijos de Israel
agradecían a Dios las maravillas con que los devolvía a sus tierras para
reedificar la Ciudad Santa. Aquel poema se hace promesa en la boca del
bautista:
“Lo torcido será enderezado”. En
los textos bíblicos el pecado era presentado con frecuencia como un
comportamiento “torcido”. La rectitud significa que ese comportamiento ha de
ajustarse a la voluntad de Dios.
“Lo escabroso será camino llano”.
Lo escabroso dificulta el paso del caminante. El pecado no es una fácil
conquista del hombre. Es un obstáculo que le hace tropezar y convierte en
penoso el sendero que lleva a su propia realización.
“Todos verán la salvación de
Dios”. No es el hombre el que se salva a sí mismo. Es Dios quien ofrece al
hombre la salvación. Hay que tener los ojos abiertos para ver la salvación. Hay
que abrir los ojos para ver al Salvador que se acerca a nosotros.
Señor Jesús, queremos escuchar
la voz de los profetas que nos invitan cada día a preparar los caminos, para
que puedas hacerte visible en nuestra vida y en nuestra historia. Ven Señor
Jesús. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
miércoles, 2 de diciembre de 2015
CAMPAÑA DE RECOGIDA DE JUGUETES
De nuevo la Hermandad de Santa María Magdalena pone en marcha una Campaña de Recogida de Juguetes en colaboración con la Asociación contra el Cancer.
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martes, 1 de diciembre de 2015
SOLEMNE NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Ayer comenzó en la Parroquia la Solemne Novena en honor a la titular de nuestro templo,
la Inmaculada Concepción. Los cultos se desarrollarán hasta el día de su Festividad,
el próximo 8 de Diciembre.
sábado, 28 de noviembre de 2015
EL QUE ESTÁ POR VENIR

Homilía del Primer Domingo de Adviento: 29 de Noviembre de 2015.
“En aquellos días y en aquella
hora suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en el
tierra”. Este oráculo de Dios que se encuentra en el libro de Jeremías (Jer 33,
14-16) nos introduce hoy en el tiempo del Adviento. Este es el tiempo de la
espera y de la esperanza
De la espera de un futuro que
nos desvela un horizonte en el que se puede vislumbrar el derecho y la
justicia. No la justicia de los que se apoyan en el poder del dinero y de las
armas para arrogarse el derecho de “ajusticiar” a todos los que consideran como
enemigos de sus ideales o de sus intereses.
Y de esperanza, porque el mismo
oráculo nos anuncia que ese horizonte no es fruto de las estrategias humanas.
Es un puro don de Dios. Por eso el texto concluye con unas palabras que nos
invitan a elevar los ojos a lo alto: “En aquellos días se salvará Judá y en
Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “Señor –nuestra- justicia”.
EXHORTACIONES
En el evangelio que se proclama
en este primer domingo de Adviento, Jesús anuncia que habrá signos en los
astros, angustia entre las gentes, estruendo del mar y hombres que quedan sin
aliento, agarrotados por el miedo ante lo que se le viene encima al mundo (Lc
21, 25-36). Pero esta profecía incluye tres exhortaciones que conviene leer en
sentido inverso:
- “Estad despiertos”. Si nos
mantenemos en vela podremos llegar a discernir los signos de los tiempos y
aprender el profundo significado que encierran para nosotros.
- “Tened cuidado”. Si perdemos la
esperanza en el futuro, nos dejaremos emborrachar por el vicio y el dinero, que
nos ofrecen en el presente una seguridad ilusoria.
- “Alzad la cabeza” Si levantamos
la vista solo para lamentarnos no habremos conseguido mucho. Levantamos los
ojos para descubrir la liberación y al Liberador.
De hecho el texto evangélico de
hoy no promete algo sino la llegada de Alguien: “Manteneos en pie ante el Hijo
del hombre”.
