domingo, 23 de febrero de 2025

"AMAD A VUESTROS ENEMIGOS"

 

Reflexión del Evangelio Domingo 23 de Febrero de 2025. 7º del Tiempo Ordinario.

Amar a los enemigos es muy difícil, pero no imposible

Amar a los enemigos es uno de los principios más desafiantes y difíciles enseñados por Jesús. Amar a los enemigos implica perdonarlos. Esto significa dejar ir el resentimiento y la venganza. Jesús enseñó que debemos perdonar no solo una vez, sino repetidamente (Mateo 18, 21-22).

Amar a los enemigos es difícil porque va contra nuestra naturaleza humana, que busca protegerse y responde con desconfianza, resentimiento o venganza ante el daño recibido. Sin embargo, no es imposible porque el amor verdadero no depende solo de los sentimientos, sino de la decisión consciente de desear el bien para el otro. Con la gracia de Dios, la práctica del perdón y la imitación del ejemplo de Cristo, podemos trascender nuestros impulsos y amar incluso a quienes nos han herido. Este amor transforma no solo a quien lo recibe, sino también a quien lo da.

Entonces, no es sencillo, pero podemos orar por los enemigos, la oración es una forma poderosa de comenzar a amarlos. Jesús dijo: “pero yo les digo: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” (Mateo 5, 44). Orar por ellos puede transformar nuestro corazón y actitud hacia ellos.

Es de mucha ayuda tratar de entender por qué una persona actúa de cierta manera, eso puede ayudarnos a desarrollar compasión. A menudo, las personas que hieren a otros lo hacen desde su propio dolor y sufrimiento.

Jesús enseñó a responder al mal con el bien. Esto se puede traducir en actos concretos de bondad hacia aquellos que nos tratan mal. San Pablo en la carta a los Romanos 12, 20 dice: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber”.

Jesús enseñó a no devolver mal por mal. En lugar de buscar venganza, debemos buscar maneras de responder con amor y bondad (Mateo 5, 39-42). En definitiva, deberíamos siempre recordar el ejemplo de Jesús en la cruz, oró por aquellos que lo crucificaron: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 34).

Poner en práctica estos principios puede ser difícil y requiere un compromiso continuo y esfuerzo. Sin embargo, el amor a los enemigos es una expresión profunda de la fe cristiana y refleja el carácter de Dios.

¿Te animas a responder?

1. ¿Qué significa realmente amar a los enemigos en nuestra vida cotidiana, y cómo podemos superar el deseo natural de responder con resentimiento o venganza?

2.  ¿Cómo cambia nuestra relación con Dios y con nosotros mismos cuando elegimos perdonar y amar a quienes nos han herido?

3.  ¿Qué impacto podría tener en el mundo si cada uno de nosotros pusiera en práctica el amor a los enemigos en nuestras palabras, actitudes y acciones?

Fr. Carlos Ávila O.P.

domingo, 16 de febrero de 2025

"BIENAVENTURADOS"

 

Reflexión Evangelio del Domingo 16 de Febrero de 2025. 6º del Tiempo Ordinario.

La liturgia de este sexto domingo del Tiempo Ordinario nos presenta una enseñanza fundamental sobre la vida cristiana: la bienaventuranza de quienes confían en el Señor y la advertencia para aquellos que ponen su seguridad en el mundo. Las lecturas nos invitan a examinar en qué o en quién estamos depositando nuestra confianza y qué camino estamos siguiendo en nuestra vida.

En la primera lectura, tomada del libro de Jeremías (Jer 17,5-8), el profeta nos plantea dos caminos: el del hombre que confía en sí mismo y en los bienes materiales, y el del que confía en el Señor. El primero es comparado con un arbusto en el desierto, seco y sin vida. El segundo, con un árbol plantado junto al agua, que da fruto incluso en tiempos difíciles. Esta imagen es poderosa: si nuestra vida se fundamenta en nuestras propias fuerzas o en seguridades humanas, tarde o temprano nos encontraremos vacíos y sin esperanza. Pero si nos apoyamos en Dios, Él nos sustentará incluso en medio de la adversidad.

