domingo, 18 de enero de 2026

“TRAS DE MÍ VIENE UNO QUE ESTÁ POR DELANTE DE MÍ"


Reflexión Evangelio 18 de Enero de 2026. 2º del Tiempo Ordinario.

“Preparad los caminos, allanad los senderos”

Para entender este texto se hace imprescindible conocer algo de la figura de Juan Bautista para así poder descubrir la novedad de la buena nueva de Jesús, que al fin y al cabo es lo único que nos debe importar. También, sólo así podremos extraer de este evangelio una reflexión vital y edificante para nuestra vida cristiana.

Conviene no olvidar que Juan Bautista, primo de Jesús, liderará un movimiento profético y penitencial en los primeros tiempos del cristianismo ante la certeza inminente de la llegada del Mesías, realidad largamente esperada por Israel.

Él es consciente que ante la magnitud de tal acontecimiento sólo queda una salida: “preparad los caminos, allanad los senderos” y hacer penitencia para que las faltas e infidelidades se borren, porque Dios va a intervenir definitivamente en la historia.

Por eso se retirará al desierto para preparar ese momento, bautizando a penitentes en torno al río Jordán, en un bautismo de conversión y purificación. Su estilo de vida austero y su Dios de la justicia, el cual separará lo bueno de lo malo, y su Dios de la ira inminente ante el pecado e infidelidad de Israel, seducirá a muchos, pues su discurso estaba ligado al Dios del Antiguo Testamento muy enraizado en la mentalidad del pueblo de Israel.

“Detrás de mí viene a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias”

Como suele pasar a lo largo de la historia con otros líderes espirituales, serán más bien sus seguidores quiénes los pondrán en lugares que no les corresponden, y en este caso serán ellos quienes verán en Juan Bautista al mesías esperado.

Tal vez, algo así habrán pensado sus seguidores: este hombre justo, bueno y austero que habla del Dios de la justicia, tiene que ser el salvador. Ante tal confusión no es de extrañar que los cuatro evangelios, con matices, pero señalando lo mismo, se esfuercen en mostrar a Juan como simplemente el precursor, el último de los profetas, el nexo entre lo antiguo y lo nuevo, pero no el mesías; siempre poniendo en boca de Juan el intento de clarificar los roles: “detrás de mí viene a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias”. Y este texto deja claro quién es quién; mostrando la identidad de uno y de otro.

"Juan dio testimonio"

El mensaje y estilo de Jesús estarán en las antípodas del de Juan, frente al estilo penitencial del bautista y sus seguidores, simbolizado en el desierto, su soledad y su ascetismo, Jesús se acercará a la gente en el corazón de sus vidas; participará en comidas, banquetes; irá a bodas, estará en las plazas públicas.

El Reino de Dios anunciado por Jesús llegará al centro del mundo, no alejado de él, sanando, acogiendo y curando las heridas de los hombres y mujeres de su tiempo. Frente al Dios de buenos y malos, propio del judaísmo vetero testamentario, reflejado en el discurso de Juan, Jesús irá por la oveja perdida, porque todos son hijos de Dios.

Se juntará con los pecadores, con hombres y mujeres de mala fama, afirmando que no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores, que son los que tienen necesidad de “médico”. Y podríamos seguir.

En definitiva, frente al Dios de los buenos y malos de Juan, emerge de la mano de Jesús el Dios del amor y de la misericordia que ofrece a todos siempre otra posibilidad de vida. El Dios de Jesús es el Padre de la parábola del Hijo Pródigo, que hace fiesta por el hijo que vuelve a casa, perdonándole su pecado.

"Este es el Hijo de Dios"

En el texto que comentamos hay dos frases que vienen a cerrar lo anterior, marcando la diferencia radical entre Juan y Jesús.

Juan dirá que Jesús es “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y que ha visto que el Espíritu Santo se posaba sobre él”.

Hacer penitencia, arrepentirse, se puede y debe, y es muy noble y necesario, pero erradicar, “quitar”, el pecado como ruptura radical de la amistad del ser humano con Dios, eso sólo lo puede hacer Dios mismo, sólo Jesús como Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo.

Juan bautizaba con agua, todo un símbolo de regeneración y de pureza ritual, pero la distancia entre el ser humano y Dios seguían siendo infinitas. Jesús bautizará en el Espíritu Santo, haciéndonos participar de la misma vida de Dios, convirtiéndonos en verdaderos hijos e hijas en Él.

Hoy el evangelio nos invita a mirar de frente a Jesús con los ojos de Juan Bautista, sin vacilaciones, con coraje y a escucharlo con un corazón sincero y bien dispuesto. Que cada uno de nosotros pueda decir, como Juan: “He visto al Señor obrando en mi vida, y quiero anunciarlo.”

Pidamos al Espíritu Santo  que nos convierta en testigos humildes, valientes y fieles, que sepamos señalar a Cristo en un mundo que necesita encontrarse con Él. Que como Juan tengamos el coraje de seguir anunciando con palabras y con nuestras vidas que Jesús es Dios y es la palabra de amor del Padre para el mundo.

martes, 13 de enero de 2026

NACIMIENTO DE Mª ANA MOGAS

 

Hoy nuestra Parroquia felicita con motivo del 199 Aniversario del nacimiento de su Fundadora a la Comunidad de Religiosas Franciscanas de la Madre del Divino Pastor que durante más de 100 años lleva sembrando en este pueblo el mensaje hecho servicio de "Amor y Sacrificio".

domingo, 11 de enero de 2026

"CONVIENE ASÍ QUE CUMPLAMOS TODA JUSTICIA"

 
Reflexión Evangelio 11 de Enero de 2026. Bautismo de Ntro. Señor Jesucristo.

"Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país"

¡Qué contraste entre las lecturas que se nos presentan hoy y nuestra manera de actuar y de pensar! Cuántas veces hacemos uso de una justicia fría que no tiene en cuenta la realidad de los individuos que tiene delante, que hace acepción de personas, que mira principalmente a los que no son del propio grupo, que descarta a los que no siguen las mismas pautas y no defienden los mismos intereses.

Cuántas veces hacemos uso de esa justicia fría que no sabe ponerse en el lugar del otro y que busca la venganza. Si nos fijamos en las noticias, en la gente que hay a nuestro alrededor, incluso, en nosotros mismos, nos veremos juzgando y condenando, contribuyendo así a la confrontación y polarización en la que se ven envueltos nuestra sociedad y nuestro mundo.

En cambio, en la primera lectura del profeta Isaías que hemos escuchado podemos ver cómo el siervo, el elegido del Señor, no viene a traer venganza ni a condenar, sino que nos viene a traer la justicia que salva, que levanta, que dignifica. Esta justicia que consiste en “abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la cárcel y de la prisión a los que habitan en las tinieblas”.

Esto me recuerda a esa máxima que dice “odia el delito y compadécete del delincuente”. Es la misericordia la que traspasa la justicia y la que busca restablecer el bien, invitando a la conversión y al cambio, sanando las heridas que se hayan podido producir entre las personas o entre estas y la creación, construyendo un mundo en el que no haya muros que dividan y separen, que enfrenten y lleven a la enemistad, sino puentes que unan y que lleven al encuentro y a la comunión.

"Dios no hace acepción de personas"

Y, en esta llamada, como nos dice la segunda lectura del libro de los Hechos, el Señor no hace acepción de personas: “Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”, y podríamos seguir, sea de la raza que sea, tenga el sexo que tenga, pertenezca al partido que pertenezca, etc.

Es una invitación a ver en el otro a un hermano al que hay que cuidar y al que hay que tratar como a uno le gustaría que le tratasen.  Lo importante es hacer vida en la propia vida la Buena Noticia de la paz que trajo Jesús y hacer lo que él hizo: pasar haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.

"Este es mi Hijo amado, en quien me complazco"

Esto nos tiene que llevar a nosotros a aquel de quien el Señor dice “este es mi Hijo amado en quien me complazco”. Al igual que Juan lo reconoce: “soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”, nosotros también estamos llamados a reconocerle y a encontrarnos con él.

Estamos llamados a abrirle las puertas de nuestro corazón y nuestra vida, a dejarnos llenar por él, a configurarnos y conformarnos con él. Esto significa intentar vivir como él vivió, haciendo la voluntad del Padre, en nuestra época y en los lugares en los que nos toque vivir: “Conviene así que cumplamos toda justicia”.

En el día en el que celebramos el bautismo del Señor, hacemos también memoria de nuestro bautismo. Y no podemos dejar de recordar la invitación de Jesús a la conversión y a creer en el evangelio. Que una vida auténtica, vivida en relación con los demás desde la justicia y la misericordia y al cuidado de la creación nos lleva a la fidelidad al Dios de Jesucristo que quiere que todos tengan vida y la tengan en abundancia.

¿No es la voluntad del Padre vivir nuestra vida de creyentes desde la autenticidad, viviendo conforme a nuestra fe, a aquello que creemos, e intentando crecer en el seguimiento de Cristo? No dejemos nunca de confrontar nuestra fe y nuestra vida con la Palabra y de dejarnos acompañar por la comunidad de creyentes.

¿No es voluntad del Padre que vivamos nuestras relaciones con los demás desde la justicia y la misericordia? No podemos olvidar que nuestras relaciones con los otros, deben de tener como base estas dos realidades, la justicia y la misericordia, que no son otra cosa que expresión del amor de Dios hacia nosotros y de nosotros hacia los demás.

¿No es voluntad del Padre que vivamos nuestra relación con todo lo creado desde el cuidado? Cuántas veces hemos malinterpretado las palabras del Génesis, fijándonos sólo en el “sed fecundos y multiplicaos, henchid la tierra y sometedla”, olvidando y separándolo de “para que lo labrase y lo cuidase”. Así hemos tratado la creación como nuestra despensa personal, puesta al servicio de nuestros propios intereses, olvidándonos de que es nuestra casa común y que hemos de vivir en comunión con ella, cuidándola y respetándola como creatura de Dios que es.

¿No es voluntad del Padre que vivamos nuestra relación con él desde la fidelidad? La fidelidad nos tiene que llevar a purificar las imágenes de Dios que muchas veces nos hacemos y con las que nos justificamos, a vivir nuestra vida teniéndole presente en nuestro día a día y a vivirla conforme a nuestra fe en Él.

“TRAS DE MÍ VIENE UNO QUE ESTÁ POR DELANTE DE MÍ"

Reflexión Evangelio 18 de Enero de 2026. 2º del Tiempo Ordinario. “Preparad los caminos, allanad los senderos” Para entender este texto ...