viernes, 10 de abril de 2020

VIERNES SANTO: CONSUMMATUM EST


Reflexión para la Celebración de la Pasión de Ntro. Señor Jesucristo. Viernes Santo.

Hoy meditamos la Pasión, como hicimos en Domingo de Ramos. Y, sin embargo, ¡qué distinto! No hay cantos de alabanza, ni Ramos, ni alegría… Y es la misma Pasión. Creo que tampoco estaríamos entendiendo el Misterio Pascual si convertimos el día de hoy en puro dolor y muerte.

El Viernes Santo, para un creyente, refleja como ningún otro momento, la aparente contradicción que es nuestra vida, la fuerza que se esconde en la vulnerabilidad humana. Contradicción porque casi nada es negro o blanco, bueno o malo, éxito o fracaso. Contradicción de tener que soportar dolor para engendrar vida como un parto cotidiano. Contradicción de desfigurados, pobres y enfermos cuyas heridas nos curan y en cuya fealdad somos atraídos por una misteriosa belleza. Es la experiencia del Siervo de Isaías. Contradicción la nuestra adorando una Cruz y bendiciendo un Madero Santo como árbol de Vida. Contradicción al contemplar el Mal que acampa a sus anchas y se ceba en los más indefensos, como lo hizo con Jesús y sigue ocurriendo hoy. Contradicción al rasgarnos las vestiduras porque alguien no cumplió algún precepto o ritual pero dejamos pasar encogiéndonos de hombros las muertes habituales en el Mediterráneo y otras costas.

El ser humano es contradicción. Lo vivimos cada Domingo de Ramos y lo volvemos a palpar frente a la Cruz. El grano de trigo que no crece si no muere. La salud naciendo de la herida. “Mirad a mi Siervo”. Un aparente fracaso y, sin embargo, nuestro Dios. Nuestra Vida. La fuerza de la vulnerabilidad que no se oculta. El que aprendió sufriendo a obedecer, a pesar de ser el Hijo de Dios. Y si esto nos asusta -a mí, te confieso que sí lo hace-, digámoslo con palabras más sencillas: la muerte no tiene la última palabra. El Amor nunca fracasa. Ninguna noche es eterna. Y no es poesía. Es real, aunque cuando estamos en pleno Viernes Santo en la vida, nada nos consuele y sólo nos nazca decir: “Padre, a tus Manos encomiendo mi espíritu”. Si es así, no te preocupes ni te avergüences. Jesús también lo vivió antes.
Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

VIERNES SANTO MADRUGÁ

SERMÓN DE LA PLAZA
D. Manuel Tirado Fernández
Párroco Consiliario de la Agrupación de HH.CC. de Semama Santa de Villa del Río.

"El abrazo de la cruz"

jueves, 9 de abril de 2020

RETRANSMISIONES OFICIOS Y VIGILIAS

JUEVES SANTO: UN BRINDIS POR LA VIDA


Reflexión Homilética para el Día 9 de Abril de 2020. Jueves Santo.

“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”. Hoy es Jueves Santo para todos los creyentes. Este año no celebraremos en la Iglesia (la física y la humana) los Oficios del Triduo. Es una oportunidad para celebrarlo desde dentro, unidos con los creyentes de todo el mundo (no solo con “mis” conocidos), yendo al corazón de cada día, acompañando la Pascua de Jesús y la nuestra propia. La respuesta del salmo 115 puede ser una bonita banda sonora de fondo para nuestro día: agradecer tanto bien recibido de Dios a lo largo de mi vida.

En Jueves Santo celebramos una reunión de amigos. Un brindis por la Vida, por un estilo concreto de vivir. Una confirmación vocacional.

Confirmación vocacional como proyecto de vida que todos, en algún momento, tenemos que elegir si seguir adelante o abandonar. Jesús elige continuar con la misión y vocación que cree haber recibido del Padre. No solo en la Cena celebrando la Pascua ni proponiendo su testamento final. Sobre todo en Getsemaní, a las afueras de Jerusalén, desde donde podría haber huido discretamente. Eligió permanecer. Permanecer. Permanecer. Y cada discípulo también hace esta noche una elección vocacional: ¿permanecer?, ¿abandonar?, ¿esconderse?, ¿avergonzarse? La buena noticia es que casi nada tiene una última palabra; todos pudieron reelegir su vocación de nuevo tras la Resurrección (excepto Judas). ¿Cómo podré agradecer tanto bien?

Un brindis por un modo concreto de vivir: repartiendo la vida con los demás (como Pan y Vino) y lavando los pies al mundo. Vivir desde el amor, desde la fraternidad, desde el servicio… Cada uno llamémoslo como más nos guste. Jesús brinda por ello: ¡haced esto en memoria mia!, ¡así merece la pena vivir y morir! ¡No tengáis miedo a servir, a “re-bajaros” para ayudar a los demás! Y esto no como un momento puntual de voluntariado o un donativo habitual. ¡Es un modo de vivir, una actitud vital! ¿Cómo podré agradecer tanto bien?