El Salmo 1 refuerza esta idea: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”. La felicidad verdadera no está en la autosuficiencia, en el poder o en la riqueza, sino en una vida arraigada en la Palabra de Dios, meditada y vivida cada día.

San Pablo, en la segunda lectura (1 Cor 15,12.16-20), nos recuerda la esencia de nuestra fe: la resurrección de Cristo. Nuestra confianza en Dios no es solo para esta vida terrena, sino para la eternidad. Si Cristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe. Pero Él ha vencido a la muerte, y esto nos da una esperanza firme. No estamos llamados a vivir solo para el presente, sino con la certeza de que Dios nos ha preparado una vida plena en él.

Finalmente, en el Evangelio de Lucas (Lc 6,17.20-26), Jesús proclama las bienaventuranzas y los ayes. ¡Qué desafiante es este mensaje para el mundo de hoy! Felices los pobres, los que lloran, los perseguidos... Pero, ¿cómo puede ser esto una felicidad? La clave está en que Jesús no habla de una felicidad mundana, sino de la verdadera alegría del Reino de Dios. Los pobres de espíritu son aquellos que dependen totalmente de Dios; los que lloran, aquellos que, con humildad, reconocen su necesidad de Él; los perseguidos, los que viven con coherencia su fe. En cambio, los “ayes” advierten a quienes se han acomodado en una falsa seguridad, en las riquezas, en la superficialidad del mundo.

Hermanos, este domingo Jesús nos pregunta: ¿Dónde está puesta nuestra confianza? ¿Estamos arraigados en Dios o en las seguridades pasajeras del mundo? Esta es una invitación a revisar nuestro corazón y a confiar plenamente en Él, sabiendo que solo junto a Dios podemos encontrar la verdadera felicidad. Que el Señor nos dé la gracia de vivir las bienaventuranzas y de ser testigos de su amor en el mundo.

Fr. Dailos José Melo González OP

sábado, 1 de febrero de 2025

LA GRACIA DE DIOS ESTABA CON ÉL

 

Reflexión Evangelio Domingo 2 de Febrero de 2025. Fiesta de la Presentación del Señor.

Luz de todos los corazones

Estamos ante una verdadera obra maestra de la teología de Lucas (ya se comentó el texto en el domingo después de Navidad, la Sagrada Familia). Queremos resaltar que narrativamente es un texto evangélico y, corno tal, con un mensaje que va mucho más allá del hecho histórico de la presentación de un recién nacido para cumplir la ley de Moisés (o la ley de Dios como se dice a continua-ción). Se ha de tener en cuenta que no era necesario que el niño fuera llevado al templo para cumplir con el precepto de esa ley de la purificación de la madre (cf Lv 12,1-8), porque lo de la presentación del niño no era algo requerido por la ley de Moisés. Se quiere, pues, mostrar que los padres de Jesús se atienen en todo a esa ley,y pretenden "consagrarlo al Señor" según lo quo establecía un precepto (Ex 13,2.12.15), con el rescate del primogénito (Ex 13,13; 34,20) con el pago de cinco siclos (Num 18,15-16); aunque Lucas no dice expresamente que se llevara a cabo ese rescate así. Lo importante era poner de manifiesto que los padres de Jesús querían incardinar a su hijo a todo aquello que era considerado como una vida de fidelidad a Dios cumpliendo ciertos preceptos.

