domingo, 19 de julio de 2026

“DEJADLOS CRECER JUNTOS HASTA LA SIEGA ”

Reflexión Evangelio Domingo 19 de Julio de 2026. 16º del Tiempo Ordinario.

“Fuera de ti no hay otro Dios”
La primera lectura, tomada del Libro de la Sabiduría, destaca precisamente esta actitud divina. Aunque Dios es todopoderoso, no utiliza su poder para imponer su voluntad ni para castigar a quienes se equivocan. La grandeza de Dios se manifiesta, por el contrario, en la paciencia y la misericordia. Él concede a sus hijos tiempo para arrepentirse, ofrece nuevas oportunidades y, como un buen padre, acompaña pacientemente nuestros procesos de crecimiento. Esta forma de actuar revela que la justicia de Dios siempre va acompañada de amor.

Creo que el Libro de la Sabiduría nos ofrece una bonita enseñanza que siempre conviene recordar. Con frecuencia, las relaciones humanas se ven marcadas por la tendencia a etiquetar o condenar a quienes han cometido errores. Más aún en nuestras sociedades, donde cada vez se fomenta la expulsión de lo distinto —como expresa el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en una de sus obras—, no siempre se favorece virtudes como la comprensión, la compasión o la posibilidad de empezar de nuevo. Frente a esta realidad, el autor del Libro de la Sabiduría nos recuerda e invita a adoptar una mirada capaz de reconocer que toda persona, independientemente de sus errores, pecados o pasado, posee una dignidad que nunca pierde y una posibilidad de conversión que nunca debe ignorarse.

“Dejadlos crecer juntos hasta la siega”
Esta misma enseñanza se encuentra expresada, a su manera, en el Evangelio de Mateo. En él, Jesús nos presenta a Dios como el sembrador que esparce buena semilla en su campo. Sin embargo, Jesús también señala que junto a esta buena semilla crece la cizaña. Esta es una manera de reconocer con realismo la presencia del mal en el mundo. Todos sabemos por experiencia que la historia de la humanidad está marcada por luces y sombras, por avances y contradicciones, por gestos de generosidad y también por actitudes que dañan la convivencia.

Ante esta situación, los criados del dueño del campo proponen algo práctico y de sentido común: arrancar de inmediato la cizaña. Pero la respuesta del dueño es sorprendente: «Dejadlos crecer juntos hasta la siega». ¿Acaso el dueño del campo está ignorando la presencia del mal en su viña? desde luego que no. Él no minimiza la gravedad del mal ni su respuesta es una invitación a la indiferencia. Más bien, transmite la misma idea que ya encontramos en la primera lectura: Dios actúa con paciencia, conoce la profundidad del corazón humano y no deja de ofrecer oportunidades para que el bien crezca y dé fruto.

Con esta respuesta, Jesús nos enseña que la misión principal del discípulo no es dedicar sus energías a arrancar la cizaña ni obsesionarse por señalar el mal del mundo, sino cuidar el crecimiento del trigo y procurar que produzca frutos abundantes, incluso en medio de las dificultades.

En un tiempo marcado por las tensiones, las divisiones, los enfrentamientos y la tendencia a expulsar lo diferente, la Palabra de Dios nos invita a redescubrir el valor de la paciencia, la comprensión y la esperanza. El Señor sigue actuando en la historia y haciendo crecer el trigo en medio de las dificultades.

¿De qué manera la paciencia de Dios me inspira una mirada más esperanzada hacia las personas y las situaciones de la vida cotidiana? ¿Qué actitudes ayudan a favorecer el crecimiento del buen trigo que Dios sigue sembrando en el mundo?

Fr. Jesús Nguema Ndong Bindang O.P.

jueves, 16 de julio de 2026

LA VIRGEN DEL CARMEN RECIBE EL AMOR DE LOS VILLARRENSES

Hace tan solo unos minutos tenía lugar la Santa Misa y Besamanos en honor de Nuestra Madre Bendita del Carmen.

