domingo, 28 de diciembre de 2025

"HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE"


Reflexión Evangelio Domingo 28 de Diciembre de 2025. Solemnidad de la Sagrada Familia.

"José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto"

La familia conformada por Jesús, María y José se nos presenta como modelo de familia cristiana, pero no podemos obviar que era una familia judía, como muchas otras en su tiempo. Una familia de la cual poco sabemos salvo las pinceladas que recogen los textos bíblicos. José desaparece de la escena muy pronto, se menciona en algunos pasajes revelando se talante y actitud. De María, conocemos un poco más por el evangelista Lucas y, por lógica, de Jesús sabemos vastísimamente.

A partir de cómo se presenta estas figuras por separado, podríamos inferir cómo habrá sido la vida de aquella familia judía que con alta probabilidad participaba de la estructura y dinámica relacional de toda familia judía: familias extensas en convivencia con otros parientes y viviendo, como no puede ser de otro modo, dentro del contexto religioso y cultural del momento.

Hoy podemos asomarnos a la personalidad de José quien se presenta como hombre justo, diligente—toma al niño y a su madre y huye a Egipto—, y, sobre todo, en sintonía interior con el querer de Dios revelado en sueños. Es un hombre que va transformado la mirada para ir más allá de lo aparente e ir profundizando en la realidad del plan de Dios hasta comprometerse con él. María, con su fíat, dispone su ser mujer, en diálogo transparente y confiado, al Dios que la habita, actualizando su hágase en medio de los avatares de su vida pobre, campesina y periférica. Y en Jesús, el profeta de Nazaret, descubrimos la plenitud de lo humano a través de un talante vital que desborda cercanía, compasión y misericordia.

"Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel"

No cabe duda que dicho talante se ha nutrido del espacio familiar: allí ha podido Jesús entrenar la mirada y vislumbrar, quizás, una manera distinta de situarse delante de Dios hasta sentirlo como Abba suyo y de todos; su manera de acercarse especialmente a la mujer, al sufriente, al pecador público pudo haberlo bebido de su educación en el hogar de Nazaret—tal como ocurre con todos nosotros, pues la familia de origen va anclada, por así decirlo, a nuestro corazón y no podemos desembarazarnos de lo recibido con facilidad—.

Quizás, una toma de consciencia importante para vivir esta fiesta con respeto y profundidad es acercarnos a la familia de Nazaret en su contexto y en sus claves particulares para, desde ahí, dejarnos interpelar por su riqueza atemporal. En este sentido, lo que podemos aprender de la Sagrada Familia para las familias de hoy es acoger lo recibido y transformarlo, tal como hizo Jesús: acogió lo recibido y lo transformó de cara a su misión. Lo que ha podido beber en el seno familiar le ayudó a transmitir la Buena Noticia, ha configurado su carácter y su manera de situarse en el mundo y en aquella sociedad judía del siglo I.

Hoy, aunque parezca baladí, es un ejercicio necesario que deben saber llevar a cabo los miembros de la familia en tanto sistema que se nutre y desarrolla dentro de distintos ambientes, tanto el que le es próximo, al interno de la vida familiar, como el externo que se configura de la comunidad, la sociedad y sus instituciones.

"Avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret"

De igual modo, la liturgia de la palabra, especialmente el evangelio, nos recuerda la importancia en la familia de hoy de recuperar las estructuras o de mantenerlas y de ir quizás un poco a la contra de esta sociedad líquida comunicando solidez en el ámbito familiar. Y no es que la estructura de por sí lo haga, pero es lo que posibilita vínculos significativos y un espacio de crecimiento personal.

Algo particularmente hermoso de la familia conformada por Jesús, José y María es que vivían a partir de algo más grande que les trascendía: a José en sueños se le revela la voluntad de Dios para con su familia y María que también se dispone a algo más grande—ser la Madre de Dios— llevará a cabo el plan de Dios dentro de su familia. Jesús es el Mesías esperado y, sin embargo, el evangelio dice que vivió sometido a sus padres mientras crecía en gracia y sabiduría.