ACTITUDES
En la segunda lectura de la misa
de hoy leemos un trozo del primer escrito cristiano: la primera carta de Pablo
a los fieles de la ciudad de Tesalónica. En este mensaje, el Apóstol subraya
tres actitudes que acompañan a la esperanza:
- Rebosar de amor mutuo. Esta es
la verdadera actitud del cristiano ante los demás. No se puede esperar al Señor
viviendo en la indiferencia, y menos aún en el rencor.
- Pedir la fortaleza. Esta
actitud nos sitúa ante nosotros mismos. Nuestra debilidad nace de nuestro
acomodo y nuestra poltronería. Sólo la austeridad nos hará fuertes para
esperar.
- Mantenerse irreprensibles ante
Dios. Esta tercera actitud nos lleva a examinar nuestra conciencia ante Dios.
El conoce nuestro corazón y nuestra verdad más oculta.
Señor Jesús, conocemos las
instrucciones que en tu nombre nos han entregado tus apóstoles y ha conservado
para nosotros una larga tradición. Concédenos la fuerza para llevarlas a cabo,
de forma que esperemos ardientemente tu venida y la preparemos con nuestro
compromiso diario. Ven Señor Jesús. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
miércoles, 25 de noviembre de 2015
EL SEÑOR DE LA HUMILDAD VUELVE A SU CAPILLA
En la noche de hoy el Señor de la Humildad ha vuelto a su capilla en la Parroquia
tras varios meses de ausencia por su restauración.
SOLEMNE EUCARISTÍA X ANIVERSARIO DE LOS DOLORES
SOLEMNE EUCARISTÍA
CON MOTIVO DEL X ANIVERSARIO
DE LA BENDICIÓN DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES
28 de Noviembre de 2015. 7'30 de la tarde.
Iglesia de la Inmaculada Concepción
lunes, 23 de noviembre de 2015
domingo, 22 de noviembre de 2015
sábado, 14 de noviembre de 2015
EL MENSAJE DE LA HIGUERA
Homilía para el Domingo 15 de Noviembre de 2015. 33 del Tiempo
Ordinario, B
“Muchos de los que duermen en el
polvo despertarán: unos para vida perpetua, otros para ignominia
perpetua”. En la primera lectura de la
misa de hoy el libro profético de Daniel anuncia el tiempo de la resurrección (Dan
12, 1-3).
Nos es difícil imaginar ese
tiempo futuro que anunciaron los profetas. Pero el texto nos dice, al menos,
que la venida del Señor será al mismo tiempo un momento de juicio y de
salvación. A la libertad humana ha sido confiada la posibilidad y la
responsabilidad de decidir.
El futuro que nos ha sido
prometido no puede arrancarnos del presente. Al contrario, lo convierte en
ocasión y escenario para nuestro compromiso de fe y de caridad. El futuro al
que nos orienta la virtud de la esperanza se va preparando en este presente, marcado por la virtud de la
paciencia.
TRES GRANDES VALORES
También el evangelio que hoy se
proclama nos invita a mirar confiadamente al futuro (Mc 13, 24-32). Como en
muchas otras ocasiones, también en esta profecía podemos fijar nuestra atención
en tres protagonistas y los tres grandes valores que representan:
• En el centro del mensaje se
anuncia la venida del Hijo del hombre. Su llegada sobre las nubes indica su
divinidad. El poder y la majestad del final evocan el poder y la majestad que
hicieron posible la creación en el principio.
• Protagonistas son también el
sol, la luna, las estrellas y los astros del cielo. Bien sabemos que los astros
eran divinizados y adorados en el mundo pagano. Por tanto, la Venida del Señor
no significa el fin del mundo, sino el fin de un mundo que ha sido marcado
por el peso de nuestras frecuentes
idolatrías.
• Además el texto anuncia que los
ángeles reunirán a los elegidos de los cuatro vientos o puntos cardinales. La
venida del Señor será el signo y el inicio de una comunidad universal que ha de
reunir en la verdad y en el amor a gentes procedentes de todo pueblo y toda
lengua.
LA TIERRA Y SUS SEÑALES
El relato evangélico pone en boca de Jesús una
breve parábola: la de la higuera que parece recobrar vida en primavera.
