domingo, 28 de junio de 2026

“EL QUE PIERDA LA VIDA POR MI, LA ENCONTRARÁ"

Reflexión del Evangelio Domingo 28 de Junio de 2026. 13º del Tiempo Ordinario.

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles"

En el contexto del discurso de misión, Mateo incluyó varios grupos de sentencias o exhortaciones:

1. Grupo de sentencias: Mateo plantea la alternativa de tener que elegir entre Jesús y la propia familia (Mt 10,37), manifestado en el triple estribillo: “no es digno de mi”. Se trata de una alternativa muy dolorosa y arriesgada, pues en aquella época la familia era el grupo social que daba sentido a la vida de los individuos, y por tanto la ruptura con ella suponía un desarraigo social casi completo.

2. A continuación, viene un 2º grupo de exigencias que es la de romper con las propias seguridades (Mt 10, 38), simbolizada en la actitud de tomar la cruz y seguir a Jesús. Esta expresión refleja una profunda comprensión del seguimiento como un camino de unión con Jesús.

3. En una tercera exigencia o exhortación Mt propone un cambio en la escala de valores de los discípulos; en el AT el ideal era buscar la vida, Jesús les propone que imiten su entrega para poder alcanzar así una vida en plenitud.

4. Mt concluirá el discurso de su misión refiriéndose a la recompensa que les espera a los que acogen a los mensajeros del evangelio: los apóstoles, representantes de Jesús: “quien os recibe a vosotros a mí me recibe” (Mt 10,40), los profetas, que ejercían un ministerio itinerante que era la predicación, los justos, cristianos procedentes del judaísmo, que intentaban vivir en el seno de la Iglesia cristiana su fidelidad a la ley de Moisés y los pequeños, grupo de los discípulos en proceso de maduración.

Mateo habla de estos cuatro grupos dando a entender que en esta tarea misionera los enviados no son solo los apóstoles, sino también los profetas, los justos y los pequeños; es decir, que la tarea de anunciar el evangelio pertenece a toda la comunidad.

"El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará"

Las palabras que leemos en el evangelio de este día parecen duras y exigentes.

¿Será que Jesús nos está invitando a no amar a nuestros padres, a no amar a nuestros hijos? Eso estaría en contradicción con el 4º mandamiento de honrar a padre y madre, y no puede ser posible que haya contradicción en los mismos mandamientos.

No se trata de no amar a nuestros padres o de no amar a nuestros hijos, sino más bien de que ese amor no nos aleje del amor de Dios, por eso dice: “el que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mi” (Mt 10, 37). La invitación no es a no amar sino más bien, a tener clara nuestras prioridades, como dice el primer mandamiento de la Ley de Dios. “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Por eso, no se trata de no amar a nuestra familia, a nuestros padres, a nuestros hijos, sino de que eso no nos aleje del amor de Dios.

¿Nos parece pesado esto que nos pide Jesús, esto de amarlo por encima de nuestra familia, de tomar la cruz, de renunciar? Si es así, la respuesta está en el amor, es porque quizás amamos poco. Hay una anécdota que le sucedió a la Madre Teresa de Calcuta cuando un famoso fue a ver el trabajo que ella estaba realizando, este famoso le dijo que lo que estaba haciendo ella, él no lo haría ni por un millón de dólares, ella le dijo que ella tampoco lo haría por un millón de dólares, sino que lo hacía por amor, porque el amor suaviza las exigencias. El propio San Agustín decía también que el amor hace suave los preceptos.

Dos reflexiones finales al hilo de lo que hemos ido comentando: Jesús no nos pide no amar a nuestra familia, sino que eso no interfiera en nuestro amor a Dios. Y si nos parece pesado lo que nos pide Jesús, es porque quizás le amamos muy poco.

¿Qué personas, seguridades o intereses ocupan hoy el lugar que debería tener Jesús en mi vida ¿Cómo puedo vivir en lo cotidiano el llamado a “tomar la cruz” y servir a los demás, incluso en los gestos más pequeños?