En cualquier caso, es una familia abierta a algo más grande. Dios convoca a la familia para que viva desde ella su plan de salvación. Y eso es una paradoja hermosa porque dentro de ella y más allá de ella es donde la familia ha de realizar su misión para que trascienda el evangelio como lo hizo Jesús de Nazaret, quien luego termina diciendo: mi madre y mis hermanos y mi padre son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Sin duda alguna habrá visto aquel escuchar la palabra y vivirla en José y María de Nazaret.

sábado, 27 de diciembre de 2025

FESTIVIDAD DE SAN JUAN EVANGELISTA

Hoy, 27 de Diciembre festejamos al "Apóstol joven", aquel que fue fiel hasta el final y al que Jesús mismo entregó a su Santísima Madre.

Felicidades a la Hermandad que cada año nos regala la presencia de este discípulo en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo considerado en muchos lugares el patrón de los cofrades más jóvenes.

jueves, 25 de diciembre de 2025

¡Y DIOS SE HIZO NIÑO!

Ayer noche, celebramos con alegría la tradicional Misa del Gallo. La Parroquia estuvo prácticamente repleta de fieles que disfrutaron de los cantos del Coro Paz y Esperanza y de una bonita homilía de D. Víctor; que nos animó a acoger a Jesús en nuestro corazón como “el Niño de Belén” nos acoge con los brazos abiertos. Nos alentó a buscar esa luz de Cristo en los momentos difíciles aunque no comprendamos el porqué de las cosas de la vida.

Al final, se celebró el tradicional “besapies” al Niño con sones de villancicos.
El Párroco, agradece la colaboración del Coro Paz y Esperanza, así como a las Hermandades de la Humildad, Magdalena y Soledad por la cesión de atributos y enseres para el Misterio del Belén que se ha instalado.
¡Feliz Santa y bendecida Navidad a todos!

lunes, 22 de diciembre de 2025

NUEVO PÁRROCO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

En la tarde de ayer, tomó posesión como nuevo Párroco de nuestra Parroquia D. Víctor J. Morón Illanes. Con un templo a rebosar, la comunidad cristiana de Villa del Río pudo ver de primera mano los ritos de este hecho que forma parte ya de la historia de nuestra parroquia. Concelebraron prácticamente todos los sacerdotes de la zona, el Sr Vicario, Arcipreste, D. Fernando (Dominico). D. Jeremías Abumwami, Administrador Parroquial en estos meses y D. Manuel Tirado, Emérito de Villa del Río.
Asistieron, además, las autoridades locales, la Comunidad de Religiosas de Franciscanas de la Divina Pastora, representantes de la Agrupación de HH.CC., Hermandades y Cofradías de Gloria, Catequistas de Confirmación y Comunión, Grupos, Adoración, Cáritas, Manos Unidas y Coro Parroquial.
El nuevo Párroco animó a todos a estrechar lazos para hacer una iglesia viva, con especial alusión a los jóvenes. También invitó a los villarrenses a acercarse a Dios a través de Jesús Sacramentado.
Al finalizar, el Ilmo. Sr. Alcalde entregó una placa de reconocimiento a D. Jeremías por su labor en estos meses y expresó, en nombre de todos, su alegría por la llegada de D. Víctor. Este agradeció la acogida de D. Manuel y de nuestro pueblo.
Al terminar la Eucaristía fueron muchos los fieles que se acercaron en persona a conocer y a presentarse ante el nuevo Párroco de Villa del Río.

sábado, 20 de diciembre de 2025

LA MISERICORDIA DE DIOS TOCA LA TIERRA


Reflexión Evangelio Domingo 21 de Diciembre de 2021. 4ºde Adviento.

“El Señor, por su cuenta, os dará un signo”

Vamos observando en el texto como se va escribiendo el Proyecto de la Salvación de Dios en la historia humana. Desde la realidad, Dios propone al ser humano una confianza en que las profecías del esperado Mesías se cumplen, y que en la tribulación estamos sostenidos por la compasión de Dios. Todo el proceso de la fe tiene que hacerse recio, maduro, para vivir íntimamente centrado en el Señor.

En la figura del rey Acaz se nos muestra precisamente la lucha interna del ser humano sobre todas aquellas realidades que sobrepasan los límites de nuestras propias fuerzas. En torno al año 734 el rey Acaz gobierna Judá, que está enfrentada a otras potencias como Siria y Samaria. Ante esta situación de la invasión se abre todo el abanico de interrogantes que nos vienen a la cabeza en los momentos de oscuridad ¿Qué pasará?