Pero es eso precisamente lo que va a ser puesto en entredicho en esta narración lucana. Los padres que viven de esa fidelidad se van a encontrar, de pronto, con personajes que viven y sienten al margen de esos preceptos. Son el viejo Simeón y la profetisa Ana, quienes con su mensaje van a poner en "solfa" todo lo que manda la ley y exige la tradición. Porque no basta con eso para ser fieles a Dios. Y esta es una lección "teológica" que sus padres aprenden con admiración y con la misma fidelidad con que intentaban ser fieles a la tradición y a la religión de su pueblo. Estos personajes de la narración aparecen como por ensalmo, pero no se quedan en la pura estética. No son los sacerdotes los que acogen a Jesús en este momento en que es llevado al templo, sino dos personajes que nada tienen que ver con la ceremonia que se realiza. Primeramente, un anciano que esperaba la "consolación de Israel". No podemos menos de unir esos dos elementos: anciano y quien espera la consolación (según ls 40,1; 51,12; 61,2 designa la salvación de Israel). Su canto del "Nunc dimittis" encierra todos los tonos del Espíritu, quien pasa a ser protagonista a partir de este momento. Por eso mismo debemos saber leer nuestro relato acentuando cómo se pasa desde la ley de Moisés al Espíritu. Esta será una constante en la obra de Lucas. La salvación no llegará por la ley, sino por el Espíritu de Dios. Cuando los padres van a consagrar al niño a Dios, es Simeón quien aparece para "arrebatar" al niño de las manos maternas y presentarlo él con su "palabra" y con su canto, bendiciendo a Dios. No debemos pasar por alto este detalle, con toda su significación.

El canto de Simeón, el "Nunc dimittis" está cargado de resonancias bíblicas y especialmente por lo que se refiere a presentar a Jesús como "luz" de todas las naciones (Is 52,10). Es la primera vez que aparece en la obra de Lucas y será como una línea dorada en su doble obra (Evangelio-Hechos). Jesús no ha venido solamente para salvar al pueblo de Israel, sino a todos los hombres. Es una salvación que ilumina a todos los pueblos. Ese carácter universalista de la salvación es, debe ser, central en el mensaje de esta fiesta.

El papel de Ana, la profetisa, no es tampoco un adorno narrativo, aunque no está falto de estética teológica. Viene en apoyo de lo que Simeón anuncia. No olvidemos que es una "profetisa", que está día y noche en el templo. El templo como lugar de la presencia de Dios, de los sacrificios y peregrinaciones.

Ahora a esta mujer –debemos resaltar lo de ser mujer–, se le enciende el alma y el corazón de una forma profética para proclamar la liberación (el rescate) de Jerusalén o de Israel, el pueblo de Dios. Ya no es simplemente la mujer que en silencio ora y asiste a las ceremonias sagradas, sino que rompe muchos silencios de siglos, con la llegada de este niño al templo. Su voz femenina le da entraña a todo aquello que podía haber quedado en un rito más de purificación.

No entramos en las palabras de Simeón a María (vv. 34-35), del signo de Jesús, bandera discutida, que habla de su historia concreta, de su predicación, de su experiencia de Dios, de sus ofertas de salvación a los pecadores. Y de la "espada" (cf Ez 14,17) de María, que es la espada de la palabra salvadora que lleva a la pasión. Sabemos que todo esto no ha podido formularse sino después de los acontecimientos de la Pascua. Porque, como todo el conjunto de Lc 1-2, esta es una escena programática que habrá de desarrollarse a lo largo de la vida de Jesús. Y no podemos olvidar que la historia concreta de Jesús es la historia de un Mesías rechazado. María, en ese momento, para Lucas, no solamente es una figura histórica, que lo es como madre que lleva a su hijo, sino que representa a la nueva comunidad que fiel a Dios, pasa desde su experiencia de la fidelidad a la ley a la experiencia de la fidelidad al Espíritu. Por eso la palabra de Jesús y su vida, es una espada de identidad para esta comunidad.

Fray Miguel de Burgos Núñez

sábado, 18 de enero de 2025

"NO TIENEN VINO"

 

Reflexión Evangelio Domingo 19 de Enero de 2025. 2º del Tiempo Ordinario.

Tanto en el primer domingo como en este segundo domingo del tiempo ordinario, las lecturas tienen una cierta continuidad con la fiesta de la Epifanía. En el evangelio de la visita de los magos, Jesús se manifiesta (epifanía) a todas gentes (representadas por los magos de oriente). Por su parte, en el Evangelio del Bautismo, Jesús protagoniza la primera manifestación pública de su misión, realizando un gesto programático de humildad sometiéndose voluntariamente al bautismo de penitencia de Juan. En este segundo domingo, Jesús protagoniza la tercera de las epifanías realizando su primer signo en las bodas de Caná.