En la Eucaristía, se nos ha invitado a ponerla como intercesora nuestra y de los que ya han partido de este mundo. El párroco ha agradecido a los que han hecho posible el montaje de los cultos. Gracias a las Hermandad de la Magdalena y a la Franciscana Hermandad de la Humildad.

También ha mostrado su agradecimiento a los asistentes, al Coro Parroquial y a Estrella Castro Ferrer, que han intervenido musicalmente. Ha concluido con el rezo de la Salve. Que la “Señora del Sagrario” nos cobije siempre bajo su manto del Carmelo.

domingo, 12 de julio de 2026

"SALIÓ EL SEMBRADOR..."

Reflexión Evangelio Domingo 12 de Julio de 2026. 15º del Tiempo Ordinario.

Jesús recibe a la gente que acude a Él.
Los cuatro relatos del Evangelio constatan una realidad fundamental: la gente busca a Jesús. Hay algo en su persona, en su palabra y en su forma de tratar a las personas que lo distingue de los referentes religiosos de su tiempo, que solamente le recordaban al pueblo su imposibilidad de acceder a Dios, de recibir la gracia del perdón y de esperar confiadamente la salvación. Jesús se distingue de los sacerdotes, de los fariseos y de los escribas porque es capaz de hacerse tiempo para estar con los enfermos, los pobres, los pecadores, y con todos aquellos a quienes el sistema religioso mantenía al margen del corazón de Dios.

Pero no sólo se hace tiempo para estar con ellos, también los acoge cordialmente, les dirige su palabra y se dedica a enseñarles los misterios del Reino, revelándoles un nuevo rostro de Dios y llamándolos a la conversión. Jesús se ha encarnado para entablar un diálogo de amistad con la gente, especialmente la más sencilla, la más vulnerable y la más marginada. Con sus palabras y sus gestos Él les recordó que cada uno de ellos estaba llamado a participar entrar Reino para sentarse a la misma mesa con el Padre. Es decir, le recordó a todos su vocación a la salvación.

Sin embargo, aunque la gente busca a Jesús, las motivaciones para ir a su encuentro, para estar con Él y escucharlo son distintas. Para unos es la posibilidad de «zafar» de las exigencias de la Ley (que Jesús no vino a abolir sino a dar plenitud a través del mandamiento del amor y de la misericordia). Para otros, es la oportunidad de escuchar a un profeta o a un sabio (porque hasta ahora nadie ha hablado con autoridad como Él lo hace). Pero, para algunos, el encuentro con Jesús es un verdadero espacio de gracia, de misericordia y de sanación.

Jesús habla a la gente en parábolas.
En Jesús de Nazaret, Dios ha entablado con la humanidad, especialmente con la humanidad doliente, un diálogo directo, histórico y con un decisivo horizonte salvífico. Toda persona es su interlocutora por el único hecho de ser un ser humano, creado originalmente a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, con una dignidad inalienable.

Cuando el otro es importante, entrar en diálogo es un camino esencial para llegar a su corazón. Y Jesús ha elegido una forma de dialogar totalmente cercana, asumiendo nuestras propias categorías e imágenes. Por eso, las parábolas se inscriben dentro de esta pedagogía dialogal que Él mismo ha elegido para hablar de tú a tú con el hombre, ya que para llegar al corazón del otro hace falta transitar los caminos que el mismo corazón e inteligencia tienen para conocer la realidad, para entablar vínculos con las personas y para acercarse al misterio. Sólo alguien verdaderamente sabio es capaz de ponerse al nivel de su interlocutor para que éste pueda aprender, comprender y sorprenderse. Con lo cual, el verdadero sabio no necesita apelar a la elocuencia de las palabras, ni recurrir a la retórica o a una técnica oratoria para demostrar su sabiduría. La humildad y el respeto por el prójimo en su situación vital, moral y espiritual son los signos más radicales de una persona verdaderamente sabia.

Mucha de la gente que busca a Jesús y lo rodea es gente sencilla que, en su mayoría, no sabrían leer ni escribir: campesinos, artesanos, amas de casa…; gente, en algunos casos, con una vida moral compleja; en otros, con una religiosidad y una piedad de corte formal. Algunos con una imagen de Dios muy severa y más cercana a un juez o a un verdugo que a un Padre rico en paciencia y misericordia. Pero ¿por qué les habla en parábolas? Seguramente porque confía en la capacidad de acogida, apropiación y fructificación de la Palabra que tiene todo hombre y toda mujer de buena voluntad.