Por ello, Acaz, pide ayuda a otra potencia: Asiria. De este modo, la fragilidad de la fe hace poner el punto de mira en las propias fuerzas humanas. Queremos tenerlo todo bajo control, dominar la situación, confiamos en nosotros mismos y dejamos de lado muchas veces a Dios.

El profeta Isaías se acerca al rey Acaz para que recapacite sobre su fe, sobre la suerte del pueblo de Israel y del Templo de Jerusalén desde Dios. ¿Por qué no pides una señal?

Pedir la señal, exige la confianza plena y total en el Señor. En ese momento de intemperie, de duda, requiere que desnudes tu corazón y sepas esperar en Dios. De este modo, sale a relucir el nombre del niño, que es la señal que por su cuenta da Dios a Acaz.

En la noche oscura de la fe se está poniendo en juego la pregunta: ¿Está Dios con nosotros o no está? La respuesta aunque parezca frágil en un niño lo deja palpable: Dios-con-Nosotros. Es un juego teológico todo el proceso por el que pasa el rey Acaz hasta que experimenta en su propia persona esta realidad: en la batalla Dios está conmigo.

“Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados por Jesucristo”

Pablo en su carta a los romanos deja claro el cometido que tiene de ser apóstol, que va a anunciar, predicar, el fundamento de la fe a esta comunidad.

Pablo expone la centralidad de la fe desde el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo. Por así decirlo, es el paso que permite a Dios tomar la realidad humana mediante la encarnación, hacerse presente en la historia de la salvación desde el linaje del rey David.

Toma la casa de David, su genealogía, para venir a la tierra, para seguir con el proceso de salvación hacia el género humano. Entrega total de la vida, muerte en la cruz y resurrección. Vencedor de la muerte y del pecado. Toda esta catequesis que da Pablo nos lleva a reflexionar sobre la gracia de la Encarnación.

Al abrirnos en la fe en Jesucristo nos vamos a convertir también nosotros en esos “apóstoles” que deben predicar el Misterio de la Salvación a la humanidad doliente desde la clave de la Encarnación. Como un tesoro, una gracia, que viene de parte de Dios, de su fidelidad para con el ser humano que continuamente le ofrece el camino de salvación, una nueva oportunidad.

Es el Enmanuel que acompaña la realidad humana desde lo cotidiano, desde nuestra propia realidad para descubrir el amor infinito con el que nos sostiene. De este modo, la participación en este regalo que recibimos tiene que ser proclamado y gritado a los cuatro vientos.

"La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo"

Desde la genealogía de Jesús se nos van a dar una serie de pistas que nos van a ayudar a profundizar en el Misterio de Dios. El sueño de José o “anunciación de José” viene a poner de relieve la figura del patriarca en la historia de la salvación.  Para el evangelista Mateo, José, es el encargado de dar nombre al Hijo de Dios, Jesús: “Dios salva”.

Muestra una realidad concreta humana, en la que José, tiene que ponerse a batallar con su fe para poder comprender el Misterio de la salvación. El proyecto que el Señor tiene para la humanidad y que cuenta libremente con José y María. Desde esta línea se nos hace a nosotros más cercano saber conjugar la fe y la propia realidad que estemos viviendo en cada momento, sobre todo, los momentos de oscuridad.

José está en la fase inicial del desposorio con María. En esta fase aún no viven juntos y resulta que María está en cinta. Todo este episodio nos muestra el estado de angustia en el que se ve sumido José. Las preguntan continuamente lo atormentan, no es posible que haya sucedido esto. María es una joven intachable, cumplidora de la ley, alegre, sencilla, sin mancha. ¿Cómo es posible que me suceda a mí tal cosa? ¿Cómo es posible que la ilusión se haya vuelto gris? ¿Qué sentido tiene ahora la vida, luchar, seguir? Todos esos interrogantes son espinas que van a desangrar su corazón, como lo son los interrogantes con los que nos enfrentamos en nuestra vida de fe. Tratar de resolver el enigma ante el Misterio de Dios.