• “Cuando las ramas se ponen
tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca”. Con frecuencia se acusa a los creyentes de
vivir alienados, colgados de un futuro utópico. Pero la esperanza no puede
alejarnos de este mundo. Al contrario, nos exige vivir atentos a esta tierra y
vivir amando esta tierra
• “Cuando veáis vosotros suceder esto, sabed
que él está cerca, a la puerta”. La venida del Señor es cierta, pero es
incierto el momento que esperamos. La aparición de los grandes valores humanos,
por humilde que parezca, es ya un signo de la presencia del Reino de Dios y de
la manifestación del Señor de la historia.
Señor Jesús, en cada eucaristía
manifestamos nuestra decisión de vivir aguardando tu venida. Que la paciencia y
la perseverancia sean un testimonio de la verdad de nuestra esperanza. ¡Ven,
Señor Jesús! Amén
D. José-Román Flecha Andrés
sábado, 7 de noviembre de 2015
LOS BIENES DE LAS VIUDAS
Homilía para el Domingo 8 de Noviembre de 2015. 32 del Tiempo
Ordinario, B.
“Voy a hacer un pan para mí y
para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos”. Sólo eso pretende la viuda
que el profeta Elías se encuentra al acercarse a la ciudad de Sarepta. Este
relato que hoy se lee (1 Re 17, 10-16) nos presenta a tres protagonistas
En primer lugar, vemos que el
profeta no llega imponiéndose por su fuerza o por su sabiduría. Es un
extranjero que sólo cuenta con la palabra de Dios, que lo ha enviado a aquella
tierra de paganos. Así que pide por favor un sorbo de agua y un trozo de pan.
Además, el profeta no se dirige a
los que gobiernan en la ciudad. La primera persona que se encuentra es tan
pobre como él. Y con ella comienza el diálogo que ha de culminar en un doble
testimonio de fe.
El tercer protagonista es el
mismo Dios, que envía al profeta y vela por la existencia de aquella pobre
viuda y de su hijo. La palabra de Dios es eficaz. Dios cumple su promesa y se
hace reconocer aun por los que parecen estar lejos de él.
LOS DONATIVOS Y LA ENTREGA
También el evangelio de hoy
recuerda la figura de las viudas (Mc 12, 28-44). Jesús ridiculiza la vanidad de
la que hacen gala los escribas. Y denuncia la voracidad con la que tratan de
adueñarse de los bienes de las viudas, aparentando hacer largas oraciones. Al
pecado de orgullo, los escribas unen la injusticia y la impiedad.
La alusión a las viudas
expoliadas por los especialistas de la Ley introduce el eco de un momento
inolvidable. Aquel en que Jesús observó la diferente conducta de los ricos y
los pobres al acercarse a las arcas donde se recogían los donativos destinados
al templo de Jerusalén.
Muchos ricos echaban mucho
dinero. Pero llegó también una viuda pobre y echó dos monedas: exactamente las
más pequeñas que circulaban por entonces. Aquel hecho no pasó inadvertido a los
ojos del Maestro. En aquella viuda vio Jesús el signo de la entrega personal de
una mujer creyente.
SEGURIDAD Y CONFIANZA
Como en otras ocasiones, Jesús
aprovecha la ocasión para ofrecer una enseñanza a sus discípulos: la pobre
viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Pero ¿cuál es el
criterio para esa evaluación?
“Los demás han echado de lo que
les sobra”. Aun siendo fuerte, la cantidad depositada por los ricos no ponía en
riesgo su comodidad y menos aún sus vidas. Los donantes seguían controlando su
propia seguridad y confiando en sí mismos.
La viuda pobre “ha echado todo lo
que tenía para vivir”. Aun siendo escasa, la ofrenda de la pobre viuda
significaba despojarse de toda seguridad razonable y poner toda su confianza en
la providencia del Señor
Padre nuestro, nosotros
hablamos de los pobres desde lejos. No somos pobres. No tenemos espíritu de
pobres. No confiamos en ti como han de confiar los pobres. Lo que te entregamos
no pone en riesgo nuestra seguridad ni disminuye la confianza que depositamos
en los bienes. Necesitamos entregarnos a ti con mayor sinceridad. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
miércoles, 4 de noviembre de 2015
domingo, 1 de noviembre de 2015
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo,
Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo,
los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.