Jesús explica la parábola a sus discípulos.
Es importante señalar que, para Jesús, apelar a las parábolas no es un recurso pedagógico que tiene como objetivo captar la atención de sus interlocutores. Hay una intención más profunda que se relaciona con la revelación de los misterios del Reino. Jesús apuesta por el proceso interior que cada persona puede hacer si deja crecer la Palabra en su corazón; proceso que, cuando llega a su madurez, lleva a forjar una convicción vital capaz sostener una espiritualidad, una religiosidad y una moral en una vida cotidiana. Y para ello parte de una realidad fundamental: el hombre es «tierra buena» por esencia. Todo lo que siembra en su corazón siempre produce fruto.

En la parábola del sembrador, Jesús presenta cuatro espacios significativos de siembra en los cuales cae la semilla de la Palabra de Dios: el borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos y la tierra buena. Independientemente de estos espacios significativos, hay una realidad que no se puede obviar: la semilla de la Palabra siempre cae en el corazón. De ahí que la aceptación, la apropiación y la fructificación de la Palabra no es algo improvisado. El Sembrador siempre tiene una esperanza en la siembra, ya que confía en el potencial de vida que tiene la tierra. Pero si la tierra no está suficientemente cuidada o abonada, la semilla no puede hacer un milagro. Sólo cuando se toma en serio la vida, se toman los recaudos necesarios para cuidar el espacio donde ella pueda germinar y dar fruto pleno y abundante.

Cuando Jesús explica la parábola a sus discípulos en privado, lo que hace es ayudarlos a tomar conciencia de su camino de fe y el de la gente, porque para poder anunciar el Reino, antes tienen que dejar que la Palabra tenga raíces sólidas en el corazón. Con lo cual, tendrán que aprender a respetar el tiempo en el cual la semilla de la Palabra absorba el potencial de vida que tiene la tierra buena, que es cada uno de ellos. Un cristianismo de convicción es el signo de credibilidad de acogida, apropiación y fructificación de la Palabra de Dios en el corazón humano.

Para la meditación y la oración.
El borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos y la tierra buena son espacios del corazón donde puede caer la Palabra de Dios. ¿Cuál es el espacio que más me representa hoy? Recordando que Dios nos ha creado como «tierra buena»: ¿Cuáles son los signos del cuidado de Dios en mi vida?

Fr. Rubén Omar Lucero Bidondo O.P.

domingo, 5 de julio de 2026

“Y ENCONTRARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS”

Reflexión Evangelio Domingo 5 de Julio de 2026. 14º del Tiempo Ordinario.

Un rey que no conquista por la fuerza.
La primera lectura nos presenta una imagen sorprendente. El rey esperado entra montado en un asno. No viene rodeado de ejércitos ni exhibe los símbolos del poder humano. Su fuerza es la humildad; su autoridad, la paz.

Muchas veces imaginamos que la solución a nuestros problemas llegará cuando logremos controlar las circunstancias, cuando tengamos más seguridad o cuando desaparezcan las dificultades. Sin embargo, Dios sigue un camino diferente. El Mesías llega desarmado porque quiere conquistar el corazón y no imponer su dominio. La paz que trae no nace de la victoria sobre los demás, sino de la reconciliación que Dios realiza en nuestro interior.

Quizá una de las causas más profundas de nuestro cansancio sea precisamente la lucha constante por sostenerlo todo. El Evangelio nos recuerda que no estamos llamados a ser dueños absolutos de nuestra vida, sino hijos que aprenden a confiar.

La sabiduría de los pequeños.
Jesús bendice al Padre porque ha revelado sus secretos a los pequeños. No se trata de una exaltación de la ignorancia ni de un desprecio de la inteligencia. Lo que Jesús alaba es la actitud de quien permanece abierto al don.