Por ello, se presenta en la figura de José y a las puertas de la celebración del Misterio de la Navidad todo el proceso de crecimiento y de maduración en la fe. Descubrir la naturaleza divina del niño, la criatura viene del Espíritu Santo, va a hacer que José se plantee y entienda el papel que le corresponde dentro del proyecto de la salvación: la paternidad como el cuidado del Mesías, que está en el seno de María, virgen. Ser el que custodie, proteja y guarde la integridad del hogar de Nazaret. Ahora, José entiende que este Hijo viene de parte de Dios para que se cumplan los oráculos y el Pueblo de Israel alcance la salvación. Ese pueblo que vive con la esperanza de que algún día alcanzara la plenitud de la vida en el Dios que salva.

jueves, 18 de diciembre de 2025

FESTIVIDAD DE LA ESPERANZA

 
Hoy elevamos nuestra mirada a Ella, la Madre que no trae a Jesús; Esperanza de los cristianos y Esperanza nuestra.

sábado, 13 de diciembre de 2025

“ ID A ANUNCIAR A JUAN LO QUE ESTÁIS VIENDO Y OYENDO"

Reflexión del Evangelio Domingo 14 de Diciembre de 2025. 3º de Adviento.

"El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá"

¿Quién de nosotros, al contemplar el mundo de hoy, cuando vemos el telediario o leemos las noticias (que siempre suelen ser malas) no tiene a veces la sensación de que el futuro es oscuro, de que todo se va al garete, de que esta sociedad nuestra, plagada de guerras, materialismo e injusticas está perdida?

O, en la propia existencia, las experiencias que nos toca vivir en ciertas ocasiones, ¿no nos han hecho sentir que todos los esfuerzos y trabajos de cada día son estériles, no dan fruto… que la vida es una estepa desértica en la que solo cabe esperar más pérdida y dolor?

Son vivencias muy humanas, muy reales que puede parecer que imposibilitan cualquier forma de alegría, pero es precisamente en esa constatación de que somos una humanidad frágil y lastimada donde únicamente tiene sentido la esperanza del adviento que nos anuncia Isaías.

Una esperanza que es fundamental para todo ser humano, imprescindible para la vida pues es el cimiento que nos sostiene ante el sinsentido o el sufrimiento.

"Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará"

Pero no nos sirve cualquier esperanza, el profeta nos anima a fortalecernos en una esperanza verdadera, que no puede ser ingenua, egoísta ni pasajera; ni el simple optimismo de quien cree inocentemente que todo va a salir bien; o una expectativa pasiva del que se sienta a aguardar que algo suceda.

Una que esté puesta solo en el Dios que no nos abandona nunca, que viene a colmar los anhelos más profundos de la humanidad: la muerte de la muerte, el fin de toda lágrima, el triunfo del amor para siempre.

El adviento, en su doble dimensión, nos ilumina notablemente, pues nos preparamos para celebrar una encarnación que ya es un hecho y, por tanto, podemos conocer y reconocer los signos del reino a nuestro alrededor, las señales del cumplimiento de las promesas que hemos recibido. El saber descubrirlas hoy nos restablece en la espera de la plenitud de ese cumplimiento, de la venida final del Señor.

"Ven, Señor, a salvarnos"

Por eso seguimos esperando, por esa razón continuamos transitando el adviento, un camino que solo se puede recorrer si de verdad somos conscientes de las carencias y dolores del ser humano; si nos duele en carne propia cada gota de sangre que se derrama en la tierra, cada soledad, cada carencia… si realmente sentimos con urgencia que necesitamos como individuos, como iglesia, como humanidad, todos uno, de la Buena Noticia.

Porque sentimos una necesidad íntima que sólo colma el encuentro que experimentamos con Jesucristo, el encuentro con el niño que nace… la plenitud del encuentro definitivo con Cristo en su Gloria…  eso es lo que nos lleva a esperar, con alegría profunda, aún más de Él.

"Hermanos, no os quejéis los unos de los otros"

Y es así, junto al rostro sufriente de la realidad, desde el compromiso con los descartados de nuestra sociedad, cuando la esperanza nos muestra cómo afrontar lo que la vida nos depare, a superar los obstáculos y dificultades, a “ser” en plenitud.

