jueves, 19 de diciembre de 2024
sábado, 7 de diciembre de 2024
"HÁGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA"
Reflexión del Evangelio Domingo 8 de Diciembre de 2024. Solemnidad de la Inmaculada Concepción. 2º de Adviento.
En este tiempo de incertidumbres de diversa índole, en nuestro caminar como creyentes cristianos por la liturgia del Adviento hacia la Natividad del Señor, celebramos hoy la gran solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
Quizás porque lo que acontece en el Misterio de Dios sea algo así como el devenir de un continuo e ininterrumpido presente, cuanto nosotros captamos en el tiempo esté en íntima conexión con los acontecimientos salvíficos acaecidos y protagonizados por el Señor Jesucristo, Hijo de Dios, nacido de María, Virgen; y Señor y Salvador nuestro; todo ello tan densamente expresado por San Pablo en su carta a los cristianos de Filipenses, que hoy se nos ofrece como segunda lectura.
Es a esta luz de los misterios de la Encarnación y Redención del Señor Jesucristo a la que podríamos contemplar, agradecer y vivir esta hermosa solemnidad de la Concepción Inmaculada de María, Virgen y Madre de Dios.
Contemplar la belleza de quien está, por don del Eterno Padre, libre de toda acechanza del Mal, incluyendo el momento mismo de su concepción.
Una canción tradicional a la Virgen María lo expresa con sencillez y hondura admirables: “Que más pura que tú sólo Dios”.
Agradecer esta belleza sin par: En María se nos permite entrever el plan original de Dios al crear al ser humano, truncado por la caída de Eva y Adán, que nos recuerda hoy la primera lectura del libro del Génesis (3, 9-16.20).
Contrasta con esta rebeldía al plan de Dios la admirable y plena docilidad de María a la propuesta del Ángel que nos narra San Lucas en el texto evangélico (1, 26-38). Por este “SÍ”, que inicia la obra redentora, María es plenitud de luz, de belleza, de consonancia sin fisuras con el proyecto de Dios; y razón, más que sobrada, para que hoy, y siempre, nuestra gratitud sea el punto de partida en toda nuestra relación con el Misterio Divino; pues no en vano somos, hemos de ser, “alabanza de su gloria” (Ef 1, 12 y Sal 97 -responsorial de hoy-).
Por todo lo comentado, la figura, y todo el ser de la Virgen María, nos invita hoy a vivir y testimoniar este proyecto de esperanza y de lucha contra el mal: En la meta de nuestro caminar está la Gloria del Resucitado, garantía y fuente de sentido que plenifica nuestros anhelos más profundos. Esta Inmaculada Concepción de María, y la victoria de su Hijo sobre todo mal, vienen a reforzarnos, una vez más, en el acertado anuncio de uno de nuestros himnos litúrgicos: “Peregrinos, en esperanza caminamos; que si arduos son nuestros caminos, sabemos bien a donde vamos”.
Y junto a la firme esperanza, el renovado compromiso de nuestra lucha contra el mal.
Hace unas semanas, con motivo de los resultados de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, y sus repercusiones a nivel europeo y mundial, el Presidente de Grecia ofrecía un pensamiento, referido a Europa, que nos puede ser muy provechoso. “Europa, apuntaba, no puede cambiar el mundo, pero sí puede cambiarse a sí misma en este mundo cambiante”.
Es un buen programa para nuestra tarea personal de vigilancia, de conversión, de lucha contra el mal. No podremos cambiar el mundo, pero sí podemos cambiar nuestro espacio vital llenándolo de la esperanza y del amor que nos vienen del plan de Dios para toda la humanidad.
