sábado, 2 de abril de 2016

MISERICORDIA DIVINA


Homilía para el Domingo 3 de Abril de 2016. 2º de Pascua.

“Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”. Así comienza la primera lectura de este domingo segundo de Pascua (Hech 5,12). Ha comenzado el tiempo de la Iglesia. Los discípulos del Señor hacen ahora visible su misericordia.

En realidad, la compasión de Dios se hace visible en la curación de los enfermos. Es interesante observar que la gente que se acercaba a los apóstoles deseaba que al menos la sombra de Pedro cayera sobre los pacientes que les acercaban.

Tambien hoy la humanidad sufre en su cuerpo y en su espíritu y busca por todas partes un alivio a sus ansias y dolores. Podemos preguntarnos si también el paso de los cristianos de hoy aporta una respuesta a las expectativas de la humanidad.

Con el salmo responsorial agradecemos haber sido aliviados de nuestros males: “Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 117)”.

LOS CONTRASTES Y LA MISERICORDIA

El evangelio nos recuerda dos momentos de la revelación del Resucitado a sus discípulos (Jn 20, 19-31). El texto parece jugar con diversas contraposiciones. Es como si intentara ofrecernos una pintura que se configura con un fuerte claroscuro

En primer lugar se contraponen el miedo y la alegría. Tras la muerte de Jesús, los discípulos están todavía atemorizados. Pero el descubrir a Jesús presente en medio de ellos, los llena de alegría.

En segundo lugar observamos que el miedo los mantiene paralizados y con las puertas cerradas. Pero el aliento de Jesús los exhorta a salir a la calle. Los encerrados, se convierten ahora en los enviados.

En tercer lugar, intuimos que los discípulos no han superado el sentido de culpa por haber abandonado a Jesús. Pero el resucitado no vienen a reprenderles su falta. Al contrario, los convierte en ministros del perdón y de la misericordia.

LA PROTESTA Y LA FE

Con frecuencia oímos calificar a Tomás como “el incrédulo”. Pero olvidamos que fue precisamente él quien había desafiado a los otros discípulos a seguir al Maestro: “Vayamos también nosotros a morir con él” (Jn 11,16). Tomás tenía fe para aceptar la muerte. ¿Es que ahora no tiene fe para aceptar la vida? Habrá que repensar sus palabras y las del Señor.

“Si no veo la señal de los clavos…, no creo”. Esas palabras no delatan la incredulidad de Tomás. Son una protesta personal contra los que aplauden la luz sin haber aceptado la cruz.

“Trae tu dedo… No seas incrédulo, sino creyente”. Las palabras de Jesús se dirigen a Tomás y a todos nosotros. Ni incrédulos, ni crédulos. Se nos pide la seriedad de los creyentes.

“Señor mío y Dios mío”. Tan sólo la declaración de Pedro puede compararse a esta confesión de fe que el Resucitado suscita en quien estaba dispuesto a seguirlo hasta la cruz.

“Dichosos los que crean sin haber visto”. Sólo en eso podemos superar la valentía y la coherencia de Tomás. Él creyó por las llagas. Nosotros nos apoyamos en la fe del que creyó.

Señor Jesús, como nos ha dicho el Papa Francisco, tus llagas son un signo permanente del amor misericordioso de Dios. Que ellas nos ayuden a descubrir, celebrar y confesar su misericordia. Amén.

D. José-Román Flecha Andrés

viernes, 1 de abril de 2016

PASCUA


Un gloria a Dios inmenso el sepulcro ha reventado.
Jesús Nuestro Señor ha resucitado.
Cristo vencedor, a todas las armas ha derrotado.

Un gloria a Dios luminoso hace de la noche un bello día.
Cristo triunfante, en los campos de concentración,
ha encendido el ánimo de vivir a pesar de las torturas,
de las condiciones infrahumanas y de la humillación.

Un gloria a Dios eterno penetra en el corazón de unos cuantos jóvenes.
Cristo como buen pastor recoge a sus ovejas.

Ha resucitado el amor.
Ha resucitado la paz.
Ha resucitado la esperanza.
Los árboles silban de gozo y todas la olas del mar,
se levantan por encima las montañas.