Lo que esperamos deja de ser un ideal lejano para convertirse en una fuerza activa, concreta, un don recibido de lo Alto y de nuestros mayores, que reside en lo más profundo de nuestras heridas y lo transforma todo: el modo de vivir, la forma en que nos relacionamos, convierte en peregrinaje lo que podía ser una vida errática y sin rumbo.

"Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo"

Por todo ello, el texto de san Mateo nos invita a detectar las señales del Reino, de la acción de Dios en nuestra cotidianidad; a valorarlos, disfrutarlos y agradecerlos.

Que con ellos y junto a Jesús aprendamos a ver todo el amor y la bondad que nos rodea; a caminar y crecer rompiendo con las perezas, los egoísmos y temores; a dejarnos liberar de todo lo que nos somete y nos resta libertad o dignidad; a escuchar y comprender la Palabra y los signos de los tiempos; a convertirnos también, cada uno de nosotros y todos juntos en comunidad, en un signo de esperanza, en un anuncio, una predicación viva del Evangelio.

"¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!"

Es preciso aprender a hacerlo, comprender que Él siempre está más allá de nuestras expectativas, de lo que creemos bueno o malo, de la forma en que nos gustaría que respondiese y se resolviesen las cosas.

Es el momento de robustecer y depurar nuestra esperanza para que únicamente resida en Jesucristo, de despojarnos de cuanto nos condiciona con la confianza en que su amor no defrauda, con el deseo de hacer su voluntad y no la nuestra.

No estamos solos ni desahuciados, el Señor acompaña nuestra historia y viene, siempre viene, aunque en ocasiones no sea como imaginábamos… ya está aquí porque también tiene sed de nosotros.

lunes, 8 de diciembre de 2025

"ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA"

Reflexión del Evangelio Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Frente al jardín del Edén….la casa de Nazaret.

Conocemos bien el relato: Adán y Evan viviendo en la dicha inocente del Edén, desnudos en el paraíso sin vergüenza o problema alguno. Ciertamente podría haber sido el final feliz del relato, sí; pero no reflejaría la realidad de nuestro mundo. El paraíso reclama realismo por medio de una serpiente que habla, en concreto, que engaña y arruina la dicha en la que vive la pareja.

La astucia de la serpiente se manifiesta en el uso y dominio que tiene de la mentira y la media verdad, las cuales sirven para minar la confianza de Adán y Eva en la palabra dada por Dios bueno y creador. La serpiente contrarresta la palabra de Dios iniciando la senda del engaño: “De ninguna manera moriréis (si comeís del arbol). Es que Dios sabe muy bien que el día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal” Esto que dice la serpiente es verdad en dos aspectos: por un lado, el conocimiento moral no causa la muerte por sí mismo y, por otro, quien alcanza este conocimiento se hace semejante a Dios. Pero lo que el relato deja claro es que una libertad movida por la desconfianza en la palabra de Dios resulta incompatible con la vida (Gn 2,16-17).

Y sabemos bien cuál es la consecuencia inmediata de esta libertad desconfiada: la vergüenza, es decir, se dieron cuenta de que estaban desnudos y sintieron vergüenza el uno del otro ciñéndose con hojas de una higuera. La vergüenza surge de repente ante la mirada del otro; hasta ese momento, la mirada del otro era sin vergüenza.

A continuación, en medio de esta atmosfera vergonzosa, aparece Dios por el jardín a la hora de la brisa. Adán y Eva se esconden entre los árboles. Dios los busca incesantemente al no encontrarlos: ¿dónde estáis? Adán responde que al oírlo por el jardín, tuvo miedo y se escondió. Ahora, la culpa aparece en nuestro relato: Adán, Eva, la serpiente… Todos escapar de la responsabilidad, todos sienten no sólo vergüenza, sino ahora culpa. Adán y Eva se sienten juzgados por la mirada de Dios sobre sus acciones. Dios aparece como portador de los valores que Adán y Evan han transgredido: la obediencia y la fidelidad de unos a otros.

Adán y Eva tienen una existencia eterna, sin fin, movida por la desconfianza en la palabra de Dios. Esto es, por definición, el infierno. Y Dios no va a permitir un infierno eterno para Adán y Eva. Aparece así la muerte como límite para el débil albedrío de Adán y Eva.