María, desde su Inmaculada Concepción, nos invita a estar atentos y a cambiar en nosotros mismos todas nuestras propensiones al mal: Envidias, celos, juicios, adicciones, desprecio y manipulación y extorsión a la vida del ser humano, distorsión de la verdad, connivencia con la injusticia, aparición de sutiles nuevas formas de esclavitud, generación de violencias y divisiones, increíbles guerras implacablemente destructivas, relativismos que nos confunden en la valoración de la realidad que nos rodea y de lo que nos constituye como humanos... y un largo etcétera que podríamos seguir enumerando. En cada lucha y en cada victoria contra el mal en sus variadas manifestaciones seguimos aplastando la cabeza de la astuta y maligna serpiente. Conscientes de que para que el mall progrese basta con que las personas de bien no hagamos nada por detenerlo.
Vueltos nuestros ojos y corazón a nuestra Madre Inmaculada, nos dejamos interrogar por Ella: ¿Qué mal debo acometer en mí mismo, en mi entorno familiar, social, laboral o estudiantil?
¿Qué signos de esperanza puedo y debo ofrecer para garantizar a quienes cruzan por mi vida, que pese a todo, mañana será un día mejor; y el último mañana será plenitud de Vida y Amor?
Fr. César Valero Bajo O.P.
jueves, 5 de diciembre de 2024
sábado, 30 de noviembre de 2024
"ESTAD DESPIERTOS EN TODO TIEMPO"
Reflexión Evangelio Domingo 1 de Diciembre de 2024. 1º de Adviento.
Cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá
Con
la Fe y el cumplimiento de las Promesas de Dios a su pueblo, como la Primera
Lectura del Profeta Jeremías nos trae, tiene que ver la Primera Venida de Dios,
la de la Encarnación del Hijo, la que sucedió en la historia hace dos milenios.
Es esta espera la del cuidado de la memoria de lo acontecido. La Navidad como
memoria de la venida en la historia del Hijo de Dios, Jesús, el Cristo,
encarnado de María la Virgen, para traer la salvación y la plenitud a los
hombres. La memoria de su nacimiento y de su vida en su enseñanza y su camino
hasta la muerte en Cruz y la Resurrección. La fe necesita de la memoria porque
recordar, pasar por el corazón, es lo que la enciende y la mantiene viva y
fresca. El mayor enemigo de la fe no es
la increencia, sino la distracción, la superficialidad, el despiste y el
descuido. Estar a todo y a nada. El olvido. Por eso la atención y la memoria
son imprescindibles para la fe. Prepararse es así ejercitar la memoria con la
vuelta constante a la Escritura que la alimenta. Recordar, regresar, releer la
Palabra, como camino de preparación, de creencia, de volver a encender nuestra
fe.
El Señor les da a conocer su Alianza
La otra venida que esperamos tiene que ver con el Amor, pues esperamos la venida diaria y cotidiana del Espíritu Santo de Dios, el Espíritu de su amor, a nuestra vida. Acogerle con el amor, el cuidado, el afecto, de saber que viene para cada uno de nosotros a traernos vida y vida en plenitud. El Salmo que proclamamos nos recuerda que el Seños nos ha enseñado cómo vivir y vivir en plenitud. La venida diaria a nuestra vida del mensaje del Evangelio nos llama a cambiar nuestro corazón, nuestra mente, nuestra vida, para que el mensaje de Cristo, el mensaje del Amor, se haga realidad con su poder salvador en nuestro día a día. Con su Resurrección, nos dejó el Espíritu como presencia viva, actuante, santificadora en nuestra vida, en la Iglesia, en los sacramentos. Pero que comenzó en esa Navidad de la Encarnación con la que comenzó nuestra historia de salvación. Para acoger esta venida del Amor de Dios en nuestra vida, de su Espíritu, para la espera de la venida y Navidad en esta dimensión de amor y Espíritu, se hace necesario volver al silencio. Vaciar la mente y la vida de todo ruido que estorba y oculta el susurro del Espíritu, limpiar y purificar corazón y espíritu de todo lo que no deja que el amor sea el que mueva nuestra vida. Aquí cobra sentido también ese cierto espíritu penitencial y austero que tiene también el Adviento como tiempo de conversión, de purificación interior para acoger al que vino, y al que viene. Limpiar y silenciar todo lo que no deja que nazca cada día, cada año, cada tiempo, a Dios en nosotros.