Fr. Luis Martín Figuero O.P.

domingo, 21 de junio de 2026

“SI UNO DE VOSOTROS ME NIEGA ANTE LOS HOMBRES, YO TAMBIÉN LO NEGARÉ ANTE MI PADRE"

Reflexión Evangelio Domingo 21 de Junio de 2026. 12º del Tiempo Ordinario.

Confiar en Dios
La persecución a los valores del Evangelio y a quien los vive puede ser manifiesta y beligerante. Pruebas suficientes hay en la historia del cristianismo. Y hoy también tenemos con frecuencia noticias de persecuciones y matanzas de cristianos.

Pero hay otras formas más sutiles y refinadas de tratar de poner a prueba y desacreditar a quienes ponen su confianza en Dios. «Oía la acusación de la gente: “vamos a delatarlo”…». «Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”».

Ante esas situaciones, los impulsos de venganza o de confrontación no significan solución ninguna, más bien complican. Jeremías nos enseña: «Pero el Señor es mi fuerte defensor… ¡te he encomendado mi causa!». Confiar en Dios no es desentenderse y quedarse de brazos cruzados, es creer firmemente que solo con los valores que Jesús, el Señor, nos predicó podremos construir una vida humana que engendre Reino de Dios… y ponerse a la tarea.

Ser agradecidos
Dice Pablo a los Romanos: «si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos». Gracia y agradecimiento. Gratuitos ambos. Una es iniciativa de Dios, el otro es la correspondiente respuesta humana.

El Papa Francisco insistió repetidamente en que teníamos que recuperar mucho en nuestras relaciones humanas las expresiones “por favor”, “perdón” y “gracias”. Más allá de la cortesía, las tres refieren a la confianza agradecida en un Dios al que queremos aceptar como compañero de camino en la vida, en las necesidades, en las caídas y en las alegrías de la salvación que nos ofrece en su Hijo. No en vano, acción de gracias es el significado y la esencia de la Eucaristía.

No tener miedo
Jesús nos lo pide hoy hasta tres veces. En la primera («nada hay encubierto que no llegue a descubrirse») pide que sus seguidores hablen a plena luz y pregonen desde las azoteas. La nuestra es la hora del anuncio del Reino de Dios, la hora de una Iglesia en salida sin miedos ni complejos.

La segunda vez («temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo») llama a no tener miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Siempre la predicación del Evangelio es mayor que la voz que la proclama; a esta podrán callarla, pero el anuncio se reencarnará en otras gargantas.

La tercera vez («valéis más vosotros que muchos gorriones») explica que ni uno de ellos cae al suelo sin que lo disponga el Padre. En la misión de la Iglesia ya no caben posturas pasivas ni indiferentes; todos hacemos camino juntos (sinodalidad). Al recordarnos el valor que todos y cada uno tenemos, Jesús cuestiona la manera de ser Iglesia que siguen practicando muchos cristianos y pide mayor confianza en el Padre providente. La misión pastoral la hemos recibido todos del Señor, y Dios no abandona a los discípulos de su Hijo.

Negar a Jesucristo
Cuando Jesús nos pide hoy no tener miedo se refiere a los miedos que nos pueden surgir a la hora de proclamar el Evangelio y de seguirle a él. Y nos pone las cosas bien claras: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y, si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

Hagámonos una pregunta: ¿Me acarrea algún conflicto o persecución el ser cristiano? Muchas personas viven hoy según criterios distintos de los que los cristianos tenemos por nuestros. Los cristianos debemos tener muy claro qué valores defendemos y a los que no hay que renunciar. El cristianismo hemos de vivirlo con el testimonio personal y diario.

Sin embargo, pervive un cristianismo acomodado a los criterios de la sociedad y que rebaja sus exigencias para que no resulten estridentes. Un cristianismo privado, intimista, alejado de cualquier compromiso en la vida pública. Un cristianismo cultual, que no logra ser el que dé sentido a nuestros intereses, opciones, pensamientos, acciones. Un cristianismo sociológico, basado en tradiciones y costumbres, pero en el que falta una clara opción personal por seguir a Jesucristo.