Hay un cansancio que nace de la autosuficiencia. Cuando creemos que todo depende de nosotros, terminamos cargando pesos que nunca fuimos llamados a llevar. La humildad evangélica consiste en reconocer nuestra necesidad de Dios.

Los pequeños son aquellos que saben recibir. Son capaces de dejarse enseñar, corregir y acompañar. No tienen todas las respuestas, pero permanecen disponibles para escuchar. Y es precisamente en esa actitud donde Dios encuentra espacio para actuar.

El Espíritu transforma el corazón.
San Pablo nos recuerda que el Espíritu de Dios habita en nosotros. La vida cristiana no consiste simplemente en cumplir unas normas o esforzarse más. Es ante todo una transformación interior.

Con frecuencia buscamos el descanso intentando cambiar las circunstancias externas. Pensamos que estaremos en paz cuando desaparezcan los problemas o cuando todo salga como esperamos. Pero el Evangelio señala otro camino. El Espíritu no siempre cambia inmediatamente la realidad que nos rodea; muchas veces transforma primero nuestra manera de vivirla.

Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con otros ojos. La ansiedad cede espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial. Así nace la verdadera paz.

"Venid a mí".
La invitación de Jesús es directa y profundamente personal. No dice: "Venid a una doctrina" o "venid a una ley". Dice: "Venid a mí".

El descanso cristiano tiene un rostro. Es el encuentro con Cristo. Por eso no se alcanza únicamente mediante técnicas, estrategias o esfuerzos personales. Es fruto de una relación.

Todos llevamos cargas: preocupaciones familiares, incertidumbres, heridas, responsabilidades, errores del pasado o temores ante el futuro. Jesús no niega la existencia de esas cargas. Tampoco promete una vida sin dificultades. Lo que ofrece es caminar con nosotros y sostenernos desde dentro.

"El yugo que libera".
Resulta paradójico que Jesús hable de descanso y, al mismo tiempo, invite a cargar con su yugo. Sin embargo, ahí se encuentra una de las claves del Evangelio.

Las cargas que nacen del egoísmo, del orgullo o de la autosuficiencia terminan aplastando. El yugo de Cristo, en cambio, es el amor. Y el amor, aunque exige entrega, nunca esclaviza. Quien vive unido a Jesús descubre que incluso las responsabilidades más difíciles pueden ser llevadas con una paz nueva.

El Señor no elimina mágicamente todas las dificultades de la vida. Lo que hace es transformar el corazón de quien confía en Él. Por eso su yugo es suave y su carga ligera.

Encontrar descanso para el alma.
La promesa final de Jesús toca el deseo más profundo del ser humano. Todos buscamos descanso. Todos anhelamos una paz que ninguna circunstancia pueda destruir.

Ese descanso nace cuando dejamos que el Espíritu nos transforme y aprendemos a vivir desde la humildad. Cuando dejamos de apoyarnos únicamente en nuestras fuerzas y acogemos la misericordia de Dios. Cuando aceptamos que no somos salvadores de nosotros mismos y descubrimos que ya somos amados.

Pero Jesús no promete una vida libre de dificultades. Tampoco identifica el descanso con la ausencia de conflictos, sufrimientos o peligros. Él mismo vivió el rechazo, la incomprensión y la cruz. El descanso del alma al que invita es algo más profundo: la paz que brota de la comunión con Dios. Es la serenidad de quien sabe que su vida está sostenida por el amor del Padre y habitada por su Espíritu. Por eso puede permanecer en pie incluso en medio de la incertidumbre, el dolor o la prueba.

Quien vive unido a Cristo descubre que la verdadera paz no depende de que todo salga bien, sino de saber que nunca camina solo. El descanso del alma es la experiencia de descansar en Dios, confiando en que nada puede separarnos de su amor. Así, aun en medio de las tormentas de la vida, el corazón encuentra una morada firme donde permanecer.

Fray Diego Rojas O.P.

domingo, 28 de junio de 2026

“EL QUE PIERDA LA VIDA POR MI, LA ENCONTRARÁ"

Reflexión del Evangelio Domingo 28 de Junio de 2026. 13º del Tiempo Ordinario.