1 Pedro 5:10
viernes, 30 de octubre de 2015
SANTOS Y FELICES

Homilía para la Solemnidad de Todos los Santos, 1 de noviembre de 2015.
“Vi una muchedumbre inmensa, que
nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante
del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las
manos”.
Siempre nos fascina esa visión
del libro del Apocalipsis que se proclama en la primera lectura de esta
solemnidad de todos los Santos (Ap 7, 2-14). Nos impresiona esa multitud de
mártires que han ganado la palma del triunfo con su sangre. Ellos son los que
forman el gran coro de los que aclaman y cantan: “La salvación es de nuestro
Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero”.
Paradójicamente, los mártires
“han blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero”. Se han negado a adorar a
los ídolos que cada día se presentan exigiendo nuestra adoración. Ellos son lo
mejor de esta tierra. Son los que han entendido como nadie la libertad de
adorar al único que merece nuestra adoración.
LA VERDAD DEL SER HUMANO
Hoy todos coinciden en exaltar el
ideal del hombre, su imagen y su dignidad. Pero el coro se divide al pretender
señalar qué es el hombre, cuáles son las notas que lo definen. En qué consiste
su dignidad.
Unos afirman que es libre pero
olvidan que ha de ser solidario. Otros
afirman que todos los seres humanos son iguales, pero parecen dispuestos a
olvidar que cada uno es un individuo único e irrepetible.
En el evangelio de hoy leemos una
vez más el texto que recoge las bienaventuranzas incluidas en el Sermón de la
Montaña (Mt 5, 1-12). Con frecuencia las vemos como escandalosas. Sin embargo,
en ellas está la clave de la felicidad.
Jesús es la Palabra de Dios y
también la imagen definitiva y perfecta del ser humano. Las bienaventuranzas
que él proclamó nos revelan la verdad última del hombre. Nos dicen qué
significa ser humano en plenitud. Nos recuerdan los valores profundos que hacen
que nuestra existencia sea humana y humanizadora.
CAMINOS DE FELICIDAD
Muchas imágenes del ser humano
son engañosas. En las bienaventuranzas Jesús nos dice qué significa ser
persona. Y cómo se puede ser feliz.
La felicidad no está en acaparar
bienes, sino en compartirlos.
La felicidad no está en la
violencia, sino en la humildad y la mansedumbre.
La felicidad no está en el desdén
hacia los afligidos, sino en la compasión
La felicidad no está en la
instalación, sino en el camino hacia el bien.
La felicidad no está en el
individualismo, sino en la misericordia.
La felicidad no está en la
mentira, sino en la limpieza del corazón.
La felicidad no está en el
conflicto, sino en la lucha por la concordia
La felicidad no está en la
traición, sino en la fidelidad a la fe y al amor.
Señor Jesús, nosotros
proclamamos que solo tú eres Santo. Que tu ejemplo y tu palabra nos ayuden a
seguirte por el camino que han seguido todos los santos que en el mundo han sido.
Tú que vives y reinas y nos esperas por los siglos de los siglos. Amén
D. José-Román Flecha Andrés
domingo, 25 de octubre de 2015
BARTIMEO
Homilía para el Domingo 25 de Octubre de 2015. 30 del tiempo ordinario, B.
“Se marcharon llorando, los
guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en
que no tropezarán”. Con estas promesas anima Dios al pueblo que fue llevado al
cautiverio y que Él hará regresar a su tierra (Jer 31,7-9).
Es cierto que estas palabras nos
remiten a tiempos muy lejanos, pero nos ayudan a evocar el drama de todo un
pueblo deportado y llevado al destierro. Una experiencia que, por desgracia, se
ha repetido muchas veces a lo largo de la historia hasta estos mismos días.