La casa de Nazaret

La Anunciación es la gran tabla mariana pintada por Lucas. Todo es narrado bajo la atmosfera de la cotidianeidad de Nazaret que viene rota por el acontecer de Dios por medio de su ángel Gabriel. No es una serpiente la que habla, sino el enviado de Dios.

El ángel saluda a María como “llena de gracia”. Son quizás estas palabras del saludo en las que la Iglesia comenzó a ver la Inmaculada Concepción de María, es decir, ella ya estaba llena de gracia antes de que el ángel llegara. El ángel no le dice “recibirás la gracia”, sino "llena de gracia” porque Dios la había preparado desde su concepción.

El acontecer de Dios en Nazaret viene envuelto con una primera palabra clave: no tengas miedo. El ángel quiere abrir la senda de la confianza en la que se revela la verdad. El miedo provoca la desconfianza. El ángel no lleva al engaño como la serpiente ni a medias verdades.

María escucha el mensaje del ángel: “Concebirás y darás a luz a un hijo, al que pondrás por nombre Jesús… (Lc 1,31)” María será la madre del Hijo del Altísimo. El ángel ofrece a María el regalo de acoger en su seno la divinidad; Eva es incitada por la serpiente a robarla del árbol, es decir, a tomarla, a apropiarse de la divinidad porque Dios se la está ocultando, según la serpiente.

María recibe como don la divinidad; no se apropia, sino que recibe y acoge. Toda nuestra miseria viene de querer tomar lo que Dios quiere ofrecernos. Queremos ser felices, pero a nuestra manera. Queremos amor, pero sin entrega. Queremos vida, pero sin cruz.

Dos mujeres. Dos jardines. Dos conversaciones. Dos respuestas. Es esta solemnidad de la Inmaculada Concepción se nos invita a contemplar el misterio de que el acontecer de Dios se acoge no sólo tal y como viene, sino sobre todo como don.

sábado, 6 de diciembre de 2025

"ESTÁ CERCA EL REINO DE LOS CIELOS"

Reflexión Evangelio Domingo 7 de Diciembre de 2025. 2º de Adviento.

Las lecturas de este domingo son una invitación a soñar un tiempo mejor. No es “ciencia ficción” o un triste optimismo que empieza y acaba en nosotros mismos. Es el tiempo de Dios que somos invitados a acoger como un compromiso y una opción de vida. No queremos que estas semanas pasen de manera rutinaria, sino asumirlas como oportunidad para cambiar nuestro día a día. Es el tiempo de Dios, es nuestro propio tiempo…

Es tiempo de acoger la promesa de un futuro mejor

Isaías nos evoca a todos los que sueñan con un futuro mejor, nos llama a unirnos a la causa de la esperanza. El profeta tiene en su mente un tronco que fue llamado a ser fecundo y que ahora está talado, quemado y sin futuro. Fue la promesa que Dios hizo a David, el hijo de Jesé de Belén. Aquel gran rey trajo a Israel paz y prosperidad y la mantuvo su hijo Salomón. El árbol que crecía con fuerza con el tiempo fue destrozado. Cuando se escribe este texto, Israel vive sus momentos más bajos: no queda nada de su esplendoroso pasado. Nada. Pero el profeta ve más allá, intuye que queda la raíz, esa que nadie puede destrozar. Anuncia vida y savia nueva, que pueden brotar desde lo escondido. Y es Dios quien tiene capacidad para hacerlo, un Dios que trabaja en lo oculto y profundo de la tierra, donde las personas no vemos…

El Adviento nos empuja a cambiar la mirada y reconocer, más allá de las ruinas y el caos tan evidentes en el mundo y en nuestros espacios más cercanos, el trabajo que Dios está haciendo en lo oculto de la realidad. Los pequeños brotes nunca se imponen ni son evidentes a simple vista. Percibirlos y apostar por ellos es confiar en las promesas de Dios, tener la certeza de que este mundo sigue en sus manos, que Él lo cuida, nos cuida, que no estamos desamparados, que aún nos espera un futuro mejor. No es tiempo para pesimistas sino para gente de mirada y corazón atentos.