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles"

En el contexto del discurso de misión, Mateo incluyó varios grupos de sentencias o exhortaciones:

1. Grupo de sentencias: Mateo plantea la alternativa de tener que elegir entre Jesús y la propia familia (Mt 10,37), manifestado en el triple estribillo: “no es digno de mi”. Se trata de una alternativa muy dolorosa y arriesgada, pues en aquella época la familia era el grupo social que daba sentido a la vida de los individuos, y por tanto la ruptura con ella suponía un desarraigo social casi completo.

2. A continuación, viene un 2º grupo de exigencias que es la de romper con las propias seguridades (Mt 10, 38), simbolizada en la actitud de tomar la cruz y seguir a Jesús. Esta expresión refleja una profunda comprensión del seguimiento como un camino de unión con Jesús.

3. En una tercera exigencia o exhortación Mt propone un cambio en la escala de valores de los discípulos; en el AT el ideal era buscar la vida, Jesús les propone que imiten su entrega para poder alcanzar así una vida en plenitud.

4. Mt concluirá el discurso de su misión refiriéndose a la recompensa que les espera a los que acogen a los mensajeros del evangelio: los apóstoles, representantes de Jesús: “quien os recibe a vosotros a mí me recibe” (Mt 10,40), los profetas, que ejercían un ministerio itinerante que era la predicación, los justos, cristianos procedentes del judaísmo, que intentaban vivir en el seno de la Iglesia cristiana su fidelidad a la ley de Moisés y los pequeños, grupo de los discípulos en proceso de maduración.

Mateo habla de estos cuatro grupos dando a entender que en esta tarea misionera los enviados no son solo los apóstoles, sino también los profetas, los justos y los pequeños; es decir, que la tarea de anunciar el evangelio pertenece a toda la comunidad.

"El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará"

Las palabras que leemos en el evangelio de este día parecen duras y exigentes.

¿Será que Jesús nos está invitando a no amar a nuestros padres, a no amar a nuestros hijos? Eso estaría en contradicción con el 4º mandamiento de honrar a padre y madre, y no puede ser posible que haya contradicción en los mismos mandamientos.

No se trata de no amar a nuestros padres o de no amar a nuestros hijos, sino más bien de que ese amor no nos aleje del amor de Dios, por eso dice: “el que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mi” (Mt 10, 37). La invitación no es a no amar sino más bien, a tener clara nuestras prioridades, como dice el primer mandamiento de la Ley de Dios. “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Por eso, no se trata de no amar a nuestra familia, a nuestros padres, a nuestros hijos, sino de que eso no nos aleje del amor de Dios.

¿Nos parece pesado esto que nos pide Jesús, esto de amarlo por encima de nuestra familia, de tomar la cruz, de renunciar? Si es así, la respuesta está en el amor, es porque quizás amamos poco. Hay una anécdota que le sucedió a la Madre Teresa de Calcuta cuando un famoso fue a ver el trabajo que ella estaba realizando, este famoso le dijo que lo que estaba haciendo ella, él no lo haría ni por un millón de dólares, ella le dijo que ella tampoco lo haría por un millón de dólares, sino que lo hacía por amor, porque el amor suaviza las exigencias. El propio San Agustín decía también que el amor hace suave los preceptos.

Dos reflexiones finales al hilo de lo que hemos ido comentando: Jesús no nos pide no amar a nuestra familia, sino que eso no interfiera en nuestro amor a Dios. Y si nos parece pesado lo que nos pide Jesús, es porque quizás le amamos muy poco.

¿Qué personas, seguridades o intereses ocupan hoy el lugar que debería tener Jesús en mi vida ¿Cómo puedo vivir en lo cotidiano el llamado a “tomar la cruz” y servir a los demás, incluso en los gestos más pequeños?

Fr. Luis Martín Figuero O.P.

“DEJADLOS CRECER JUNTOS HASTA LA SIEGA ”

Reflexión Evangelio Domingo 19 de Julio de 2026. 16º del Tiempo Ordinario. “Fuera de ti no hay otro Dios” La primera lectura, tomada del Lib...