Pero la experiencia de la fe nos
invita a leer nuestra peripecia personal a la luz de estas palabras proféticas.
Todos nosotros somos esclavos de algo. Todos necesitamos que Dios se apiade de
nosotros, nos muestre su misericordia y nos libere.
TRES DETALLES DEL RELATO
Esa primera lectura de la misa de
este domingo 30 del Tiempo Ordinario nos prepara para meditar el hermoso pasaje
de la curación del ciego de Jericó (Mc 10, 46-52).
Para comenzar, ya nos llama la
atención que este ciego sea el único de los curados por Jesús que tiene nombre
y apellido. Parece como si el texto quisiera indicarnos la dignidad personal de
los pobres y de los enfermos.
También nos sorprende la súplica
que dirige a Jesús: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Como se ve, emplea un
título en el que reconoce a Jesús como el Mesías enviado por Dios. Y además,
parece convencido de que Jesús es el rostro vivo de la misericordia de Dios.
Y por fin, nos asombra la
confianza de esos gestos que reflejan las actitudes del verdadero creyente:
soltar el manto en el que recoge las monedas que le entregan los que pasan; dar
un salto cuando todavía está ciego; y acercarse con decisión a Jesús.
TRES ECOS DE LA LLAMADA
En el relato evangélico aparecen
también los discípulos que acompañan a Jesús. En un primer momento tratan de
acallar las súplicas del ciego. Pero una indicación de Jesús les hace
redescubrir su propia misión. Así que lo llaman diciendo: “Ánimo, levántate,
que él te llama”.
“Ánimo”. Una primera palabra, en
la que se resume la misión de la Iglesia, enviada a infundir esperanza en los
abandonados y humillados de la tierra.
“Levántate”. La misericordia no
ignora la situación de postración y aun de pecado. Pero invita a la humanidad a
ponerse en pie con decisión y confianza.
“Él te llama”. La Iglesia sabe
que ella no es el final del camino. Su misión es la de transmitir una llamada
que conduce hasta el Señor.
Señor Jesús, en el ciego de
Jericó reconocemos nuestra propia situación. Tú te has compadecido de nuestra
postración, nos has devuelto la luz y nos has permitido seguirte por el camino.
Bendito seas por siempre.
D. José-Román Flecha Andrés
domingo, 18 de octubre de 2015
sábado, 17 de octubre de 2015
EN LAS MANOS DE DIOS
Homilía para el Domingo 18 de Octubre de 2015. 29 del Tiempo
Ordinario, B.
Suele ser normal, al principio de
curso, hacer proyectos, marcar objetivos, programar acciones para evaluar
resultados. Y cuando cumplimos los objetivos y realizamos las actividades
programadas nos sentimos satisfechos.
Es bueno, mientras no se escucha
la voz interior, seguir la disciplina de un posible programa, pero hay
realidades que no son fruto de la realización de un proyecto, sino de la
obediencia al plan que Dios revela de diversas maneras, bien con mociones
interiores, en los acontecimientos, bien con una sorprendente providencia que
conduce como de la mano. El profeta afirma: “Lo que el Señor quiere prosperará
por su mano” (Is 52,13). A la vez que trabajamos en los distintos objetivos,
esta experiencia debe darnos confianza y sensibilidad para averiguar lo que
Dios quiere.
Es natural que al ver realizados
nuestros deseos sintamos alegría, pero no siempre lo que Dios quiere pasa por
el éxito mundano. Con frecuencia la voluntad divina se manifiesta en la
paradoja de la Cruz. “El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino
para servir y dar su vida en rescate por todos” (Mc 10, 45).
El autor de la carta a los
Hebreos nos invita a poner nuestros ojos en el Trono de gracia -“Acerquémonos
con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar
gracia que nos auxilie oportunamente” (Hbr 4, 16), que no es, como podría
parecer, la sede lujosa, sino la Cruz de Cristo.