Esta tercera manifestación de Jesús surge con motivo de una anécdota acontecida en una boda en la que María, Jesús y sus discípulos son invitados. Los judíos no concebían un banquete festivo, ni unas bodas sin vino. El vino se había terminado antes de hora y María advierte el problema. Nadie perdonaría la falta de vino por imprevisión o poca generosidad de los esposos. María comunica la situación a Jesús. A pesar de la evasiva inicial de Jesús, María sabe que Jesús va a solucionar el problema y pone a los criados a las órdenes de Jesús, quien convierte el agua de las purificaciones en un vino excelente, ante el asombro del mayordomo y los servidores.

Es evidente que San Juan en este episodio pretende comunicarnos algo más que una mera anécdota. Varias significaciones de este acontecimiento narrado por San Juan podemos señalar:

Lo primero que llama la atención es que la primera intervención pública de Jesús, (que hemos de considerar también programática) no tiene aparentemente nada de “religioso”. No acontece en el templo o en una sinagoga. Jesús inaugura su actividad profética asistiendo a una boda, con una actitud que define su radiante cordialidad social. Con su presencia Jesús viene a bendecir cristianamente una sana participación en un humanísimo encuentro profano y lúdico, de los que tantas veces el ser humano tiene necesidad.

Es asimismo muy importante notar que la primera acción del ministerio de Jesús es su contribución a una existencia gozosa y feliz compartida con los demás. No hay que olvidar esta dimensión fundamentalísima del cristianismo: su carácter reparador y alegre. Cuando Cristo se hace presente aparece el júbilo y el gozo. Cuando Jesús acontece se hace más feliz la vida dura y dolorosa que tantas veces atraviesa la existencia humana. Es preciso recuperar esa perspectiva gozosa del evangelio de Jesús, capaz de aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida. Cuantas personas se han apartado de la fe porque no han visto en la vida de los cristianos esta dimensión, que sin embargo está latente en este primer signo de Jesús. En la conversión de agua en vino se nos propone la clave para captar la acción transformadora de Jesús, que es fermento de vida, gozo y alegría; e indica, asimismo, lo que hemos de vivir y transmitir también sus seguidores.

Con su participación en las bodas de Caná, Jesús bendice también la realidad humana del matrimonio, recalcando que es algo bello y querido por Dios. Pero si relacionamos el evangelio con la primera lectura, la boda de estos dos jóvenes apunta también a la Alianza de Dios con su pueblo. En numerosas ocasiones los profetas expresan la primera Alianza como una relación esponsal entre Dios y el pueblo, y, de manera análoga, también el Nuevo Testamento, con respecto al amor de Cristo por su Iglesia. Las dos realidades se iluminan mutuamente: un verdadero matrimonio humano ayuda a entender el amor de Dios por su pueblo y de Cristo por su Iglesia; y al mismo tiempo, el amor de Dios por el ser humano y la entrega de Cristo por su Iglesia hasta dar la vida, sirven de modelo para los matrimonios humanos.

El agua representa en este evangelio la Alianza ya caduca (el agua de las purificaciones de los judíos) que será sustituida por la Nueva Alianza, sellada en la sangre de Cristo: su amor desbordante por la humanidad y su entrega en su vida, muerte y resurrección. Pero las palabras “no tiene vino” deben hacernos reflexionar no solamente sobre una alianza ya caduca y sustituida por una nueva alianza en Cristo, sino también sobre nuestra manera de vivir la fe. Con frecuencia vivimos una “religiosidad aguada”, que no aporta alegría ni convence. El evangelio es una invitación a redescubrir la fuerza renovadora de un Cristo vivo que viene a ensanchar la vida del hombre y a sacarlo de su mediocridad.