Jesús pide hoy que más bien seamos sal, luz y sabor en un mundo que necesita que se le hable de Dios en pleno día y desde las azoteas. Tengo que hacer una opción clara por Jesucristo y confiar en que él dará la cara por mí si yo la doy por él. Y pedirle la valentía para vivir los valores del Evangelio, aunque me acarree algún tipo de incomprensión. Pensemos, ¿cabe que me avergüence de ser discípulo de Jesucristo o de parecerlo? ¿Acaso me quiero arriesgar a que él se avergüence de mí?

Fray José Antonio Fernández de Quevedo O.P.

domingo, 14 de junio de 2026

“GRATIS LO RECIBISTEIS, DADLO GRATIS”

Reflexión Evangelio Domingo, 14 de Junio de 2026. 11º del Tiempo Ordinario.

"Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel"

En la primera lectura de este domingo nos situamos en un momento decisivo, pues el pueblo había salido de la esclavitud, pero no sabe vivir como pueblo libre. Habían salido de Egipto pero Egipto todavía vivía dentro del corazón del pueblo. Y es ahí donde Dios irrumpe, no con imposiciones, sino con una declaración, semejante a las declaraciones de amor: «os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí».

Esta imagen profundamente transformadora, nos enseña que Dios no libera para abandonarnos o dejarnos en el dolor sino para establecer una alianza y darnos una misión. Y aquí aparece la clave del texto: «seréis mi propiedad personal… un reino de sacerdotes y una nación santa».

Ser propiedad de Dios no significa ser un esclavo, sino que pertenecer a Dios es signo de dignidad. En un mundo donde tantas voces nos reclaman – el éxito, la imagen, el poder – Dios nos propone otra identidad: la de un pueblo que vive para reflejar su rostro en medio de la historia.

Pero esta promesa lleva una condición: «Si escucháis mi voz y guardáis mi alianza». No se trata de una obediencia ciega o servil, sino una escucha que transforma y va dando nueva forma a la vida. Escuchar a Dios implica reordenar prioridades, o sea dejar atrás el egoísmo, la indiferencia y la dureza de corazón para dar lugar y espacio a Dios.

Hoy nosotros estamos en ese desierto de la incertidumbre, del cansancio y de la superficialidad. Y aquí Dios sigue llamando no para aislarnos sino para enviarnos. Porque «un reino de sacerdotes» es un pueblo que hace de puente: entre Dios y los hombres, entre el dolor y la esperanza.

Queda entonces la pregunta: ¿Estoy viviendo como alguien liberado… o sigo pensando y actuando como esclavo?

"Siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros"

La segunda lectura de la misa nos coloca frente a una verdad que rompe nuestros esquemas: Cristo murió por los impíos. No por los justos, no por los perfectos, no cuando lo merecíamos sino cuando éramos débiles, pecadores e incluso cuando éramos enemigos.

Así entendemos que el amor de Cristo no funciona como el nuestro. Nosotros amamos cuando hay reciprocidad, cuando el otro responde, cuando hay mérito. Dios, en cambio, ama primero, sin garantías, cuando no hay nada que ofrecer y eso desarma nuestras vidas porque nos deja sin excusas: ya no podemos decir «no soy digno» como si eso fuese un obstáculo, porque es precisamente ahí donde todo comienza.

San pablo no se contenta con esto y va mas lejos: si siendo enemigos fuimos reconciliados por la muerte de su Hijo, cuánto más ahora seremos salvados por su vida. Esta premisa abre esperanza en medio de cualquier historia porque sabemos que Dios no se cansa, no retrocede ni abandona en mitad del camino.

Vivimos una cultura donde el valor de la persona se mide por su rendimiento, su imagen y su utilidad, pero Pablo nos dice algo radical: nuestro valor no depende de lo que hacemos, sino del amor que Dios ha derramado en nosotros. Sin embargo, este anuncio no es para quedarnos cómodos, porque si hemos sido reconciliado de manera gratuita, estamos llamados a vivir reconciliando, pues no se puede recibir un amor tan grande y seguir sembrando división, indiferencia o juicio.

Por eso, la novedad es que Dios no espera a que nosotros cambiemos para amarnos, sino que nos amó primero para que fuéramos capaces de cambiar. Y hay una pregunta que es inevitable: si Dios me amó cuando era enemigo, ¿a quién sigo tratando yo como enemigo?

"Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies"

Es muy interesante la forma como empieza el Evangelio: «al ver la multitud, se compadecía de ella, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas sin pastor». Jesús no tiene una mirada superficial sobre el pueblo, Él es capaz de reconocer el dolor escondido, la soledad disimulada y el cansancio del alma.

Jesús no ve números, ve personas; no ve masas, ve historias. Y esa compasión no se queda como un sentimiento más, se convierte en misión. por eso dice: «la mies es abundante, pero los obreros son pocos». El problema no es la falta de necesidad, sino la falta de corazones disponibles para responder.

Y así, desde la compasión, surge la llamada y envío de los Doce. Los envía frágiles, sin seguridades ni poder humano, una vez que el Evangelio no se sostiene en estrategias, sino por medio de testigos. Pero advierte a los discípulos: «gratis lo recibisteis, dadlo gratis».

Nuestro mundo vive saturado de ofertas, de discursos y de ruido, pero sigue con una profunda hambre de sentido. Hoy existen muchas multitudes cansadas, personas agotadas por la prisa, heridas por relaciones rotas, desorientadas ante la vida y siguen faltando testigos que miren con compasión y se acerquen a la miseria humana.

Ser enviado no es solo para algunos, es una vocación que toca a todos los creyentes. Allí donde estamos – en la familia, trabajo, comunidad – hay una mies esperando. No se trata de hacer más cosas, sino de lanzar una mirada como la mirada de Jesús.

Así que el centro es claro: no podemos decir que seguimos a Cristo si permanecemos indiferentes ante el sufrimiento de los demás.

Así que atrevámonos a preguntarnos: cuando miro a los demás, ¿veo problemas a evitar o personas que amar?

Fr. José Manuel Silva

jueves, 4 de junio de 2026

PROGRAMA DE ACTOS DE LA FAMILIA FRANCISCANA

 

¡Hermanos Paz y Bien¡
Con gran alegría anunciamos el Programa de Actos elaborado por la Familia Franciscana de Villa del Río con motivo del Año Jubilar que estamos celebrando:
JUNIO
PRESENTACIÓN DEL CARTEL CLAUSURA DEL 8º CENTENARIO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS Y DEL 40 ANIVERSARIO DE LA REFUNDACIÓN DE LA HERMANDAD
Miércoles, 1 de junio de 2026. (RR.SS. de la Hermandad y Colegio)
ORACIÓN DE SAN FRANCISCO
Sábado, 6 de junio de 2026. 8’30 de la tarde. Capilla del Señor de la Humildad. Iglesia de la Inmaculada Concepción.
Con motivo de la posterior entronización en nuestro Altar del Corpus, que presidirá la Imagen de San Francisco.
ALTAR DEL CORPUS PRESIDIDO
POR SAN FRANCISCO DE ASÍS
Domingo, 7 de junio de 2026. Casa de la Familia García de Vinuesa.
Horario establecido en la Procesión del Santísimo.
SEPTIEMBRE
CONFERENCIA SOBRE LA VIDA DE SAN FRANCISCO
2ª Quincena de Septiembre. Por confirmar: conferenciante, lugar y fecha.
OCTUBRE
SOLEMNE TRIDUO EN HONOR DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Y REPRESENTACIÓN DEL TRÁNSITO
Miércoles, 30 de septiembre, jueves 1, y viernes 2 de octubre de 2026. 8’30 de la tarde. Iglesia de la Inmaculada Concepción. Día 2 de octubre. Representación del Tránsito. (Hora por confirmar).
SOLEMNE PROCESIÓN
DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Y VIGILIA DEL TRÁNSITO
EN LA CATEDRAL DE CÓRDOBA
Sábado, 3 de octubre de 2026. 7 de la tarde. Iglesia de San Francisco y San Eulogio. Córdoba. Mezquita-Catedral. Córdoba.
Representación FMMDP y de la Franciscana Hermandad junto con la Familia Franciscana de la Diócesis. (En el momento, se ofrecerá la posibilidad de hacerse con plaza de autobús para obtener el jubileo)
FESTIVIDAD DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
SANTA MISA Y PROCESIÓN DE NUESTRO SERÁFICO PADRE DESDE LA PARROQUIA A LA CAPILLA DE JESÚS
Domingo, 4 de octubre de 2026. Santa Misa. 12 de la mañana.
Iglesia de la Inmaculada Concepción. Interviene: AM. Jesús Cautivo de Villa del Río.
SANTA MISA EN HONOR
DE SAN FRANCISCO DE ASÍS Y LA BEATA, MARÍA ANA MOGAS FONTCUBERTA
Martes, 6 de octubre de 2026. Santa Misa. (Por confirmar hora)
Colegio Divina Pastora.
TRASLADO DEL SEÑOR DE LA HUMILDAD A LA CAPILLA DE JESÚS
Sábado, 31 de octubre de 2026.
(Por confirmar hora en la tarde)
Iglesia de la Inmaculada Concepción. Interviene: AM. Ntro. P. Jesús Nazareno “La Madrugá” de Villa del Río.
NOVIEMBRE
SOLEMNE BESAMANOS EXTRAORDINARIO
DEL STMO. CRISTO DE LA HUMILDAD
Domingo, 1 de noviembre de 2026. 10 a 13h. y de 17 a 20h. Capilla de Jesús. (Donativos destinados a FONDESOL de las FMMDP)
SANTA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS
Y TRASLADO DE VUELTA DEL SEÑOR
DE LA HUMILDAD A LA IGLESIA
DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Sábado, 7 de noviembre de 2026. 5 de la tarde. Capilla de Jesús.
Interviene: AM. Ntro. P. Jesús Nazareno “La Madrugá” de Villa del Río.
SANTA MISA SOLEMNIDAD
DE CRISTO REY DEL UNIVERSO
Domingo, 22 de noviembre de 2026.
12 de la mañana.
Iglesia de la Inmaculada Concepción.
COPA-CONVIVENCIA 40 ANIVERSARIO
Domingo, 22 de noviembre de 2026. 2 de la tarde. (Por determinar)
CAMPAÑA DE RECOGIDA DE ALIMENTOS DESTINADOS A CÁRITAS
22 al 29 de noviembre.
Horario habitual apertura de la Parroquia.
(Recogida de productos destinados a Cáritas Parroquial)
(A través de RR.SS. se irán confirmando horarios y datos por determinar, así como la intervención de otras entidades culturales en los actos)
Colaboran: Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción e Ilmo. Ayuntamiento de Villa del Río.