Y una reunión de amigos: si me lo permitís, me gusta pensar en la Ultima Cena como la Primera Iglesia. Una reunión de amigos en torno a Jesús. Hombres y mujeres (sí, hombres y mujeres… el modo de contarlo y pintarlo fue posterior, recuerda). Cada uno como es, cada uno eligiendo cómo situarse. Todos iguales. El único que convoca es Jesús. Los demás somos sus amigos y es bastante. De esa amistad profunda nacerá un Anuncio que recorrerá el mundo entero. ¿Cómo podré agradecer tanto bien?
Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

 
"La Oración hecha Esperanza"

miércoles, 8 de abril de 2020

EL SEÑOR DE LA MIRADA DULCE

Hoy, Miércoles Santo, vivimos la Estación de Penitencia de la Franciscana Hermandad de la Humildad, nos unimos a ellos a través del material que la misma Cofradía realiza:

Vídeo Catequético de la Hermandad edita con motivo del Miércoles Santo 2020 inspirado en las palabras del Profeta Isaías.


domingo, 5 de abril de 2020

LA PASIÓN: PALABRA DE ALIENTO


Reflexión Homilética para el Domingo 5 de Abril de 2020. Domingo de Ramos

      Hoy escuchamos el relato de la pasión según san Mateo. Es un relato apasionante que va del anuncio al cumplimiento. Hay un punto central en el relato. Justo en el momento en que va a ser arrestado, Jesús proclama: “Ha llegado la hora” (Mt 26,45). A partir de ese momento lo que en la primera parte del relato ha sido un anuncio se va cumpliendo poco a poco.

      La primera parte es el relato de la Última Cena, momento en el que Jesús al bendecir el pan y el vino los refiere a sí mismo y a su propia entrega. Ellos son y serán para siempre el signo de la Nueva Alianza entre Dios y los hombres. Una nueva época está a punto de empezar, pero pasará necesariamente por la muerte de Jesús. En ese contexto, entendemos el anuncio de la traición de Judás y de las negaciones de Pedro. En ese contexto, en la soledad del Monte de los Olivos, compartimos el temor ante la muerte que experimenta Jesús.

      En la segunda parte todo se cumple como si fuera un guión que los actores van actuando con fidelidad a la letra escrita del guión. La traición de Judas se consuma con un beso. El valor inútil de Pedro, jugando a defender al Maestro con una espada, se confirma en sus tres negaciones. ¿Quién fue el mayor traidor? El canto del gallo será un recordatorio para Pedro de su propia debilidad. El juicio marca el definitivo enfrentamiento de Jesús con las autoridades religiosas de Israel. Ésa es la auténtica causa de su muerte. El que ha pasado su vida pública hablando de Dios Padre y haciendo el bien es condenado como blasfemo. De algún modo, la condena de Jesús es una apuesta frente a Dios. Jesús muere en nombre de Dios. Y los que le condenan lo hacen también en nombre de Dios.

      El relato culmina con la muerte de Jesús. Para llegar ahí, Jesús ha sido juzgado injustamente y ha sido torturado por los servidores del poder, que se aprovechan de su situación para abusar de los indefensos. Siempre el poder ha tenido lacayos a su servicio que le hacen el trabajo sucio. Nunca son los mismos los que condenan y los que torturan o clavan en la cruz o fusilan. A pesar de todo, Jesús muere creyendo en la esperanza. Las últimas palabras que el evangelista pone en su boca son el principio de un salmo (Sal 22). Es un salmo en que el autor experimenta el dolor, el sufrimiento y el abandono de Dios en ese sufrimiento, pero al final proclama su esperanza en la fuerza y la gracia de Dios que salva y da vida a los que creen en Él. Sin duda, el evangelista quiso expresar de esa manera cuáles eran los sentimientos de Jesús en los últimos momentos de su vida terrena.

      La celebración de la Semana Santa ha sido y es para los abatidos por la vida, por la cruz que siempre está presente en ella, “una palabra de aliento”. Dios está con nosotros y en nuestro mundo hay un lugar para la esperanza. Aunque hayamos celebrado muchas Semanas Santas, nos sigue haciendo falta hacer memoria de Jesús de Nazaret para no desesperar frente a un mundo donde la muerte, en todas sus formas, sigue estando presente. Por más que nos cueste verlo, el Dios de la Vida triunfa sobre la muerte. Esa es nuestra fe.

Fernando Torres CFM

“¿NO DEBÍAS TÚ TAMBIÉN TENER COMPASIÓN? ”

Reflexión Evangelio del Domingo 13 de Septiembre de 2026. 24º del Tiempo Ordinario. El perdón nace de la memoria. El Sirácida no empieza dic...