Finalmente resaltar que se alude a la hora de Jesús. Todos los hechos de la vida de Jesús (los hechos de su encarnación) son presentados por el evangelista como manifestación de su indisociable trascendencia divina y como anticipo de su misión (su hora) Todos los signos que el evangelista presenta (el agua convertida en vino, el agua de la samaritana, el pan de vida, la curación del ciego, la resurrección de Lázaro, etc), son signos de su Pascua (Habiendo llegado la hora de pasar (pascua) de este mundo al padre, habiendo amado a los suyos…) La hora, sobre la que Jesús dice que no ha llegado todavía es la hora de su glorificación, el paso de su muerte a la resurrección, el paso de este mundo al Padre (según palabras del mismo evangelista). Pero a pesar de que su hora no ha llegado todavía, todo el evangelio de San Juan es una permanente presentación de los signos que apuntan a la hora de la glorificación de Jesús, su auténtica misión en la Tierra.

¿Vivo la fe como una experiencia gozosa llena de alegría por el acontecer de Cristo en mi vida? ¿Sé transmitir y contagiar la alegría del evangelio en mi trato con los demás, sobre todo con los que más sufren? ¿Se acudir a Cristo para que transforme el agua caduca de mi religiosidad o de mi matrimonio o vida familiar en vino nuevo?

Fr. Antonio Gómez Gamero O.P.

sábado, 11 de enero de 2025

"ESTE ES MI HIJO, EL AMADO"


Reflexión del Evangelio Domingo 12 de Enero de 2025, Bautismo de Ntro. Señor Jesucristo.

Jesús se siente amado para solidarizarse

Jesús va al encuentro de una realidad limitada, va donde estaban los hombres, que esperaban convertirse y ser mejores con el bautismo de Juan. Busca a los hombres perdidos, se solidariza con aquellos que se sentían pecadores y se pone a su lado. Su vocación es servir a lo humano, lo débil. Y es ahí y con ellos, donde se rompe el cielo, se junta lo divino y lo humano y se posa sobre él el Espíritu de Dios oyéndose la voz, que le declara Hijo (que lleva a las personas a la plenitud), Amado (que es entrega máxima de amor), Predilecto, (preferido por su vida de servicio). Es el momento en el que la realidad de Dios se instala dentro de la historia humana, haciendo de la entrega de Jesús lo único que hace fecunda la vida.

Todos los dioses necesitan distancia, estar bien arriba y bien lejos para ser más dioses, el Dios de Jesús es pura cercanía. Hay un acceso directo con el cielo roto que nos pone en contacto con sus bendiciones. Esta es la religiosidad del Dios hecho niño (encarnado), que sigue apostando por el hombre.

Cumple la misión del Elegido del profeta Isaías: viene a traer el derecho a los hombres, siendo alianza y luz para ellos y devolviendo la justicia, el orden perturbado que ha robado la dignidad a muchos hombres o que otras veces, el mismo hombre ha despreciado. Este Elegido, Amado del Padre quiere una comunidad feliz, donde reine la justicia y la fraternidad. Va a realizar su misión de una manera muy peculiar con un método y forma no vistos: sin gritar, sin vocear; sin romper la caña vacilante, sin apagar el pábilo ya casi sin luz. Se trata de un método de sencillez, sin violencia, sin pisotear, ayudando en las crisis y avivando la esperanza donde está ya casi perdida.

Nosotros también hemos sido bautizados, habilitados para el servicio

El bautismo en la iglesia comenzó siendo la culminación de un proceso de conversión, en el que se llegaba a tomar la decisión de abrazar la fe cristiana, de estar abierto al Espíritu de Dios, participando de la comunidad cristiana. Hoy una gran mayoría hemos sido bautizados sin ninguna decisión por nuestra parte, quizás con las prisas de participar de la comunidad y para resaltar el don de Dios. De aquí el problema de no estar tan seguros de que hayamos hecho nuestra ratificación y tengamos conciencia viva de lo que significa nuestro bautismo, aunque no es suficiente legalizar nuestro bautismo como punto de partida, sino con sus consecuencias. De aquí la necesidad de descubrir nuestra vocación bautismal en nuestros días.