miércoles, 3 de junio de 2026

"HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA"

Reflexión Evangelio Domingo, 7 de Junio de 2026. Solemnidad del Corpus Christi.

"Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer"
El libro del Deuteronomio nos recuerda hoy las maravillas que obró Dios con su pueblo cuando lo sacó de la esclavitud. La travesía del desierto, tras la liberación de Egipto, representa una experiencia de pobreza y dependencia absoluta de la fidelidad divina. Rememorar cómo Yahvé mitigó su hambre en el camino del desierto dándoles el maná bajado del cielo sugerirá siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios (Dt 8,3). El maná se convierte así en símbolo de libertad, comunión y subsistencia, el “pan de todos”, que unifica y sostiene a la comunidad en los momentos de mayor precariedad.

Esta enseñanza subraya también la llamada a una fe confiada, abierta a la misericordia de Dios. Israel aprenderá a vivir en la fe y el abandono, reconociendo que la vida y el sustento provienen de la mano divina. Así, la experiencia del maná en el desierto se convierte en una escuela de confianza y memoria providente, que se refleja en la liturgia y en el significado profundo de la Eucaristía.

"Nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan"
San Pablo, preocupado por apartar a los primeros convertidos de los ritos paganos, les trae a la memoria que, con la fracción del pan, -un gesto varias veces realizado por Jesús, en especial durante la Última Cena, - quiso significar que todos los que comen de este único pan partido, que es Cristo, entran en comunión con El y forman un solo cuerpo en Él. El mismo Pablo, en la carta a los Colosenses, nos exhorta para que «la paz de Cristo reine en nuestros corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo» (3,15). Y es la comunidad de Pentecostés la que puede partir el Pan con la certeza de que el Señor está vivo, resucitado de entre los muertos, presente con su palabra, con sus gestos, con la ofrenda de su Cuerpo y de su Sangre.

