
Reflexión
del Evangelio Domingo 12 de Enero de 2025, Bautismo de Ntro. Señor Jesucristo.
Jesús
se siente amado para solidarizarse
Jesús
va al encuentro de una realidad limitada, va donde estaban los hombres, que
esperaban convertirse y ser mejores con el bautismo de Juan. Busca a los
hombres perdidos, se solidariza con aquellos que se sentían pecadores y se pone
a su lado. Su vocación es servir a lo humano, lo débil. Y es ahí y con ellos,
donde se rompe el cielo, se junta lo divino y lo humano y se posa sobre él el
Espíritu de Dios oyéndose la voz, que le declara Hijo (que lleva a las personas
a la plenitud), Amado (que es entrega máxima de amor), Predilecto, (preferido
por su vida de servicio). Es el momento en el que la realidad de Dios se
instala dentro de la historia humana, haciendo de la entrega de Jesús lo único
que hace fecunda la vida.
Todos
los dioses necesitan distancia, estar bien arriba y bien lejos para ser más
dioses, el Dios de Jesús es pura cercanía. Hay un acceso directo con el cielo
roto que nos pone en contacto con sus bendiciones. Esta es la religiosidad del
Dios hecho niño (encarnado), que sigue apostando por el hombre.
Cumple
la misión del Elegido del profeta Isaías: viene a traer el derecho a los
hombres, siendo alianza y luz para ellos y devolviendo la justicia, el orden
perturbado que ha robado la dignidad a muchos hombres o que otras veces, el
mismo hombre ha despreciado. Este Elegido, Amado del Padre quiere una comunidad
feliz, donde reine la justicia y la fraternidad. Va a realizar su misión de una
manera muy peculiar con un método y forma no vistos: sin gritar, sin vocear;
sin romper la caña vacilante, sin apagar el pábilo ya casi sin luz. Se trata de
un método de sencillez, sin violencia, sin pisotear, ayudando en las crisis y
avivando la esperanza donde está ya casi perdida.
Nosotros
también hemos sido bautizados, habilitados para el servicio
El
bautismo en la iglesia comenzó siendo la culminación de un proceso de
conversión, en el que se llegaba a tomar la decisión de abrazar la fe
cristiana, de estar abierto al Espíritu de Dios, participando de la comunidad
cristiana. Hoy una gran mayoría hemos sido bautizados sin ninguna decisión por
nuestra parte, quizás con las prisas de participar de la comunidad y para
resaltar el don de Dios. De aquí el problema de no estar tan seguros de que
hayamos hecho nuestra ratificación y tengamos conciencia viva de lo que
significa nuestro bautismo, aunque no es suficiente legalizar nuestro bautismo
como punto de partida, sino con sus consecuencias. De aquí la necesidad de
descubrir nuestra vocación bautismal en nuestros días.
El
bautismo de Jesús nos ayuda a conmemorar nuestro bautismo, a revitalizarle,
sobrepasando el rito con una vida humana, entregada y de servicio, porque
rompiéndose el cielo se ha desvelado él y nos ha revelado a nosotros que somos
hijos amados y predilectos de Dios; hemos sido ungidos, señalados por Dios,
habilitados por las bendiciones de cielo, aunque algunos que se dicen
cristianos lo sienten como una carga de leyes impuestas que les ha complicado
la vida y no lo ven como un don para amar y servir a los demás; otros hacen más
hincapié en ser buenos que en hacer el bien, dedicándose a la dimensión
personal del bautismo, rebajando de la dimensión social.
Se
nos ha dado la capacidad de ser hijos de Dios para poder amar, querer, sentir,
ser justos, como hijos del Padre. Esta habilitación siendo para siempre desde
nuestro bautismo, se va desarrollando y actualizando en cada momento en las
realidades concretas con que nos encontramos. Y se nos encarga la misma misión
de Jesús, con sus mismos métodos: hacer justicia y que brillen los derechos
creacionales en todo viviente, respetando, valorando, porque cuando cacareamos
los éxitos, nos sentimos fuertes, dominadores y superiores, no somos misioneros
como Jesús.
Bautizados
en el Espíritu de Dios, tantas veces hemos sido rebautizados en las aguas de
nuestro mundo: increencia, superficialidad, estética, eficacia, consumo,
egoísmo, competencia, placer, …, el progreso, la técnica, “lo digital”,
creyendo que son salvadores y que dan sentido a nuestras vidas, pero nos han
sumergido en la sumisión, la desilusión, la desesperanza, deshumanizándonos y
dejándonos con las manos vacías.
Es
hora de hacer realidad la expresión de Juan: “Yo soy el que necesita que me
bautices, ¿y tú vienes a mi?” Necesitamos el encuentro constante y permanente
con Jesús, que nos ayude a optar por la interioridad, descubriendo lo que nos
habita y anima; que nos ayude a confesar que hemos sido bautizados en Cristo,
nuestro único Salvador a pesar de que las dificultades culturales y sociales
como la satisfacción, el éxito, el tener, el bienestar hayan desplazado la
salvación de Cristo para el otro mundo. Estamos en el jubileo de la esperanza,
a penas estrenado. La esperanza en la Promesa de Jesús es más importante que
aquellas promesas que vemos y se nos meten por los ojos como salvadoras, sin
serlo. Ser hijos de Dios nos da alas para vivir, sentir y pensar con otro
sentido y otra fuerza que hemos recibido del cielo roto, porque Dios nos ama,
está con nosotros y no podemos dejarnos llevar por el sentimiento alimentado
por nuestros gustos e inspiraciones a ras de tierra.
Nuestra
tarea es pasar del bautismo como rito al bautismo de la vida: ya no hay
barreras entre lo divino y lo humano, por tanto, la vida y la misión cristianas
son las de Jesús. Bautizados con su Espíritu formamos un pueblo de sacerdotes,
profetas y reyes (unción crismal), ofreciéndonos, dando sentido, proponiéndole
con nuestra vida y reinando en la historia que vivimos.
¿Eres
consciente del don recibido en el bautismo para hacer el bien y no solo para
ser bueno? ¿Te parece que te han impuesto una carga?
¿Has
dado el paso del bautismo con agua al bautismo en el Espíritu, del rito a una
vida humana, con alas para vivir en libertad de la Promesa, no las promesas?
Con
el cielo roto, ¿te sientes amado y preferido por Dios para realizar la misión
que asume Jesús del profeta avivando la esperanza, sin pisotear, ni imponer,
sino acompañando y ayudando en las dificultades y crisis a de los de tu
entorno?
Fr.
Pedro Juan Alonso O.P