El bautismo de Jesús nos ayuda a conmemorar nuestro bautismo, a revitalizarle, sobrepasando el rito con una vida humana, entregada y de servicio, porque rompiéndose el cielo se ha desvelado él y nos ha revelado a nosotros que somos hijos amados y predilectos de Dios; hemos sido ungidos, señalados por Dios, habilitados por las bendiciones de cielo, aunque algunos que se dicen cristianos lo sienten como una carga de leyes impuestas que les ha complicado la vida y no lo ven como un don para amar y servir a los demás; otros hacen más hincapié en ser buenos que en hacer el bien, dedicándose a la dimensión personal del bautismo, rebajando de la dimensión social.

Se nos ha dado la capacidad de ser hijos de Dios para poder amar, querer, sentir, ser justos, como hijos del Padre. Esta habilitación siendo para siempre desde nuestro bautismo, se va desarrollando y actualizando en cada momento en las realidades concretas con que nos encontramos. Y se nos encarga la misma misión de Jesús, con sus mismos métodos: hacer justicia y que brillen los derechos creacionales en todo viviente, respetando, valorando, porque cuando cacareamos los éxitos, nos sentimos fuertes, dominadores y superiores, no somos misioneros como Jesús.

Bautizados en el Espíritu de Dios, tantas veces hemos sido rebautizados en las aguas de nuestro mundo: increencia, superficialidad, estética, eficacia, consumo, egoísmo, competencia, placer, …, el progreso, la técnica, “lo digital”, creyendo que son salvadores y que dan sentido a nuestras vidas, pero nos han sumergido en la sumisión, la desilusión, la desesperanza, deshumanizándonos y dejándonos con las manos vacías.

Es hora de hacer realidad la expresión de Juan: “Yo soy el que necesita que me bautices, ¿y tú vienes a mi?” Necesitamos el encuentro constante y permanente con Jesús, que nos ayude a optar por la interioridad, descubriendo lo que nos habita y anima; que nos ayude a confesar que hemos sido bautizados en Cristo, nuestro único Salvador a pesar de que las dificultades culturales y sociales como la satisfacción, el éxito, el tener, el bienestar hayan desplazado la salvación de Cristo para el otro mundo. Estamos en el jubileo de la esperanza, a penas estrenado. La esperanza en la Promesa de Jesús es más importante que aquellas promesas que vemos y se nos meten por los ojos como salvadoras, sin serlo. Ser hijos de Dios nos da alas para vivir, sentir y pensar con otro sentido y otra fuerza que hemos recibido del cielo roto, porque Dios nos ama, está con nosotros y no podemos dejarnos llevar por el sentimiento alimentado por nuestros gustos e inspiraciones a ras de tierra.

Nuestra tarea es pasar del bautismo como rito al bautismo de la vida: ya no hay barreras entre lo divino y lo humano, por tanto, la vida y la misión cristianas son las de Jesús. Bautizados con su Espíritu formamos un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes (unción crismal), ofreciéndonos, dando sentido, proponiéndole con nuestra vida y reinando en la historia que vivimos.

¿Eres consciente del don recibido en el bautismo para hacer el bien y no solo para ser bueno? ¿Te parece que te han impuesto una carga?

¿Has dado el paso del bautismo con agua al bautismo en el Espíritu, del rito a una vida humana, con alas para vivir en libertad de la Promesa, no las promesas?

Con el cielo roto, ¿te sientes amado y preferido por Dios para realizar la misión que asume Jesús del profeta avivando la esperanza, sin pisotear, ni imponer, sino acompañando y ayudando en las dificultades y crisis a de los de tu entorno?

Fr. Pedro Juan Alonso O.P

sábado, 4 de enero de 2025

"EN EL PRINCIPIO, YA EXISTÍA LA PALABRA"

 

Reflexión Evangelio 5 de Enero de 2025. 2º de Navidad.