El relato de Pablo va más allá de la simple repetición de las palabras de Jesús, proponiendo una reflexión sobre la comunión que se realiza en el rito. El cáliz de bendición y el pan partido son signos de la participación en el cuerpo y sangre de Cristo y, a través de ellos, la Iglesia se edifica, crece y vive. La Eucaristía es así el sacramento de la unidad, la reconciliación y la vida compartida, en la que cada persona encuentra alimento espiritual y se fortalece la comunidad de creyentes.

"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre"
En el Antiguo Testamento Dios alimenta a su pueblo dándole de comer y de beber para que no muera. El evangelio afirma hoy que Cristo es el verdadero alimento que Dios nos da para que tengamos vida.

El Corpus Christi se nos presenta, pues, como una ocasión para que la comunidad cristiana se adentre en el sentido último de la Eucaristía y su vinculación con la Última Cena de Jesús. Es un buen día para profundizar en la dimensión espiritual, histórica y comunitaria del sacramento, reconociendo su carácter central en la vida cristiana y su capacidad para renovar y transformar a la Iglesia y a sus miembros.

Según el Concilio Vaticano II, la Eucaristía constituye la culminación de toda la vida cristiana y el fundamento sobre el que la Iglesia se construye y progresa. Los textos litúrgicos de esta solemnidad nos invitan a descubrir su dimensión inefable, recordando que en ella acontece algo nuevo y relevante para cada persona y para la comunidad, en respuesta a las necesidades cambiantes a las que el Señor resucitado acude.

La fiesta del Cuerpo y la sangre de Cristo se nos presenta también como una oportunidad para reflexionar sobre el misterio de la presencia de Cristo, hacer memoria agradecida de la acción divina y renovar el compromiso de fe, confianza y comunión. La liturgia, los símbolos bíblicos y las enseñanzas apostólicas convergen para mostrar que la Eucaristía es mucho más que un rito: es el fundamento vital y el punto de encuentro de la comunidad cristiana, siempre abierto a la renovación y al crecimiento espiritual. La comunión vital con Jesús es el punto principal del misterio eucarístico. Cuando recibimos el cuerpo y sangre de Cristo nos convertimos en aquello que comemos. Además, y como consecuencia, “todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de ese único pan”.

Pero, además, no podemos comulgar con el Señor, si no comulgamos entre nosotros. Si queremos encontramos con Él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros porque formamos parte del mismo cuerpo. Somos comunidad, alimentados todos por el cuerpo y la sangre de Cristo.

Este doble fruto de la Eucaristía, unión y comunión nos impulsa a la misión: por eso al celebrar el Corpus, renovamos nuestra fe, nuestra creencia en que Cristo está presente realmente por la acción del Espíritu Santo y por las palabras de la consagración. Es “Dios con nosotros”, y esto nos lleva entonces a unir la celebración de la Misa con la vida y a procurar que la vida sea la continuidad de aquello que celebramos domingo a domingo, que sea una Misa prolongada a lo largo del día, de la semana.

Y porque hemos descubierto esta presencia real sacramental de Jesucristo vamos a poder descubrir otras presencias reales de Cristo. Son aquellas que el mismo Jesús nos ha sugerido: “…estuve enfermo, en la cárcel, fui forastero, tuve hambre, tuve sed…y me asistieron… todo lo que hicieron al más pequeño de mis hermanos conmigo lo hicieron”. Es decir: Él estaba allí. Son presencias no sacramentales, pero no por ello menos reales. Por eso la prolongación de lo que celebramos aquí en el Altar y en nuestros templos, debe verificarse también en la caridad fraterna, en la actitud que yo tengo hacia mis hermanos descubriendo, en esas realidades donde aparentemente, no aparece con tanta claridad, la presencia real de Jesucristo.

¿A que me compromete la fiesta que celebramos hoy? ¿Cómo superar la rutina de las celebraciones eucarísticas, diarias o dominicales?

Fray José Hernando O.P.

“EL QUE PIERDA LA VIDA POR MI, LA ENCONTRARÁ"

Reflexión del Evangelio Domingo 28 de Junio de 2026. 13º del Tiempo Ordinario. "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles" En el...