…de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos
Y
para acoger también al que vendrá. Pablo a los Tesalonicenses nos recuerda
también que esperamos una venida más de Cristo. La tercera de las claves de la
espera y la venida del Adviento tiene que ver con la Esperanza, porque como
dice San Cirilo de Jerusalén (315-386) en una preciosa catequesis que se lee en
el Oficio de Lectura de la Liturgia de las Horas del Primer Domingo de
Adviento, esperamos también la segunda venida de Dios, la venida definitiva que
traerá el Reino Divino definitivo a la creación. Esperamos la plenitud del
tiempo, la llegada manifiesta y en gloria de Dios Padre para juzgar la creación
y consumarla en sí. La Parusía, la venida futura de Dios, la aparición completa
de la gracia de la salvación que abrirá a todo lo creado al Reino y Reinado del
buen Padre Dios. Esperamos la llegada que completará lo que existe con su
venida en Gloria, renovando, completando, perfeccionando lo que ha sido en el
tiempo para sacarlo del tiempo. Esperamos el amanecer sin ocaso donde todo
anhelo, todo sueño, todo limpio deseo profundo del hombre se completará en
Dios. Esperamos el banquete eterno de la creación donde no habrá dolor,
sufrimiento ni enfermedad alguna, donde toda injusticia y sufrimiento serán
sanados y limpiados, donde se enjugará toda lágrima. Esperamos esa eternidad de
plenitud donde se dará todo, siempre, completamente, a la vez, y sin cansancio,
donde resucitarán todos los muertos que en la historia han vivido, y donde la
creación entera se culminará. ¿Cómo nos preparamos para eso? La oración es la
herramienta. La petición, la adoración, la vigilia consciente de la búsqueda de
Dios. Nos preparamos pidiéndole al señor y orándole para que venga, y que venga
ya, Ven Señor Jesús, Ven, Maranata. Orar sin desfallecer.
…levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación
Desde esas claves, el Adviento no es un mero tiempo bisagra hasta la Navidad, es una inmensa posibilidad que se nos ofrece el prepararnos para renovar nuestra fe, nuestro amor y nuestra esperanza. Para regresar y reconectar y convertir nuestra mente y nuestro corazón al Dios Trino de la vida. Para preparar nuestro tiempo y todo lo que somos, para el Dios que vino, que viene y que vendrá. Para esperar con auténtica Fe, Amor y Esperanza la liberación que nos llega.
¿Cómo cuido mi memoria de la fe? ¿Acudo a la Palabra con frecuencia? ¿Recuerdo las maravillas que ha hecho Dios en mi vida?
¿Logro identificar lo que en mi vida no deja que venga el amor y el Espíritu de Dios a mi vida? ¿Busco el silencio y vaciarme de mí para dejar que Él guíe mis días? ¿Qué he de cambiar, dejar, apartar de mi vida para ir convirtiéndome?
¿Dónde están mis esperanzas puestas? ¿Cuál es el horizonte último al que guío mi oración? ¿Qué espero de Dios?
Fray Vicente Niño Orti
Convento
Santo Tomás de Aquino 'El Olivar' (Madrid)
domingo, 24 de noviembre de 2024
¡LLENOS DEL ESPÍRITU!
En la tarde de ayer, la Iglesia Parroquial acogió la celebración del Sacramento de la Confirmación de cerca de noventa jóvenes y adultos.
sábado, 23 de noviembre de 2024
"MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO"
Reflexión Evangelio Solemnidad de Cristo Rey del Universo
1. En la primera lectura el profeta Daniel apunta ya el talante o estilo de la realeza que celebramos en Jesucristo, El profeta se refiere primero a cuatro grandes imperios con el símbolo de bestias que siembran esclavitud y muerte. En ese contexto aparece otra figura que viene del cielo como un hijo de hombre. Es la nueva humanidad suscitada por el Espíritu, servidora y solidaria de todos desde el amor. Con su nuevo estilo esa humanidad abre “un imperio eterno”.