Prehistoria divina de Cristo Jesús

El evangelista San Juan, representado tradicionalmente en la figura de águila, nos transporta a las alturas para contemplar el insondable designio amoroso de Dios sobre su pueblo: Vosotros habéis visto cómo os llevé en alas de águila y os traje a mí (Ex 19,4). Son los designios de un Dios que se interesa y preocupa por los suyos, que los cobija y protege en todo momento. El mismo Dios que, fiel a sus promesas, supo conducir y acompañar sabiamente a los suyos hasta el destino final de la Tierra Prometida.

Ahora, en el nuevo contexto social y religioso de la cultura griega, tan diferente al pasado de sus padres, los israelitas supieron adaptarse a la nueva situación sin dejar por eso de profesar la misma fe. El Dios Sabio al que veneraron sus antepasados es presentado y celebrado como la Sabiduría personificada. Es la Sabiduría divina, nacida de la boca del Altísimo, que sigue mirando desde el cielo a la tierra y que ha establecido su morada entre los hombres asentándose en la ciudad eterna de Jerusalén, la ciudad de nuestro Dios. Es ahí donde reside el gran Rey y el Templo en el que todo el pueblo festeja y celebra la gloria y grandeza de su experimentado Guía y Protector (Sal 48,3).

Jesús, trascendencia y cercanía de Dios   

De ese Dios excelso que no deja sin embargo de mirar a la tierra. De ese Dios estrechamente vinculado a los avatares de sus criaturas que reclama para todas ellas la dignidad que se merecen. ¿Quién como el Seños Dios nuestro, que está entronizado en lo alto y se inclina para mirar desde el cielo a la tierra? (Sal 113,5-6). El Dios celeste no es un Dios alejado y extraño; se abaja para interesarse realmente por sus criaturas.

Es así como reconocieron con el tiempo los primeros discípulos a Jesús escudriñando cuanto decían las Escrituras transmitidas por sus antepasados. Su Maestro no había venido a abolir la tradición de los padres. Al contrario, ¿no era él precisamente quien la recapitulaba y perfeccionaba culminando todas sus expectativas? Su experiencia, ciertamente paradójica, quedaría bellamente plasmada para siempre en el conocido himno cristológico: siendo de condición divina, asumió la condición humana como uno de tantos para ser finalmente exaltado como Señor para gloria de Dios Padre (Flp 2,6-11). No es otro el eje sobre el que gira toda la vida cristiana, el que la sustenta y le da su plenitud de sentido.

El eco litúrgico de la Navidad

Siguen resonando en nuestros oídos, junto a los villancicos, los textos litúrgicos del día de la Navidad. Somos hijos en el Hijo acampado entre nosotros. Esa es nuestra dignidad. El Verbo, el Hijo Unigénito del Padre, la Palabra encarnada, nos ha revelado al Invisible. Ya lo vislumbraba y testimoniaba a su modo, en actitud humilde, el Bautista, su precursor: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.

Es el eco recogido igualmente por el Apóstol en la segunda lectura, quien se eleva desde el principio al plano trascendente de un Dios que no cesa de derramar todo tipo de gracias y bendiciones sobre sus hijos. De ahí que se explaye ante los suyos prorrumpiendo agradecidamente en una exultante manifestación de alabanza a Dios, pues han sido llamados, desde la eternidad y por amor, a vivir en plenitud una vida santa siguiendo el ejemplo de Jesucristo, el Hijo único del Padre. Esa es la razón también por la que pide al mismo tiempo para ellos espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle plenamente. Lo mismo que pedimos cuantos seguimos meditando y ahondando en el Misterio navideño de Cristo Jesús.

¿Cómo vivo la trascendencia de Dios a lo largo de cada jornada?

¿Comparto mi vida con los demás siguiendo el ejemplo del “Enmanuel”, el Dios con nosotros?

¿Sigo esforzándome por conocer cada día un poco mejor el misterio del Dios hecho hombre?

Fray Juan Huarte Osácar