Es tiempo de creer y apostar por la paz y la justicia

El profeta nos habla de un personaje desconocido, “el brote del tronco de Jesé”. Sabemos ahora que se refiere a Jesús en quien culmina la fecundidad de la Historia humana. ¿Qué trae a este mundo? Lo que más necesitamos: la concordia, representada con imágenes increíbles de la naturaleza. Una visión realista consideraría imposible lo que Isaías describe, esa paz elevada a las cotas más altas. ¿Cómo alcanzarla? Quien lo haga tendrá sobre sí la plenitud del Espíritu: la inteligencia de Salomón, la fortaleza de David, la piedad de los patriarcas… “Somos enanos a hombros de gigantes”: la causa de la no violencia, la paz y la justicia nos empuja, ante todo, a creer y apostar, a hacer camino con otros. No podemos conformarnos con la realidad que vivimos desde el argumento de que el cambio es imposible. Militar en las obras de la paz y la justicia es una llamada de Dios que atraviesa toda la Escritura. El tronco de Jesé, que es ahora esta Iglesia frágil, tiene fuerza para alzar su voz y aunar esfuerzos para construir un mundo mejor.

Es tiempo de fortalecer la esperanza, apoyada en la paciencia y el consuelo

Pablo escribe a los cristianos de Roma, una comunidad dividida: los “débiles” permanecen aferrados a las tradiciones y cumplimientos del judaísmo, aún no han dado el paso de confiar en el “Dios que todo lo hace nuevo”; los “cristianos fuertes” han asumido el mensaje de novedad que ha traído Jesús, su manera diferente de entender el vínculo con Dios y los hermanos, manifestado en su vida y en su Pascua. Hay tensiones entre ambas formas de acoger el compromiso cristiano, los “modernos” y los “nostálgicos”. Pero una comunidad no crece cuando se centra en las diferencias, sino al caminar juntos en la misma dirección. ¡Qué actual nos resulta esto! ¿Qué propone el Apóstol? Volver a Cristo, el único que nos une, manteniendo sus mismos sentimientos; acogernos mutuamente como hermanos; fortalecer la paciencia de caminar unidos, que nunca debe despreciarse o darse por sabida; apoyarnos en el consuelo que viene de la Palabra de Dios. Han pasado bastantes siglos, pero en este Adviento sigue siendo urgente el compromiso (tan propio del Papa León) de apostar por la unidad que debe caracterizar a los creyentes. ¡Este es un gran signo de esperanza!

Es el tiempo de escuchar a los profetas: conversión y bautismo

Juan Bautista debió ser muy original. Mateo lo representa con los atributos externos propios de los profetas. Él va a ser, para el evangelista, el mismo Elías que la tradición judía esperaba al final de los tiempos para traer al Mesías. Juan es duro, especialmente con los más hipócritas. No ofrece nada (al contrario de lo que hará Jesús), solo pide confesión de los pecados, conversión y bautismo. Dicho con otras palabras: coherencia de vida, autenticidad, sencillez y mirada a Dios. Su objetivo es preparar al pueblo para que la llegada del Mesías sea como la semilla que cae en buena tierra. Siguen siendo hoy muchos los profetas, también originales, que gritan por un mundo mejor, que quieren llamar a nuestras conciencias dormidas para invitarnos a construir una vida más plena. Adviento es buen momento para escuchar, sin juicios, su música y reconocer en ella el lenguaje de Dios.

Es tiempo de desear la salvación que trae Jesús

El Bautista presenta al Mesías como un labrador. A Jesús le gustaba también el campo para hablar de su misión. El hacha sirve para podar sarmientos y ramas de modo que la planta se haga fuerte. El bieldo (la horca con la que se levantan las espigas en la era para que el viento separe el grano de la paja) sirve para sacar una buena cosecha. La salvación que ofrece Jesús se sigue eligiendo. Él quiere enriquecernos personalmente. Nuestra fe no es una mera distracción o cumplimiento, sino un compromiso de vida que nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos. Volver a Jesús es apostar por dejarnos salvar por Él, en todo lo que nuestra existencia necesita aún de salvación. En este Adviento conviene que nos preguntemos si realmente necesitamos a Cristo para que nuestra vida adquiera más plenitud, para que hagamos de este mundo el Reino que Dios quiere.

COMUNICADO PARROQUIAL