Millones de hombres camino de Emmaús,
esperan inútilmente que alguien los convierta con palabras sabias.
Algunos hombres, los más sencillos, cantan poco a poco un
grito de luz con el Mesias.

jueves, 17 de marzo de 2016

CULTOS SANTO ENTIERRO Y SOLEDAD


Hasta el próximo Viernes de Dolores se celebran los cultos en Honor del Cristo Yacente de la Hermandad del Sto. Entierro y Ntra. Sra. de la Soledad. 


Iglesia de la Inmaculada Concepción de Villa del Río. 
7'30 de la tarde.

domingo, 13 de marzo de 2016

CULTOS DE LOS ESTUDIANTES



Esta tarde tendrán ligar los Cultos en Honor del Stmo. Cristo de los Estudiantes y Ntra. Sra. de los Dolores.
Iglesia de la Inmaculada Concepción. 7'30 de la tarde. 

jueves, 10 de marzo de 2016

CULTOS DE LA HERMANDAD DEL HUERTO


Mañana viernes, día 11 de marzo la Hermandad de Oración en el Huerto celebrará sus Cultos Cuaresmales en Honor a su Titular. 7'30 de la tarde. Iglesia Parroquial de la Inmaculada. 

Se bendecirá la última imagen que compondrá el Misterio de la Hermandad del Jueves Santo, 
San Juan Evangelista, obra del imaginero D. Manuel Luque Bonillo.

sábado, 5 de marzo de 2016

EL ALIMENTO Y LA FIESTA


Homilía para el Domingo 6 de Marzo de 2016. IV de Cuaresma.

“El día siguiente a la pascua, ese mismo día, comieron el fruto de la tierra: panes ácimos y espigas fritas” (Jos 5,11). El autor del libro de Josué señala así el final del periodo del largo peregrinaje de los hebreos a través del desierto.

Con razón el salmo responsorial (33,2-7)  nos exhorta a aceptar los bienes del Señor: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. La providencia que demostró a su pueblo es una prenda y promesa del amor con que vela por cada uno de nosotros.

El primer domingo de cuaresma, oíamos la respuesta de Jesús al tentador que le ofrecía fáciles panes por arte de magia: “No solo de pan vive el hombre”. La liturgia de hoy nos sugiere que el Señor nos alimenta con el maná de su palabra y de la eucaristía.

De hecho, nuestro Padre nos trata como hijos y nos exhorta a vivir como hermanos que participan del mismo alimento.

SER HIJOS

El evangelio de este cuarto domingo de cuaresma nos propone la lectura de la parábola del “Hijo pródigo”. Así solemos titularla, aunque bien sabemos que el centro de la parábola es el padre misericordioso.

También en este caso, el alimento ocupa un lugar importante. El hijo que se va de casa, se ve obligado a servir a unos amos que no se preocupan por él. En consecuencia, ha de padecer el hambre. Y el hambre le lleva a añorar la casa de su padre.

Cuando al fin se decide a retornar a casa, el padre lo recibe con los brazos abiertos. El relato parece subrayar el fin del hambre y de la miseria. El padre manda preparar un gran banquete para celebrar el regreso del hijo que se había perdido.

Así pues, también en este caso, se pone ante nuestros ojos la misericordia y la compasión de Dios, reflejada en el alimento, o mejor en el banquete de la fiesta. Dios no es indiferente a la suerte o la desgracia de sus hijos.

SER HERMANOS

La parábola incluye también la reacción del hermano mayor que se niega aparticipar en el banquete ordenado por su padre. Pero también para él hay una palabra que evoca la ternura de la convivencia y exhorta a la alegría:

- “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”. Como ha dicho el papa Francisco, Dios no engendra “hijos únicos”. A todos ha de recordarnos la suerte de tenerlo por padre y de poder ser reconocidos como hijos suyos.
- “Deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido”. Pero Dios no olvida exhortarnos a reconocer al otro como nuestro hermano. Y nos invita a celebrar con él la alegría de la vida que triunfa sobre la muerte.
- “Estaba perdido y lo hemos encontrado”. En realidad, el padre había perdido al hijo menor. Y el hijo mayor se empeñaba en perder a su hermano. Pero el hallazgo es un motivo de alegría compartida.

Padre nuestro, padre de todos, te damos gracias por tu providencia y por tu misericordia. Y te rogamos que nos ayudes a redescubrir la alegría de la fraternidad y a celebrarla con palabras y gestos de amor y sinceridad. Amén.
                                                                           D. José-Román Flecha Andrés