El creyente no desea otra cosa
que colaborar con el plan divino, y cuando pone su afán en diversas tareas,
siempre debe condicionar el esfuerzo a la coincidencia con la gracia, para no
hacer del seguimiento evangélico, o de la evangelización un proyecto
pretencioso. El salmista recomienda la actitud adecuada: “Nosotros aguardamos
al Señor: él es nuestro auxilio y escudo” (Sal 32).
Este planteamiento choca con el
que tenían los discípulos de Jesús, cuando discutían por los primeros puestos,
y en ello cifraban el logro o el fracaso. ¡Cuantas veces los éxitos nos llevan
a un personalismo inadecuado! El Maestro les indica la participación necesaria
en su Cáliz, que no es otro que el dar la vida por amor a los demás.
Todo proyecto que busque la
realización personal, aunque sea honesto, puede caer en el error de los
Zebedeos, cuando le pidieron a Jesús: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a
tu derecha y otro a tu izquierda.» Mientras que los que buscan el plan de Dios,
no pretenden otra cosa que entregar la vida.
D. Ángel Moreno, Buenafuente
miércoles, 14 de octubre de 2015
lunes, 12 de octubre de 2015
FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL PILAR
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ORACIÓN DE JUAN PABLO II
Doy fervientes gracias a Dios por
la presencia singular de María en esta tierra española donde tantos frutos ha
producido. Y quiero encomendarte, Virgen santísima del Pilar, España entera,
todos y cada uno de sus hijos y pueblos, la Iglesia en España, así como también
los hijos de todas las naciones hispánicas. ¡Dios te salve, María, Madre de
Cristo y de la Iglesia! ¡Dios te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra! A
tus cuidados confío esta tarde las necesidades de todas las familias de España,
las alegrías de los niños, la ilusión de los jóvenes, los desvelos de los
adultos, el dolor de los enfermos y el sereno atardecer de los ancianos. Te
encomiendo la fidelidad y abnegación de los ministros de tu Hijo, la esperanza
de quienes se preparan para ese ministerio, la gozosa entrega de las vírgenes
del claustro, la oración y solicitud de los religiosos y religiosas, la vida y
el empeño de cuantos trabajan por el reino de Cristo en estas tierras. En tus
manos pongo la fatiga y él sudor de quienes trabajan con las suyas; la noble
dedicación de los que transmiten su saber y el esfuerzo de los que aprenden; la
hermosa vocación de quienes con su conciencia y servicio alivian el dolor
ajeno; la tarea de quienes con su inteligencia buscan la verdad. En tu corazón
dejo los anhelos de quienes, mediante los quehaceres económicos procuran
honradamente la prosperidad de sus hermanos; de quienes, al servicio de la
verdad, informan y forman rectamente la opinión pública; de cuantos, en la
política, en la milicia, en las labores sindicales o en el servicio del orden
ciudadano prestan su colaboración honesta en favor de una justa, pacífica y
segura convivencia. Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida
nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias,
a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a
los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega
plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres.
Y asiste maternalmente, oh María a cuantos te invocan como Patrona de la
Hispanidad. Así sea.
sábado, 10 de octubre de 2015
LA SABIDURÍA Y EL TESORO
Homilía para el Domingo 11 de Octubre de 2015, 28 del
tiempo ordinario, B.
“Supliqué y se me concedió la
prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y
a tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza”. Así comienza el texto
del libro de la Sabiduría que se lee en la misa de este domingo (Sab 7, 7.11).
En los versículos siguientes se dice que la sabiduría es más preciosa que el
oro y la plata.
Evidentemente, esa sabiduría,
comparable a las piedras más preciosas, no puede confundirse con la mera
erudición. No basta con saber muchas cosas para ser feliz. Para este autor
bíblico la verdadera sabiduría, la que nos da la felicidad, es el conocimiento
de Dios. Es la aceptación de su voluntad.
En realidad no es cuestión de
“saberes” sino de “sabores”. Se nos invita a gustar a Dios, su Ley y su proyecto
sobre el mundo y sobre el hombre. Es realmente sabio quien conoce el camino de
la bondad. Quien es consciente de que no basta con conocer la misericordia. Es
preciso practicarla cada día.