Posiblemente el único título que Jesús de Nazaret se dio a sí mismo, fue “Hijo del hombre” que seducido por el amor del “Abba”, tiene que ir a Jerusalén y sufrir la muerte injusta, confiando en que el Padre abandona en la muerte. El Hijo del hombre actúa ejerciendo su poder desde el amor sellado con su muerte. Es el estilo de conducta que propone a sus seguidores.
2. La segunda lectura es de Apocalipsis. Un libro profético para animar a la Iglesia que ha sido echada fue de la sinagoga judía y sufre la persecución en el imperio romano. Propone a los cristianos el camino recorrido por Jesucristo. Testigo fiel, primogénito de los creyentes, se abrió totalmente a la Presencia de amor que es el “Abba”. Príncipe de los reyes de la tierra: con su forma de vivir y morir por amor a los demás manifiesta el camino para todos: el poder solo humaniza como ejercicio del amor que sirve.
“Un reino de sacerdotes”. Jesús no fue sacerdote ofreciendo sacrificios rituales en el templo de Jerusalén, sino curando enfermos, incluyendo a los incluidos y combatiendo los demonios que dividen y tiran a las personas por los suelos, siendo totalmente para los demás. Jesucristo vencedor de la muerte sigue siendo luz y camino para todas las naciones
3. El evangelista San Juan en ese apretado texto que hoy leemos ofrece catequesis muy rica y profunda. Cabe acentuar algunos temas de fondo.
Los discípulos han dejado a Jesús solo ante los poderosos que le van a juzgar y condenar. El evangelista dice que Pedro “le seguía de lejos”. Actualizar en la propia vida la realeza de Jesús se llama espiritualidad cristiana. Una tarea que es nueva cada día, en lo cotidiano que no se repite. Suponiendo que nos inspire su mística de amor, nos invita a tomar “nuestra cruz”. Dar sentido a escollos y sufrimientos que nos salen al camino. Siempre conscientes de que la cruz y el sufrimiento salvan. Lo que salva de verdad es el amor que dan sentido a la cruz y al sufrimiento.
Lógicamente verdad es lo opuesto a mentira. En su intervención pública como profeta itinerante una y otra vez Jesús denuncia la mentira de religiosos hipócritas que dicen una cosa y hacen; que acusan a Jesús ante el gobernador romano, pero no entran en la sala de juicio para no contaminarse. Y el gobernador romano ve que no hay motivo para condenar a Jesús, pero para crearse problemas acepta también la mentira.
Mi reino no es de este mundo”. Cuidado con la traducción. Porque el “reino de Dios”, o una sociedad fraterna, ya tiene lugar en este mundo, aunque todavía de modo imperfecto y en espera de una plenitud sin sombras. Ese reino ya está aquí como la levadura en la masa, fermentando a la humanidad para que sea más solidaria. No funciona con la lógica del poder, sino con la lógica de la gratuidad o del amor que sirve sin esperar nada a cambio.
Es un reino que lejos de negar sin más la existencia de las autoridades o poderes necesarios en la organización social, los sana del individualismo y los legitima como mediación del amor. “En Jesucristo”, la Iglesia, todavía en proceso de conversión al Evangelio, es signo visible y creíble de la única vocación para toda la humanidad. Eso significa celebrar la fiesta de Jesucristo rey del universo, cuando ansiamos la justicia y la paz, pero sufrimos la injusticia, las guerras y desgracias que nos dejan sin palabras.
“¿NO DEBÍAS TÚ TAMBIÉN TENER COMPASIÓN? ”
Reflexión Evangelio del Domingo 13 de Septiembre de 2026. 24º del Tiempo Ordinario. El perdón nace de la memoria. El Sirácida no empieza dic...
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De camino, Mª Ana, como tú, Con el alma y la vida a flor de piel, paso a paso tras las huellas de Jesús para amar, servir y hacer...