UNA MIRADA CARIÑOSA
El evangelio que hoy se proclama
nos presenta a “uno” que se acerca a Jesús y le pregunta: “Maestro bueno, ¿qué
haré para heredar la vida eterna?” (Mc 10, 17-30). Jesús ha dicho que el agua
que él nos da salta hasta la vida eterna. Y que el pan que él nos entrega nos
da la vida eterna. Lo eterno es su horizonte y su promesa.
Tal vez este hombre conocía ya
este lenguaje de Jesús. Como nos dice el texto, contaba ya con dos elementos
para llevar una buena vida: riquezas y un comportamiento recto. Sin embargo,
aspiraba a una vida que durara más allá de los límites de la muerte. Deseaba
conocer el camino que conduce a esa patria. Y consideraba a Jesús como el
Maestro adecuado.
Pues bien, en la respuesta de
Jesús aparece también la sabiduría: “Ya sabes los mandamientos”. Y en efecto,
su interlocutor no sólo los sabía sino que, al parecer, los había cumplido
desde pequeño. De acuerdo con las convicciones de su pueblo, estaba ya en el
camino verdadero.
LO QUE FALTA
Jesús sabe que es necesario
cumplir los mandamientos para ser feliz. Pero a la mirada cariñosa de Jesús
sigue una preciosa orientación: “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que
tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo- , y luego
sígueme”.
“Vende todo lo que tienes”. El
ser no puede reducirse al tener. El camino a la vida sin término no puede estar
pavimentado por las cosas que terminan. Así que el rico ha de dejar de poner su
confianza en los bienes que posee.
“Da el dinero a los pobres”. Dios
es el dueño de todo lo que existe. Hay que defender el derecho humano a la
propiedad. Pero sabiendo que los dones de Dios nos han sido entregados para que
los distribuyamos con equidad entre los hijos de Dios.
“Sígueme”. Con esa palabra llamó
Jesús a sus primeros discípulos. Pero ya se ve que el discipulado permanece
abierto. Seguir a Jesús no es un peso obligatorio. Es una llamada y un honor
para todos los dispuestos a escucharla
Señor Jesús, tú sabes que ponemos
nuestra confianza en las riquezas. Ayúdanos a compartir nuestros bienes con los
pobres y marginados y a seguirte por el camino. Amén.
D. José-Román Flecha
Andrés
HOY, SUBIDA DE NUESTRA PATRONA
Hoy, Nuestra Patrona y Señora de la Estrella Coronada vuelve a su Santuario.
7'30 de la tarde. Iglesia de la Inmaculada Concepción
martes, 6 de octubre de 2015
FESTIVIDAD DE LA BEATA MARÍA ANA MOGAS
Madre María Ana Mogas te queremos recordar
en esas grandes
virtudes de pobreza y
humildad.
Supiste amar a los pobres con una gran caridad,
por eso todas tus
hijas te vienen a suplicar,
por eso todas tus
hijas te vienen a suplicar.
Tu ejemplo fue
Jesucristo que le amas y le
adoras,
pues le seguiste muy
cerca para ser la
fundadora,
de esta Orden
Franciscana de la Divina Pastora
domingo, 4 de octubre de 2015
FELICIDADES A LA COMUNIDAD FRANCISCANA
EL CÁNTICO DE LAS
CRIATURAS
Altísimo y
omnipotente buen Señor,
tuyas son las
alabanzas,
la gloria y el honor
y toda bendición.
A ti solo, Altísimo,
te convienen
y ningún hombre es
digno de nombrarte.
Alabado seas, mi
Señor,
en todas tus
criaturas,
especialmente en el
Señor hermano sol,
por quien nos das el
día y nos iluminas.
Y es bello y radiante
con gran esplendor,
de ti, Altísimo,
lleva significación.
Alabado seas, mi
Señor,
por la hermana luna y
las estrellas,
en el cielo las
formaste claras y preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor,
por el hermano viento
y por el aire y la
nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus
criaturas das sustento.
Alabado seas, mi
Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas
la noche,
y es bello y alegre y
vigoroso y fuerte.
Alabado seas, mi
Señor,
por la hermana
nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene
y gobierna
y produce diversos
frutos con coloridas flores y hierbas.
Alabado seas, mi
Señor,
por aquellos que
perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y
tribulación;
bienaventurados los
que las sufran en paz,
porque de ti,
Altísimo, coronados serán.
Alabado seas, mi
Señor,
por nuestra hermana
muerte corporal,
de la cual ningún
hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que
mueran
en pecado mortal.
Bienaventurados a los
que encontrará
en tu santísima
voluntad
porque la muerte
segunda no les hará mal.
Alaben y bendigan a
mi Señor
y denle gracias y
sírvanle con gran humildad.
sábado, 3 de octubre de 2015
HOMBRE Y MUJER
Homilía para el Domingo 4 de Octubre de 2015. 27 del tiempo ordinario, B.
“El Señor Dios dejó caer sobre el
hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el
sitio con carne”. En este domingo leemos el relato bíblico de la creación de la
mujer (Gén 2,18-24). Es un texto bellísimo. Su sencillez e ingenuidad nos
parece difícil porque hemos perdido el sentido de la poesía primitiva.
El relato nos habla de la soledad
del hombre y de la compasión de Dios que diseña para él la compañía. El “yo”
puede al fin encontrar un “tú”. La mujer aparece en el sueño del hombre. Todo
nos dice que no la ha creado el hombre. Por tanto no debe tratar de dominarla.
La mujer hay que soñarla, como ha dicho el papa Francisco.
El relato nos expone la
estructura del matrimonio como la unión fiel y definitiva de un hombre y una mujer.
El matrimonio como proyecto de vida. Como donación interpersonal. Como
esperanza compartida.
EL PROYECTO DE DIOS
Al matrimonio se refiere también
el evangelio que hoy se proclama (Mc 10,2-16). Los fariseos se presentan a
Jesús con una pregunta pensada para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un
hombre divorciarse de su mujer?” Jesús conoce las cuestiones que se debatían en
los diversos grupos de intérpretes de la Ley de Moisés.
Jesús sabe que sus interlocutores
han convertido un deber en un derecho. El derecho al divorcio cuando la Ley lo
presentaba como la obligación de dar un documento a la mujer abandonada. Un
documento para que pudiera rehacer su vida y no perecer, al no tener quien la
defendiera en la sociedad.
Pero Jesús se manifiesta a favor
de la permanencia de la unión matrimonial. No porque sea su opinión personal,
sino porque así se lee en el texto del Génesis que relata la creación de la
mujer. Su referencia al “principio” es fundamental para evocar el proyecto de
Dios sobre el amor humano y sobre la vocación al matrimonio.
GENEROSIDAD Y ESPERANZA
De hecho, Jesús repite las
palabras fundamentales del texto del Génesis: “Abandonará el hombre a su padre
y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. Son palabras
que conocemos o creemos conocer demasiado bien.
“Abandonará el hombre a su padre
y a su madre”. En la antigüedad era difícil apartarse del primitivo clan
familiar. Aquí no se trata de ignorar las necesidades de los padres. Se trata
de recordar que la familia de elección es más importante que la familia de
origen.
“Se unirá a su mujer”. Hoy
hablamos del amor, pero lo reducimos a un gusto pasajero. Más que un
sentimiento, el amor es un compromiso. Olvidamos lo que significa de entrega
personal, única y definitiva hasta la muerte.
“Serán los dos una sola carne”.
Estas palabras las reducimos a la intimidad sexual. Y es verdad que la evocan.
Pero implican sobre todo el encuentro compartido de memorias y proyectos, de
trabajos y esperanzas.
Señor Jesús, hoy te presentamos
las dificultades y la alegría de tantos matrimonios que nos piden una oración.
Concédeles tu luz y tu fuerza para vivir su vocación con generosidad y
esperanza. Amén.
D. José-Román Flecha Andrés
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